{"id":45924,"date":"2016-06-29T01:35:11","date_gmt":"2016-06-29T06:35:11","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=45924"},"modified":"2016-06-28T17:43:06","modified_gmt":"2016-06-28T22:43:06","slug":"las-apariciones-de-guadalupe-un-signo-de-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/06\/29\/las-apariciones-de-guadalupe-un-signo-de-paz\/","title":{"rendered":"Las Apariciones de Guadalupe: un signo de paz"},"content":{"rendered":"<p>Apenas podemos imaginarnos el terror que paraliz\u00f3 el coraz\u00f3n de los aguerridos mexicanos con motivo de la presencia de los espa\u00f1oles. Se sabe que desde el primer momento, llenos de siniestros presagios, intuyeron que iba a derrumbarse completamente el mundo en que viv\u00edan, y que iba a formarse un mundo nuevo, completamente desconocido. Seg\u00fan vimos, indios eruditos y veraces informaron a Sahag\u00fan de este terror difuso que fue apoder\u00e1ndose de todos, comenzando por el tlatoani Moctezuma, que \u00abconcibi\u00f3 en s\u00ed un sentimiento de que ven\u00edan grandes males sobre \u00e9l y sobre su reino\u00bb. Al saber que los espa\u00f1oles se acercaban y preguntaban mucho por \u00e9l, \u00abangusti\u00e1base en gran manera, pens\u00f3 de huir o de esconderse para que no le viesen los espa\u00f1oles ni lo hallasen\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Pero el avance de los espa\u00f1oles hacia la meseta del Anahuac prosigue incontenible, como si se vieran asistidos por una fuerza fatal y sobrehumana. \u00abTodos lloraban y se angustiaban, y andaban tristes y cabizbajos, hac\u00edan corrillos, y hablaban con espanto de las nuevas que hab\u00edan venido; las madres llorando tomaban en brazos a sus hijos y tray\u00e9ndoles la mano sobre la cabeza dec\u00edan: \u00a1Oh hijo m\u00edo! \u00a1en mal tiempo has nacido, qu\u00e9 grandes cosas has de ver, en grandes trabajos te has de hallar!\u00bb (XII,9).<\/p>\n<p>Ya est\u00e1n presentes los espa\u00f1oles. Estos hombres barbudos, vestidos de hierro, lanzan rayos mort\u00edferos desde lo alto de misteriosas bestias, acompa\u00f1ados de perros terribles, y son capaces, siendo cien, de dominar a cien mil: son teules, hombres divinos y omnipotentes. Cort\u00e9s y unos pocos, inexorablemente, se hacen due\u00f1os del poder; cesa bruscamente el fort\u00edsimo poder azteca, que hab\u00eda dominado sobre tantos pueblos; los \u00eddolos caen, los c\u00faes son derru\u00eddos, y los sacerdotes paganos, antes tan numerosos y temidos, se esconden y desaparecen, ya no son nada; cunde un p\u00e1nico colectivo, lleno de perplejidad y de malos presagios. \u00bfQu\u00e9 es esto? \u00bfQu\u00e9 significa? \u00bfQue nos espera?&#8230;<\/p>\n<p>Moctezuma, hundido en el silencio, s\u00f3lo alcanza en ocasiones a balbucear: \u00ab\u00bfQu\u00e9 remedio, mis fuertes?&#8230; \u00bfAcaso hay alg\u00fan monte donde subamos?&#8230; Dignos de compasi\u00f3n son el pobre viejo, la pobre vieja, y los ni\u00f1itos que a\u00fan no razonan. \u00bfEn d\u00f3nde podr\u00e1n ser puestos a salvo? Pero&#8230; no hay remedio&#8230; \u00bfQu\u00e9 hacer?&#8230; \u00bfNada resta? \u00bfC\u00f3mo hacer y en d\u00f3nde?&#8230; Ya se nos dio el merecido&#8230; Como quiera que sea, y lo que quiera que sea&#8230; ya tendremos que verlo con asombro\u00bb (XII,13). Y \u00abdec\u00eda el pueblo bajo: \u00a1Sea lo que fuere!&#8230; \u00a1Mal haya!&#8230; \u00a1Ya vamos a morir, ya vamos a dejar de ser, ya vamos a ver con nuestros ojos nuestra muerte!\u00bb (XII,14).<\/p>\n<p>El trabajo, en seguida, organiza a los indios y les distrae un tanto de sus terrores. En efecto, muy pronto est\u00e1n todos manos a la obra, arando y sembrando con sistemas nuevos de una sorprendente eficacia, forman inmensos reba\u00f1os de ganado, construyen caminos y puentes, casas e iglesias, almacenes y plazas. A esto se une tambi\u00e9n el efecto tranquilizador de los frailes misioneros, pobres y humildes, afables y sol\u00edcitos. Pero el miedo no acaba de disiparse&#8230;<\/p>\n<p>Es entonces, \u00abdiez a\u00f1os despu\u00e9s de tomada la ciudad de M\u00e9xico\u00bb con sangre, fuego y destrucci\u00f3n, cuando Dios dispone que un pobre macehual pueda contemplar una epifan\u00eda luminosa y florida de la Virgen Madre, que no trae, como en Lourdes o F\u00e1tima, un mensaje de penitencia, sino que en Guadalupe s\u00f3lo viene a expresar la ternura de su amor maternal: \u00abYo soy para vosotros Madre, y como os llevo en mi regazo, no ten\u00e9is nada que temer. Hacedme un templo, donde yo pueda d\u00eda a d\u00eda manifestaros mi amor\u00bb. Eso es Guadalupe: un bell\u00edsimo arco iris de paz despu\u00e9s de una terrible tormenta.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Apenas podemos imaginarnos el terror que paraliz\u00f3 el coraz\u00f3n de los aguerridos mexicanos con motivo de la presencia de los espa\u00f1oles. Se sabe que desde el primer momento, llenos de siniestros presagios, intuyeron que iba a derrumbarse completamente el mundo en que viv\u00edan, y que iba a formarse un mundo nuevo, completamente desconocido. 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