{"id":489,"date":"2004-05-04T12:02:07","date_gmt":"2004-05-04T17:02:07","guid":{"rendered":"1206045509"},"modified":"2005-09-20T14:29:05","modified_gmt":"2005-09-20T14:29:05","slug":"246","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2004\/05\/04\/246\/","title":{"rendered":"La Mujer en la Vida de la Iglesia (8 de 9)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Nuevas Perspectivas<\/strong><\/p>\n<p><em>Su conclusi\u00f3n hasta ahora es que ni la Biblia, ni la Tradici\u00f3n, ni el Magisterio autorizan la ordenaci\u00f3n de mujeres. \u00bfSignifica eso que ellas no tienen ese derecho? \u00bfNunca lo tendr\u00e1n?<\/em><\/p>\n<p>Bueno, ante todo, yo espero que no sea simplemente &#65533;mi&#65533; conclusi\u00f3n. Uno plantea argumentos y responde preguntas razonadamente porque quiere ir m\u00e1s all\u00e1 de las opiniones o los gustos de cada quien. Y sobre lo otro que Ud. dice, creo que con respecto a la palabra &#8220;derecho&#8221; no terminamos de aclararnos.<\/p>\n<p>Hay un punto b\u00e1sico, y es que no puede hablarse de un derecho sino sobre la base de una determinada potencia, en el sentido que Arist\u00f3teles daba a esta palabra. Hablamos aqu\u00ed de potencia <em>pasiva<\/em>, porque no es algo que el ser se da sino de algo que puede llegar a ser.<\/p>\n<p>Me explico: si yo no puedo volar, eso puede ser visto de dos maneras. Si presumo que yo <em>deber\u00eda<\/em> poder volar, entonces hay un derecho del que soy privado; si descubro que yo no deber\u00eda poder volar, entonces no hay un derecho del que haya sido privado, ni por tanto pienso que deba explic\u00e1rseme por qu\u00e9 carezco de tal derecho. Yo no digo que he sido privado del derecho de volar. Es decir, el derecho presupone la existencia de la potencia, es decir, de algo que es propio de mi naturaleza y que me es debido.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Por eso el punto de partida en todo este tema es si puede hablarse de una potencia (pasiva) para el ministerio ordenado en el ser humano <em>por el solo hecho de ser humano<\/em>. O con otras palabras, hemos de preguntarnos de d\u00f3nde viene la potencia pasiva para el ministerio ordenado. Si esa potencia pasiva puede identificarse con el (solo) ser humano, entonces hay en todo ser humano un derecho a ser ordenado.<\/p>\n<p>Ahora bien, para resolver esta pregunta contamos con el testimonio de la Escritura, con la ense\u00f1anza y la praxis de la Tradici\u00f3n a lo largo de la historia, y con el Magisterio vivo de la Iglesia. Y lo que encontramos es que la elecci\u00f3n para el ministerio no sucede por la sola fuerza de la opini\u00f3n de los fieles. Eso es lo que arrojan los datos, y es algo que no podemos cambiar a voluntad, y que nos lleva a preguntarnos sobre la naturaleza del ministerio ordenado, como lo hemos hecho a lo largo de estas conversaciones.<\/p>\n<p>En otro sentido, nos lleva tambi\u00e9n a preguntar por el lugar de la mujer en la vida de la Iglesia. Con demasiada frecuencia se presenta el hecho de que la mujer no puede ser ordenada como una mala noticia, pero al obrar as\u00ed s\u00f3lo se est\u00e1 demostrando que los intereses de quienes quer\u00edan llegar a esa conclusi\u00f3n se han visto frustrados. Por el contrario, un planteamiento m\u00e1s general y m\u00e1s sereno nos invita a revisar, de la mano de la Escritura y bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, qu\u00e9 significa para la Iglesia el don de la feminidad.<\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 es el don de la feminidad? \u00bfEl don de ser mujer? \u00bfEs s\u00f3lo un lenguaje po\u00e9tico para consolar a quienes nunca tendr\u00e1n un poder real en las decisiones eclesi\u00e1sticas?<\/em><\/p>\n<p>Presumir una intenci\u00f3n perversa no es la mejor manera de buscar la verdad de las cosas. Adem\u00e1s, hablar de poder en la Iglesia es hablar de algo que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de qui\u00e9n ocupa un cargo o qui\u00e9n firma un decreto. Como lo demuestra la historia, tanto civil como eclesi\u00e1stica, existe &#65533;el trono,&#65533; por hablar en ese lenguaje, pero tambi\u00e9n existe &#65533;el poder detr\u00e1s del trono.&#65533; De modo mal\u00e9volo ello indica que hay siempre espacio para las intrigas, m\u00e1s all\u00e1 de lo que aparezca en los cargos oficiales; de modo general, indica que hay un espacio inmenso para transformar el curso de los acontecimientos y que ese espacio no se limita a los cargos, las curias y las sillas episcopales.<\/p>\n<p><em>\u00bfPuede dar ejemplos, ojal\u00e1 de mujeres?<\/em><\/p>\n<p>Me complace hacerlo. Piense en la Fiesta de la Misericordia. Una humilde monja dice haber tenido unas visiones en que Jes\u00fas le pide que se instituya una fiesta lit\u00fargica, \u00a1y no escoge otro d\u00eda para proponerlo sino el Domingo de la Octava de Pascua! Si lo miramos en t\u00e9rminos de poder, y de oficinas, curias, sotanas, capelos, birretes y toda la tramoya eclesi\u00e1stica, Santa Faustina no ten\u00eda la menor posibilidad de lograr su piadoso prop\u00f3sito, y sin embargo, la Fiesta de la Misericordia es ya un hecho para todas las di\u00f3cesis del mundo. El mensaje que podemos sacar de esto es sencillo: el poder no est\u00e1 s\u00f3lo, ni tal vez principalmente, en quien finalmente firma un decreto o incluso una enc\u00edclica.<\/p>\n<p><em>\u00bfY por qu\u00e9 entonces negar ese &#65533;poder de la firma&#65533; a las mujeres?<\/em><\/p>\n<p>Porque la idea no es que, si es menos poder, entonces s\u00ed es apto para mujeres. Hablar as\u00ed es menospreciar tanto al servicio o cargo eclesi\u00e1stico como a la mujer.<\/p>\n<p><em>Lo que Ud. propone, entonces, es que las mujeres se vuelvan monjas humildes como Sor Faustina, y que al cabo de los a\u00f1os, cuando ya est\u00e9n bien muertas, se les acabe dando la raz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>No es motivo de orgullo para m\u00ed que sucedan cosas como esas; ni es motivo de orgullo que igualmente sucedan con los hombres. Las grandes reformas de la Iglesia, sean ellas propuestas o alentadas por hombres o por mujeres, han sucedido por regla general despu\u00e9s de la muerte de los protagonistas. Casi podemos decir que un verdadero santo es siempre un hombre o una mujer que ve m\u00e1s all\u00e1 de su propio tiempo; es alguien que se anticipa. Y aqu\u00ed hay un misterio grande y fecundo, pero trae como precio ver la cosecha solamente desde el Cielo. En esto lo que marca no es el g\u00e9nero sino la lamentable resistencia del coraz\u00f3n humano y la tardanza de los pueblos y comunidades en reconocer el paso del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p><em>Volvamos, pues, a la pregunta: \u00bfentonces qu\u00e9 queda para la mujer? \u00bfQu\u00e9, en concreto?<\/em><\/p>\n<p>Si su pregunta apunta a que yo le diga qu\u00e9 oficinas deber\u00edan estar en cabeza de mujeres o qu\u00e9 cargos de la curia vaticana debemos reservar para las mujeres, yo no tengo respuesta, ni tampoco creo que ese sea el mejor modo de responder. Precisamente lo que estoy indicando es que no es un asunto de cargos sino m\u00e1s bien de conversi\u00f3n de la Iglesia. M\u00e1s que una repartici\u00f3n de la torta del poder, es una actitud distinta que nos ayude a pedir perd\u00f3n por los abusos contra las mujeres y a descubrir en el don de la feminidad un regalo del Esp\u00edritu Santo que nos permite leer el designio de Dios Padre con ojos nuevos.<\/p>\n<p><em>Entonces s\u00ed hay abusos y s\u00ed hay que pedir perd\u00f3n&#8230;<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Por supuesto! Es innegable que la soberbia y la vanidad han acompa\u00f1ado demasiadas veces a una falsa comprensi\u00f3n del sacerdocio ministerial. El resultado es un clericalismo de corte machista que, a la vez, teme a la mujer y la utiliza.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la sociolog\u00eda es claro que de aqu\u00ed brota una motivaci\u00f3n sociol\u00f3gica para mirar como detestable el sacerdocio &#65533;s\u00f3lo masculino,&#65533; porque es imposible no asociar en la memoria los abusos clericales con un estilo prepotente y, en definitiva, machista. De todo ello hay que pedir perd\u00f3n, pero sobre todo, hay que convertirse.<\/p>\n<p><em>\u00bfY no ser\u00e1 parte de la conversi\u00f3n la ordenaci\u00f3n de mujeres?<\/em><\/p>\n<p>Sobre las razones por las que la Iglesia no se siente autorizada para conferir la ordenaci\u00f3n a mujeres ya hemos hablado antes y no vamos a repetir aqu\u00ed toda la conversaci\u00f3n anterior. El punto ahora es que la conversi\u00f3n a la que Dios est\u00e1 llamando a su Iglesia implica que el sacerdote se sepa realmente nacido del mismo amor por el que Cristo dio su propia vida a la Iglesia. Aquellos que, sin m\u00e9rito nuestro, hemos recibido el don de la ordenaci\u00f3n sacramental no tenemos otro horizonte sino el de la gratitud y el servicio a la Iglesia con el Coraz\u00f3n de Cristo y desde el Coraz\u00f3n de Cristo. Lo grave o lo malo no es que seamos hombres, quiero decir, varones, sino que eventualmente nos separemos del modo de amar de ese Var\u00f3n Santo, Esposo de la Iglesia, Cristo Se\u00f1or. A partir de una sincera y profunda conversi\u00f3n de los sacerdotes toda la doctrina del sacerdocio se vuelve clara e incluso obvia. La comunidad creyente se siente feliz de ser presidida, alimentada, e incluso mimada y embellecida por la palabra y la santidad de un verdadero sacerdote, uno que lleve el aroma de Cristo.<\/p>\n<p><em>\u00bfNo puede llevar ese aroma la mujer?<\/em><\/p>\n<p>Cristo no es propiedad del sexo masculino, y en ese sentido mi met\u00e1fora del aroma de Cristo se queda corta, lo reconozco. Yo quer\u00eda referirme al don de presidir la comunidad, para el cual, seg\u00fan toda la argumentaci\u00f3n presentada anteriormente, Cristo mismo ha querido tomar el s\u00edmbolo de la uni\u00f3n del hombre y la mujer, en modo tal que el sacerdote sea un var\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00bfY toda comunidad es femenina?<\/em><\/p>\n<p>S\u00ed.<\/p>\n<p><em>\u00bfPor qu\u00e9?<\/em><\/p>\n<p>Yo dir\u00eda: porque los dones m\u00e1s propios de la feminidad son intr\u00ednsecamente &#65533;sumables.&#65533; El sentido de la vida y la fecundidad, el sentido de la belleza y de la emoci\u00f3n, todo ello es sumable, y por consiguiente, se hace cada vez m\u00e1s presente a medida que se unen m\u00e1s personas.<\/p>\n<p><em>\u00bfEs decir que hay algo femenino tambi\u00e9n en el hombre, en el var\u00f3n?<\/em><\/p>\n<p>Por supuesto; ya de eso hemos hablado cuando nos referimos a las entra\u00f1as de misericordia que ha de tener el que predica o preside una comunidad.<\/p>\n<p><em>\u00bfY qu\u00e9 pasa con el componente &#65533;masculino&#65533;? \u00bfSe disuelve o se pierde cuando pensamos en una multitud?<\/em><\/p>\n<p>Lo masculino aqu\u00ed lo asociamos fundamentalmente con la que ya dijimos antes sobre la <em>iniciativa<\/em>, que conlleva el reconocerse incompleto e ir en busca de la mujer (&#65533;<em>por eso dejar\u00e1 el var\u00f3n a su padre y a su madre, y se unir\u00e1 a su mujer&#8230;<\/em>&#65533;), con lo cual ella descubre, a su vez, un cauce a su propio ser y a su capacidad de amor y donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, es evidente que un grupo humano no puede seguir todas las iniciativas ni puede canalizar su propia fuerza y su fecundidad detr\u00e1s de todas las voces. En este sentido, que es extensivo y metaf\u00f3rico, es natural pensar en un ingrediente masculino en quien preside a un grupo humano.<\/p>\n<p><em>\u00bfO sea que las madres superioras se deben masculinizar?<\/em><\/p>\n<p>Es un modo muy brusco de decir las cosas pero tiene su punto de raz\u00f3n. Me explico: una superiora no es quien preside propiamente a su comunidad, porque ninguna comunidad femenina es una iglesia completa. La Iglesia se realiza b\u00e1sicamente en las iglesias locales o diocesanas y en la Iglesia universal, y una comunidad femenina no es exactamente ninguna de las dos cosas.<\/p>\n<p><em>Eso est\u00e1 interesante. \u00bfEntonces qui\u00e9n preside realmente a una comunidad femenina?<\/em><\/p>\n<p>Ah\u00ed se da una realidad compleja y diversificada, pero lo cierto es que el obispo del lugar, seg\u00fan recuerda el Derecho Can\u00f3nico, tiene siempre un servicio de presidencia en las comunidades religiosas de su di\u00f3cesis, con algunas excepciones hist\u00f3ricas, que son las \u00d3rdenes de cl\u00e9rigos que est\u00e9n exentas. Ello indica, cuando menos, que ninguna madre superiora preside completamente o en todos los aspectos a sus hermanas.<\/p>\n<p><em>\u00bfEntonces qu\u00e9 hace?<\/em><\/p>\n<p>Las anima, las exhorta, les ayuda a descubrir la voluntad de Dios record\u00e1ndoles, con su palabra y con su ejemplo, la presencia del Se\u00f1or y las obras que ha ido realizando en otras hermanas. Este servicio puede implicar aspectos tan profundos y radicales como son su lugar mismo de vivienda y de apostolado.<\/p>\n<p><em>\u00bfY aunque no preside, la madre superiora se masculiniza?<\/em><\/p>\n<p>Eso lo dijo Ud., no yo.<\/p>\n<p><em>Pero Ud. admiti\u00f3 que s\u00ed se daba en alguna medida&#8230;<\/em><\/p>\n<p>S\u00ed se da un afianzamiento de algunas caracter\u00edsticas m\u00e1s propias del var\u00f3n, en la medida en que una superiora local, provincial o general necesita como olvidarse de s\u00ed misma, de su mundo interior, para centrarse muchas veces en las dificultades, gustos o alegr\u00edas de las hermanas. Necesita liderarlas en un cierto sentido, estar al frente de todas con cierta objetividad y tambi\u00e9n agradarles. Todo este desprendimiento es un modo de morir a s\u00ed misma e incluso a algo de su ser femenino.<\/p>\n<p><em>Una muerte que les gusta a muchas superioras&#8230;<\/em><\/p>\n<p>No necesariamente; pero su duro comentario sirve para que recordemos algo: el tema del poder no es solamente masculino. As\u00ed como se han dado abusos de poder en los hombres, se han dado entre las mujeres.<\/p>\n<p><em>Es decir que tampoco las religiosas son una respuesta plena a la cuesti\u00f3n del lugar de la mujer en la Iglesia. \u00bfCu\u00e1l es la respuesta?<\/em><\/p>\n<p>Gracias a Dios, es variada y m\u00faltiple. Ser una mujer consagrada es o puede ser una manera muy bella de vivir lo femenino en la Iglesia. Pero ni por un momento debemos olvidar a las madres. Muy a menudo se piensa en la evangelizaci\u00f3n s\u00f3lo en t\u00e9rminos heredados del mundo empresarial: organigramas, cronogramas, agendas repletas de compromisos y una avalancha de papeles y de instructivos sobre metodolog\u00eda, evaluaci\u00f3n y planeaci\u00f3n a corto, mediano y largo plazo. Digamos que eso puede tener su lugar pero ser\u00eda simplemente vanidad pretender afirmar que el Esp\u00edritu Santo s\u00f3lo pasa a trav\u00e9s de semejantes canales tan sistem\u00e1ticos y ahora tan &#65533;sistematizados.&#65533; En la sencillez y la ternura de una madre que ense\u00f1a un canto de la misa a su ni\u00f1o est\u00e1 aconteciendo el Evangelio.<\/p>\n<p>Y adem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo olvidar a las profesoras, las catequistas, las misioneras, las enfermeras, las artistas, las abogadas, o tantas mujeres en el gobierno civil o en el mundo empresarial? No es exagerado decir que all\u00ed donde la belleza tiene algo que decir, all\u00ed donde se espera un lenguaje cargado de esperanza y de vida, all\u00ed siempre hay espacio para la mujer.<\/p>\n<p><em>\u00bfEs decir: donde no hacen falta muchas ideas ni muchas decisiones?<\/em><\/p>\n<p>No es lo que estoy diciendo. La creatividad de la madre, el brillo y el ingenio de una buena profesora, las opciones humanas que le cambian el rostro a una empresa, o las decisiones y opciones de una artista o de una actriz pueden marcar millones de vidas. Todos esos son espacios donde el Evangelio o avanza o se estanca. Y muchas veces lo que suceda depender\u00e1 de lo que decidan hacer las mujeres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuevas Perspectivas Su conclusi\u00f3n hasta ahora es que ni la Biblia, ni la Tradici\u00f3n, ni el Magisterio autorizan la ordenaci\u00f3n de mujeres. \u00bfSignifica eso que ellas no tienen ese derecho? \u00bfNunca lo tendr\u00e1n? 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