{"id":4402,"date":"2009-11-29T01:00:51","date_gmt":"2009-11-29T06:00:51","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=4402"},"modified":"2009-11-27T23:03:10","modified_gmt":"2009-11-28T04:03:10","slug":"el-reconocimiento-del-padre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/11\/29\/el-reconocimiento-del-padre\/","title":{"rendered":"EL RECONOCIMIENTO DEL PADRE"},"content":{"rendered":"<p><strong>EL RECONOCIMIENTO DEL PADRE<\/strong><\/p>\n<p>Lc 15, 20<\/p>\n<p>&#8220;<strong>Su padre y, conmovido, corri\u00f3, se ech\u00f3 a su cuello y le bes\u00f3 efusivamente<\/strong>&#8221; (v. 20).<\/p>\n<p>Les invito a extasiarse ante la imagen m\u00e1s reveladora y desconcertante del Padre-Dios, entregada por el mismo Jes\u00fas en la par\u00e1bola que estamos analizando. El que el padre se adelante para recibir al hijo calavera no es lo m\u00e1s l\u00f3gico ni lo m\u00e1s pedag\u00f3gico en el proceder humano. Ser\u00eda como tratar al desertor como si viniera de haber cumplido una misi\u00f3n heroica. De la misma manera, perdonarle sin llamarle la atenci\u00f3n, sin hacerle comprender la magnitud de su falta no cabe en una sana pedagog\u00eda. Para nosotros, es necesario advertirle y exigirle el prop\u00f3sito de la enmienda y la promesa de que no vuelva repetir su mala conducta. Pero veamos c\u00f3mo, en el proceder de Dios, del amor, todo sucedi\u00f3 exactamente al rev\u00e9s. <\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>Momento del encuentro<\/strong><\/p>\n<p>Nos encontramos en el momento m\u00e1s alto de la par\u00e1bola: es un espect\u00e1culo emocionante, enternecedor. El hijo menor tom\u00f3 el camino que le conduc\u00eda a la casa paterna y, cuando el padre le divis\u00f3 de lejos, sali\u00f3 a su encuentro, m\u00e1s a\u00fan &#8220;<em>sali\u00f3 corriendo<\/em>&#8220;. Qu\u00e9 estampa m\u00e1s conmovedora: un anciano padre, que corre con los brazos abiertos hacia su hijo. Pero el espect\u00e1culo sube el clima de la emoci\u00f3n al contemplar c\u00f3mo ese anciano se lanz\u00f3 hacia el amado de su coraz\u00f3n. Dice la par\u00e1bola que: &#8220;<em>abraz\u00f3 y cubri\u00f3 de besos a su hijo del alma<\/em>&#8220;. El hijo empez\u00f3 a hablar, pero no pudo continuar: los abrazos, los besos, la ternura de su padre se lo impidieron. Ni una sola reconvenci\u00f3n, ni siquiera un adem\u00e1n o un gesto que diera a entender cu\u00e1nto le hab\u00eda hecho sufrir la conducta de su hijo. M\u00e1s a\u00fan, es tal entusiasmo del padre por el regreso del hijo, que en ese recibimiento entusiasta hay por parte del padre una especie de reconocimiento. Le agradece a su hijo que haya vuelto, que haya tenido la delicadeza y la generosidad de volver donde su padre. Eso quiere decir la fiesta que hizo celebrar en honor de su hijo. La conducta del padre contradice nuestra l\u00f3gica y se opone a nuestros modos ordinarios de actuar.<\/p>\n<p><strong>Nuestro modo pedag\u00f3gico de actuar<\/strong><\/p>\n<p>Para nosotros Dios es misericordioso, est\u00e1 siempre dispuesto a perdonar todos nuestros pecados, pero es necesario hacer antes el prop\u00f3sito de no seguir en las mismas, de devolver lo que se ha robado o si es una mujer sorprendida en adulterio, prometer no volver a pecar, abandonar la vida de pecado que se lleva. As\u00ed se pensaba antes y as\u00ed se contin\u00faa pensando hoy. Como que hasta nosotros mismos nos resistimos a aceptar ese modo de perd\u00f3n absoluto, tal como fue practicado por el padre del hijo pr\u00f3digo. Y con este modo de pensar ofrecemos resistencia al evangelio, al ofrecimiento de una salvaci\u00f3n eternamente gratuita, a dejarnos salvar sin merecerlo.<\/p>\n<p><strong>Amor desmesurado del Padre<\/strong><\/p>\n<p>Al recibir esa clase de amor y de perd\u00f3n que le entreg\u00f3 su Padre, el hijo pr\u00f3digo conoce a su Padre. En verdad, antes no lo conoc\u00eda. De la misma manera, \u00bfqu\u00e9 idea tenemos nosotros de Dios? Somos hijos pr\u00f3digos que nunca acabamos de comprender cuando decimos que &#8220;Dios es amor&#8221;. El amor de Dios, el amor de nuestro querid\u00edsimo Padre es un amor desmedido, un amor sin l\u00edmite, sin medida, desmesurado y as\u00ed es el perd\u00f3n. Esa exageraci\u00f3n, tal como se puso de manifiesto en el recibimiento otorgado por el padre a su hijo, es lo que supera nuestra comprensi\u00f3n y nuestras expectativas. As\u00ed es el amor de nuestro Padre-Dios. Lo \u00fanico que corresponde a nosotros es dejar que \u00c9l nos ame, dejarnos amar de nuestro querid\u00edsimo Padre. Permitirle al Esp\u00edritu Santo, el Esp\u00edritu del Padre, que nos llene de su amor. Colaborarle para que nuestro pecado se quede en un &#8220;pa\u00eds lejano&#8221;, bien lejano. No podemos menos de reconocer nuestra incapacidad para salir de \u00e9l. Necesitamos orar al Se\u00f1or como san Agust\u00edn: &#8220;Si t\u00fa no me haces volver a Ti, no podr\u00e9 volver&#8221;. El coraz\u00f3n del hijo, ante el amor inconmensurable de su padre, empieza ser colmado de amor. <\/p>\n<p><strong>Encuentro del amor misericordioso y el amor contrito<\/strong><\/p>\n<p>Sabemos que la vida humana es social y que ser &#8220;persona&#8221; implica apertura a las otras personas, comunicarse con ellas. Por eso, la conversi\u00f3n de una persona tiene car\u00e1cter dialogal, es apertura al Otro. Es apertura del amor que se arrepiente al amor misericordioso que llama al arrepentimiento. Es el encuentro del amor contrito con el Amor Misericordioso, del pecador con su Padre. Dios hace o\u00edr su voz amorosa en el coraz\u00f3n de su hijo pr\u00f3digo. Le invita a volver a casa. Por eso una vez que el hijo siente en su coraz\u00f3n la voz de su Padre, prepara las palabras del encuentro. Desde ese momento se ha iniciado un di\u00e1logo de amor rec\u00edproco. El encuentro se hace posible porque el alma del pr\u00f3digo se mantiene &#8220;abierta&#8221; al amor, en situaci\u00f3n de o\u00edr la voz amorosa del Padre-Dios. La diferencia decisiva entre dos pecadores no consiste en el mayor o menor n\u00famero de pecados, sino en su mayor o menor confianza en el perd\u00f3n, en ser &#8220;abierto&#8221; o &#8220;cerrado&#8221; al Padre-Dios.<\/p>\n<p><strong>Ensayemos un encuentro amoroso con el Padre<\/strong><\/p>\n<p>Es este el momento m\u00e1s propicio para tener cada uno de nosotros un encuentro amoroso con nuestro amad\u00edsimo Padre celestial. Ese encuentro tiene lugar en lo m\u00e1s profundo de nuestro coraz\u00f3n y puede marcar nuestra vida para siempre. Porque son los encuentros profundos los que cambian la vida en profundidad; los encuentros superficiales solo nos rozan superficialmente y nos dejan los mismos, sin cambiar. Les invito a iniciar el encuentro con el Padre desde una oraci\u00f3n amorosa, intensa, donde se confundan los l\u00edmites de nuestro amor con el amor del Padre. En este encuentro de alta temperatura nuestro amor tiene que fundirse con el suyo. \u00c9l am\u00e1ndonos y nosotros dej\u00e1ndonos amar por El. Vendr\u00e1 un silencio amorosamente adorador, exponente de nuestra intimidad amorosa con \u00c9l. La comuni\u00f3n surgir\u00e1 de la intimidad que nace del di\u00e1logo amoroso con mi Padre, de sentirme su hijo amado y dec\u00edrselo en forma igualmente amorosa. <\/p>\n<p>La oraci\u00f3n genera comuni\u00f3n amorosa en el seno de la Comunidad divina y entre los hombres. Es la misma experiencia que tuvo Jes\u00fas: &#8220;<em>que todos sean uno, como T\u00fa, padre, en m\u00ed y yo en ti, que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que T\u00fa me has enviado<\/em>&#8221; (Jn 17,21).<\/p>\n<p>Toma el bord\u00f3n y peregrina hacia adentro, en busca de tu Padre, all\u00ed mana la fuente limpia de la vida. Un fabuloso tesoro nos espera, merece todos nuestros esfuerzos. Escucha amorosa, silenciosamente a Jes\u00fas que te dice: &#8220;<em>Entra en tu aposento, cierra la puerta, y ora a tu Padre que est\u00e1 all\u00ed, en lo secreto<\/em>&#8221; (Mt 6,6). Tu coraz\u00f3n es la morada del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Jes\u00fas mismo lo asegur\u00f3: &#8220;<em>Si alguno me ama, guardar\u00e1 mi Palabra, y mi Padre le amar\u00e1, y vendremos a \u00e9l, y haremos morada en \u00e9l<\/em>&#8221; (Jn 14,23). Mira amorosamente a tu Padre y dile: Padre m\u00edo, te amo, te adoro y te bendigo porque las olas del mar de tu ternura irrumpieron en mi vida. Tu amor hacia m\u00ed es Jes\u00fas: me lo enviaste para redimirme. Se que eres Amor, perd\u00f3n, comprensi\u00f3n y seguridad para m\u00ed. Tus pies han caminado por los mundos y los siglos detr\u00e1s de m\u00ed y me tienes tatuado en la palma de tu mano. Destruye las murallas de mi ego\u00edsmo y que yo pueda ser transparencia, ternura y acogida para mis hermanos. Bendito seas, mi Padre querido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL RECONOCIMIENTO DEL PADRE Lc 15, 20 &#8220;Su padre y, conmovido, corri\u00f3, se ech\u00f3 a su cuello y le bes\u00f3 efusivamente&#8221; (v. 20). Les invito a extasiarse ante la imagen m\u00e1s reveladora y desconcertante del Padre-Dios, entregada por el mismo Jes\u00fas en la par\u00e1bola que estamos analizando. 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