{"id":45203,"date":"2016-06-01T01:42:26","date_gmt":"2016-06-01T06:42:26","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=45203"},"modified":"2016-05-31T16:47:03","modified_gmt":"2016-05-31T21:47:03","slug":"el-milagro-del-tepeyac","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/06\/01\/el-milagro-del-tepeyac\/","title":{"rendered":"El milagro del Tepeyac"},"content":{"rendered":"<p>\u00abCuando Juan Diego oy\u00f3 estas palabras de la Se\u00f1ora del cielo, se consol\u00f3 mucho; qued\u00f3 contento. Le rog\u00f3 que cuanto antes le despachara a ver al se\u00f1or obispo, a llevarle alguna se\u00f1al y prueba, a fin de que le creyera. La Se\u00f1ora del Cielo le orden\u00f3 luego que subiera a la cumbre del cerrillo, donde antes la ve\u00eda. Le dijo: Sube, hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o, a la cumbre del cerrillo; all\u00ed donde me viste y te di \u00f3rdenes, hallar\u00e1s que hay diferentes flores; c\u00f3rtalas, j\u00fantalas, rec\u00f3gelas; en seguida baja y tr\u00e1elas a mi presencia.<\/p>\n<p>\u00abAl punto subi\u00f3 Juan Diego al cerrillo14; y cuando lleg\u00f3 a la cumbre, se asombr\u00f3 mucho de que hubieran brotado tantas variadas exquisitas rosas de Castilla, antes del tiempo en que se dan, porque a la saz\u00f3n se encrudec\u00eda el hielo: estaban muy fragantes y llenas del roc\u00edo de la noche, que semejaba perlas preciosas. Luego empez\u00f3 a cortarlas; las junt\u00f3 todas y las ech\u00f3 en su regazo.<\/p>\n<p>\u00abLa cumbre del cerrillo no era lugar en que se dieran ningunas flores, porque ten\u00eda muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites; y si se sol\u00edan dar hierbecillas, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come y echa a perder el hielo.<\/p>\n<p>\u00abBaj\u00f3 inmediatamente y trajo a la Se\u00f1ora del Cielo las diferentes rosas que fue a cortar; la que, as\u00ed como las vio, las cogi\u00f3 con su mano y otra vez se las ech\u00f3 en el regazo, dici\u00e9ndole: Hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o, esta diversidad de rosas es la prueba y se\u00f1al que llevar\u00e1s al obispo. Le dir\u00e1s en mi nombre que vea en ellas mi voluntad y que \u00e9l tiene que cumplirla. T\u00fa eres mi embajador, muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que s\u00f3lo delante del obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas. Contar\u00e1s bien todo; dir\u00e1s que te mand\u00e9 subir a la cumbre del cerrillo, que fueras a cortar flores, y todo lo que viste y admiraste, para que puedas inducir al prelado a que d\u00e9 su ayuda, con objeto de que se haga y erija el templo que he pedido.<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s que la Se\u00f1ora del Cielo le dio su consejo, se puso en camino por la calzada que viene derecho a M\u00e9xico: ya contento y seguro de salir bien, trayendo con mucho cuidado lo que portaba en su regazo, no fuera que algo se le soltara de las manos, y goz\u00e1ndose en la fragancia de las variadas hermosas flores\u00bb.<\/p>\n<p>Tercera entrevista con el se\u00f1or Obispo. \u00abAl llegar al palacio del obispo, salieron a su encuentro el mayordomo y otros criados del prelado. Les rog\u00f3 que le dijeran que deseaba verle; pero ninguno de ellos quiso, haciendo como que no le o\u00edan, sea porque era muy temprano, sea porque ya le conoc\u00edan, que s\u00f3lo los molestaba, porque les era importuno; y, adem\u00e1s, ya les hab\u00edan informado sus compa\u00f1eros, que le perdieron de vista, cuando hab\u00edan ido en sus seguimiento. Largo rato estuvo esperando. Ya que vieron que hac\u00eda mucho que estaba all\u00ed, de pie, cabizbajo, sin hacer nada por si acaso era llamado; y que al parecer tra\u00eda algo que portaba en su regazo, se acercaron a \u00e9l, para ver lo que tra\u00eda y satisfacerse. Viendo Juan Diego que no les pod\u00eda ocultar lo que tra\u00eda, y que por eso le hab\u00edan de molestar, empujar o aporrear, descubri\u00f3 un poco, que eran flores; y al ver que todas eran diferentes rosas de Castilla, y que no era entonces el tiempo en que se daban, se asombraron much\u00edsimo de ello, lo mismo de que estuvieran frescas, y tan abiertas, tan fragantes y tan preciosas. Quisieron coger y sacarle algunas; pero no tuvieron suerte las tres veces que se atrevieron a tomarlas: no tuvieron suerte, porque cuando iban a cogerlas, ya no ve\u00edan verdaderas flores, sino que les parec\u00edan pintadas o labradas o cosidas en la manta.<\/p>\n<p>\u00abFueron luego a decir al se\u00f1or obispo lo que hab\u00edan visto y que pretend\u00eda verle el indito que tantas veces hab\u00eda venido; el cual hac\u00eda mucho que por eso aguardaba, queriendo verle. Cay\u00f3, al o\u00edrlo, el se\u00f1or obispo, en la cuenta de que aquello era la prueba, para que se certificara y cumpliera lo que solicitaba el indito. En seguida mand\u00f3 que entrara a verle. Luego que entr\u00f3, se humill\u00f3 delante de \u00e9l, as\u00ed como antes lo hiciera, y cont\u00f3 de nuevo todo lo que hab\u00eda visto y admirado, y tambi\u00e9n su mensaje.<\/p>\n<p>\u00abDijo: Se\u00f1or, hice lo que me ordenaste, que fuera a decir a mi Ama, la Se\u00f1ora del Cielo, Santa Mar\u00eda, preciosa Madre de Dios, que ped\u00edas una se\u00f1al para poder creerme que le has de hacer el templo donde ella te pide que lo erijas; y adem\u00e1s le dije que yo te hab\u00eda dado mi palabra de traerte alguna se\u00f1al y prueba, que me encargaste, de su voluntad. Condescendi\u00f3 a tu recado y acogi\u00f3 benignamente lo que pides, alguna se\u00f1al y prueba para que se cumpla su voluntad. Hoy muy temprano me mand\u00f3 que otra vez viniera a verte; le ped\u00ed la se\u00f1al para que me creyeras, seg\u00fan me hab\u00eda dicho que me la dar\u00eda; y al punto lo cumpli\u00f3: me despach\u00f3 a la cumbre del cerrillo, donde antes yo la viera, a que fuese a cortar varias rosas de Castilla. Despu\u00e9s que fui a cortarlas, las traje abajo; las cogi\u00f3 con su mano y de nuevo las ech\u00f3 en mi regazo, para que te las trajera y a ti en persona te las diera. Aunque yo sab\u00eda bien que la cumbre del cerrillo no es lugar en que se den flores, porque s\u00f3lo hay muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites, no por eso dud\u00e9; cuando fui llegando a la cumbre del cerrillo, mir\u00e9 que estaba en el para\u00edso, donde hab\u00eda juntas todas las varias y exquisitas rosas de Castilla, brillantes de roc\u00edo, que luego fui a cortar. Ella me dijo por qu\u00e9 te las hab\u00eda de entregar; y as\u00ed lo hago, para que en ellas veas la se\u00f1al que pides y cumplas su voluntad; y tambi\u00e9n para que aparezca la verdad de mi palabra y de mi mensaje. Helas aqu\u00ed: rec\u00edbelas.<\/p>\n<p>Casa del Obispo, de ma\u00f1ana. Aparici\u00f3n de la imagen. \u00abDesenvolvi\u00f3 luego su blanca manta, pues ten\u00eda en su regazo las flores; y as\u00ed que se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibuj\u00f3 en ella y apareci\u00f3 de repente la preciosa imagen de la Siempre Virgen Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, de la manera que est\u00e1 y se guarda hoy en su templo del Tepey\u00e1cac, que se nombra Guadalupe. Luego que la vio el se\u00f1or obispo, \u00e9l y todos lo que all\u00ed estaban, se arrodillaron: mucho la admiraron; se levantaron a verla; se entristecieron y acongojaron, mostrando que la contemplaron con el coraz\u00f3n y el pensamiento. El se\u00f1or obispo con l\u00e1grimas de tristeza or\u00f3 y le pidi\u00f3 perd\u00f3n de no haber puesto en obra su voluntad y su mandato.<\/p>\n<p>\u00abCuando se puso en pie, desat\u00f3 del cuello de Juan Diego, del que estaba atada, la manta en que se dibuj\u00f3 y apareci\u00f3 la Se\u00f1ora del Cielo. Luego la llev\u00f3 y fue a ponerla en su oratorio. Un d\u00eda m\u00e1s permaneci\u00f3 Juan Diego en la casa del obispo, que a\u00fan le detuvo. Al d\u00eda siguiente, le dijo: \u00a1Ea!, a mostrar d\u00f3nde es voluntad de la Se\u00f1ora del Cielo que le erijan su templo. Inmediatamente se convid\u00f3 a todos para hacerlo\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abCuando Juan Diego oy\u00f3 estas palabras de la Se\u00f1ora del cielo, se consol\u00f3 mucho; qued\u00f3 contento. Le rog\u00f3 que cuanto antes le despachara a ver al se\u00f1or obispo, a llevarle alguna se\u00f1al y prueba, a fin de que le creyera. 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