{"id":4651,"date":"2009-12-26T21:56:38","date_gmt":"2009-12-27T02:56:38","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=4651"},"modified":"2009-12-26T21:56:38","modified_gmt":"2009-12-27T02:56:38","slug":"venimos-del-padre-y-a-el-volvemos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/12\/26\/venimos-del-padre-y-a-el-volvemos\/","title":{"rendered":"Venimos del Padre y a El volvemos"},"content":{"rendered":"<p><strong>VENIMOS DEL PADRE Y A \u00c9L VOLVEMOS<\/strong><\/p>\n<p>(Jn 16, 26-28)<\/p>\n<p>Estos \u00faltimos momentos de nuestra reflexi\u00f3n vamos a emplearlos meditando sobre un tema maravilloso, que nos llena de esperanza. Y es sobre nuestro ingreso y nuestro fin en este mundo. Cuando alguien me pregunta de d\u00f3nde soy, yo le contesto: vine del cielo y al cielo regreso. Pero es mucho mejor decir, vine del Padre y regreso al Padre. Esto mismo dec\u00eda Jes\u00fas: &#8220;<em>Sal\u00ed del Padre y vine al mundo, de nuevo dejo el mundo y regreso al Padre<\/em>&#8221; (Jn 16,28). Esta sola frase resume el misterio de su Persona. En efecto, dice la Palabra que &#8220;<em>El Verbo estaba junto a Dios<\/em>&#8221; (Jn 1, 1). Pues exist\u00eda antes de todas las cosas. Y exist\u00eda junto al Padre, es decir, tiene una relaci\u00f3n de intimidad con \u00c9l, tan grande que tiene la misma naturaleza con El. <em>Sal\u00ed del Padre:<\/em> es el misterio de su Encarnaci\u00f3n, la Palabra se hizo carne; <em>ahora vuelvo al Padre<\/em>: resucitado y glorioso lleva los trofeos de su victoria: el pecado destruido, la muerte vencida, la vieja ley de Mois\u00e9s superada, deja a los hombres los sacramentos, su Iglesia, la salvaci\u00f3n. <\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>El hijo pr\u00f3digo regresa al padre<\/strong><\/p>\n<p>Nuestra vida en la tierra es un camino de regreso a Dios. Tenemos la misma vocaci\u00f3n de nuestro hermano mayor Jes\u00fas: &#8220;<em>sal\u00ed del Padre y regreso al Padre<\/em>&#8220;. Es lo que le pas\u00f3 al hijo menor de la par\u00e1bola: se fue de su casa, de su padre, pero felizmente regres\u00f3 a su casa, se encontr\u00f3 con su padre, que le devolvi\u00f3 su plena dignidad de hijo: &#8220;<em>el padre dijo a los criados: traigan enseguida el mejor traje y v\u00edstanlo; p\u00f3nganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan<\/em>&#8221; (Lc 15, 22). <\/p>\n<p>La escena del encuentro del muchacho con su padre es todo un ritual solemne, \u00edntimo. Todos los detalles est\u00e1n cargados de simbolismo. Las sandalias eran una prerrogativa de los hombres libres; el anillo significaba la transmisi\u00f3n de los poderes; el vestido era signo de la propia dignidad., la vestidura de la salvaci\u00f3n. Ya todo estaba nuevamente rehecho. Hab\u00eda recobrado la dignidad perdida de hijo. Su padre le hab\u00eda otorgado el perd\u00f3n y le hab\u00eda dado un recibimiento amoroso, tierno. Era nuevamente hijo con todos los derechos. Hay toda una reconstrucci\u00f3n a todos los niveles. Vuelve a ser hijo. Ahora est\u00e1 lleno de gratitud, ya no le interesan las cosas, sino solo su padre. Ni se da cuenta del banquete que est\u00e1n celebrando por la alegr\u00eda y enajenamiento de estar nuevamente, definitivamente con su padre.<\/p>\n<p>Y es que el perd\u00f3n del padre es mayor que todo, es anegarse en su amor, sin pensar en castigos, en p\u00e9rdida de herencias, en fiestas y en regalos, o en otras cosas, aunque sean maravillosa. El perd\u00f3n significa m\u00e1s que cualquier otro don. Significa volver a gozar de la presencia y compa\u00f1\u00eda de su padre. El perd\u00f3n del Padre es anegarse en su amor. Con el perd\u00f3n que recibe siente el infinito amor de su padre. Ahora se siente como si el mundo comenzase de nuevo para \u00c9l y todo por su Padre, por su amor expresado en ese perd\u00f3n tan incondicional. <\/p>\n<p><strong>Regresar al Padre es perdonar <\/strong><\/p>\n<p>El perd\u00f3n es la otra cara del amor. El Se\u00f1or nos perdona porque nos ama. El Padre, oc\u00e9ano infinito de amor y de misericordia, nos ha llenado con su perd\u00f3n, para que aprendamos as\u00ed a perdonar, a ser como \u00c9l. El perdona sin l\u00edmites, perdona siempre, porque ama. Esta misma misi\u00f3n confi\u00f3 a los suyos, como regalo de su resurrecci\u00f3n: &#8220;<em>Jes\u00fas les dijo otra vez: como el Padre me envi\u00f3, tambi\u00e9n los env\u00edo yo. Dicho esto, sopl\u00f3 sobre ellos y les dijo: reciban el Esp\u00edritu Santo. A quienes perdonen los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos<\/em>&#8221; (Jn 20, 21-23). El Padre, porque es amor misericordioso, perdona siempre al que se arrepiente y le pide perd\u00f3n de su pecado. Recibir su perd\u00f3n es volver a los brazos amorosos de nuestro Padre celestial, es recibir su afecto, sus besos, su amor infinitamente reconstructor.<\/p>\n<p>En el <em>discurso de la comunidad: <\/em>cap\u00edtulo 18 del Evangelio de Mateo<em>, <\/em>donde el Se\u00f1or da instrucciones a sus disc\u00edpulos acerca de las actitudes necesarias para vivir una vida comunitaria, el amor se llama perd\u00f3n y que aqu\u00ed n75uy75itener que hablar de la comuni\u00f3n entre los hermanos, del amor entre los miembros que forman una comunidad, habla de la comprensi\u00f3n, de la misericordia y del perd\u00f3n de las ofensas que ha de presidir las relaciones de los cristianos entre s\u00ed. El perd\u00f3n es el gran signo del amor. En vez de hablar en este <em>discurso<\/em> del amor incondicional necesario para construir la comunidad, se habla del perd\u00f3n sin l\u00edmites fruto de un amor sin l\u00edmites. Termina el cap\u00edtulo narrando la par\u00e1bola del hombre que no quiso amar a su compa\u00f1ero ni dejarse amar por \u00e9l, es decir, que no quiso otorgar el perd\u00f3n. En la comunidad amar es aprender a perdonar, hacer la escuela para aprender a otorgar el perd\u00f3n, para dar en cada momento, si fuese necesario, el perd\u00f3n. Por eso habla de la actitud de perd\u00f3n continuo y de coraz\u00f3n, de otorgar un perd\u00f3n incondicional todas las veces que sea necesario: &#8220;<em>setenta veces siete<\/em>&#8221; (Mt 18,21-22), es decir, <em>perdonar siempre<\/em>. Y a continuaci\u00f3n el Se\u00f1or, hablando del amor y del perd\u00f3n, ilustra su respuesta a Pedro con una par\u00e1bola de tremendo dramatismo y dureza. Pone el ejemplo del siervo que tiene una doble medida, pide el perd\u00f3n y lo obtiene, pero no quiso perdonar a un siervo, compa\u00f1ero suyo (Mt 16, 21-35). El Padre, grande en misericordia, nos ha perdonado gratuitamente nuestras deudas, cada d\u00eda nos perdona, cuando vamos arrepentidos a su presencia. La convivencia comunitaria crea roces, ofensas, da\u00f1os. De pronto no nos han ofendido, sino que somos suspicaces o muy sensibles. Y nos cuesta perdonar, y m\u00e1s bien queremos vengarnos, ser inflexibl75uy75icazremos que Dios nos perdone siempre, pero yo no perdono siempre. Lo que yo hago a los dem\u00e1s nunca es tan grave, siempre tiene excusas. Lo que los otros me hacen a m\u00ed siempre es grave, imperdonable, sin excusas. <\/p>\n<p><strong>Perdonamos porque amamos <\/strong><\/p>\n<p>Nos alejamos del Padre cuando rompemos con los hermanos, cuando se enfr\u00edan nuestras relaciones con ellos, cuando nos tornamos indiferentes, duros, falsos, rigurosos, ofensivos, injuriosos. Alejado de Dios, al hombre le cuesta perdonar, le es muy dif\u00edcil perdonar. Por inclinaci\u00f3n natural el hombre tiende a la venganza, al &#8220;ojo por ojo y diente por diente&#8221;. As\u00ed lo muestra el canto de Lamec: <em>Si la venganza de Ca\u00edn val\u00eda por siete, la de Lamec valdr\u00e1 por setenta y siete<\/em>&#8221; (Gen 4,24), tiende espont\u00e1neamente a la violencia, no al perd\u00f3n. Para poder perdonar necesita regresar al Padre, recibir de \u00c9l su insuperable amor: amor a Dios y amor a los hombres, tener un coraz\u00f3n misericordioso, como lo inculcaba Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos: &#8220;<em>Sean misericordiosos, como el Padre celestial, su Padre, es misericordioso<\/em>&#8221; (Lc 6,36). Es tan importante, <em>saber perdonar, tener misericordia<\/em>, que Jesucristo lo elev\u00f3 a una bienaventuranza, a una cualidad de la vida cristiana que santifica y que lleva al cielo: &#8220;<em>bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzar\u00e1n misericordia<\/em>&#8221; (Mt 5,7). <\/p>\n<p>Nuestro regreso al Padre significa amar como nuestro Padre ama; ser buenos como nuestro Padre es bueno; ser misericordiosos como el Padre es misericordioso; ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. Para este regreso, necesitamos matricularnos de por vida en la escuela del amor de Jes\u00fas y a su lado aprender lo que significa dejarnos llenar de la presencia y del amor del Padre, amar a los hermanos en nues75uyiones diarias. El Padre nos llena de su amor y su misericordia: de tal modo nos am\u00f3 el Padre &#8220;<em>que entreg\u00f3 a su Hijo \u00fanico para que todo el que cree en \u00c9l no perezca, sino que tenga vida eterna<\/em>&#8221; (Jn 3,16). La prueba del amor del Padre y de su perd\u00f3n es la entrega que nos hace de su Hijo, como expiaci\u00f3n de nuestras ofensas inferidas a El. Entreg\u00f3 al Hijo para salvar al esclavo, al pecador. S\u00ed, en verdad su amor, su misericordia y su compasi\u00f3n para con nosotros son infinitos.<\/p>\n<p>Una de las primeras comunidades cristianas, la de los efesios, cuando se exhortaban a vivir la vida nueva en Cristo, es decir la vida del Resucitado, se dec\u00edan unos a otros: &#8220;<em>sean m\u00e1s bien unos para con otros bondadosos, compasivos, y perd\u00f3nense los unos a los otros, como Dio s los ha perdonado en Cristo<\/em>&#8221; (Ef 4,32). <\/p>\n<p>Es tan especial el perd\u00f3n del Se\u00f1or que no solo ha perdonado nuestros pecados con su muerte redentora sino que, estando en el tormento, clavado en la cruz, suplic\u00f3 a favor nuestro con infinita ternura a su Padre: &#8220;<em>Padre,, perd\u00f3nales, ellos no saben lo que hacen<\/em>&#8221; (Lc 23,34). En verdad as\u00ed obran los verdaderos hijos del Padre celestial: se esfuerzan en vivir el ejemplo del hermano mayor. <\/p>\n<p>El perd\u00f3n que damos nos hace vivir en el amor, nos hace vivir como hijos, nos hace vivir permanentemente en presencia y en compa\u00f1\u00eda con nuestro Padre Dios. As\u00ed nos lo recuerda san Juan: &#8220;<em>Dios es amor y el que ama permanece en Dios y Dios en \u00e9l<\/em>&#8221; (1Jn 4, 16). Ya en la tierra regresamos, estamos con el Padre cuando, perdonamos, cuando amamos. El amor nos asegura que amamos, y el amor nos asegura la presencia del Padre. Por eso, siempre que entregamos amor a un hermano estamos en compa\u00f1\u00eda con el Padre Dios. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VENIMOS DEL PADRE Y A \u00c9L VOLVEMOS (Jn 16, 26-28) Estos \u00faltimos momentos de nuestra reflexi\u00f3n vamos a emplearlos meditando sobre un tema maravilloso, que nos llena de esperanza. Y es sobre nuestro ingreso y nuestro fin en este mundo. 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