{"id":4525,"date":"2009-12-19T02:20:35","date_gmt":"2009-12-19T07:20:35","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=4525"},"modified":"2009-12-17T23:28:15","modified_gmt":"2009-12-18T04:28:15","slug":"celebrar-navidad-en-medio-de-tantas-incertidumbres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/12\/19\/celebrar-navidad-en-medio-de-tantas-incertidumbres\/","title":{"rendered":"Celebrar navidad, en medio de tantas incertidumbres"},"content":{"rendered":"<p>Se ha dicho que el siglo XIX transpiraba el optimismo propio de la Modernidad. El t\u00e9rmino &#8220;progreso&#8221; era visto como la ley saludable, feliz e inevitable en cada \u00e1rea de la existencia. La evoluci\u00f3n de las especies de Darwin se supone que promet\u00eda una especie de mejoramiento continuo que deb\u00eda tener su demostraci\u00f3n en las avanzadas formas de vida que vemos en el planeta&#8211;empezando por nosotros mismos, los seres humanos. La revoluci\u00f3n industrial promet\u00eda encontrar soluciones cada vez m\u00e1s perfectas a los desaf\u00edos que pudieran arrojarse a la especie humana. La consigna del &#8220;m\u00e1s y mejor&#8221; parec\u00eda poder obtenerse de la naturaleza, vista como cantera inagotable, y del ingenio humano, visto como el rey natural de un mundo donde la raz\u00f3n era &#8220;diosa.&#8221;<\/p>\n<p>Tal ebriedad de optimismo pronto se estrell\u00f3 con l\u00edmites in\u00e9ditos, rudos, desalentadores al extremo. Dos guerras mundiales, d\u00e9cadas de guerra fr\u00eda, un planeta asfixiado en sus deshechos industriales, agotamiento de recursos energ\u00e9ticos, calentamiento global muy probablemente causado o agravado por la actividad humana, una crisis financiera que mantuvo en ascuas los mercados del mundo por meses interminables&#8230; la lista que el siglo XX dej\u00f3 en herencia no da para sonrisas de triunfo sino, seg\u00fan se mire, para ex\u00e1menes de conciencia y seria preocupaci\u00f3n en todos los que queremos sentirnos viajeros responsables de esta nave espacial que se llama la Tierra&#8211;el \u00fanico lugar amigable para la especie humana en todos los trillones de kil\u00f3metros c\u00fabicos que nos rodean. No s\u00f3lo no sabemos sino que podemos vivir en otro sitio.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>As\u00ed ha comenzado este siglo XXI, que, por si le faltaran motivos de inquietud, ya vio caer, junto con las Torres Gemelas de Nueva York, la ilusi\u00f3n de un mundo en el que el di\u00e1logo razonable prevaleciera sobre el fanatismo y la agresi\u00f3n que no conoce compasi\u00f3n por los inocentes. Las cosas han llegado a un punto en que la mayor parte de las referencias de firmeza se han visto desacreditadas desde dentro o salvajemente amenazadas desde fuera. Ya se trate de corrupci\u00f3n e incoherencia, o de intolerancia e indiferencia, el Estado, la Iglesia, la ciencia, la sociedad misma se saben bajo severo cuestionamiento.<\/p>\n<p>Semejante inestabilidad ha engendrado una juventud insegura de todo, menos de sus derechos. El ego\u00edsmo, el individualismo, la moral a la carta, pueden quiz\u00e1s contarse tambi\u00e9n como frutos de un ambiente que no parece ofrecer referencias claras sobre qu\u00e9 sigue siendo cierto y a qu\u00e9 sigue valiendo la pena apostarle. En tal ambiente enrarecido prospera una mentalidad individualista que s\u00f3lo considera sagrado el instante placentero y la amistad c\u00f3mplice. La familia, descuadernada y vaciada de sentido en tantas instancias, s\u00f3lo alcanza a contemplar impotente c\u00f3mo los m\u00e1s chicos pasan a ser propiedad del Estado-Mercado, o del Estado-M\u00e1quina de Producci\u00f3n, o de los engranajes del consumo, o de las asociaciones suburbanas calcadas de las pandillas y nuevas tribus.<\/p>\n<p>Hay tambi\u00e9n esfuerzos notables y siempre hay h\u00e9roes y gente meritoria. Los ap\u00f3stoles pro-vida, las parejas que se aman con devoci\u00f3n y fidelidad, los equipos de voluntarios que se empe\u00f1an en aliviar el dolor de sus cong\u00e9neres, los predicadores sinceros y generosos con la luz del Evangelio, los orantes de coraz\u00f3n cargado de bondad&#8230; no cabe duda de que hay much\u00edsimo que agradecer y siempre abundan las razones para esperar. Y sin embargo, uno tiene la sensaci\u00f3n de que se ha vuelto dif\u00edcil sembrar sonrisas, tanto como se ha vuelto cruel esperar compasi\u00f3n. Todos nos vamos volviendo un poco &#8220;emos,&#8221; un poco melanc\u00f3licos, solitarios, hedonistas, como ellos, los j\u00f3venes que nos asustan con su m\u00fasica, sus camisetas, sus tatuajes.<\/p>\n<p>Y en medio de todo ello, llega la Navidad. &#8220;\u00a1Cristo nace!,&#8221; gritamos, sin mucha certeza de que alguien oiga o de que a muchos les interese. Uno podr\u00eda desalentarse o quiz\u00e1s echar de menos otras navidades, tal vez por aquello de los enga\u00f1os de la nostalgia humana. Pero, seamos sinceros, cuando Cristo naci\u00f3 en Bel\u00e9n, \u00bfa qui\u00e9n le import\u00f3? Como roc\u00edo de la ma\u00f1ana, como los rayos del d\u00eda que empieza, Cristo salud\u00f3 nuestra historia en la m\u00e1s perfecta humildad; en escandalosa discreci\u00f3n, si pudi\u00e9ramos as\u00ed decir.<\/p>\n<p>La noche en que naci\u00f3 el Hijo de Dios muchos se emborracharon, y no de gozo, sino de vino; muchos siguieron maldiciendo su suerte, ausentes de la esperanza que ya tra\u00eda ese Ni\u00f1o en su sonrisa de cielo; muchos durmieron y despertaron pensando en sus negocios y sus monedas, ignorantes del regalo impagable que estaba ya en el pesebre.<\/p>\n<p>Cristo quiso llegar a este mundo como un susurro, como un secreto de amor, como ese beso que en la noche se le da a un enfermo grave, con temor de despertarlo de su fr\u00e1gil sue\u00f1o. As\u00ed vino \u00e9l, infinitamente discreto, humilde hasta el extremo, silencioso aunque su nombre fuera la Palabra de Dios. Y de esa humildad pas\u00f3 a la humildad de Nazareth, trabajando y sufriendo como uno m\u00e1s; y de all\u00ed a sus meses de predicaci\u00f3n y ministerio p\u00fablico, huyendo de toda ostentaci\u00f3n y esforz\u00e1ndose s\u00f3lo en revelar la misericordia del Padre, y en formar, hasta donde fuera posible, a ese Nuevo Israel&#8211;el grupo de sus ap\u00f3stoles. Y del agotamiento del camino a una nueva humildad, la de la Cruz. Y de all\u00ed al silencio de la tumba. Del silencio del pesebre al silencio de la Cruz y al silencio del sepulcro. Y desde todos esos silencios, su grito de amor. Es su estilo.<\/p>\n<p>Y es tambi\u00e9n el estilo que mejor podemos entender hoy. Su estilo es el que nos hace falta. Menos gritos y m\u00e1s persuasi\u00f3n. Menos discusiones y m\u00e1s compasi\u00f3n. Menos pretensiones y m\u00e1s gratuidad. Menos planes gigantescos y m\u00e1s atenci\u00f3n al peque\u00f1o que est\u00e1 a nuestro lado, mendigando un poco de cari\u00f1o, de escucha, de consejo, de luz.<\/p>\n<p>Navidad no es volver a los planes colosales ni a la embriaguez de un optimismo autosuficiente. Lejos de la desesperaci\u00f3n pero tambi\u00e9n de la fantas\u00eda, Navidad es acoger el estilo de Jes\u00fas. Es respirar el silencio de Jes\u00fas para luego cantar la Palabra de Jes\u00fas, y su Evangelio y su contagioso entusiasmo por el Reino de Dios.<\/p>\n<p>\u00a1Feliz Navidad!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se ha dicho que el siglo XIX transpiraba el optimismo propio de la Modernidad. El t\u00e9rmino &#8220;progreso&#8221; era visto como la ley saludable, feliz e inevitable en cada \u00e1rea de la existencia. 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