{"id":47909,"date":"2016-09-16T01:31:17","date_gmt":"2016-09-16T06:31:17","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=47909"},"modified":"2016-09-14T17:35:26","modified_gmt":"2016-09-14T22:35:26","slug":"la-aportacion-de-la-iglesia-a-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/09\/16\/la-aportacion-de-la-iglesia-a-la-paz\/","title":{"rendered":"La aportaci\u00f3n de la Iglesia a la paz"},"content":{"rendered":"<p><b>516 <\/b><i>La promoci\u00f3n de la paz en el mundo es parte integrante de la misi\u00f3n con la que la Iglesia prosigue la obra redentora de Cristo sobre la tierra<\/i>. La Iglesia, en efecto, es, en Cristo \u00ab \u201csacramento\u201d, es decir signo e instrumento de paz en el mundo y para el mundo \u00bb.<sup>1089<\/sup> La promoci\u00f3n de la verdadera paz es una expresi\u00f3n de la fe cristiana en el amor que Dios nutre por cada ser humano. De la fe liberadora en el amor de Dios se desprenden una nueva visi\u00f3n del mundo y un nuevo modo de acercarse a los dem\u00e1s, tanto a una sola persona como a un pueblo entero: es una fe que cambia y renueva la vida, inspirada por la paz que Cristo ha dejado a sus disc\u00edpulos (cf. <i>Jn <\/i>14,27). Movida \u00fanicamente por esta fe, la Iglesia promueve la unidad de los cristianos y una fecunda colaboraci\u00f3n con los creyentes de otras religiones. Las diferencias religiosas no pueden y no deben constituir causa de conflicto: la b\u00fasqueda com\u00fan de la paz por parte de todos los creyentes es un decisivo factor de unidad entre los pueblos.<sup>1090<\/sup> La Iglesia exhorta a personas, pueblos, Estados y Naciones a hacerse part\u00edcipes de su preocupaci\u00f3n por el restablecimiento y la consolidaci\u00f3n de la paz destacando, en particular, la importante funci\u00f3n del derecho internacional.<sup>1091<\/sup><\/p>\n<p><b> 517 <\/b><i>La Iglesia ense\u00f1a que una verdadera paz es posible s\u00f3lo mediante el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n<\/i>.<sup>1092<\/sup> No es f\u00e1cil perdonar a la vista de las consecuencias de la guerra y de los conflictos, porque la violencia, especialmente cuando llega \u00ab hasta los l\u00edmites de lo inhumano y de la aflicci\u00f3n \u00bb,<sup>1093<\/sup> deja siempre como herencia una pesada carga de dolor, que s\u00f3lo puede aliviarse mediante una reflexi\u00f3n profunda, leal, valiente y com\u00fan entre los contendientes, capaz de afrontar las dificultades del presente con una actitud purificada por el arrepentimiento. El peso del pasado, que no se puede olvidar, puede ser aceptado s\u00f3lo en presencia de un perd\u00f3n rec\u00edprocamente ofrecido y recibido: se trata de un recorrido largo y dif\u00edcil, pero no imposible.<sup>1094<\/sup><\/p>\n<p><b> 518 <\/b><i>El perd\u00f3n rec\u00edproco no debe anular las exigencias de la justicia<\/i>,<i> ni mucho menos impedir el camino que conduce a la verdad: justicia y verdad representan, en cambio, los requisitos concretos de la reconciliaci\u00f3n<\/i>. Resultan oportunas las iniciativas que tienden a instituir Organismos judiciales internacionales. Semejantes Organismos, vali\u00e9ndose del principio de jurisdicci\u00f3n universal y apoyados en procedimientos adecuados, respetuosos de los derechos de los imputados y de las v\u00edctimas, pueden encontrar la verdad sobre los cr\u00edmenes perpetrados durante los conflictos armados.<sup>1095<\/sup> Es necesario, sin embargo, ir m\u00e1s all\u00e1 de la determinaci\u00f3n de los comportamientos delictivos, ya sean de acci\u00f3n o de omisi\u00f3n, y de las decisiones sobre los procedimientos de reparaci\u00f3n, para llegar al restablecimiento de relaciones de rec\u00edproco entendimiento entre los pueblos divididos, en nombre de la reconciliaci\u00f3n.<sup>1096<\/sup> Es necesario, adem\u00e1s, promover el respeto del<i> derecho a la paz<\/i>: este derecho \u00ab favorece la construcci\u00f3n de una sociedad en cuyo seno las relaciones de fuerza se sustituyen por relaciones de colaboraci\u00f3n con vistas al bien com\u00fan \u00bb.<sup>1097<\/sup><\/p>\n<p><b>519 <\/b><i>La Iglesia lucha por la paz con la oraci\u00f3n<\/i>. La oraci\u00f3n abre el coraz\u00f3n, no s\u00f3lo a una profunda relaci\u00f3n con Dios, sino tambi\u00e9n al encuentro con el pr\u00f3jimo inspirado por sentimientos de respeto, confianza, comprensi\u00f3n, estima y amor.<sup>1098<\/sup> La oraci\u00f3n infunde valor y sostiene a \u00ab los verdaderos amigos de la paz \u00bb,<sup>1099<\/sup> a los que tratan de promoverla en las diversas circunstancias en que viven. La oraci\u00f3n lit\u00fargica es \u00ab la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza \u00bb; <sup>1100<\/sup> en particular la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, \u00ab fuente y cumbre de toda la vida cristiana \u00bb,<sup>1101<\/sup> es el manantial inagotable de todo aut\u00e9ntico compromiso cristiano por la paz.<sup>1102<\/sup><\/p>\n<p><b> 520 <\/b><i>Las Jornadas Mundiales de la Paz son celebraciones de especial intensidad para orar invocando la paz y para comprometerse a construir un mundo de paz<\/i>. El Papa Pablo VI las instituy\u00f3 con el fin de \u00ab dedicar a los pensamientos y a los prop\u00f3sitos de la Paz, una celebraci\u00f3n particular en el d\u00eda primero del a\u00f1o civil \u00bb.<sup>1103<\/sup><i> Los Mensajes Pontificios para esta ocasi\u00f3n anual constituyen una rica fuente de actualizaci\u00f3n y desarrollo de la doctrina social,<\/i> e indican la constante acci\u00f3n pastoral de la Iglesia en favor de la paz: \u00ab La Paz se afianza solamente con la paz; la paz no separada de los deberes de justicia, sino alimentada por el propio sacrificio, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad \u00bb.<sup>1104<\/sup><\/p>\n<p><strong>NOTAS para esta secci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><sup>1089<\/sup>Juan Pablo II,<i> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000,<\/i>\u00a020: AAS 92 (2000) 369.<\/p>\n<p><sup>1090<\/sup>Cf. Juan Pablo II,<i> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1988,<\/i>\u00a03: AAS 80 (1988) 282-284.<\/p>\n<p><sup>1091<\/sup>Juan Pablo II,<i> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2004<\/i>, 9: AAS 96 (2004) 120.<\/p>\n<p><sup>1092<\/sup>Cf. Juan Pablo II, <i> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2002,<\/i>\u00a09: AAS 94 (2002) 136-137; Id., <i>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2004<\/i>, 10: AAS 96 (2004) 121.<\/p>\n<p><sup>1093<\/sup>Juan Pablo II, <i>Carta con ocasi\u00f3n del 50\u00ba Aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, <\/i>2: AAS 82 (1990) 51.<\/p>\n<p><sup>1094<\/sup>Cf. Juan Pablo II,<i> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1997,<\/i>\u00a03: AAS 89 (1997) 193.<\/p>\n<p><sup>1095<\/sup>Cf. P\u00edo XII,<i> Discurso al VI Congreso internacional de derecho penal<\/i> (3 de octubre de 1953): AAS 65 (1953) 730-744; Juan Pablo II,<i> Discurso al Cuerpo Diplom\u00e1tico <\/i>(13 de enero de 1997), 4: AAS 89 (1997) 474-475; Id., <i>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1999,<\/i>\u00a07: AAS 91 (1999) 382.<\/p>\n<p><sup>1096<\/sup>Cf. Juan Pablo II, <i> Mensaje para la Jornada de la Paz 1997, <\/i>3. 4. 6: AAS 89 (1997) 193. 196-197.<\/p>\n<p><sup>1097<\/sup>Juan Pablo II, <i> Mensaje para la Jornada de la Paz 1999<\/i>, 11: AAS 91 (1999) 385.<\/p>\n<p><sup>1098<\/sup>Cf. Juan Pablo II,<i> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1992<\/i>, 4: AAS 84 (1992) 323-324.<\/p>\n<p><sup>1099<\/sup>Pablo VI, <i>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1968: <\/i>AAS 59 (1967) 1098.<\/p>\n<p><sup>1100<\/sup>Concilio Vaticano II, Const.<i> Sacrosanctum Concilium, <\/i>10: AAS 56 (1964) 102.<\/p>\n<p><sup>1101<\/sup>Concilio Vaticano II, Const. dogm.<i> Lumen gentium, <\/i>11: AAS 57 (1965) 15.<\/p>\n<p><sup>1102<\/sup>La celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica comienza con un saludo de paz, el saludo de Cristo a sus disc\u00edpulos. El<i> Gloria<\/i> es una petici\u00f3n de paz para todo el pueblo de Dios sobre la tierra. En las an\u00e1foras de la Misa, la oraci\u00f3n por la paz se estructura rezando por la paz y la unidad de la Iglesia; por la paz de toda la familia de Dios en esta vida; por el progreso de la paz y la salvaci\u00f3n del mundo. Durante el rito de la comuni\u00f3n, la Iglesia ora para que el Se\u00f1or d\u00e9 \u00ab la paz en nuestros d\u00edas \u00bb y recuerda el don de Cristo que consiste en su paz, invocando \u00ab la paz y la unidad \u00bb de su Reino. La Asamblea ora tambi\u00e9n para que el Cordero de Dios quite los pecados del mundo y \u00ab d\u00e9 la paz \u00bb. Antes de la comuni\u00f3n, toda la asamblea intercambia un saludo de paz; la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica se concluye despidiendo a la Asamblea en la paz de Cristo. Son muchas las oraciones que, durante la Santa Misa, invocan la paz en el mundo; en ellas, la paz se halla a veces asociada a la justicia, como, por ejemplo, la oraci\u00f3n colecta del octavo domingo del Tiempo Ordinario, con la cual la Iglesia pide a Dios que los acontecimientos de este mundo se realicen siempre bajo el signo de la justicia y de la paz, seg\u00fan su voluntad.<\/p>\n<p><sup>1103<\/sup>Pablo VI, <i>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1968<\/i>: AAS 59 (1967) 1100.<\/p>\n<p><sup>1104<\/sup>Pablo VI,<i> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1976<\/i>: AAS 67 (1975) 671.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>Este Compendio se publica \u00edntegramente, por entregas, <a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/categorias\/iglesia-catolica\/biblioteca-vaticana\/compendio-de-doctrina-social\/?order=ASC\">aqu\u00ed<\/a>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>516 La promoci\u00f3n de la paz en el mundo es parte integrante de la misi\u00f3n con la que la Iglesia prosigue la obra redentora de Cristo sobre la tierra. 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