{"id":49288,"date":"2016-11-02T01:55:23","date_gmt":"2016-11-02T06:55:23","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=49288"},"modified":"2016-11-01T16:58:25","modified_gmt":"2016-11-01T21:58:25","slug":"perfil-del-arzobispo-fray-juan-de-zumarraga-1475-1548","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/11\/02\/perfil-del-arzobispo-fray-juan-de-zumarraga-1475-1548\/","title":{"rendered":"Perfil del Arzobispo Fray Juan de Zum\u00e1rraga (1475-1548)"},"content":{"rendered":"<p>Hablaremos de este gran obispo franciscano ateni\u00e9ndonos al art\u00edculo del jesuita Constantino Bayle, El IV centenario de Don Fray Juan de Zum\u00e1rraga , a los datos que hallamos en los estudios de Alberto Mar\u00eda Carre\u00f1o, Don fray Juan de Zum\u00e1rraga, y sobre todo, a la preciosa biograf\u00eda de Alfonso Trueba, Zum\u00e1rraga.<\/p>\n<p>En 1527, estando Carlos I en Valladolid, capital entonces del reino, con ocasi\u00f3n de las Cortes generales, dejando a un lado los asuntos pol\u00edticos, se retir\u00f3 al pr\u00f3ximo convento franciscano de Abrojo para pasar all\u00ed la Semana Santa. Pronto se fij\u00f3 en el talante espiritual y firme del padre guardi\u00e1n del convento, fray Juan de Zum\u00e1rraga, un vizca\u00edno de 60 a\u00f1os, alto y enjuto, nacido en Durango en 1475. Al despedirse, el Emperador quiso hacerle una importante limosna, pero \u00e9l la rehus\u00f3, y cuando fue obligado a recibirla, la entreg\u00f3 a los pobres.<\/p>\n<p>Vuelto Carlos I a sus negocios pol\u00edticos, ha de enfrentar los graves problemas de la Nueva Espa\u00f1a. Es entonces cuando se equivoca gravemente al elegir los hombres que iban a formar la primera Audiencia, y cuando en cambio acierta por completo al presentar a la Santa Sede el nombre del padre Zum\u00e1rraga para obispo de la ciudad de M\u00e9xico. Fray Juan se resiste al nombramiento cuanto puede, y s\u00f3lo lo acepta por obediencia. Carlos I, adem\u00e1s, recordando en su conciencia el Testamento de su abuela la reina Isabel, nombra tambi\u00e9n al padre Zum\u00e1rraga Protector de los indios:<\/p>\n<p>\u00abPor la presente vos cometemos y encargamos y mandamos que teng\u00e1is mucho cuidado de mirar y visitar los dichos indios y hacer que sean bien tratados e industriados y ense\u00f1ados en las cosas de nuestra santa fe cat\u00f3lica por las personas que los tienen o tuvieren a cargo y ve\u00e1is las leyes y ordenanzas e instrucciones y provisiones que se han hecho o hicieren cerca del buen tratamiento y conversi\u00f3n de los dichos indios, las cuales har\u00e9is guardar y cumplir como en ellas se contiene, con mucha diligencia y cuidado\u00bb (C\u00e9dula real 10-1-1528).<\/p>\n<p>Graves conflictos en M\u00e9xico<\/p>\n<p>Acompa\u00f1ado de los oficiales reales de la primera Audiencia, viaja fray Juan de Zum\u00e1rraga a M\u00e9xico, donde llega a fines de 1528. Trece d\u00edas despu\u00e9s, mueren los oidores honrados, Parada y Maldonado, y quedan los indignos, Matienzo y Delgadillo. Estos, sin esperar en el puerto a su presidente, Nu\u00f1o de Guzm\u00e1n, se dirigen a la capital. Al mismo tiempo, Zum\u00e1rraga se aloja en San Francisco de M\u00e9xico. All\u00ed se re\u00fane con los indios principales, y por medio de fray Pedro de Gante, les promete defensa y protecci\u00f3n, al mismo tiempo que les ruega se abstengan de hacerle ning\u00fan regalo o donativo.<\/p>\n<p>Zum\u00e1rraga, al llegar a M\u00e9xico como obispo-electo, se resisti\u00f3 al principio a tomar la jurisdicci\u00f3n eclesi\u00e1stica, pero la asumi\u00f3 por la insistencia de franciscanos y dominicos. Hasta entonces, en Espa\u00f1a, hab\u00eda llevado una vida m\u00e1s bien retirada, y en esos a\u00f1os apenas es mencionado en las Cr\u00f3nicas de la Orden. Ahora, cuando presenta los documentos que le autorizan como obispo-electo y Protector de los indios, y ve que Presidente y oidores, en pie y descubiertos, los besan y colocan solemnemente sobre sus cabezas, cree ingenuamente que tiene autoridad reconocida para intervenir en lo que sea preciso. Pero quiz\u00e1 no se imagina los choques violent\u00edsimos que le esperan con las autoridades civiles&#8230;<\/p>\n<p>Carta del obispo Zum\u00e1rraga al Emperador (1529)<\/p>\n<p>De los sucesos inmediatos tenemos detallada y fiel informaci\u00f3n por la carta que en 1539 Zum\u00e1rraga dirigi\u00f3 a Carlos I. En cuanto se supo que el obispo estaba pronto para deshacer injusticias y defender a los indios de \u00abdelitos tan endiablados como abominables\u00bb, acudieron a \u00e9l de todas partes, con grave alarma de la Audiencia, que prohibi\u00f3 al punto, tanto a espa\u00f1oles como a indios, estas visitas bajo pena de horca. Zum\u00e1rraga denunci\u00f3 este nuevo atropello desde el p\u00falpito, y los oidores le enviaren un escrito \u00abdesvergonzado e infame\u00bb, mand\u00e1ndole callar y limitarse a los servicios estrictamente religiosos.<\/p>\n<p>Un atropello m\u00e1s de la Audiencia fue gravar con nuevos impuestos a los indios de Huejotzingo, repartimiento de Cort\u00e9s. Cuando \u00e9stos acudieron a Zum\u00e1rraga, amenazados de muerte por hacerlo, hubieron de acogerse a sagrado, refugi\u00e1ndose en el convento franciscano. Decidieron los frailes, reunidos en el convento de Huejotzingo, que uno de ellos, concretamente fray Antonio Ortiz, predicador tan elocuente como valiente, denunciara en el p\u00falpito de la iglesia de M\u00e9xico aquel libelo infame. Y as\u00ed lo estaba haciendo ante los mismo oidores, cuando Delgadillo le mand\u00f3 callar a gritos, \u00aby as\u00ed el alguacil y otros de la parcialidad del factor, diciendo injurias y desminti\u00e9ndole, tomaron al fraile predicador de los brazos y h\u00e1bitos, y derroc\u00e1ronle del p\u00falpito abajo, y fue cosa de muy grande esc\u00e1ndalo y alboroto\u00bb.<\/p>\n<p>La Audiencia, bajo la presidencia del infame Nu\u00f1o de Guzm\u00e1n, segu\u00eda haciendo de las suyas. Y como censuraba o imped\u00eda toda la correspondencia de los que eran leales a Cort\u00e9s, no ve\u00eda Zum\u00e1rraga modo de enviar cartas de denuncia al Emperador. Entonces, \u00abun marinero vizca\u00edno se ofreci\u00f3 al santo obispo en secreto de llevarlas y darlas en su mano al Emperador. Y as\u00ed lo cumpli\u00f3 que las llev\u00f3 dentro de una boya muy bien breada y echada a la mar, hasta que la pudo sacar a su salvo\u00bb (Mendieta V, 27).<\/p>\n<p>En la carta de 1529, que refleja el \u00e1nimo valiente de Zum\u00e1rraga, pide al rey que quite el mando a Nu\u00f1o, de cuyas fechor\u00edas le informa, y retire tambi\u00e9n a Matienzo y Delgadillo. Ruega que se les sujete a juicio de residencia, que se tomen medidas eficaces para la defensa de los indios, que se acabe con toda forma de \u00abinfernal saca\u00bb de esclavos, que se prohiba severamente a los espa\u00f1oles \u00abtomaren a alg\u00fan indio su mujer, hija o hermana o hacienda o mantenimiento o otra cosa alguna, o le llamare perro, o le diere de palos o cuchilladas o bofetadas, o le matare; porque ac\u00e1 tienen por cotidiano agraviar estos pobres indios haci\u00e9ndoles robos y fuerzas, que les parece que no es delito\u00bb. Acusa tambi\u00e9n al factor Salazar, y pide, en fin, para todo remedios eficaces y urgentes, \u00abporque todo va dando tumbos al abismo\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s esc\u00e1ndalos y abusos<\/p>\n<p>Crist\u00f3bal de Angulo, cl\u00e9rigo, y Francisco Garc\u00eda de Llerena, criado de Cort\u00e9s, por defender a \u00e9ste en el juicio de residencia, hubieron de refugiarse luego en los franciscanos de M\u00e9xico. En marzo de 1530, los oidores mandaron allanar el asilo, secuestraron a los dos, los encadenaron y atormentaron. Y cuando Zum\u00e1rraga, acompa\u00f1ado del dominico Garc\u00e9s, obispo de Puebla, \u00abcon algunos de sus cl\u00e9rigos y con una cruz cubierta de luto fue a la c\u00e1rcel\u00bb a reclamarlos, hubo all\u00ed tremendas violencias f\u00edsicas y verbales, que Mendieta refiere. \u00abAl mismo obispo le tiraron un bote de lanza, que le pas\u00f3 por debajo del sobaco\u00bb (V,27).<\/p>\n<p>Zum\u00e1rraga, entonces, puso en entredicho a los oidores, que no hicieron caso, ahorcaron a Angulo y cortaron un pie a Llerena. Con esto, se suspendieron los cultos, quedando la ciudad entera sujeta a la pena eclesi\u00e1stica de entredicho.<\/p>\n<p>La segunda Audiencia (1531)<\/p>\n<p>As\u00ed fueron las cosas, del atropello al esc\u00e1ndalo, hasta que en 1530 el Consejo de Indias estableci\u00f3 una segunda Audiencia compuesta por hombres excelentes: Juan de Salmer\u00f3n, Alonso de Maldonado, Francisco Ceinos y Vasco de Quiroga, todos ellos presididos por don Antonio de Mendoza, que de momento, mientras llegaba, fue sustituido por el obispo de Santo Domingo Ram\u00edrez de Fuenleal.<\/p>\n<p>De Mendoza escribe Vasconcelos: \u00abDel hombre extraordinario que supo llevar adelante la obra de la conquista se puede decir como el m\u00e1s cumplido elogio, que era digno sucesor de las empresas y aun de los sue\u00f1os de Don Hernando [Cort\u00e9s]. La gran figura del Primer Virrey Don Antonio de Mendoza llena una \u00e9poca\u00bb (Breve historia de M\u00e9xico 167).<\/p>\n<p>Antes que los nuevos oidores, lleg\u00f3 Cort\u00e9s de nuevo a M\u00e9xico, en julio de 1530. Medio a\u00f1o despu\u00e9s, en enero de 1531, llegaba a Nueva Espa\u00f1a la nueva Audiencia Real. Los oidores, siguiendo las instrucciones recibidas, se alojaron en las Casas de Cort\u00e9s. En seguida abrieron proceso a Nu\u00f1o de Guzm\u00e1n, Matienzo y Delgadillo. Y fueron tantos los acusadores indios o espa\u00f1oles y tan graves los cargos que se presentaron contra ellos, cuenta Bernal D\u00edaz del Castillo, \u00abque estaban espantados el presidente y oidores que les tomaban residencia\u00bb (Historia 147). A Matienzo y Delgadillo los mandaron luego presos a Espa\u00f1a. Guzm\u00e1n, ausente, no quiso presentarse en juicio ni entregar el mando de sus tropas, sino que se intern\u00f3 m\u00e1s adentro en Nueva Galicia.<\/p>\n<p>Parece cierto que sin la en\u00e9rgica rectificaci\u00f3n obrada por la segunda Audiencia en estos a\u00f1os decisivos, toda la aventura de la Nueva Espa\u00f1a hubiera acabado en desastre irremediable, tanto en lo temporal como en lo espiritual. Motolin\u00eda asegura que si aquellos canallas de la primera Audiencia, que son \u00abescoria y heces del mundo&#8230; no se tragaron ni acabaron los indios\u00bb, fue gracias al \u00abprimer obispo de M\u00e9xico don fray Juan de Zum\u00e1rraga\u00bb, y a los nobles hombres de la segunda Audiencia. Y por eso \u00abbien son dignos de perpetua memoria los que tan buen remedio pusieron a esta tierra\u00bb, pues desde que llegaron \u00ables va a los indios de bien en mejor\u00bb (III,3, 320-321).<\/p>\n<p>Humilde fraile y obispo en\u00e9rgico<\/p>\n<p>La tarea eclesial urgente en M\u00e9xico era entonces realmente abrumadora. Zum\u00e1rraga y Cort\u00e9s se echaron a la calle, pidiendo por las casas limosnas para hacer la catedral. Todo estaba en la di\u00f3cesis por hacer y por organizar. Y aquel obispo, que m\u00e1s parec\u00eda fraile que obispo, se entreg\u00f3 a la tarea como mejor supo y pudo. En el precioso retrato que fray Ger\u00f3nimo de Mendieta nos dej\u00f3 de Zum\u00e1rraga, se ve a \u00e9ste como un hombre sumamente humilde y observante, abnegado y pobre, incansablemente entregado a sus tareas espiscopales (V,28):<\/p>\n<p>Fuera de la dignidad de las celebraciones lit\u00fargicas, \u00abtrat\u00e1base como fraile menor\u00bb, y sol\u00eda ir solo por la calle, como un fraile m\u00e1s. Confirmaba \u00abcon tan grande esp\u00edritu y l\u00e1grimas, que mov\u00eda a devoci\u00f3n a los que presentes se hallaban, y cuando lo ejercitaba no se acordaba de comer, ni jam\u00e1s se cansaba, y no hab\u00eda otro remedio para acabar m\u00e1s de quitarle la mitra de la cabeza y ausentarse los padrinos, porque si esto no hac\u00edan, estuviera hasta las noches confirmando\u00bb. Cuando se trasladaba para confirmar en un lugar, \u00abiba casi solo con muy poca gente, por no dar vejaci\u00f3n a los indios\u00bb. \u00abEra tan fraile de Santo Domingo y de S. Agust\u00edn en la afici\u00f3n, familiaridad y benevolencia, como de S. Francisco\u00bb. \u00abSu librer\u00eda, que era mucha y buena, reparti\u00f3, dejando parte de ella a la iglesia mayor y parte a los conventos de las tres \u00f3rdenes\u00bb. \u00abAyunaba los ayunos de la regla del padre S. Francisco como cuando estaba sujeto a la orden\u00bb. \u00abLos viernes iba al monasterio de S. Francisco y dec\u00eda su culpa en el cap\u00edtulo de los frailes, y recib\u00eda con extra\u00f1a humildad las reprensiones y penitencias que le daba el que all\u00ed presid\u00eda\u00bb. Los adornos de su persona o casa episcopal le daban grima: \u00abD\u00edcenme que ya no soy fraile sino obispo; pues yo m\u00e1s quiero ser fraile que obispo\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>El obispo Zum\u00e1rraga, aunque siempre recibi\u00f3 la funci\u00f3n episcopal como una cruz pesada y no buscada, ejerci\u00f3 el ministerio pastoral con gran dedicaci\u00f3n y energ\u00eda. Y \u00e9l, que aprendi\u00f3 de ni\u00f1o el vasco y el castellano en el convento, mostr\u00f3 hablar el romance con particular soltura y claridad a la hora de fustigar vicios o defender su funci\u00f3n pastoral. Y la misma firmeza que mostr\u00f3 frente a los abusos de las autoridades civiles la demostr\u00f3 tambi\u00e9n ante los excesos de algunos sacerdotes indignos que llegaban a Nueva Espa\u00f1a con imprudente licencia del Consejo de Indias, o incluso ante el siniestro proselitismo idol\u00e1trico de alg\u00fan jefe indio.<\/p>\n<p>Sus palabras o acciones m\u00e1s duras iban siempre contra los que hac\u00edan mal o escandalizaban a los indios. De unos cl\u00e9rigos infames dice que m\u00e1s que buscar \u00eddolos entre los indios, \u00abse andaban ambos a dos de noche por \u00eddolas\u00bb. De otro sacerdote: \u00abMe tiene espantado y at\u00f3nito, sabiendo \u00e9l lo que sabemos de sus iniquidades y maldades infernales, y ser tan p\u00fablicas que aun el aire parece tienen inficionado&#8230; No se podr\u00e1 acabar conmigo que un miembro del Anticristo como \u00e9ste [ande] suelto entre mis ovejas simples&#8230; Por tan meritorio tengo perseguir a \u00e9ste como a los herejes. Y de mi voto hasta degradarle y relajarle no parar\u00eda, y que los indios lo viesen ahorcado me consolar\u00eda harto&#8230; Para que vean esos se\u00f1ores [del Consejo de Indias] a qui\u00e9n dieron licencia para volver a las Indias\u00bb. Y de otro: \u00abYo lo quemar\u00eda si me fuese l\u00edcito&#8230; A lo menos yo no permitir\u00e9 tal lobo entre mis ovejas, aunque el Papa lo mande y supiese ir a sus pies\u00bb (+Bayle 232-233).<\/p>\n<p>Y hasta con los indios, llegado el caso, mostraba Zum\u00e1rraga su dureza en la defensa de la fe. Se dio concretamente el caso de que uno de los se\u00f1ores de Texcoco, Don Carlos, hab\u00eda hecho proselitismo idol\u00e1trico, y Zum\u00e1rraga hubo de actuar como inquisidor, hall\u00e1ndole culpable. \u00abPara m\u00e1s seguridad, llev\u00f3 la causa al Virrey y Oidores\u00bb, y todos juzgaron lo mismo. Don Carlos, llegado el momento de su ejecuci\u00f3n, \u00abdijo que \u00e9l recib\u00eda de buena voluntad, en penitencia de sus pecados, la sentencia, y pidi\u00f3 licencia para hablar a sus naturales que se quitasen de sus idolatr\u00edas\u00bb. Pasado un tiempo, llegaron a Zum\u00e1rraga desaprobatorias C\u00e9dulas reales, que mandaban entregar los bienes confiscados a los herederos de Don Carlos: \u00abNos ha parecido cosa muy rigurosa tratar de tal manera a persona nuevamente convertida a nuestra santa fe, y que por ventura no estaba instruido en las cosas de ella como era menester\u00bb&#8230; Los males y peligros de las Indias se ve\u00edan de un modo sobre el terreno, y de otro desde Espa\u00f1a. Y es cosa notable que en Am\u00e9rica, ante la idolatr\u00eda y apostas\u00eda de los ne\u00f3fitos, \u00ablos obispos, ped\u00edan el rigor de la Inquisici\u00f3n\u00bb, ellos que eran los que mejor conoc\u00edan y amaban a los indios; \u00aby en la Corte, el Rey y el Consejo de Indias lo negaron\u00bb. Por eso \u00ablos indios quedaron exentos del tribunal de la Inquisici\u00f3n\u00bb (+Bayle 260-261). Y es que en ocasiones a distancia se ve mejor.<\/p>\n<p>La energ\u00eda del obispo Zum\u00e1rraga, en los a\u00f1os terribles, le llev\u00f3 a decir a veces verdaderas barbaridades contra aquellos gobernantes infames, y muchas denuncias de \u00e9stos llegaron a Espa\u00f1a. Por eso la segunda Audiencia le trajo una real C\u00e9dula, en la que se le mandaba, siendo todav\u00eda obispo electo, acudir a Espa\u00f1a para defenderse de las acusaciones. Pero, una vez que los oidores le conocieron en M\u00e9xico, ellos mismos escribieron cartas a su favor: \u00abten\u00e9moslo por muy buena persona\u00bb, \u00able tengo por muy buen hombre\u00bb (24-241).<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a fue vindicado su nombre plenamente, y en 1533 recibi\u00f3 la consagraci\u00f3n episcopal en Valladolid. Durante un a\u00f1o entonces \u00abanduvo por Espa\u00f1a pobre y penitentemente\u00bb, gestionando asuntos en favor de M\u00e9xico, especialmente en todo lo referido a la defensa de los indios. Escribi\u00f3 en ese tiempo una Pastoral o exhortaci\u00f3n a los religiosos de las Ordenes mendicantes para que pasen a la Nueva Espa\u00f1a y ayuden a la conversi\u00f3n de los indios. Y regres\u00f3 en octubre de 1534, trayendo tres nav\u00edos con muchos artesanos, de diversos oficios, con sus mujeres, hijos y herramientas.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablaremos de este gran obispo franciscano ateni\u00e9ndonos al art\u00edculo del jesuita Constantino Bayle, El IV centenario de Don Fray Juan de Zum\u00e1rraga , a los datos que hallamos en los estudios de Alberto Mar\u00eda Carre\u00f1o, Don fray Juan de Zum\u00e1rraga, y sobre todo, a la preciosa biograf\u00eda de Alfonso Trueba, Zum\u00e1rraga. 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