{"id":51414,"date":"2017-01-25T01:47:25","date_gmt":"2017-01-25T06:47:25","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=51414"},"modified":"2017-01-23T11:33:42","modified_gmt":"2017-01-23T16:33:42","slug":"ultimos-aos-de-la-vida-de-un-santo-humilde-y-mistico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/01\/25\/ultimos-aos-de-la-vida-de-un-santo-humilde-y-mistico\/","title":{"rendered":"\u00daltimos a\u00f1os de la vida de un santo humilde y m\u00edstico"},"content":{"rendered":"<p>\u00abFlorecillas\u00bb de fray Sebasti\u00e1n<\/p>\n<p>De los 568 testigos que depusieron en el proceso que la Iglesia hizo a su muerte, y de otros relatos, nos quedan muchas an\u00e9cdotas, de las que referiremos algunas. Al mismo fray Juan de Santa Ana, buen amigo suyo, le cont\u00f3 fray Sebasti\u00e1n esta an\u00e9cdota:<\/p>\n<p>\u00abHab\u00e9is de saber que todas las veces que voy al convento, procuro llevar a los coristas y estudiantes fruta u otra cosa que merienden, y cuando no lo hago me esconden las herramientas de las carretas (que sin duda las letras deben hacer golosos a los mozos), y esta vez que no les llev\u00e9 nada, me cercaron con mucho ruido y alboroto; me pusieron tendido sobre una tabla, diciendo que ya estaba muerto, y cantando lo que cantan cuando entierran a los muertos, me llevaban por el claustro adelante a enterrar entre las coles de la huerta, donde ten\u00edan ya hecho el hoyo. Acertolo a ver desde su corredor el Guardi\u00e1n, que era entonces el R. P. fray Buenaventura Paredes, y pregunt\u00f3: -\u00bfD\u00f3nde llev\u00e1is a Aparicio? Y respondieron: -Padre nuestro, est\u00e1 muerto y lo llevamos a enterrar. Entonces dije yo: -Padre Guardi\u00e1n, \u00bfyo estoy muerto? Y visto por el Guardi\u00e1n que hab\u00eda yo respondido, les dijo: -\u00bfPues c\u00f3mo habla si est\u00e1 muerto? A lo cual los dichos coristas dijeron: -Padre nuestro, muchos muertos hablan y uno de ellos es el Hermano Aparicio. Y por \u00faltimo el Guardi\u00e1n les mand\u00f3 que me dejasen, que de otra suerte ya estuviera enterrado\u00bb (Campazas 47).<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n un religioso le exhortaba a amar a Dios, ya que Dios tanto le quer\u00eda. A lo que fray Sebasti\u00e1n respondi\u00f3 con dudosa exactitud teol\u00f3gica, pero con toda veracidad de coraz\u00f3n: \u00abM\u00e1s le quiero yo a \u00c9l, pues s\u00f3lo por \u00c9l he trabajado toda mi vida, sin descansar un punto, y por su amor me dejar\u00eda hacer pedazos\u00bb. Aquel gallego analfabeto, pura bondad para todos, ten\u00eda en cambio sus problemas para amar a los jud\u00edos, y alegaba: \u00abNo son nuestros pr\u00f3jimos los que no creen en Jesucristo, sino herejes\u00bb. Y cuando le hac\u00edan ver que Jesucristo, la Virgen Mar\u00eda y San Jos\u00e9, as\u00ed como los santos ap\u00f3stoles, eran jud\u00edos, respond\u00eda conteniendo su indignaci\u00f3n: \u00abMirad que dec\u00eds herej\u00eda\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>El Hermano Aparicio, tan devoto de la Eucarist\u00eda, sufr\u00eda no poco a veces por no poder estar siempre presente en los oficios lit\u00fargicos. Por eso en ocasiones, cuando estaba con el ganado en el monte, lo dejaba abandonado y se iba al convento a la hora de la misa. Y a los que pon\u00edan objeciones les dec\u00eda: \u00abAll\u00e1 queda mi Padre San Francisco, cuya hacienda es \u00e9sa; \u00e9l la guardar\u00e1, y yo os aseguro que no faltar\u00e1 nada\u00bb. Como as\u00ed fue siempre.<\/p>\n<p>Regresaba fray Sebasti\u00e1n con su carro bien cargado de Tlaxcala a Puebla, cuando se le rompi\u00f3 un eje. No habiendo en el momento remedio humano posible, invoca a San Francisco, y el carro sigue rodando como antes. Y a uno que le dice asombrado al ver la escena: \u00abPadre Aparicio, \u00bfqu\u00e9 diremos de esto?\u00bb, le contesta simplemente: \u00abQu\u00e9 hemos de decir, sino que mi Padre San Francisco va teniendo la rueda para que no se caiga\u00bb (Campazas 53-4).<\/p>\n<p>Se\u00f1or\u00edo fraternal sobre los animales<\/p>\n<p>En realidad, fray Sebasti\u00e1n era bueno con todos, con los novicios de coro, a quienes les llamaba \u00abnovillos\u00bb, y tambi\u00e9n con los mismos novillos, a quienes les dec\u00eda \u00abcoristillas\u00bb. Ten\u00eda sobre los animales un ascendiente verdaderamente sorprendente. A sus bueyes, Blanquillo, Aceituno&#8230;, hasta una docena que ten\u00eda, o al jefe de ellos, Gachup\u00edn, les hablaba y reconven\u00eda como a hermanos peque\u00f1os, y le hac\u00edan caso siempre. Cuando se le meten a comer en una milpa, y una mujer se acerca gritando desolada, fray Sebasti\u00e1n le tranquiliza: \u00abNo se preocupe, hermana, mis bueyes no hacen da\u00f1o\u00bb. Y \u00e9stos obedientes se retiran, dejando los maizales intactos.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, acarreando piedra para la construcci\u00f3n del convento de Puebla, un buey se le cans\u00f3 hasta el agotamiento, y hubo que desuncirlo. Fray Sebasti\u00e1n entonces, por seguir con el trabajo, se acerca a una vaca que est\u00e1 por all\u00ed paciendo con su ternero, le echa su cord\u00f3n franciscano al cuello, y sin que ella se resista, la pone al yugo y sigue en su trabajo. Y al ternerillo, que protesta sin cesar con grandes mugidos, le manda callar y calla. El antiguo domador de novillos los amansa ahora en el nombre de Jes\u00fas o de San Francisco.<\/p>\n<p>Regresando una vez de Atlixco con unas carretas bien cargadas de trigo, se detiene el Hermano Aparicio a descansar, momento que las hormigas aprovechan para hacer su trabajo. \u00abPadre, le dice un indio, las hormigas est\u00e1n hurtando el trigo a toda prisa, y si no lo remedia, tienen traza de llev\u00e1rselo todo\u00bb. Fray Sebasti\u00e1n se acerca all\u00ed muy serio y les dice: \u00abDe San Francisco es el trigo que hab\u00e9is hurtado; ahora mirad lo que hac\u00e9is\u00bb. Fue suficiente para que lo devolvieran todo.<\/p>\n<p>A un hermano le confesaba una vez: \u00abMuchas veces me coge la noche en la sabana y, sin otra ayuda que la misericordia de Dios, como me veo solo y tan enfermo, vuelvo los ojos al cielo, al Padre universal de la clemencia, y d\u00edgole: \u00abYa sabe que esto que llevo en esta carreta es para el sustento de vuestros siervos y que estos bueyes que me ayudan a jalar la carreta son de San Francisco; tambi\u00e9n sab\u00e9is mi imposibilidad para poderlos guardar y recoger esta noche, y as\u00ed los pongo en vuestras manos y dejo en vuestra guardia para que me los guard\u00e9is y traig\u00e1is en pastos cercanos, donde con facilidad los halle\u00bb. Con esto me acuesto debajo de la carreta y paso la noche; y a la ma\u00f1ana, cuando me levanto con el cuidado de buscarlos, los veo tan cerca de m\u00ed que, llam\u00e1ndolos, se vienen al yugo y los unzo, y sigo mi jornada\u00bb (Calvo 146).<\/p>\n<p>\u00abNo perder a Dios de vista\u00bb<\/p>\n<p>Fray Sebasti\u00e1n de Aparicio, con todas estos prodigios, nada ten\u00eda de hombre exc\u00e9ntrico; bien al contrario, su vida estaba perfectamente centrada en su centro, que es Dios. Desde \u00c9l actuaba siempre, y con \u00c9l y para \u00c9l viv\u00eda en todo momento. Y si San Francisco mandaba en su Regla a todos los hermanos legos rezar 76 Padrenuestros cada d\u00eda, \u00e9sta era, con el Ave Mar\u00eda, la oraci\u00f3n continua del Hermano Aparicio. No sal\u00eda de ah\u00ed, y en el \u00abh\u00e1gase tu voluntad\u00bb \u00e9l dec\u00eda todo lo que ten\u00eda que decir, y no ten\u00eda m\u00e1s que pensar o expresar. Fray Sebasti\u00e1n era, como bien dice Calvo Moralejo, \u00abel Santo del Padre Nuestro\u00bb (131).<\/p>\n<p>Noches enteras pasaba en oraci\u00f3n de rodillas, mirando al cielo. \u00abNo ten\u00eda horas determinadas de oraci\u00f3n, refiere el padre Letona, porque la ten\u00eda continua. En especial los \u00faltimos a\u00f1os de su vida andaba siempre tan absorto en Dios que no atend\u00eda a las palabras y preguntas que le hac\u00edan&#8230; Los 24 a\u00f1os que vivi\u00f3 en el convento de Puebla, jam\u00e1s durmi\u00f3 debajo de techado, sino siempre en campo raso por no perder de vista el cielo\u00bb (Campazas 87). Varias veces le vieron, frailes y seglares, elevado durante la oraci\u00f3n en \u00e9xtasis, pero lo m\u00e1s com\u00fan era verle entre sus bueyes, a veces, cuando no pod\u00eda menos, hasta en d\u00edas de fiesta.<\/p>\n<p>\u00abLo que yo hago -le confesaba a un fraile- es hacer lo que me manda la obediencia: duermo donde puedo, como lo que Dios me env\u00eda, visto lo que me da el convento; pero lo mejor es no perder a Dios de vista, que con eso vivo seguro\u00bb. Y a esto a\u00f1ad\u00eda: \u00abSi no fuera as\u00ed, \u00bfqui\u00e9n hab\u00eda de pasar la vida que yo paso? A \u00c9l ofrezco los trabajos ordinarios de cada d\u00eda, y a mi Padre San Francisco, por quienes los hago; ellos me lo reciban en descuento de mis pecados para que con eso me salve\u00bb.<\/p>\n<p>Como dec\u00eda su bi\u00f3grafo S\u00e1nchez Parejo, \u00abtoda su confianza y cuidado estaba puesto en s\u00f3lo Dios. \u00c9l era su compa\u00f1\u00eda, su comida, su bebida, su techo y amparo y, como dijo su padre San Francisco, y todas mis cosas\u00bb (Calvo 133).<\/p>\n<p>Devoto seguro de la Virgen Mar\u00eda<\/p>\n<p>El Se\u00f1or, San Francisco, el ap\u00f3stol Santiago, y la dulc\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230; Muchos testigos afirmaron que la mano de fray Sebasti\u00e1n de Aparicio, siempre que no estaba ocupada en alg\u00fan trabajo, se ocupaba en pasar una y otra vez el Rosario de la Virgen, sin cansarse de ello nunca.<\/p>\n<p>En una fiesta de la Virgen, llega fray Sebasti\u00e1n al convento de Cholula en el momento de la comuni\u00f3n, y all\u00e1 se acerca a comulgar, desali\u00f1ado y con la bota al cinto, recogi\u00e9ndose despu\u00e9s a dar gracias. En ello est\u00e1 cuando se le aparece la Virgen, y \u00e9l la contempla arrobado&#8230; Cuando el padre Sancho de Landa se le interpone, le dice el hermano Aparicio: \u00abQuit\u00e1os, quit\u00e1os, \u00bfno veis aquella gran Se\u00f1ora, que baja por las escaleras? \u00a1Miradla! \u00bfNo es muy hermosa?\u00bb. Pero el padre Sancho no ve nada: \u00ab\u00bfEst\u00e1s loco, Sebasti\u00e1n?&#8230; \u00bfD\u00f3nde hay mujer?\u00bb&#8230; Luego comprendi\u00f3 que se trataba de una visi\u00f3n del santo Hermano (Compazas 89).<\/p>\n<p>98 a\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>El 20 de enero, d\u00eda de San Sebasti\u00e1n, de 1600, el Hermano Aparicio cumple 98 a\u00f1os, y una vez honrado su patrono, est\u00e1 trabajando con sus carretas. Todav\u00eda le aguantaba la salud, aunque una antigua hernia le daba cada vez m\u00e1s sufrimientos. El 20 de febrero, viene a casa desde el monte de Tlaxcala con un carro de le\u00f1a, cuando los dolores de la hernia se le agudizan hasta producirle n\u00e1usea y v\u00f3mitos. Se las arregla, qui\u00e9n sabe c\u00f3mo, para llegar al convento de Puebla, donde fray Juan de San Buenaventura, tambi\u00e9n gallego, le recibe, espant\u00e1ndose de verle tan desfallecido.<\/p>\n<p>All\u00e1 queda fray Sebasti\u00e1n en el patio, bajo la carreta, en el lugar acostumbrado. Pero el padre Guardi\u00e1n le obliga a guardar cama en la enfermer\u00eda. Cinco d\u00edas dura all\u00ed, sobre la cama inusual. Y a su paisano fray Juan de San Buenaventura se le queja: \u00ab\u00bfQu\u00e9 os parece?, c\u00f3mo no me quieren dejar donde tengo consuelo\u00bb&#8230; \u00c9l, de hac\u00eda tiempo, como los indios, ten\u00eda preferencia por sentarse directamente en el suelo: \u00abMejor est\u00e1 la tierra sobre la tierra\u00bb, sol\u00eda decir.<\/p>\n<p>Pide entonces que le traigan a la celda el Sant\u00edsimo, y que le dejen adorarlo postrado en tierra. M\u00e1s tarde el padre Guardi\u00e1n le acerca el crucifijo, para que le pida perd\u00f3n al Se\u00f1or por sus pecados: \u00ab\u00bfAhora hab\u00edamos de aguardar a eso? -le dice fray Sebasti\u00e1n-. Muchos d\u00edas ha que somos viejos amigos\u00bb&#8230; Otro fraile le pone en guardia contra posibles asaltos del demonio: \u00abYa est\u00e1 vencido -le responde-. Todo lo veo en paz. El Se\u00f1or sea bendito\u00bb.<\/p>\n<p>El 25 de febrero, con 98 a\u00f1os, postrado en tierra, al modo de San Francisco, fray Sebasti\u00e1n de Aparicio entrega a Dios su esp\u00edritu al tiempo que dice \u00abJes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>En seguida se abre su proceso de beatificaci\u00f3n, y llegan a documentarse hasta 968 milagros&#8230; Por fin, tras tantas demoras, en 1789 es declarado Beato, y desde entonces su cuerpo incorrupto -parece un hombre dormido, de unos 60 a\u00f1os- descansa en una urna de plata y cristal en el convento franciscano de Puebla de los Angeles. Hay en la plaza, sin esperar a Roma, un hermoso monumento en granito y bronce, con una inscripci\u00f3n bien clara:<\/p>\n<p>San Sebasti\u00e1n de Aparicio<\/p>\n<p>Precursor de los caminos de Am\u00e9rica<\/p>\n<p>1502-1600<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abFlorecillas\u00bb de fray Sebasti\u00e1n De los 568 testigos que depusieron en el proceso que la Iglesia hizo a su muerte, y de otros relatos, nos quedan muchas an\u00e9cdotas, de las que referiremos algunas. 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