{"id":42357,"date":"2016-02-10T13:05:29","date_gmt":"2016-02-10T18:05:29","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=42357"},"modified":"2016-02-10T13:05:29","modified_gmt":"2016-02-10T18:05:29","slug":"mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2016","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/02\/10\/mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2016\/","title":{"rendered":"Mensaje del Papa Francisco para la cuaresma 2016"},"content":{"rendered":"<p>1. Mar\u00eda, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada<\/p>\n<p>En la Bula de convocaci\u00f3n del Jubileo invit\u00e9 a que \u00abla Cuaresma de este A\u00f1o Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios\u00bb (Misericordiae vultus, 17). Con la invitaci\u00f3n a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa \u00ab24 horas para el Se\u00f1or\u00bb quise hacer hincapi\u00e9 en la primac\u00eda de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra prof\u00e9tica. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano est\u00e1 llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviar\u00e9 a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercan\u00eda y del perd\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, despu\u00e9s de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arc\u00e1ngel Gabriel, canta prof\u00e9ticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con Jos\u00e9, se convierte as\u00ed en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Esp\u00edritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradici\u00f3n prof\u00e9tica, en su etimolog\u00eda, la misericordia est\u00e1 estrechamente vinculada, precisamente con las entra\u00f1as maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.<\/p>\n<p>2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia<\/p>\n<p>El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasi\u00f3n visceral, especialmente en los momentos m\u00e1s dram\u00e1ticos, cuando la infidelidad rompe el v\u00ednculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo m\u00e1s estable en la justicia y la verdad. Aqu\u00ed estamos frente a un aut\u00e9ntico drama de amor, en el cual Dios desempe\u00f1a el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo\/hija y el de esposa infiel. Son justamente las im\u00e1genes familiares \u2014como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)\u2014 las que expresan hasta qu\u00e9 punto Dios desea unirse a su pueblo.<\/p>\n<p>Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En \u00e9l Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de \u00e9l la \u00abMisericordia encarnada\u00bb (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jes\u00fas de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shem\u00e0 requiere a todo jud\u00edo, y que todav\u00eda hoy es el coraz\u00f3n de la alianza de Dios con Israel: \u00abEscucha, Israel: El Se\u00f1or es nuestro Dios, el Se\u00f1or es uno solo. Amar\u00e1s, pues, al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas\u00bb (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien est\u00e1 unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.<\/p>\n<p>Es \u00e9ste el coraz\u00f3n del kerygma apost\u00f3lico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es \u00abla belleza del amor salv\u00edfico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado\u00bb (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que \u00absiempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis\u00bb (ib\u00edd., 164). La Misericordia entonces \u00abexpresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreci\u00e9ndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer\u00bb (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relaci\u00f3n con \u00e9l. Y, en Jes\u00fas crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejan\u00eda m\u00e1s extrema, justamente all\u00ed donde se perdi\u00f3 y se alej\u00f3 de \u00c9l. Y esto lo hace con la esperanza de poder as\u00ed, finalmente, enternecer el coraz\u00f3n endurecido de su Esposa.<\/p>\n<p>3. Las obras de misericordia<\/p>\n<p>La misericordia de Dios transforma el coraz\u00f3n del hombre haci\u00e9ndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impuls\u00e1ndonos a amar al pr\u00f3jimo y anim\u00e1ndonos a vivir lo que la tradici\u00f3n de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro pr\u00f3jimo en el cuerpo y en el esp\u00edritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expres\u00e9 mi deseo de que \u00abel pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Ser\u00e1 un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todav\u00eda m\u00e1s en el coraz\u00f3n del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina\u00bb (ib\u00edd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo \u00abse hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga&#8230; para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado\u00bb (ib\u00edd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuaci\u00f3n en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Mois\u00e9s, s\u00f3lo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); m\u00e1s a\u00fan cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.<\/p>\n<p>Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre m\u00e1s miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el m\u00e1s pobre de los pobres. Esto es as\u00ed porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los dem\u00e1s, sino parar sofocar dentro de s\u00ed la \u00edntima convicci\u00f3n de que tampoco \u00e9l es m\u00e1s que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposici\u00f3n, tanto mayor puede llegar a ser este enga\u00f1oso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre L\u00e1zaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversi\u00f3n. L\u00e1zaro es la posibilidad de conversi\u00f3n que Dios nos ofrece y que quiz\u00e1 no vemos. Y este ofuscamiento va acompa\u00f1ado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demon\u00edaco \u00abser\u00e9is como Dios\u00bb (Gn 3,5) que es la ra\u00edz de todo pecado. Ese delirio tambi\u00e9n puede asumir formas sociales y pol\u00edticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideolog\u00edas del pensamiento \u00fanico y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente tambi\u00e9n pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatr\u00eda del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades m\u00e1s ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, neg\u00e1ndose incluso a mirarlos.<\/p>\n<p>La Cuaresma de este A\u00f1o Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienaci\u00f3n existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan m\u00e1s directamente nuestra condici\u00f3n de pecadores: aconsejar, ense\u00f1ar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el m\u00edsero la carne de Jes\u00fas crucificado el pecador podr\u00e1 recibir como don la conciencia de que \u00e9l mismo es un pobre mendigo. A trav\u00e9s de este camino tambi\u00e9n los \u00absoberbios\u00bb, los \u00abpoderosos\u00bb y los \u00abricos\u00bb, de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. S\u00f3lo en este amor est\u00e1 la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre \u2014enga\u00f1\u00e1ndose\u2014 cree poder colmar con los \u00eddolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez m\u00e1s herm\u00e9ticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su coraz\u00f3n, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a s\u00ed mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aqu\u00ed, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrah\u00e1n: \u00abTienen a Mois\u00e9s y los Profetas; que los escuchen\u00bb (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparar\u00e1 del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.<\/p>\n<p>No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversi\u00f3n. Lo pedimos por la intercesi\u00f3n materna de la Virgen Mar\u00eda, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibi\u00f3 gratuitamente, confes\u00f3 su propia peque\u00f1ez (cf. Lc 1,48), reconoci\u00e9ndose como la humilde esclava del Se\u00f1or (cf. Lc 1,38).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Mar\u00eda, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada En la Bula de convocaci\u00f3n del Jubileo invit\u00e9 a que \u00abla Cuaresma de este A\u00f1o Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios\u00bb (Misericordiae vultus, 17). 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