{"id":4454,"date":"2009-12-06T01:18:48","date_gmt":"2009-12-06T06:18:48","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=4454"},"modified":"2009-12-04T12:22:07","modified_gmt":"2009-12-04T17:22:07","slug":"viviendo-en-el-padre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/12\/06\/viviendo-en-el-padre\/","title":{"rendered":"VIVIENDO EN EL PADRE"},"content":{"rendered":"<p><strong>VIVIENDO EN EL PADRE<\/strong><\/p>\n<p>(Lc 3, 22; Jn 17, 21; Jer 31, 31-34; Ez 36,26,28; Hech 2,1-47)<\/p>\n<p>Les invito a iniciar una reflexi\u00f3n sobre c\u00f3mo entramos a vivir la vida del Padre y nuestra participaci\u00f3n en ella. Es una reflexi\u00f3n que nos ayudar\u00e1 a vivir mejor nuestra vida de hijos junto con nuestro Padre del cielo. Iniciamos nuestra vida de hijos del Padre con la recepci\u00f3n del sacramento del Bautismo. No podemos tener miedo a insistir en la bondad y misericordia de nuestro Padre Dios. En efecto, cambiamos de mentalidad, de forma de proceder y f\u00e1cilmente nos convertimos, cuando nos descubrimos amados por el Padre a pesar de ser pecadores. Desde el d\u00eda de nuestro Bautismo los divinos Tres han puesto su morada en nuestro coraz\u00f3n. Hace falta acudir permanentemente y, ojal\u00e1, todos los d\u00edas a estar con ellos, a saludarlos, a comunicarnos y a dejarnos llenar de su amor.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>Inicio de la vida con el Padre<\/strong><\/p>\n<p>El Padre es quien nos hace sentir su voz, llam\u00e1ndonos sus hijos para que nos sintamos as\u00ed y obremos como tales. En efecto, al salir de la sagrada fuente somos hechos cristianos, es decir, hijos del Padre Dios. En ese momento cada bautizado vuelve a escuchar la voz del Padre, que un d\u00eda fue o\u00edda a orillas del r\u00edo Jord\u00e1n: &#8220;<em>T\u00fa eres mi Hijo amado, en ti me complazco<\/em>&#8221; (Lc 3,22). Por amor del Padre somos asociados y unidos estrechamente con Jes\u00fas mediante el Bautismo. <\/p>\n<p>El Bautismo inicia en el creyente una vida de hijo del Padre Dios. De hijo de pecado, es transformado, y es acogido en la <em>familia divina <\/em>como <em>hijo de Dios<\/em>. Esa gracia, que poco pensamos en ella, es fruto de la misericordia del Padre para con nosotros.<\/p>\n<p>El mismo Esp\u00edritu Santo, que recibimos en el santo Bautismo, nos asegura que somos hijos de Dios (Rm 8, 16). Dejamos de ser esclavos del pecado, de Satan\u00e1s y hemos sido hecho hijos del Padre para siempre. Y as\u00ed como el Esp\u00edritu del Hijo grita Abb\u00e0, nosotros tambi\u00e9n lo podemos hacer. La palabra que Jes\u00fas pronunci\u00f3 en su lengua original, en arameo, esta joya que la primera comunidad cristiana nos conserv\u00f3 sin traducirla, el mismo Esp\u00edritu del Hijo la pronuncia en nuestro coraz\u00f3n y hace que podamos pronunciarla profundamente conmovidos. Y esta subid\u00edsima palabra revela la esencia misma de nuestra relaci\u00f3n con el Padre. <\/p>\n<p>Despu\u00e9s de nuestro Bautismo tenemos que reproducir en nosotros los rasgos, la imagen de su Hijo, ser conformes a su voluntad. Todo lo anterior se puede realizar porque hemos recibido el Esp\u00edritu Santo que nos hace permanentemente hijos, para que nos sintamos as\u00ed y obremos como tales. <\/p>\n<p><strong>La alegr\u00eda de saberse hijo de Dios<\/strong><\/p>\n<p>Hay una alegr\u00eda especial que tiene que suscitarse en el coraz\u00f3n de todo creyente al saberse amado por el Padre, que no dud\u00f3 en sacrificar a su Hijo Jesucristo, para salvarlo. Es maravilloso tomar el siguiente texto como si fuera una piscina climatizada y hundirse en \u00e9l dej\u00e1ndose saturar. Dice: &#8220;<em>Tanto am\u00f3 Dios al mundo que le entreg\u00f3 a su \u00fanico Hijo, para que todo el que crea en \u00c9l no perezca, sino que tenga vida eterna<\/em>&#8221; (Jn 3,16).<\/p>\n<p>Es particularmente importante que todos los cristianos seamos conscientes de la <em>extraordinaria dignidad<\/em> que nos ha sido otorgada mediante el Bautismo, cuyas aguas regeneran al hombre y a la mujer otorg\u00e1ndoles la dignidad de <em>hijos de Dios<\/em>, viniendo a ser de este modo <em>hermanos de Cristo<\/em>, llegando a alcanzar una uni\u00f3n con \u00c9l como la que \u00c9l tiene con el Padre. Uni\u00f3n que se produce gracias al Esp\u00edritu Santo. Por eso, la uni\u00f3n fraterna es reflejo maravilloso y misteriosa participaci\u00f3n en la vida \u00edntima del amor del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, como viene expuesto en la par\u00e1bola de la &#8220;<em>vid y los sarmientos<\/em>&#8221; (cf. Jn 15, 5; 17,21). <\/p>\n<p>Si el Esp\u00edritu permanentemente grita en nosotros \u00a1Abb\u00e0! \u00a1Padre! Esta misma es nuestra misi\u00f3n y nuestro gozo permanente, poder pronunciar en todo momento con El la misma palabra &#8220;Padre!&#8221;. Cuando esto hacemos podemos percibir todav\u00eda mejor la presencia del Esp\u00edritu Santo, que une el &#8220;Yo&#8221; del Padre, con el &#8220;Yo&#8221; del Hijo para que lleguemos a ser el &#8220;nosotros&#8221; de la comunidad trinitaria, en la que somos unidos, de hecho por el Esp\u00edritu Santo. Es este el verdadero ser de hijos, poder vivir entre todos nosotros, hijos del Padre, una vida de hermanos, la vida de la comunidad.<\/p>\n<p><strong>El coraz\u00f3n nuevo<\/strong><\/p>\n<p>El Esp\u00edritu de Cristo, al venir al creyente, a trav\u00e9s del Bautismo, de los otros sacramentos, de la Palabra y de los dem\u00e1s medios a su disposici\u00f3n, en la medida en la que es acogido y secundado, es decir, en la medida en que obedecemos a su mociones, es capaz de cambiar en nuestro interior lo que nosotros solos somos incapaces de cambiar. Si el hombre por el pecado ten\u00eda clavado en el fondo de su coraz\u00f3n un &#8220;sordo rencor contra Dios&#8221;, ahora el Esp\u00edritu nos atestigua que el Padre le es verdaderamente favorable y benigno y, en su amor, no se ha reservado ni a su propio Hijo. El Esp\u00edritu lleva al coraz\u00f3n del hombre el amor de Dios y lo llena de Dios, de amor (cf. Rm 5,5). De esta forma, el amor del Padre viene a ser la vida nueva del creyente.<\/p>\n<p><strong>El Esp\u00edritu hace nuevo el coraz\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>Quiero proponer a su reflexi\u00f3n un proceso un poco amplio, pero que nos ayuda a entender mejor la novedad que hace en nuestro interior el Esp\u00edritu Santo, haciendo nuevo nuestro coraz\u00f3n. Es un proceso que se inicia con el profeta Jerem\u00edas, se aclara un poco con Ezequiel y llega a su plenitud en Pentecost\u00e9s. Dice as\u00ed el Profeta Jerem\u00edas: &#8220;<em>Esta ser\u00e1 la alianza que yo pactar\u00e9 con la casa de Israel en aquellos d\u00edas: pondr\u00e9 mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribir\u00e9. Yo ser\u00e9 su Dios y ellos ser\u00e1n mi pueblo&#8221; (<\/em>Jer 31,33). El profeta habla, en su profec\u00eda reina, de una Alianza nueva que har\u00e1 el Se\u00f1or con su pueblo. La alianza anterior hab\u00eda sido violado permanentemente por el pueblo, la nueva no ser\u00e1 ya m\u00e1s violada. <\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde profetiza Ezequiel y hace, con su profec\u00eda, la mejor ex\u00e9gesis del texto de Jerem\u00edas, habl\u00e1ndonos de que el Esp\u00edritu Santo cambiar\u00e1 el &#8220;coraz\u00f3n de piedra&#8221; de su pueblo, por un &#8220;coraz\u00f3n de carne&#8221;, con un coraz\u00f3n que ame. Este es el texto del profeta Ezequiel: &#8220;<em>Os dar\u00e9 un coraz\u00f3n nuevo, infundir\u00e9 en ustedes un coraz\u00f3n nuevo. Infundir\u00e9 mi Esp\u00edritu dentro de ustedes y har\u00e9 que se comporten seg\u00fan mis preceptos<\/em>&#8221; (Ez 36,25-27). En vez de hablar de &#8220;ley&#8221; \u2013t\u00e9rmino que pod\u00eda ser mal entendido, pues una ley es exterior al hombre-, habla de &#8220;esp\u00edritu&#8221;; mostrando as\u00ed que la &#8220;ley&#8221; de que habla Jerem\u00edas, es el &#8220;esp\u00edritu de Dios&#8221;, principio interior que capacita para vivir una vida nueva de comunicaci\u00f3n con Dios y con los hombres, cambiando el coraz\u00f3n del hombre para que produzca frutos de santidad.<\/p>\n<p>El cumplimiento de la profec\u00eda de Jerem\u00edas, precisada por Ezequiel, tiene lugar en Pentecost\u00e9s, seg\u00fan Lucas, con la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en el coraz\u00f3n de los creyentes. Pentecost\u00e9s conmemoraba el momento en el cual, 50 d\u00edas despu\u00e9s de la salida de Egipto, Yaveh hab\u00eda dado a su pueblo en el monte Sina\u00ed el don de la Ley, estableciendo con ellos la primera alianza. En el nuevo Pentecost\u00e9s, acontecimiento que tiene lugar 50 d\u00edas despu\u00e9s de la Pascua de la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, es dado a los creyentes el Esp\u00edritu Santo, el Esp\u00edritu de la Nueva y definitiva alianza. Rsumiendo, la <strong>Nueva Alianza<\/strong> es para Jerem\u00edas una <strong>Ley interior<\/strong>, para Ezequiel es <strong>esp\u00edritu<\/strong>, para Lucas es el <strong>Esp\u00edritu Santo<\/strong>, dado en Pentecost\u00e9s. <\/p>\n<p>Juan Pablo II, en la Veritatis splendor, 45, citando a santo Tom\u00e1s, dice que &#8220;la Nueva Alianza es el Esp\u00edritu Santo&#8221;. El cambia realmente la situaci\u00f3n del hombre. Y el Esp\u00edritu Santo nos da la capacidad y la fuerza de vivir el mandamiento del Amor, es decir, de vivir permanentemente la vida de hijos del Padre. El amor, que ya exist\u00eda como precepto en el Antiguo Testamento, se convierte en vida interior de los creyentes por el Esp\u00edritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo. Por es dir\u00e1 la carta a los Romanos: &#8220;<em>el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que se nos ha dado<\/em>&#8221; (Rm 5,5). El Esp\u00edritu Santo ha hecho su ingreso en el coraz\u00f3n de los creyentes, capacit\u00e1ndonos as\u00ed nuevamente para comunicarse con Dios llam\u00e1ndolo &#8220;Padre&#8221;, hasta lograr la comuni\u00f3n con Dios y con los hermanos.<\/p>\n<p><strong>El Esp\u00edritu Santo nos hace comunidad <\/strong><\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo a quienes nos ha hecho hijos del Padre, nos hace vivir vida de hermanos, vida de fraternidad, vida de comunidad. As\u00ed aparece en el libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, cuando nos describe la comuni\u00f3n que han alcanzado algunos creyentes despu\u00e9s de recibir el Esp\u00edritu Santo. Deteng\u00e1monos en dos pasajes cl\u00e1sicos. Primero: &#8220;<em>todos los creyentes viv\u00edan unidos y ten\u00edan todo en com\u00fan<\/em>&#8220;. Este pasaje sigue la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo narrada en 2,4; segundo: &#8220;<em>la multitud de los creyentes no ten\u00edan sino un solo coraz\u00f3n y una sola alma<\/em>&#8221; (4, 32). Este pasaje sigue a la efusi\u00f3n narrada en 4,31. Solo los hijos del Padre se dejan guiar por el Esp\u00edritu Santo y producen frutos de fraternidad, de comuni\u00f3n relacional entre ellos. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIVIENDO EN EL PADRE (Lc 3, 22; Jn 17, 21; Jer 31, 31-34; Ez 36,26,28; Hech 2,1-47) Les invito a iniciar una reflexi\u00f3n sobre c\u00f3mo entramos a vivir la vida del Padre y nuestra participaci\u00f3n en ella. 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