{"id":51267,"date":"2017-01-18T01:46:11","date_gmt":"2017-01-18T06:46:11","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=51267"},"modified":"2017-01-17T10:51:40","modified_gmt":"2017-01-17T15:51:40","slug":"anciano-franciscano-y-mendicante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/01\/18\/anciano-franciscano-y-mendicante\/","title":{"rendered":"Anciano, franciscano y mendicante"},"content":{"rendered":"<p>A la sombra de la Cruz<\/p>\n<p>El viejito que los frailes franciscos han recibido por pura generosidad, va a servirles de limosnero 23 a\u00f1os, de los 75 a los 98. Siempre de aqu\u00ed para all\u00e1, muchas noches las pasa al sereno, a la luz de las estrellas, al cobijo de su carreta. Incluso cuando estaba en el convento, no necesitaba celda y prefer\u00eda dormir en el patio bajo su carro. El padre Alonso Ponce, Comisario General franciscano, en una Relaci\u00f3n breve de 1586, dec\u00eda de fray Sebasti\u00e1n:<\/p>\n<p>\u00abSiendo de casi 90 a\u00f1os de edad, anda con su carreta de cuatro bueyes, sin ayuda ninguna de fraile espa\u00f1ol, ni indio, ni otra persona, acarreando le\u00f1a y ma\u00edz y otras cosas necesarias para el sustento de aquel convento, y nunca le hace mal dormir en el campo al sol, ni al agua, antes este es su contento y regalo, y cuando est\u00e1 en el convento ha de tener la puerta de la celda abierta y ver el cielo desde la cama en que duerme, porque de otra manera se angustia y muere; si se le moja la ropa nunca se la quita, sino que el mismo cuerpo la enjuga, y si por estar sucia la ha de lavar, sin aguardar a que se seque se la viste y \u00e9l la enjuga y seca con el calor del cuerpo, sin que de nada de esto se le renazca enfermedad, ni indisposici\u00f3n alguna\u00bb (Campaza 40).<\/p>\n<p>Los datos son ciertos, pero no parece tan exacta la apreciaci\u00f3n id\u00edlica de los mismos. En realidad fray Aparicio pas\u00f3 en estos a\u00f1os de ancianidad, siempre de camino, innumerables penalidades. A veces sus penitencias eran consideradas como man\u00edas; pero eran en realidad mortificaciones. As\u00ed, poco antes de morir, le dice a su mismo superior: \u00abPiensa, padre Guardi\u00e1n, que el dormir yo en el campo y fuera de techado es por mi gusto; no, sino porque este bellaco gusanillo del cuerpo padezca, porque si no hacemos penitencia, no iremos al cielo\u00bb (Calvo 108).<\/p>\n<p>Y seg\u00fan refiere el doctor Pareja, a un fraile que le aconsejaba ofrecerlo todo a Dios, le responde: \u00abHartos d\u00edas ha que se lo he ofrecido, y bien veo que si no fuera por su amor, era imposible tolerarlo; porque os certifico, Padre, que ando tan molido y cansado, que ya no hay miembro en el cuerpo que no me duela; y a un puedo certificaros que hasta los cabellos de la cabeza siento que me afligen, cuando de noche me quiero acostar o tomar alg\u00fan reposo\u00bb (Campazas 40).<\/p>\n<p>Consolado por los \u00e1ngeles<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es cierto que el Hermano Aparicio se vio asistido muchas veces por consolaciones celestiales, como suele suceder tantas veces a los santos, cuando por amor de Dios renuncian a todo placer mundano. \u00c9l tuvo, concretamente, una gran devoci\u00f3n a los \u00e1ngeles, especialmente al de su guarda, y experiment\u00f3 muchas veces sus favores.<\/p>\n<p>El mismo fray Sebasti\u00e1n cont\u00f3 al provincial Alonso de Cepeda una an\u00e9cdota bien significativa. Le refiri\u00f3 que \u00abcaminando para Puebla hizo noche junto a una gran barranca que est\u00e1 en el camino de Huejotzingo. Y estando acostado en el suelo, debajo de una carreta, como acostumbraba, era tanta el agua que llov\u00eda que corr\u00edan arroyos hacia \u00e9l, sin poderlo remediar, ni hacer otra diligencia m\u00e1s que ofrecer a Dios nuestro Se\u00f1or aquel trabajo que padec\u00eda, con una total resignaci\u00f3n y conformidad con su voluntad sant\u00edsima\u00bb.<\/p>\n<p>Pero Dios acudi\u00f3 en auxilio de su siervo. Un hermos\u00edsimo mancebo se apareci\u00f3 y con una vihuela comenz\u00f3 a tocar tan suave y dulcemente, que le pareci\u00f3 estar en la gloria, olvid\u00e1ndose de la incomodidad de la lluvia, y levant\u00e1ndose para acercarse al m\u00fasico, \u00e9ste se iba retirando, hasta que saltando la barranca de un salto, desapareci\u00f3, dejando a Aparicio muy consolado\u00bb (Campazas 57). Otra vez, con la carreta atascada en el barro, se le presenta un joven vestido de blanco para ofrecerle su ayuda. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 ayuda me pod\u00e9is dar vos, le dice, cuando ocho bueyes no pueden sacarla!\u00bb. Pero cuando ve que el joven sacaba el carro con toda facilidad, comenta en voz alta: \u00ab\u00a1A fe que no sois vos de ac\u00e1!\u00bb (Campazas 71)&#8230;<\/p>\n<p>Fueron numerosas las ocasiones en que a fray Sebasti\u00e1n, como a Cristo despu\u00e9s del ayuno en el desierto, \u00abse acercaron los \u00e1ngeles y le serv\u00edan\u00bb (Mt 4,11), o como en la agon\u00eda de Getseman\u00ed, \u00abun \u00e1ngel del cielo se le apareci\u00f3 para confortarle\u00bb (Lc 22,43).<\/p>\n<p>Impugnado por los demonios<\/p>\n<p>Como tambi\u00e9n es normal en quienes han vencido ya el mundo y la carne, fray Sebasti\u00e1n experiment\u00f3 terribles impugnaciones del Demonio en muchas ocasiones. En la hacienda de Tlanepantla, agarrado a las astas de un toro furioso, luch\u00f3 a brazo partido contra el Demonio. En las clarisas de M\u00e9xico los combates contra el Maligno era tan fuertes que la abadesa le puso una noche dos hombres para su defensa, pero salieron tan molidos y aterrados por dos leones que por nada del mundo aceptaron volver a cumplir tal oficio.<\/p>\n<p>Ya de fraile, seg\u00fan cuenta el doctor Pareja, el demonio \u00able quitaba de su pobre cama la poca ropa con que se cubr\u00eda y abrigaba, y, ech\u00e1ndosela por la ventana del dormitorio, lo dejaba yerto de fr\u00edo y en punto de acab\u00e1rsele la vida. Otras veces, d\u00e1ndole grandes golpazos, lo atormentaba y mol\u00eda; otras lo cog\u00eda en alto y, dej\u00e1ndolo caer como quien juega a la pelota, lo atormentaba, inquiet\u00e1ndolo; de manera que muchas veces se vio desconsolad\u00edsimo y afligido\u00bb (Campazas 31).<\/p>\n<p>Los ataques continuaron en muchas ocasiones. En una de ellas los demonios le dijeron que iban a despe\u00f1arlo porque Dios les hab\u00eda dado orden de hacerlo. A lo que respondi\u00f3 fray Sebasti\u00e1n muy tranquilo: \u00abPues si Dios os lo mand\u00f3 \u00bfqu\u00e9 aguard\u00e1is? Haced lo que \u00c9l os manda, que yo estoy muy contento de hacer lo que a Dios le agrada\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Tan acostumbrado estaba nuestro Hermano a estos combates, que al Provincial de los Descalzos, fray Juan de Santa Ana, le dijo que ya no le importaban nada, \u00abaunque viese m\u00e1s demonios que mosquitos\u00bb. Y poco antes de morir, a los hermanos que le recomendaban acogerse a Dios para librarse de los asedios del Malo les dice: \u00abGracias a Dios, ha mucho tiempo que ese maldito no llega a m\u00ed, por haberle ya muchas veces vencido\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la sombra de la Cruz El viejito que los frailes franciscos han recibido por pura generosidad, va a servirles de limosnero 23 a\u00f1os, de los 75 a los 98. Siempre de aqu\u00ed para all\u00e1, muchas noches las pasa al sereno, a la luz de las estrellas, al cobijo de su carreta. 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