{"id":42009,"date":"2016-01-27T01:55:06","date_gmt":"2016-01-27T06:55:06","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=42009"},"modified":"2016-01-26T21:59:42","modified_gmt":"2016-01-27T02:59:42","slug":"justificacion-teologica-de-las-destrucciones-de-idolos-y-templos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2016\/01\/27\/justificacion-teologica-de-las-destrucciones-de-idolos-y-templos\/","title":{"rendered":"Justificaci\u00f3n teol\u00f3gica de las destrucciones de \u00eddolos y templos"},"content":{"rendered":"<p>La destrucci\u00f3n de los \u00eddolos, en todo caso, desde el punto de vista estrictamente racional, puede considerarse como una cuesti\u00f3n etnogr\u00e1fica, arqueol\u00f3gica y de pol\u00edtica concreta que se present\u00f3 en aquellas circunstancias hist\u00f3ricas. As\u00ed, por ejemplo, Cort\u00e9s, en lugar de considerar conveniente para el dominio hispano la destrucci\u00f3n de los templos, al conocer cuando regres\u00f3 de las Hibueras los derribos ya hechos, \u00abmostr\u00f3 tener gran enojo, porque quer\u00eda que estuviesen aquellas casas de \u00eddolos por memoria\u00bb (+J.L. Mart\u00ednez 398). A su juicio hubiera convenido conservar aquellos templos espan-tosos, como hoy, por ejemplo, se conservan en Auswichtz el campo de concentraci\u00f3n y sus hornos crematorios.<\/p>\n<p>Pero los frailes miraban ante todo por el bien espiritual de los indios, y a esa luz, la de la fe, ve\u00edan que la destrucci\u00f3n de los \u00eddolos era <i>necesaria<\/i>. A ellos, a los frailes, m\u00e1s que a ning\u00fan otro grupo humano, deben la arqueolog\u00eda, la etnograf\u00eda y la ling\u00fc\u00edstica informaciones preciosas sobre la cultura de aquellos pueblos. Pero, en cualquier caso, el valor de la fe deb\u00eda ser afirmado por encima de cualesquiera otros.<\/p>\n<p>Los misioneros del XVI, en definitiva, manten\u00edan ante las encarnaciones simb\u00f3licas de los poderes del Maligno una actitud semejante al de los primeros Ap\u00f3stoles. Cuenta, por ejemplo, San Lucas que en Efeso, ante la predicaci\u00f3n de San Pablo y los prodigios que realizaba, \u00abtodos quedaban espantados y se proclamaba la grandeza del Se\u00f1or Jes\u00fas. Muchos de los que ya cre\u00edan iban a confesar p\u00fablica-mente sus malas pr\u00e1cticas, y buen n\u00famero de los que hab\u00edan practicado la magia hicieron un mont\u00f3n con los libros y los quemaron a la vista de todos. Calculado el precio, result\u00f3 ser cincuenta mil monedas de plata\u00bb (Hch 19,17-19).<\/p>\n<p>Una similar actitud, llena de energ\u00eda apost\u00f3lica, fue la de un San Mart\u00edn de Tours, que en las Galias, a fines del siglo IV, iba por pueblos y campos desafiando las divinidades dru\u00eddas, y abatiendo, con riesgo de su vida, templos, \u00eddolos y \u00e1rboles sagrados; o la de San Wilibrordo, que hizo lo mismo entre los frisones&#8230; Y \u00e9sta fue la actitud de los misioneros del XVI, que no ten\u00edan en su actividad misional otra referencia que la de los Ap\u00f3stoles primeros o la de las limitadas y admirables expediciones misioneras de la Edad Media.<\/p>\n<p>En este sentido, cuando Robert Ricard examinaba la destrucci\u00f3n de \u00eddolos y templos en M\u00e9xico, dec\u00eda con raz\u00f3n: \u00abHay que esforzarse en ver la cuesti\u00f3n como la ve\u00eda un misionero [entonces]: para su criterio la fundaci\u00f3n de la Iglesia de Cristo, la salvaci\u00f3n de las almas, aunque fuera una sola, de valor infinito, representa mucho m\u00e1s que la conservaci\u00f3n de unos cuantos manuscritos paganos o unas cuantas esculturas ido-l\u00e1tricas. No cabe reprobarles su conducta: era l\u00f3gica y ajustada a la conciencia&#8230; Ni el arte ni la ciencia tienen derechos si son un estorbo para la salvaci\u00f3n de las almas o para la fundaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb (105).<\/p>\n<p>En la Am\u00e9rica del XVI, concretamente, si los \u00eddolos y templos hubieran sido respetados, los ind\u00edgenas <i>ciertamente<\/i> habr\u00edan entendido que los espa\u00f1oles<i> cre\u00edan en sus dioses<\/i> y <i>les tem\u00edan<\/i>, siquiera sea un poco, puesto que siendo vencedores, no se atrev\u00edan sin embargo a destruir sus signos, como para ellos hubiera sido lo normal. Pues bien, si esto justificaba esas destrucciones desde el punto de vista c\u00edvico, a\u00fan m\u00e1s en cuanto a las ventajas espirituales.<\/p>\n<p>Por eso escribe Mendieta: \u00abCuanto a lo espiritual (que principalmente deseaban los frailes), bien se experiment\u00f3 el provecho que result\u00f3 de destruir los templos e \u00eddolos. Porque viendo los infieles que lo principal de ellos estaba por tierra, desmayaron en la prosecuci\u00f3n de su idolatr\u00eda, y de all\u00ed adelante se abri\u00f3 la puerta para ir asolando lo que de ella quedaba&#8230; Antes fue tanta la cobard\u00eda y temor que de este hecho cobraron, que no era menester m\u00e1s de que el fraile enviase alguno de los ni\u00f1os con sus cuentas o con otra se\u00f1al, para que hall\u00e1ndolos en alguna idolatr\u00eda o hechicer\u00eda o borrachera se dejasen atar de ellos\u00bb (III,21).<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La destrucci\u00f3n de los \u00eddolos, en todo caso, desde el punto de vista estrictamente racional, puede considerarse como una cuesti\u00f3n etnogr\u00e1fica, arqueol\u00f3gica y de pol\u00edtica concreta que se present\u00f3 en aquellas circunstancias hist\u00f3ricas. 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