{"id":47894,"date":"2016-09-14T11:50:12","date_gmt":"2016-09-14T16:50:12","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=47894"},"modified":"2016-09-14T11:50:12","modified_gmt":"2016-09-14T16:50:12","slug":"explicacion-de-lo-increible-el-camino-de-la-penitencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/09\/14\/explicacion-de-lo-increible-el-camino-de-la-penitencia\/","title":{"rendered":"Explicaci\u00f3n de lo incre\u00edble: el camino de la penitencia"},"content":{"rendered":"<p>Quiso Dios expresarnos su amor a los hombres, para que nos uni\u00e9ramos a \u00e9l por amor. Y as\u00ed comenz\u00f3 por declararnos su amor en la misma creaci\u00f3n, d\u00e1ndonos la existencia y el mundo. M\u00e1s abiertamente nos expres\u00f3 su amor por la revelaci\u00f3n de los profetas de Israel, y a\u00fan m\u00e1s plenamente por el hecho de la encarnaci\u00f3n de su Hijo divino. Pero la m\u00e1xima declaraci\u00f3n del amor que Dios nos tiene se produjo precisamente en la Cruz del Calvario, donde Cristo dio su vida por nosotros (+Jn 3,16; Rm 5,8).<\/p>\n<p>Pues bien, el bendito padre Roa quiso decir a los indios con su propia vida esta palabra de Dios, quiso expresarles esta declaraci\u00f3n suprema del amor divino, y por eso busc\u00f3 en sus pasiones personales representar vivamente ante los indios, para convertirlos, la Pasi\u00f3n de nuestro Salvador.<\/p>\n<p>La espiritualidad cristiana de todos los siglos, tanto en Oriente como en Occidente, ha querido siempre imitar a Jes\u00fas penitente, que pas\u00f3 en el desierto cuarenta d\u00edas en oraci\u00f3n y completo ayuno, y ha buscado tambi\u00e9n siempre participar con mortificaciones voluntarias de su terrible pasi\u00f3n redentora en la cruz. Y as\u00ed la Iglesia cat\u00f3lica, por ejemplo en la liturgia de Cuaresma, exhorta a los cristianos al \u00abayuno corporal\u00bb y a \u00ablas privaciones voluntarias\u00bb. Y \u00e9sta es la ascesis cristiana tradicional, viva ayer y hoy.<\/p>\n<p>As\u00ed San Gregorio de Nacianzo, al enumerar las penalidades del ascetismo mon\u00e1stico, habla de ayunos, velas nocturnas, l\u00e1grimas y gemidos, rodillas con callos, pasar en pie toda la noche, pies descalzos, golpearse el pecho, recogimiento total de la vista, la palabra y el o\u00eddo, en fin, \u00abel placer de no tener placer\u00bb alguno (Orat. 6 de pace 1,2: MG 35,721-724). Y muchos santos, como San Pedro de Alc\u00e1ntara o el santo Cura de Ars, han recibido del Esp\u00edritu un especial carisma penitencial, y han conmovido al pueblo cristiano con la dureza extrema de sus mortificaciones.<\/p>\n<p>Otros santos ha habido, no menores, pero con vocaci\u00f3n diversa, que mirando al Crucificado, han procurado con toda insistencia \u00abel placer de no tener placer\u00bb, el \u00abpadecer o morir\u00bb de Santa Teresa. En este mismo sentido, Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas escribe: \u00abExperiment\u00e9 el deseo de no amar m\u00e1s que a Dios, de no hallar alegr\u00eda fuera de \u00e9l. Con frecuencia repet\u00eda en mis comuniones las palabras de la Imitaci\u00f3n: &#8220;\u00a1Oh Jes\u00fas, dulzura inefable! Cambiadme en amargura todas las consolaciones de la tierra&#8221; (III,26,3). Esta oraci\u00f3n brotaba de mis labios sin esfuerzo, sin violencia; me parec\u00eda repetirla, no por voluntad propia, sino como una ni\u00f1a que repite las palabras que una persona amiga le inspira\u00bb (Manuscrito A, f.36 v\u00ba).<\/p>\n<p>El padre Roa, pues, tuvo muchos hermanos, anteriores o posteriores a \u00e9l, en el camino de la penitencia, aunque quiz\u00e1 ninguno fue llevado por el Esp\u00edritu Santo a extremos tan inauditos.<\/p>\n<p>Los cristianos modernos, sin embargo, sobre todo aquellos que viven en pa\u00edses ricos, no suelen practicar la mortificaci\u00f3n, y ni siquiera llegan a entender su lenguaje, hasta el punto de que algunos llegan a impugnar las expiaciones voluntarias, que vienen a ser para ellos \u00ablocura y esc\u00e1ndalo\u00bb (1Cor 1,23). Aunque por razones muy diversas, coinciden en esto con Lutero, que rechazaba con viva repulsi\u00f3n ideol\u00f3gica todo tipo de mortificaciones penitenciales (Trento 1551: Dz 1713). Estos modernos seg\u00fan el mundo, marginados del hoy siempre nuevo del Esp\u00edritu Santo, se averg\u00fcenzan, pues, del bendito fray Antonio de Roa, y s\u00f3lo ven en \u00e9l una derivaci\u00f3n morbosa de la genuina espiritualidad cristiana.<\/p>\n<p>Pero en esto, como en tantas otras cosas, los indios mexicanos guardaban la mente m\u00e1s abierta a la verdad que quienes han abandonado o falseado el cristianismo, y ellos s\u00ed entendieron el inaudito lenguaje penitencial del bienaventurado padre Roa, viendo en \u00e9l un hombre santo, es decir, un testigo del misterio divino. Ellos mismos, en su grandiosa y miserable religiosidad pagana, conoc\u00edan oscuramente el valor de la penitencia, y practicaban dur\u00edsimas y lamentables mortificaciones.<\/p>\n<p>Motolin\u00eda cuenta que \u00abhombres y mujeres sacaban o pasaban por la oreja y por la lengua unas pajas tan gordas como ca\u00f1as de trigo\u00bb, para ofrecer su sangre a los \u00eddolos. Y los sacerdotes paganos \u00abhac\u00edan una cosa de las extra\u00f1as y crueles del mundo, que cortaban y hend\u00edan el miembro de la generaci\u00f3n entre cuero y carne, y hac\u00edan tan grande abertura que pasaban por all\u00ed una soga, tan gruesa como el brazo por la mu\u00f1eca, y el largor seg\u00fan la devoci\u00f3n\u00bb (Motolin\u00eda I,9, 106). De otras pr\u00e1cticas religiosas, igualmente penitenciales y sangrientas, da cuenta detallada fray Bernardino de Sahag\u00fan (p.ej. II, ap\u00e9nd.3).<\/p>\n<p>Fray Antonio de Roa entend\u00eda sus pasiones como un martirio, un testimonio en honor de Jesucristo para la conversi\u00f3n de los indios, y de hecho no practicaba sus espectaculares expiaciones estando con los frailes, sino s\u00f3lo cuando estaba sirviendo a los ind\u00edgenas. Por lo dem\u00e1s el padre Roa -acord\u00e1ndose del martirio de Santa Agueda, de quien se dec\u00eda que no fue curada de sus heridas sino por el mismo Cristo-, no procuraba curar las heridas y quemaduras producidas por sus penitencias. Y sin embargo, los viernes cuaresmales estaba curado de las lesiones del mi\u00e9rcoles, y el mi\u00e9rcoles estaba sano de las del lunes&#8230; Por eso, como dice L\u00f3pez Beltr\u00e1n, \u00absus penitencias eran un milagro continuado\u00bb (99).<\/p>\n<p>El padre Grijalva, saliendo como otras veces al encuentro de posibles objeciones, dejan a un lado a los maliciosos que se r\u00eden de todo esto, y dice a aquellas personas de buena voluntad, que quiz\u00e1 consideren imprudentes estas penitencias, que \u00abse acuerden de las inauditas penitencias que San Jer\u00f3nimo refiere\u00bb de los santos del desierto y de otras que vemos en la historia de la Iglesia, \u00abde las que se dice que son m\u00e1s para admirar que para imitar. Y eso mismo puede juzgar de las que vamos contando, y dar gracias a N. S. de que en nuestros tiempos y en nuestra tierra nos haya dado un tan raro espect\u00e1culo, que en nada es inferior a los antiguos\u00bb (II,21).<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quiso Dios expresarnos su amor a los hombres, para que nos uni\u00e9ramos a \u00e9l por amor. Y as\u00ed comenz\u00f3 por declararnos su amor en la misma creaci\u00f3n, d\u00e1ndonos la existencia y el mundo. 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