{"id":45056,"date":"2016-05-27T15:45:12","date_gmt":"2016-05-27T20:45:12","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=45056"},"modified":"2016-05-27T15:45:12","modified_gmt":"2016-05-27T20:45:12","slug":"el-hombre-y-el-universo-de-las-cosas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/05\/27\/el-hombre-y-el-universo-de-las-cosas\/","title":{"rendered":"El hombre y el universo de las cosas"},"content":{"rendered":"<p><strong> 456 <\/strong><em>La visi\u00f3n b\u00edblica inspira las actitudes de los cristianos con respecto al uso de la tierra, y al desarrollo de la ciencia y de la t\u00e9cnica<\/em>. El Concilio Vaticano II declara que \u00ab tiene raz\u00f3n el hombre, participante de la luz de la inteligencia divina, cuando afirma que por virtud de su inteligencia es superior al universo material \u00bb.<sup>946<\/sup> Los Padres Conciliares reconocen los progresos realizados gracias a la aplicaci\u00f3n incesante del ingenio humano a lo largo de los siglos, en las ciencias emp\u00edricas, en la t\u00e9cnica y en las disciplinas liberales.<sup>947<\/sup> El hombre \u00ab en nuestros d\u00edas, gracias a la ciencia y la t\u00e9cnica, ha logrado dilatar y sigue dilatando el campo de su dominio sobre casi toda la naturaleza \u00bb.<sup>948<\/sup><!--more--><\/p>\n<p>Puesto que el hombre, \u00ab creado a imagen de Dios, recibi\u00f3 el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a s\u00ed la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo \u00bb, el Concilio ense\u00f1a que \u00ab la actividad humana, individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en s\u00ed mismo, responde a la voluntad de Dios \u00bb.<sup>949<\/sup><\/p>\n<p><strong> 457 <\/strong><em>Los resultados de la ciencia y de la t\u00e9cnica son, en s\u00ed mismos, positivos<\/em>: los cristianos \u00ab lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, est\u00e1n, por el contrario persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio \u00bb.<sup>950<\/sup> Los Padres Conciliares subrayan tambi\u00e9n el hecho de que \u00ab cuanto m\u00e1s se acrecienta el poder del hombre, m\u00e1s amplia es su responsabilidad individual y colectiva \u00bb,<sup>951<\/sup> y que toda la actividad humana debe encaminarse, seg\u00fan el designio de Dios y su voluntad, al bien de la humanidad.<sup>952<\/sup> En esta perspectiva, el Magisterio ha subrayado frecuentemente que la Iglesia cat\u00f3lica no se opone en modo alguno al progreso,<sup>953<\/sup> al contrario, considera \u00ab la ciencia y la tecnolog\u00eda&#8230; un maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios, ellas nos han proporcionado estupendas posibilidades y nos hemos beneficiado de ellas agradecidamente \u00bb.<sup>954<\/sup> Por eso, \u00ab como creyentes en Dios, que ha juzgado \u201cbuena\u201d la naturaleza creada por \u00c9l, nosotros gozamos de los progresos t\u00e9cnicos y econ\u00f3micos que el hombre con su inteligencia logra realizar \u00bb.<sup>955<\/sup><\/p>\n<p><strong> 458 <\/strong><em>Las consideraciones del Magisterio sobre la ciencia y la tecnolog\u00eda en general, se extienden tambi\u00e9n en sus aplicaciones al medio ambiente y a la agricultura<\/em>. La Iglesia aprecia \u00ab las ventajas que resultan \u2014y que a\u00fan pueden resultar\u2014 del estudio y de las aplicaciones de la biolog\u00eda molecular, completada con otras disciplinas, como la gen\u00e9tica, y su aplicaci\u00f3n tecnol\u00f3gica en la agricultura y en la industria \u00bb.<sup>956<\/sup> En efecto, \u00ab <em>la t\u00e9cnica<\/em> podr\u00eda constituirse, si se aplicara rectamente, en un valioso instrumento para resolver graves problemas, comenzando por el del hambre y la enfermedad, mediante la producci\u00f3n de variedades de plantas m\u00e1s avanzadas y resistentes y de muy \u00fatiles medicamentos \u00bb.<sup>957<\/sup> Es importante, sin embargo, reafirmar el concepto de \u00ab recta aplicaci\u00f3n \u00bb, porque \u00ab sabemos que este potencial no es neutral: puede ser usado tanto para el progreso del hombre como para su degradaci\u00f3n \u00bb.<sup>958<\/sup> Por esta raz\u00f3n, \u00ab es necesario mantener un actitud de prudencia y analizar con ojo atento<em> la naturaleza, la finalidad y los modos<\/em> de las diversas formas de tecnolog\u00eda aplicada \u00bb.<sup>959<\/sup> Los cient\u00edficos, pues, deben \u00ab utilizar verdaderamente su investigaci\u00f3n y su capacidad t\u00e9cnica para el servicio de la humanidad \u00bb,<sup>960<\/sup> sabiendo subordinarlas \u00ab a los principios morales que respetan y realizan en su plenitud la dignidad del hombre \u00bb.<sup>961<\/sup><\/p>\n<p><strong> 459 <\/strong><em>Punto central de referencia para toda aplicaci\u00f3n cient\u00edfica y t\u00e9cnica es el respeto del hombre, que debe ir acompa\u00f1ado por una necesaria actitud de respeto hacia las dem\u00e1s criaturas vivientes<\/em>. Incluso cuando se plantea una alteraci\u00f3n de \u00e9stas, \u00ab conviene tener en cuenta<em> la naturaleza de cada ser <\/em>y su <em> mutua conexi\u00f3n<\/em> en un sistema ordenado \u00bb.<sup>962<\/sup> En este sentido, las formidables posibilidades de la investigaci\u00f3n biol\u00f3gica suscitan profunda inquietud, ya que \u00ab no se ha llegado a\u00fan a calcular las alteraciones provocadas en la naturaleza por una indiscriminada manipulaci\u00f3n gen\u00e9tica y por el desarrollo irreflexivo de nuevas especies de plantas y formas de vida animal, por no hablar de inaceptables intervenciones sobre los or\u00edgenes de la misma vida humana \u00bb.<sup>963<\/sup> De hecho, \u00ab se ha constatado que la aplicaci\u00f3n de algunos descubrimientos en el campo industrial y agr\u00edcola produce, a largo plazo, efectos negativos. Todo esto ha demostrado crudamente c\u00f3mo toda intervenci\u00f3n en una \u00e1rea del ecosistema debe considerar sus consecuencias en otras \u00e1reas y, en general, en el bienestar de las generaciones futuras \u00bb.<sup>964<\/sup><\/p>\n<p><strong> 460 <\/strong><em>El hombre, pues, no debe olvidar que \u00ab su capacidad de transformar y, en cierto sentido, de \u201ccrear\u201d el mundo con el propio trabajo&#8230; se desarrolla siempre sobre la base de la primera y originaria donaci\u00f3n de las cosas por parte de Dios \u00bb<\/em>.<sup>965<\/sup> No debe \u00ab disponer arbitrariamente de la tierra, someti\u00e9ndola sin reservas a su voluntad, como si ella no tuviese una fisonom\u00eda propia y un destino anterior dados por Dios, y que el hombre puede desarrollar ciertamente, pero que no debe traicionar \u00bb.<sup>966<\/sup> Cuando se comporta de este modo, \u00ab en vez de desempe\u00f1ar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creaci\u00f3n, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebeli\u00f3n de la naturaleza, m\u00e1s bien tiranizada que gobernada por \u00e9l \u00bb.<sup>967<\/sup><\/p>\n<p>Si el hombre interviene sobre la naturaleza sin abusar de ella ni da\u00f1arla, se puede decir que \u00ab interviene no para modificar la naturaleza, sino para ayudarla a desarrollarse en su l\u00ednea, la de la creaci\u00f3n, la querida por Dios. Trabajando en este campo, sin duda delicado, el investigador se adhiere al designio de Dios. Dios ha querido que el hombre sea el rey de la creaci\u00f3n \u00bb.<sup>968<\/sup> En el fondo, es Dios mismo quien ofrece al hombre el honor de cooperar con todas las fuerzas de su inteligencia en la obra de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>NOTAS para esta secci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><sup>946<\/sup>Concilio Vaticano II, Const. past.<em> Gaudium et spes<\/em>, 15: AAS 58 (1966) 1036.<\/p>\n<p><sup>947<\/sup>Cf. Concilio Vaticano II, Const. past. <em>Gaudium et spes<\/em>, 15: AAS 58 (1966) 1036.<\/p>\n<p><sup>948<\/sup>Concilio Vaticano II, Const. past.<em> Gaudium et spes<\/em>, 33: AAS 58 (1966) 1052.<\/p>\n<p><sup>949<\/sup>Concilio Vaticano II, Const. past.<em> Gaudium et spes<\/em>, 34: AAS 58 (1966) 1052.<\/p>\n<p><sup>950<\/sup>Concilio Vaticano II, Const. past.<em> Gaudium et spes<\/em>, 34: AAS 58 (1966) 1053.<\/p>\n<p><sup>951<\/sup>Concilio Vaticano II, Const. past.<em> Gaudium et spes<\/em>, 34: AAS 58 (1966) 1053.<\/p>\n<p><sup>952<\/sup>Cf. Concilio Vaticano II, Const. past. <em>Gaudium et spes<\/em>, 35: AAS 58 (1966) 1053.<\/p>\n<p><sup>953<\/sup>Cf. Juan Pablo II, <em>Discurso pronunciado durante la visita al \u00ab Mercy Maternity Hospital \u00bb<\/em>, Melbourne (28 de noviembre de 1986): <em>L&#8217;Osservatore Romano, <\/em>edici\u00f3n espa\u00f1ola, 14 de diciembre de 1986, p. 13.<\/p>\n<p><sup>954<\/sup>Juan Pablo II, <em> Discurso pronunciado durante el encuentro con cient\u00edficos y representantes de la Universidad de las Naciones Unidas<\/em>, Hiroshima (25 de febrero de 1981), 3: AAS 73 (1981) 422.<\/p>\n<p><sup>955<\/sup>Juan Pablo II, <em> Discurso a los obreros en las oficinas Olivetti de Ivrea <\/em>(19 de marzo de 1990), 5: <em>L&#8217;Osservatore Romano,<\/em> edici\u00f3n espa\u00f1ola, 8 de abril de 1990, p. 9.<\/p>\n<p><sup>956<\/sup>Juan Pablo II, <em> Discurso a la Pontificia Academia de las Ciencias<\/em>\u00a0(3 de octubre de 1981), 3: AAS 73 (1981) 670.<\/p>\n<p><sup>957<\/sup>Juan Pablo II, <em> Discurso a los participantes en el Congreso promovido por la \u00ab Accademia Nazionale delle Scienze \u00bb en el bicentenario de su fundaci\u00f3n<\/em> (21 de septiembre de 1982), 4:<em> L&#8217;Osservatore Romano, <\/em>edici\u00f3n espa\u00f1ola, 17 de octubre de 1982, p. 13.<\/p>\n<p><sup>958<\/sup>Juan Pablo II<em>, Discurso pronunciado durante el encuentro con cient\u00edficos y representantes de la Universidad de las Naciones Unidas,<\/em>\u00a0Hiroshima (25 de febrero de 1981), 3: AAS 73 (1981) 422.<\/p>\n<p><sup>959<\/sup>Juan Pablo II, <em> Discurso a los obreros en las oficinas Olivetti de Ivrea, <\/em>Italia<br \/>\n(19 de marzo de 1990), 4:<em> L&#8217;Osservatore Romano, <\/em>edici\u00f3n espa\u00f1ola, 8 de abril de 1990, p. 9.<\/p>\n<p><sup>960<\/sup>Juan Pablo II,<em> Homil\u00eda durante la Misa en el Victorian Racing Club, <\/em>Melbourne (28 de noviembre de 1986), 11: <em>L&#8217;Osservatore Romano,<\/em> edici\u00f3n espa\u00f1ola, 14 de diciembre de 1986, p. 14.<\/p>\n<p><sup>961<\/sup>Juan Pablo II, <em> Discurso a la Pontificia Academia de las Ciencias <\/em>(23 de octubre de 1982), 6: <em>L&#8217;Osservatore Romano,<\/em> edici\u00f3n espa\u00f1ola, 12 de diciembre de 1982, p. 7.<\/p>\n<p><sup>962<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc. <em>Sollicitudo rei socialis<\/em>, 34: AAS 80 (1988) 559.<\/p>\n<p><sup>963<\/sup>Juan Pablo II,<em> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990<\/em>, 7: AAS 82 (1990) 151.<\/p>\n<p><sup>964<\/sup>Juan Pablo II,<em> Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990<\/em>, 6: AAS 82 (1990) 150.<\/p>\n<p><sup>965<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em> Centesimus annus, <\/em>37: AAS 83 (1991) 840.<\/p>\n<p><sup>966<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em> Centesimus annus, <\/em>37: AAS 83 (1991) 840.<\/p>\n<p><sup>967<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em> Centesimus annus, <\/em>37: AAS 83 (1991) 840.<\/p>\n<p><sup>968<\/sup>Juan Pablo II,<em> Discurso a la 35\u00aa Asamblea General de la Asociaci\u00f3n M\u00e9dica Mundial<\/em>\u00a0(29 de octubre de 1983), 6: AAS 76 (1984) 394.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>Este Compendio se publica \u00edntegramente, por entregas, <a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/categorias\/iglesia-catolica\/biblioteca-vaticana\/compendio-de-doctrina-social\/?order=ASC\">aqu\u00ed<\/a>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>456 La visi\u00f3n b\u00edblica inspira las actitudes de los cristianos con respecto al uso de la tierra, y al desarrollo de la ciencia y de la t\u00e9cnica. 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