{"id":4704,"date":"2010-01-03T03:32:38","date_gmt":"2010-01-03T08:32:38","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=4704"},"modified":"2010-01-01T13:52:47","modified_gmt":"2010-01-01T18:52:47","slug":"el-testamento-del-padre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2010\/01\/03\/el-testamento-del-padre\/","title":{"rendered":"EL TESTAMENTO DEL PADRE"},"content":{"rendered":"<p><strong>EL TESTAMENTO DEL PADRE <\/strong><\/p>\n<p>(Lc 15, 31-32. 22-24)<\/p>\n<p>Hemos llegado al final de la par\u00e1bola del Padre misericordioso, donde Jes\u00fas nos ha entregado una imagen fiel y viva del Padre y de su manera de ser y de actuar. El mensaje que en este momento nos entrega como testamento tiene que ver con los dos hijos, con toda la humanidad. Es <em>la gratuidad de la misericordia del Padre con todos sus hijos, pero que acoge gratuitamente a los m\u00e1s d\u00e9biles.<\/em> Es la misericordia del Padre frente a la miseria del hombre. El Padre tiene fe en el hombre, en esos hombres despreciados y marginados y en su conversi\u00f3n, en su recuperaci\u00f3n y superaci\u00f3n. La dimensi\u00f3n en que el Padre vive esa misericordia es la alegr\u00eda que, adem\u00e1s, comparte con todos: &#8220;<em>Al\u00e9grense conmigo<\/em>&#8221; (Lc 15,6.9); &#8220;<em>conven\u00eda celebrar una fiesta y alegrarse<\/em>&#8221; (Lc 15, 31-32). Uno de los rasgos sobresalientes de nuestro Padre es la alegr\u00eda que \u00c9l siente en la conversi\u00f3n del pecador, as\u00ed lo expresa en las par\u00e1bolas de la misericordia. Es interesante ver que el Padre siente m\u00e1s gozo en el pecador que se convierte, pero no dice que el pecador sea m\u00e1s querido que los dem\u00e1s hijos del Padre, pues si los hombres, que son malos, aman a todos sus hijos, cu\u00e1nto m\u00e1s el Padre ama a todos, pues son sus hijos.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>Magnitud de la misericordia<\/strong><\/p>\n<p>El evangelista nos muestra el coraz\u00f3n misericordioso del Padre visto a trav\u00e9s de Cristo, en las tres par\u00e1bolas de <em>la oveja perdida <\/em>(Lc 15,3-7)<em>, la moneda extraviada <\/em>(Lc 15,8-10)<em>, y el hijo pr\u00f3digo<\/em>(Lc 15, 11-32). En esta par\u00e1bola el Padre ejercita su misericordia con los dos hijos, de modo diferente.<\/p>\n<p>El hijo menor comprende que no puede volver a la casa paterna con su verg\u00fcenza y su suciedad. Se da cuenta de que es indigno de llamarse hijo. Pero, \u00a1qu\u00e9 acogida la que recibe! El padre sale, corre a su encuentro, se echa a su cuello y le cubre de besos, despu\u00e9s de hacer todo lo necesario para hacerle grato su regreso al hogar. Mientras la casa est\u00e1 de fiesta, llega el hijo mayor; oye la m\u00fasica, pregunta que ocurre y se entera del retorno de su hermano. Entonces, indignado, reh\u00fasa entrar. El padre mismo, lleno de misericordia, sale y le ruega que pase. Pero el hijo mayor rechaza la invitaci\u00f3n., porque se cree justo. \u00a1Con cu\u00e1nta paciencia y misericordia responde el padre a los vehementes reproches de su hijo mayor! Le dice: &#8220;Te he dado grandes bendiciones, todas son tuyas, hijo m\u00edo; todo lo m\u00edo es tuyo. Pero mi amor necesita que mi casa se llene de 75uyiendo en ella a miserables pecadores perdidos, pero arrepentidos, y que reconozcan que todo lo deben a mi grac&#8221;a&#8221;. &#8220;As\u00ed habr\u00e1 m\u00e1s gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento&#8221; (v.7).<\/p>\n<p>Viendo los motivos para la conversi\u00f3n que tuvo el hijo menor, conversi\u00f3n que se produjo bajo la presi\u00f3n de necesidades vitales, nos ayudan a descubrir la magnitud de la gratuidad del <em>perd\u00f3n paterno<\/em>. Pero el momento en que ese amor paterno alcanza el v\u00e9rtice es cuando entra en escena el hermano mayor. A este, duro, inflexible, lo aborda el padre con su misericordia y le dice: &#8220;<em>t\u00fa est\u00e1s siempre conmigo y todo lo m\u00edo es tuyo<\/em>&#8220;. Y vuelca sobre el su misericordia, para que \u00e9l a su vez la ejercite con su hermano. Del primer hijo no aparece que hubiera podido ejercitar su misericordia con el hermano mayor; el mayor no quiso ejercerla y se neg\u00f3 a recibirlo en casa; pero el tercer hijo de la par\u00e1bola s\u00ed ejerci\u00f3 la misericordia.<\/p>\n<p><strong>Cristo, espejo de misericordia<\/strong><\/p>\n<p>El tercer hijo, Jes\u00fas, es la suprema misericordia del Padre. El encarn\u00f3 en s\u00ed la doctrina que predicaba y que hab\u00eda fotografiado en sus par\u00e1bolas. En efecto, Jes\u00fas <em>fue espejo de misericordia<\/em> en su encarnaci\u00f3n y durante toda su vida. \u00c9l empez\u00f3 a obrar y luego a ense\u00f1ar, mostrando su misericordia tanto en sus obras como en sus palabras; se compadece de toda miseria tanto f\u00edsica como moral; ama y busca a los pecadores (Lc 5,31; en sus par\u00e1bolas nos describe su coraz\u00f3n y el coraz\u00f3n de su Padre <em>llenos de misericordia<\/em>. <\/p>\n<p><strong>Exigencia del testamento<\/strong><\/p>\n<p>La misericordia del Padre es su gran exigencia para nosotros. Jes\u00fas quiere que nosotros seamos &#8220;<em>misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre del cielo<\/em>&#8221; (Lc 6,36). Misericordiosos en nuestros juicios (Mt 7,3); misericordiosos en las palabras (Mt 5,22); misericordiosos en nuestra sobras; misericordiosos con el enemigo (Lc 11,4); misericordiosos para obtener misericordia (M 25, 31-46). <\/p>\n<p>Quiero terminar con dos testimonios que nos hablan de la misericordia del padre, de los padres y nos ayudan a dejarnos llenar nosotros de la misericordia del Padre para ejercitarla con nuestros hermanos mayores y menores.<\/p>\n<p><strong>La misericordia hoy<\/strong><\/p>\n<p>La misericordia del Padre la vemos actualizada hoy en la siguiente historia de un hijo pr\u00f3digo moderno. Este se march\u00f3 de casa, se malgast\u00f3 todo lo que hab\u00eda recibido, no s\u00f3lo el dinero, sino tambi\u00e9n la salud, e hizo que se fuera a pique tambi\u00e9n el honor de la familia. Cay\u00f3 en la droga y en los robos. De vez en cuando le rondaba la idea de volver a casa, de llevar una vida buena, pero le faltaba voluntad, pensando en que no ser\u00eda bien recibido y, adem\u00e1s, porque no se sent\u00eda capaz de llevar una vida ordenada, le faltaba voluntad.<\/p>\n<p>Cay\u00f3 en prisi\u00f3n por los delitos que cometi\u00f3. Los padecimientos que all\u00e1 prob\u00f3 le hicieron madurar. Volvi\u00f3 a recordar la felicidad que perdi\u00f3 abandonando a sus padres y la posibilidad del perd\u00f3n. Poco antes de salir en libertad, se decidi\u00f3 a escribir a sus padres: les ped\u00eda perd\u00f3n por todo lo que hab\u00eda hecho; y les dec\u00eda que si lo perdonaban, que si estaban dispuestos a acogerlo, pusieran un pa\u00f1uelo blanco en el manzano que hab\u00eda en el huerto, al lado de la v\u00eda de tren; que \u00e9l al pasar el d\u00eda que saliera de la prisi\u00f3n, si ve\u00eda el pa\u00f1uelo bajar\u00eda del tren y volver\u00eda a casa; si no lo ve\u00eda, continuar\u00eda el viaje para nunca m\u00e1s volver. <\/p>\n<p>El d\u00eda que sali\u00f3, se vino con un compa\u00f1ero de prisi\u00f3n que sali\u00f3 con \u00e9l y le acompa\u00f1aba en el viaje. Cuado el tren estaba llegando a su pueblo, a la casa de sus padres, no osaba mirar por la ventana. Le dijo a su compa\u00f1ero: &#8220;mira t\u00fa, yo no me atrevo&#8221; y cerr\u00f3 los ojos. Pensaba en aquel manzano, al que sub\u00eda de peque\u00f1o, y se pon\u00eda contento, imaginando el pa\u00f1uelo colgado en el \u00e1rbol; pero, tambi\u00e9n se pon\u00eda triste pensando: &#8220;\u00bfy si no est\u00e1? <\/p>\n<p>Entonces dijo a su compa\u00f1&#8221;ro: &#8220;ya nos acercamos: ves el pa\u00f1uelo, est\u00e1 el pa\u00f1&#8221;elo?&#8221;. En ese momento le dice el compa\u00f1ero: &#8220;No est\u00e1 un pa\u00f1uelo colgado, abre los ojos y&#8230; \u00a1mira!&#8221;. Y al abrirlos se encontr\u00f3 que no hab\u00eda un pa\u00f1uelo, sino que el manzano estaba lleno de pa\u00f1uelos blancos, que sus padres hab\u00edan colgado del manzano, y que parec\u00eda un \u00e1rbol de navidad, queriendo as\u00ed decir a su hijo cu\u00e1n inmenso era el perd\u00f3n que le otorgaban. As\u00ed es el perd\u00f3n aut\u00e9ntico. <\/p>\n<p>Es esta una historia repetida desde que el mundo es mundo, bien resumida en el perd\u00f3n que l padre dio a su hijo y que Rembrant pint\u00f3. En el cuadro resalta la figura del Padre que abraza el hijo que vuelve, desvalido y hambriento; el padre lo abraza con dos manos, una de ho\u2013bre -que hace fuerza sobre el hijo, apret\u00e1ndolo sobre su pecho- y la otra de mujer \u2013afectuosa y dulce, acariciando al hijo que ha regresado-. Y es que el Padre es padre y madre al mismo tiempo. <\/p>\n<p><strong>Imagen del Padre<\/strong><\/p>\n<p>Cristo nos entrega una nueva imagen b\u00edblica del Padre, distinta de la de los escribas y fariseos. Esta se podr\u00eda sintetizar diciendo que <em>El Padre es aquel que ama y perdona<\/em>. Cuando ama y perdona, Dios se muestra de modo especial como Padre. Y as\u00ed tambi\u00e9n, el hombre manifestar\u00e1 su condici\u00f3n de hijo de Dios cuando act\u00fae de igual manera con los dem\u00e1s hombres. El pr\u00f3jimo se convierte as\u00ed en sacramento de Dios para el hombre, en posibilidad de materializar el amor a Dios, de adherir a Cristo presente en los hermanos.<\/p>\n<p>Especialmente a trav\u00e9s de las par\u00e1bolas de la misericordia, Jes\u00fas somete a una revisi\u00f3n total la idea que los jud\u00edos se hac\u00edan de Dios y de su justicia. Estas act\u00faan como transmisoras del &#8220;esc\u00e1ndalo del amor desinteresado&#8221; que el Reino inaugura. Jes\u00fas anuncia la noticia del Dios bueno, que perdona y da generosamente, que ofrece permanentemente habitar en su casa. Un Padre misericordioso, que ama gratuitamente \u2013esc\u00e1ndalo para quienes ten\u00edan una exaltaci\u00f3n del m\u00e9rito, del esfuerzo en el cumplimiento de la ley-, que ama a los pecadores, a quienes &#8220;no cumplen la ley&#8221;. Un Padre que s\u00f3lo pide que crean en su misericordia y se conviertan, que vuelvan a su casa. Y que pide el arrepentimiento como condici\u00f3n para perdonar y amar. Tal como aparece en Lc. 15, 11-31, un Padre que ama con un amor que el otro no merece. En Jes\u00fas, vemos un Padre que viene a buscar lo que est\u00e1 perdido, que tiene la iniciativa en el proceso de conversi\u00f3n. Que pone primero el ofrecimiento del perd\u00f3n liberador que la obra humana de penitencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL TESTAMENTO DEL PADRE (Lc 15, 31-32. 22-24) Hemos llegado al final de la par\u00e1bola del Padre misericordioso, donde Jes\u00fas nos ha entregado una imagen fiel y viva del Padre y de su manera de ser y de actuar. 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