{"id":43774,"date":"2016-04-06T01:52:19","date_gmt":"2016-04-06T06:52:19","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=43774"},"modified":"2016-04-04T18:54:52","modified_gmt":"2016-04-04T23:54:52","slug":"relato-primigenio-de-las-apariciones-de-la-virgen-de-guadalupe-1a-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/04\/06\/relato-primigenio-de-las-apariciones-de-la-virgen-de-guadalupe-1a-parte\/","title":{"rendered":"Relato primigenio de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe, 1a parte"},"content":{"rendered":"<p>S\u00e1bado 9, diciembre 1531<\/p>\n<p>En el Tepeyac, madrugada. \u00abDiez a\u00f1os despu\u00e9s de tomada la ciudad de M\u00e9xico, se suspendi\u00f3 la guerra y hubo paz en los pueblos, as\u00ed como empez\u00f3 a brotar la fe, el conocimiento del verdadero Dios, por quien se vive. A la saz\u00f3n, en el a\u00f1o de mil quinientos treinta y uno, a pocos d\u00edas del mes de diciembre, sucedi\u00f3 que hab\u00eda un pobre indio, de nombre Juan Diego, seg\u00fan se dice, natural de Cuautitl\u00e1n. Tocante a las cosas espirituales, a\u00fan todo pertenec\u00eda a Tlatilolco1.<\/p>\n<p>\u00abEra s\u00e1bado, muy de madrugada, y ven\u00eda en pos del culto divino y de sus mandados. Al llegar junto al cerrillo llamado Tepey\u00e1cac, amanec\u00eda; y oy\u00f3 cantar arriba del cerrillo: semejaba canto de varios p\u00e1jaros preciosos; callaban a ratos las voces de los cantores; y parec\u00eda que el monte les respond\u00eda. Su canto, muy suave y deleitoso, sobrepujaba al del coyolt\u00f3totl y del tzinizcan y de otros p\u00e1jaros lindos que cantan.<\/p>\n<p>\u00abSe par\u00f3 Juan Diego a ver y dijo para s\u00ed: \u00bfpor ventura soy digno de lo que oigo? \u00bfquiz\u00e1s sue\u00f1o? \u00bfme levanto de dormir? \u00bfd\u00f3nde estoy? \u00bfacaso en el para\u00edso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores? \u00bfacaso ya en el cielo? Estaba viendo hacia el oriente, arriba del cerrillo, de donde proced\u00eda el precioso canto celestial; y as\u00ed que ces\u00f3 repentinamente y se hizo el silencio, oy\u00f3 que le llamaban de arriba del cerrillo y le dec\u00edan: Juanito, Juan Dieguito2. Luego se atrevi\u00f3 a ir adonde le llamaban; no se sobresalt\u00f3 un punto; al contrario, muy contento, fue subiendo el cerrillo, a ver de d\u00f3nde le llamaban. Cuando lleg\u00f3 a la cumbre, vio a una se\u00f1ora, que estaba all\u00ed de pie y que le dijo que se acercara. Llegado a su presencia, se maravill\u00f3 mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; el risco en que posaba su planta, flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas; y relumbraba la tierra como el arco iris. Los mezquites, nopales y otras diferentes hierbecillas que all\u00ed se suelen dar, parec\u00edan de esmeralda; su follaje, finas turquesas; y sus ramas y espinas brillaban como el oro. Se inclin\u00f3 delante de ella y oy\u00f3 su palabra, muy blanda y cort\u00e9s, cual de quien atrae y estima mucho.<\/p>\n<p>\u00abElla le dijo: Juanito, el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hijos, \u00bfa d\u00f3nde vas?3 El respondi\u00f3: Se\u00f1ora y Ni\u00f1a m\u00eda4, tengo que llegar a tu casa de M\u00e9xico Tlatilolco5, a seguir las cosas divinas, que nos dan y ense\u00f1an nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Se\u00f1or. Ella luego le habl\u00f3 y le descubri\u00f3 su santa voluntad; le dijo: Sabe y ten entendido, t\u00fa el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hijos, que yo soy la Siempre Virgen Santa Mar\u00eda, Madre del verdadero Dios por quien se vive6; del Creador cabe quien est\u00e1 todo; Se\u00f1or del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aqu\u00ed un templo7, para en \u00e9l mostrar y dar todo mi amor, compasi\u00f3n, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los dem\u00e1s amadores m\u00edos que me invoquen y en m\u00ed conf\u00eden; o\u00edr all\u00ed sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores. Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de M\u00e9xico y le dir\u00e1s c\u00f3mo yo te env\u00edo a manifestarle lo que mucho deseo, que aqu\u00ed en el llano me edifique un templo; le contar\u00e1s puntualmente cuanto has visto y admirado, y lo que has o\u00eddo. Ten por seguro que lo agradecer\u00e9 bien y lo pagar\u00e9, porque te har\u00e9 feliz y merecer\u00e1s mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has o\u00eddo mi mandato, hijo m\u00edo el m\u00e1s peque\u00f1o; anda y pon todo tu esfuerzo.<\/p>\n<p>\u00abAl punto se inclin\u00f3 delante de ella y le dijo: Se\u00f1ora m\u00eda, ya voy a cumplir tu mandato; por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo. Luego baj\u00f3, para ir a hacer su mandado; y sali\u00f3 a la calzada que viene en l\u00ednea recta a M\u00e9xico\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S\u00e1bado 9, diciembre 1531 En el Tepeyac, madrugada. \u00abDiez a\u00f1os despu\u00e9s de tomada la ciudad de M\u00e9xico, se suspendi\u00f3 la guerra y hubo paz en los pueblos, as\u00ed como empez\u00f3 a brotar la fe, el conocimiento del verdadero Dios, por quien se vive. 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