{"id":4298,"date":"2009-11-15T01:20:40","date_gmt":"2009-11-15T06:20:40","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=4298"},"modified":"2009-11-13T23:57:55","modified_gmt":"2009-11-14T04:57:55","slug":"la-reaccion-del-hijo-mayor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/11\/15\/la-reaccion-del-hijo-mayor\/","title":{"rendered":"LA REACCION DEL HIJO MAYOR"},"content":{"rendered":"<p>LA REACCI\u00d3N DEL HIJO MAYOR <\/p>\n<p>(Lc 15, 28-30)<\/p>\n<p><strong>El hijo mayor se enoj\u00f3 y no quiso entrar. Su padre sali\u00f3 a suplicarle<\/strong>&#8221; (Lc 15,28).<\/p>\n<p>Les propongo que iniciemos una reflexi\u00f3n sobre la reacci\u00f3n del hijo mayor ante la fiesta que el Padre celebra, invitando a todos los de su casa, por la resurrecci\u00f3n del hijo menor. Posteriormente podremos personalizar las reacciones del hijo mayor, pues en nuestra vida todos tenemos actitudes de los dos hijos. De todos modos, la pintura que hace Jes\u00fas del hijo mayor, es la de un fariseo cl\u00e1sico. Pienso que, cuando Jes\u00fas describe el modo de ser del hijo mayor, est\u00e1 describiendo, tambi\u00e9n, las actitudes de muchos religiosos y sacerdotes y de algunos hombres y mujeres &#8220;piadosos&#8221;, con actitudes m\u00e1s del hijo &#8220;fiel&#8221;, que del hijo menor. Imploremos, por tanto, la luz del Esp\u00edritu para que logremos descubrir si en nosotros se encuentran esas actitudes ocultas, disimuladas, que pueden estar obstruyendo nuestra relaci\u00f3n con Dios y nuestra vida de relaci\u00f3n amorosa y delicada con los hermanos. <\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Los dos hijos de la par\u00e1bola son dos prototipos de la humanidad que se reproducen con celeridad. Muestras de ambos se van repitiendo a trav\u00e9s de la Biblia, y en la vida de toda sociedad, tambi\u00e9n, de la nuestra. Pensemos en Ca\u00edn y Abel, Esa\u00fa y Jacob, Jos\u00e9 y sus hermanos, en el hijo mayor y el hijo menor, en el fariseo y el publicano, en los dos crucificados a lado y lado de Jes\u00fas. En el AT esos prototipos tienen nombre; en el NT, aparecen sin nombre. Para que cada quien los descubra personalizados en s\u00ed mismo, en algunas de sus actitudes y as\u00ed le ponga nombre propio a cada uno de los diferentes prototipos. Todos, hombres y mujeres, qui\u00e9n m\u00e1s, qui\u00e9n menos, vivimos las actitudes del hijo &#8220;pr\u00f3digo&#8221; y\/o las actitudes del hijo &#8220;fiel&#8221;. Tambi\u00e9n a sacerdotes y religiosos nos resulta familiar la confesi\u00f3n del fariseo de la par\u00e1bola del evangelista Lucas: &#8220;gracias, Se\u00f1or, porque no soy como los dem\u00e1s hombres: ladrones, ad\u00falteros, injustos&#8221; (Lc 18,11); confesi\u00f3n semejante a la del hijo &#8220;fiel&#8221; de nuestra par\u00e1bola, que se expres\u00f3 en t\u00e9rminos parecidos: &#8220;<em>no he desobedecido jam\u00e1s tus \u00f3rdenes, ni he malgastado tu patrimonio con prostitutas<\/em>&#8220;.<\/p>\n<p>Una clave de vida espiritual para el cristiano, como term\u00f3metro de la propia fe, est\u00e1 en saber descubrir en el hermano el bien, en otorgar el perd\u00f3n que \u00e9l nos exige. La alegr\u00eda que se experimenta por el bien del otro es un indicador infalible de la fe, del amor personal. El Padre celestial siente m\u00e1s alegr\u00eda por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan conversi\u00f3n. Pero el hijo mayor no quiere aceptar que su hermano se haya convertido, que su hermano se salve. Por eso no entiende el porqu\u00e9 de la fiesta que el padre de la par\u00e1bola ofrece en honor de su hijo que ha regresado. <\/p>\n<p><strong>Dos modos contrapuestos de actuar<\/strong><\/p>\n<p>Reflexionemos comparando los siguientes dos textos de nuestro relato: &#8220;<em>El hijo mayor se enfad\u00f3 y no quiso entrar<\/em>&#8221; (v. 28); &#8220;<em>el padre, entonces, sali\u00f3 a suplicarle<\/em>&#8221; (v. 28). Aparecen aqu\u00ed dos situaciones antag\u00f3nicas, por la actitud que anima al padre y al hermano mayor. El hijo, cerrado, porque es incapaz de amar, y el padre, abierto por su coraz\u00f3n rebosante de amor. Surgen as\u00ed una cantidad de modos de actuar que muestra la par\u00e1bola en los dos personajes.<\/p>\n<p>Con la primera frase &#8220;<em>se enfad\u00f3 y no quer\u00eda entrar<\/em>&#8220;, adem\u00e1s de su terquedad y cerraz\u00f3n, se nos descubren mundos, hasta el momento, inexplorados en el hijo fiel y cumplidor, y talvez ni siquiera conocidos por \u00e9l mismo. La informaci\u00f3n del criado hizo estallar la ira del hijo mayor, y \u00a1qu\u00e9 clase de ira! No quer\u00eda recibir a su hermano. Reacciona con rabia donde el padre hab\u00eda expresado compasi\u00f3n y alegr\u00eda. \u00bfQu\u00e9 hay en ese muchacho que le hace explotar en esa forma tan refinada de desamor? Se trata de un coraz\u00f3n que no ha dejado penetrar el amor, y, por lo mismo, no ha podido entrar todav\u00eda en la l\u00f3gica de la misericordia. Ha brotado una fiera, que hasta entonces viv\u00eda agazapada en su interior, pero que ante un est\u00edmulo poderoso ha salido al exterior, sembrando destrucci\u00f3n, matando en su coraz\u00f3n a su hermano. La envidia se ha despertado en el coraz\u00f3n del mayor, y le ha hecho explotar en una forma desacostumbrada. Ha matado necesariamente la alegr\u00eda, ha hecho aparecer sentimientos hostiles de aversi\u00f3n, venganza, destrucci\u00f3n. Ha hecho a ese coraz\u00f3n nulo para el amor, la alegr\u00eda. Por eso es incapaz de participar del gozo que ha causado el regreso a casa del hijo perdido. Seg\u00fan su mismo testimonio: <em>nunca ha podido celebrar una fiesta con sus amigos<\/em>. <\/p>\n<p>El menor, de disoluto y perverso, ha pasado a ser redimido, se ha convertido y su padre ha celebrado una gran fiesta en su honor. \u00a1No puede ser! \u00a1Esto es una injusticia! \u00a1Yo acabo con ese hermano! Por eso, se enfada y no quiere entrar a la fiesta, no quiere tomar parte en la alegr\u00eda que deber\u00eda ser tambi\u00e9n suya por haber recuperado al hermano sano y salvo. No le interesa para nada la relaci\u00f3n amorosa con su hermano: la envidia ha realizado esa destrucci\u00f3n. Ha matado a su hermano y otro tanto quiere que haga el padre. Para \u00e9l ha muerto ya el hermano menor y en vez de fiesta, por haberle recobrado vivo, quiere celebrar los funerales. El hijo mayor est\u00e1 encarcelado en s\u00ed mismo, no llega a ver m\u00e1s all\u00e1 del horizonte de su propio yo, de sus propios esquemas ego\u00edstas. Est\u00e1 recluido en su yo, y no quiere abrirse al amor, menos al perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Por una mezcla de envidia, celos, resentimiento, desamor, no puede entrar en la casa familiar. Se ha empecinado en su modo de juzgar al hermano. Su pasi\u00f3n le lleva desde una susceptibilidad enfermiza y unos celos morbosos, hasta una testarudez que le impide ver m\u00e1s all\u00e1 de sus propias ideas falseadas. Y a pesar de esto se cree fiel. <\/p>\n<p>Jes\u00fas est\u00e1 describiendo, tambi\u00e9n, en el hijo mayor la hipocres\u00eda de los fariseos. Es esta la acusaci\u00f3n m\u00e1s insistente que Cristo lanz\u00f3 contra los fariseos. S\u00f3lo en el cap\u00edtulo 23 de san Mateo Jes\u00fas repite ocho veces &#8220;fariseos hip\u00f3critas&#8221;. Por eso, nos dice a todos: &#8220;gu\u00e1rdense de la levadura de los fariseos, que es la hipocres\u00eda&#8221; (Lc 12,1). Y es que a los fariseos lo \u00fanico que les importa es la apariencia, el aspecto exterior. Aunque su coraz\u00f3n est\u00e9 corrompido, lo \u00fanico que les interesa es lavarse escrupulosamente las manos, apareciendo amantes de la limpieza. No importa que su interior est\u00e9 lleno de podredumbre, con tal que su fachada, su exterior aparezca luciente, brillante. Les interesa la ostentaci\u00f3n, mantener una reputaci\u00f3n social aunque no corresponda a la verdad. En frase de san Juan de \u00c1vila, &#8220;Tienen el cuerpo de rodillas y el alma tiesa&#8221;. Pero es terrible, pues el fariseo no se contenta con representar ese papel hip\u00f3crita ante los hombres, sino que lo hace tambi\u00e9n ante Dios. En cambio los sentimientos del padre son de perd\u00f3n, jam\u00e1s de venganza; son de amor, jam\u00e1s de odio; son de vida, jam\u00e1s de muerte. <\/p>\n<p>Morir a nosotros mismos y resucitar a una vida fraterna no es f\u00e1cil, pero es absolutamente necesario para ser disc\u00edpulo de Jes\u00fas. No es un aspecto opcional o secundario, sino condici\u00f3n indispensable de todo cristiano. No podemos cumplir el Mandamiento Nuevo: &#8220;<em>amar a los dem\u00e1s como Jes\u00fas<\/em>&#8220;, a menos que hagamos morir en nosotros mismos el &#8220;yo&#8221;, nuestro ego\u00edsmo.<\/p>\n<p>Los cristianos estamos llamados a entregar el amor m\u00e1s grande que se puede tener: &#8220;dar la vida por el amigo&#8221;. Esto forzosamente significa morir a nosotros mismos. Por eso, Jes\u00fas nos presenta el morir a nosotros mismos, como un requisito necesario si queremos ser sus disc\u00edpulos. <\/p>\n<p>Necesito, por tanto, desde la humildad, aprender a salir de mi mismo, de mis propios esquemas, liberarme de mis propias ideas ego\u00edstas, y encaminarme hacia el otro, orientarme radicalmente hacia Dios, hacia el hermano, hacia el amor. Tengo que dejar de vivir solamente para m\u00ed y mis deseos; llegar a ser una nueva criatura, con un coraz\u00f3n nuevo, con una nueva manera de pensar y de actuar, con un nuevo esp\u00edritu, con una nueva capacidad de amar. El hijo mayor, encarcelado en s\u00ed mismo, no llega a ver m\u00e1s all\u00e1 del horizonte de su propio yo, de sus propios esquemas ego\u00edstas.<\/p>\n<p><strong>Salir de s\u00ed mismo<\/strong><\/p>\n<p>En la segunda frase dice que &#8220;<em>entonces, el padre sali\u00f3 a suplicarle<\/em>&#8220;<em>. <\/em>Aparece nuevamente la actitud amorosa del padre. As\u00ed como hab\u00eda salido al encuentro del hijo menor, de la misma manera sale ahora al encuentro de su hijo mayor. Es el estilo amoroso, acucioso del padre. Es un gesto extraordinario con el hijo mayor, intentando hasta lo imposible por atraer al hijo y hacerlo salir de su cerraz\u00f3n El amor le hace estar abierto a sus hijos, a pesar de las faltas que tengan, a pesar de las rebeld\u00edas, a pesar de la dureza de sus corazones. Y para \u00e9l no hay hijo bueno ni hijo malo, simplemente son sus hijos. <\/p>\n<p>Sorprende la respuesta del hijo mayor al padre que, suplicante, le invita a entrar al banquete: &#8220;<em>Hace tantos a\u00f1os que te sirvo sin haber desobedecido jam\u00e1s una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. Pero ahora que regresa ese hijo tuyo, que ha gastado tu dinero con prostitutas, haces matar para \u00e9l el ternero cebado<\/em>&#8221; (v.29-30).<\/p>\n<p>Aparece primero la actitud amorosa del padre. As\u00ed como hab\u00eda salido al encuentro del hijo menor, de la misma manera sale al encuentro de su hijo mayor. Es el estilo amoroso, acucioso del padre. <\/p>\n<p>Los dos vers\u00edculos, en boca del hermano mayor, se refieren a \u00e9l y a su hermano. Aparecen all\u00ed dos polos opuestos de una conducta religiosa. Con qu\u00e9 facilidad el mayor se compara con el peque\u00f1o, llam\u00e1ndolo libertino y teni\u00e9ndose \u00e9l como un intachable, como el que nunca ha cometido una falta. Se presenta como modelo de amplia, excesiva obediencia. \u00a1Hace ya tantos a\u00f1os&#8221;! Esa obediencia es fidelidad o \u00bfes tan s\u00f3lo algo exterior, cumplimiento de un contrato laboral? \u00bfHa sido obediencia a su padre o simplemente al patr\u00f3n? Notamos un coraz\u00f3n endurecido para el amor que se queda en la contemplaci\u00f3n de s\u00ed mismo, de su justicia y de su propia perfecci\u00f3n. <\/p>\n<p>Cuando cre\u00eda ser justo al condenar al hermano, no pasaba de ser un simple justiciero. Y es que hay una mentalidad, una l\u00f3gica que dificulta el conocimiento de Dios, que impide amar. Y es odiar al hermano, no querer otorgarle el perd\u00f3n. No se puede amar a Dios y al mismo tiempo querer mal al hermano, no querer otorgarle e perd\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA REACCI\u00d3N DEL HIJO MAYOR (Lc 15, 28-30) El hijo mayor se enoj\u00f3 y no quiso entrar. Su padre sali\u00f3 a suplicarle&#8221; (Lc 15,28). 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