{"id":4187,"date":"2009-11-01T01:23:42","date_gmt":"2009-11-01T06:23:42","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=4187"},"modified":"2009-10-30T21:31:33","modified_gmt":"2009-10-31T02:31:33","slug":"el-padre-corrio-al-encuentro-del-hijo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/11\/01\/el-padre-corrio-al-encuentro-del-hijo\/","title":{"rendered":"EL PADRE CORRIO AL ENCUENTRO DEL HIJO"},"content":{"rendered":"<p><strong>EL PADRE CORRIO AL ENCUENTRO DEL HIJO<\/strong><\/p>\n<p>(Lc 15, 20- 24)<\/p>\n<p>Les propongo reflexionar unos momentos en la \u00faltima parte del primer cuadro de la par\u00e1bola para descubrir, desde los detalles en que Jes\u00fas quiere insistir, el amor del Padre y su verdadera personalidad, pintada por Jes\u00fas. Para ello, veamos, ojal\u00e1 desde una contemplaci\u00f3n amorosa, al padre corriendo con la premura de su amor al encuentro de su hijo. Dice Jes\u00fas que el hijo se levant\u00f3 y se fue donde su padre y: &#8220;<em>cuando a\u00fan estaba lejos, su padre lo vio y, profundamente conmovido, sali\u00f3 corriendo a su encuentro, se ech\u00f3 a su cuello y le cubri\u00f3 efusivamente de besos<\/em>&#8221; (v.20). S\u00f3lo el abrazo y el beso del Padre han conseguido desbaratar los proyectos del hijo arrepentido y su modo de pensar, y le hacen entregarse al amor del Padre, abandonarse en \u00e9l, cambiar totalmente su modo de ser en relaci\u00f3n con su padre.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Este trozo y todo lo que viene se centran en la figura del Padre, que ya no desaparecer\u00e1 del relato. Es este el n\u00facleo de la revelaci\u00f3n sobre el Padre Dios, que Jes\u00fas ha querido regalarnos. <\/p>\n<p>\u0081El hombre contempor\u00e1neo no volver\u00e1 a Dios, a una vida sana y recta, si se le sigue se\u00f1alando con el dedo, reproch\u00e1ndole sus fallos. Al contrario podemos sentir m\u00e1s apremiante que nunca la llamada del amor del Padre, si cubrimos al pecador con esa carga de amor con la que Cristo ama al pecador y con la que el Padre cubri\u00f3 a su hijo amado, que estaba perdido.<\/p>\n<p><strong>El sentimiento del Padre precede a la expresi\u00f3n del arrepentimiento del hijo.<\/strong><\/p>\n<p>El relato quiere resaltar la actitud del Padre, su compasi\u00f3n, su amor desproporcionado, su calurosa y desmesurada acogida del hijo perdido. Y esto mucho antes de que el hijo le pidiese personalmente el perd\u00f3n. Nos dice que el padre, esper\u00f3 a su hijo con dignidad, sentado en su aposento, sino que: &#8220;<em>estando a\u00fan lejos, cuando su padre lo vio, fue corriendo a su encuentro<\/em>&#8220;. Hay una conmoci\u00f3n interior en el Padre que sorprende y que le hace realizar, tambi\u00e9n, acciones sorprendentes: correr hacia el hijo y, nada mas encontrarlo, ech\u00e1rsele al cuello, abrazarle y darle ese beso que desbarata en el hijo su modo anterior de ser, de pensar y de actuar; y todo esto antes de que pronunciara palabra alguna. El Padre, por su infinito amor, ha sido el m\u00e1s interesado en la conversi\u00f3n del hijo y en su total recuperaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, ha sido el amor del padre el que ha realizado el regreso del hijo. El relato quiere resaltar la actitud del padre, su compasi\u00f3n, su calurosa y sobrada acogida del hijo perdido. Aparece aqu\u00ed la fidelidad del padre a su amor, a su hijo, expresada de una manera singularmente impregnada de ternura. Se ve al padre obrando ciertamente a impulsos de un afecto profundo. <\/p>\n<p>El comportamiento del padre expresa su perd\u00f3n abundante, a\u00fan antes de ser pedido: el abrazo y el beso anteceden a la petici\u00f3n de perd\u00f3n y a la confesi\u00f3n de la culpa. El beso en la cara se da entre iguales; al darlo el padre, reconoce al reci\u00e9n llegado como hijo y no como siervo. A\u00fan antes de que el hijo expresara su intenci\u00f3n de estar en la casa como un asalariado, la acogida paterna le restituye a la condici\u00f3n de hijo. M\u00e1s a\u00fan, para el padre aquel muchacho perdido en ning\u00fan momento hab\u00eda dejado de ser su hijo.<\/p>\n<p>Antes de todo asomo de conversi\u00f3n siempre hay un Dios Padre conmovido, un Padre que, a\u00fan estando lejos su hijo, le atrae con su amor y, por eso, presiente que en cualquier momento ese hijo viene ya de regreso. El amor no conoce lejan\u00edas. Estos sentimientos, que le hacen conmoverse tan hondamente, nos muestran el aspecto materno de nuestro Dios, nos muestran a la madre que hay en el coraz\u00f3n de nuestro Padre Dios. Su amor es de madre y le hace totalmente vulnerable y siempre disponible a recibir al hijo perdido, al hijo calavera. No podemos callarnos ante Dios que corre hacia nosotros para entregarnos su amor. Tambi\u00e9n \u00e9l, como el padre de la par\u00e1bola, se lanza hacia nosotros con los brazos extendidos, aunque no lo merezcamos, aunque no lo esperemos. S\u00f3lo hace falta que nosotros abramos el coraz\u00f3n, que tengamos deseos, aunque no sean tan precisos, de regresar a sus brazos. El Dios de Jesucristo es un Padre lleno de amor que nos espera y, porque nos ama mucho, nos perdona siempre.<\/p>\n<p>Ese amor desconcertante de nuestro Padre Dios se consuma en lo \u00edntimo de nuestro coraz\u00f3n, donde el Padre nos hace hombres nuevos, nos reafirma como sus hijos. Con su sello amoroso: su abrazo, sus besos, su ternura infinita nos hace descubrirle como nuestro \u00fanico verdadero Padre, nos desarma y cambian nuestro coraz\u00f3n. Empezando por aquella primera donde se oye al Padre preguntando por su hijo del alma: &#8220;Ad\u00e1n, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1s?, todas las p\u00e1ginas de la Biblia nos hablan de la carrera del Padre detr\u00e1s de sus hijos. Se dice que es el hombre el que busca a Dios. Pero nuestra par\u00e1bola da la vuelta a ese disco y nos revela que es Dios el que busca al hombre y el que lo atrae hacia \u00c9l con amor. Para ello solo usa la misericordia, el regalo de un amor puro y gratuito. \u00a1C\u00f3mo brilla el sol cuando el hijo atisba a su Padre que presuroso corre a su encuentro! \u00a1Como se le abre en flor la vida cuando el padre se le echa al cuello para besarlo! Al Padre nole interesa lo que hayas sido; \u00e9l es amor y ternura y quiere llenarte de ellos.<\/p>\n<p><strong>Un Perd\u00f3n extraordinario<\/strong><\/p>\n<p>El perd\u00f3n dado por el padre es un perd\u00f3n al que el hombre no est\u00e1 habituado; da su perd\u00f3n al hijo, a\u00fan antes de ser pedido, antes de escuchar las palabras ensayadas: &#8220;<em>Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No merezco llamarme hijo tuyo<\/em>&#8221; (v. 21). Despu\u00e9s del abrazo y el beso del padre, la confesi\u00f3n del hijo resultaba superflua. Y es que, la confesi\u00f3n solo es posible si nos mueve el verdadero arrepentimiento, que llega al coraz\u00f3n y hace que el pecador no entre simplemente en un juego de autocastigos, de autocensuras, sino que es una experiencia de aut\u00e9ntica humildad, que hace que el pecador tenga hambre del abrazo del padre a quien ha ofendido. El arrepentimiento no es un juego psicol\u00f3gico que mantiene al hombre en la situaci\u00f3n de quien se equivoca y tiene que estar admitiendo sus faltas ante Dios. Por eso, el hijo, a pesar de su intenci\u00f3n de presentarse como siervo, no consigue decirlo al padre, porque este se anticipa con su amor. En el fondo, el hijo ya no pensaba en su filiaci\u00f3n sino simplemente en quedarse como siervo. El hijo se hab\u00eda preparado para una fr\u00eda recepci\u00f3n: su intenci\u00f3n era llegar a ser asalariado; el padre, con su actitud le dice que tiene que llegar a m\u00e1s, en vez de jornalero debe volver a sentirse verdadero hijo. <\/p>\n<p><strong>Vestido como corresponde a un hijo<\/strong><\/p>\n<p>Al contrario del hijo, que ensay\u00f3 su discurso, el padre no dice una palabra al hijo, sino que inmediatamente llama a los habitantes de la casa y les dice: &#8220;\u00a1<em>\u00a1R\u00e1pido! Traigan en seguida el mejor <strong>vestido<\/strong> y p\u00f3nganselo; p\u00f3nganle, tambi\u00e9n, <strong>anillo<\/strong> en la mano y <strong>sandalias<\/strong> en los pies. Tomen el <strong>ternero cebado<\/strong>, m\u00e1tenlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo m\u00edo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado. Y comenzaron la fiesta&#8221; (v. 22-24)<\/em>. <\/p>\n<p>En Oriente no se acostumbraban las condecoraciones: si el rey quer\u00eda distinguir a uno de sus dignatarios, le regalaba un vestido lujoso. El Evangelio habla del <strong>vestido<\/strong> nupcial, significando el nuevo estado en que ha de entrar el invitado, la gracia que el Se\u00f1or nos regala, marc\u00e1ndonos con el signo de su vida, de la salvaci\u00f3n, recobrando nuestra condici\u00f3n de hijos amados del Padre celestial. El <strong>anillo<\/strong>, que el padre pone el dedo del hijo, no es un simple objeto de adorno, es s\u00edmbolo de la autoridad que el padre participa nuevamente a su hijo, es el anillo de la filiaci\u00f3n. Ese anillo, que en la antig\u00fcedad llevaba el sello del poder, es signo del amor del Padre, que deja la marca de su amor en nuestro coraz\u00f3n. Las sandalias eran s\u00edmbolo de ser un hombre libre, eran s\u00edmbolo de nobleza; el hijo hab\u00eda dejado de ser esclavo. Andar calzado indicaba libertad y dominio. El hijo no deb\u00eda andar por casa ni como esclavo ni como convidado; deb\u00eda ser reconocido como se\u00f1or. El perd\u00f3n del padre le ha devuelto a su dignidad de hijo. El ternero cebado y la fiesta son imagen del banquete mesi\u00e1nico, de la abundancia de la misericordia y de la gracia del Se\u00f1or. Es imagen del banquete Eucar\u00edstico que el Padre ha preparado, entregando a su Hijo divino al sacrificio, para recuperaci\u00f3n del pecador. Donde exist\u00eda el pecado ahora abunda la misericordia, la gracia, la fiesta. Ahora el esclavo vuelve a ser hijo. Es el gran signo de que el Padre nos devuelve nuestro ser de hijos, nos reviste nuevamente con su paternidad y empieza la fiesta, los cantos los saludos, las bienvenidas; todo habla del amor infinito del Padre. Es esa la aut\u00e9ntica espiritualidad: ver el gesto del Padre en todo, o\u00edr la narraci\u00f3n del amor que susurra en nuestro coraz\u00f3n el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Quien se deja alcanzar por el amor del Padre, es recuperado de nuevo a la vida amorosa del Padre. Aunque haya descendido lo m\u00e1s hondo, pero se deja alcanzar por ese amor, vuelve de los abismos del olvido a la vida perenne del amor indestructible del Padre celestial. El hijo menor vuelve a casa resucitado de su pecado, no gracias a su valor, sino al amor entra\u00f1able del Padre. Abandon\u00e9monos a la alegr\u00eda de aquel que &#8220;<em>se le ech\u00f3 al cuello, lo abraz\u00f3 y le bes\u00f3<\/em>&#8220;. Es la verdad del amor que acoge al que regresa, porque ha sido alcanzado por el amor del Padre. Sintamos c\u00f3mo el Padre se nos echa al cuello, nos abraza y nos llena de besos.<\/p>\n<p>El hombre de hoy tiene miedo de resaltar demasiado la bondad y la misericordia de Dios. Insiste en se\u00f1alar su justicia y su severidad, temiendo, quiz\u00e1s, que si pone excesivamente el acento en el amor de Dios, el hombre no sentir\u00e1 la urgencia de una vida mejor, m\u00e1s recta, distinta. En cambio Jes\u00fas nos ense\u00f1a que el hombre cambia su vida y se convierte al bien cuando se descubre amado a pesar de ser un pecador. En efecto, quien se sabe amado puede comprender su pecado y encontrar en el amor del otro la fuerza para cambiar de camino. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL PADRE CORRIO AL ENCUENTRO DEL HIJO (Lc 15, 20- 24) Les propongo reflexionar unos momentos en la \u00faltima parte del primer cuadro de la par\u00e1bola para descubrir, desde los detalles en que Jes\u00fas quiere insistir, el amor del Padre y su verdadera personalidad, pintada por Jes\u00fas. Para ello, veamos, ojal\u00e1 desde una contemplaci\u00f3n amorosa, &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/11\/01\/el-padre-corrio-al-encuentro-del-hijo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;EL PADRE CORRIO AL ENCUENTRO DEL HIJO&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[306],"tags":[],"class_list":["post-4187","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-conoce-tu-dios"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4187","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4187"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4187\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4189,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4187\/revisions\/4189"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4187"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4187"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4187"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}