{"id":41279,"date":"2015-12-30T01:00:07","date_gmt":"2015-12-30T06:00:07","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=41279"},"modified":"2015-12-29T21:12:01","modified_gmt":"2015-12-30T02:12:01","slug":"mensaje-del-papa-francisco-para-el-1-de-enero-de-2016","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2015\/12\/30\/mensaje-del-papa-francisco-para-el-1-de-enero-de-2016\/","title":{"rendered":"Mensaje del Papa Francisco para el 1 de Enero de 2016"},"content":{"rendered":"<p><em>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1 de enero 2016<\/em><\/p>\n<p><strong>Vence la indiferencia y conquista la paz<\/strong><\/p>\n<p>1. Dios no es indiferente. A Dios le importa la humanidad, Dios no la abandona. Al comienzo del nuevo a\u00f1o, quisiera acompa\u00f1ar con esta profunda convicci\u00f3n los mejores deseos de abundantes bendiciones y de paz, en el signo de la esperanza, para el futuro de cada hombre y cada mujer, de cada familia, pueblo y naci\u00f3n del mundo, as\u00ed como para los Jefes de Estado y de Gobierno y de los Responsables de las religiones. Por tanto, no perdamos la esperanza de que 2016 nos encuentre a todos firme y confiadamente comprometidos, en realizar la justicia y trabajar por la paz en los diversos \u00e1mbitos. S\u00ed, la paz es don de Dios y obra de los hombres. La paz es don de Dios, pero confiado a todos los hombres y a todas las mujeres, llamados a llevarlo a la pr\u00e1ctica.<br \/>\n<!--more--><\/p>\n<p><strong>Custodiar las razones de la esperanza<\/strong><\/p>\n<p>2.Las guerras y los atentados terroristas, con sus tr\u00e1gicas consecuencias, los secuestros de personas, las persecuciones por motivos \u00e9tnicos o religiosos, las prevaricaciones, han marcado de hecho el a\u00f1o pasado, de principio a fin, multiplic\u00e1ndose dolorosamente en muchas regiones del mundo, hasta asumir las formas de la que podr\u00eda llamar una \u00abtercera guerra mundial en fases\u00bb. Pero algunos acontecimientos de los a\u00f1os pasados y del a\u00f1o apenas concluido me invitan, en la perspectiva del nuevo a\u00f1o, a renovar la exhortaci\u00f3n a no perder la esperanza en la capacidad del hombre de superar el mal, con la gracia de Dios, y a no caer en la resignaci\u00f3n y en la indiferencia. Los acontecimientos a los que me refiero representan la capacidad de la humanidad de actuar con solidariedad, m\u00e1s all\u00e1 de los intereses individualistas, de la apat\u00eda y de la indiferencia ante las situaciones cr\u00edticas.<\/p>\n<p>Quisiera recordar entre dichos acontecimientos el esfuerzo realizado para favorecer el encuentro de los l\u00edderes mundiales en el \u00e1mbito de la COP 21, con la finalidad de buscar nuevas v\u00edas para afrontar los cambios clim\u00e1ticos y proteger el bienestar de la Tierra, nuestra casa com\u00fan. Esto nos remite a dos eventos precedentes de car\u00e1cter global: La Conferencia Mundial de Addis Abeba para recoger fondos con el objetivo de un desarrollo sostenible del mundo, y la adopci\u00f3n por parte de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, con el objetivo de asegurar para ese a\u00f1o una existencia m\u00e1s digna para todos, sobre todo para las poblaciones pobres del planeta.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 2015 ha sido tambi\u00e9n especial para la Iglesia, al haberse celebrado el 50 aniversario de la publicaci\u00f3n de dos documentos del Concilio Vaticano II que expresan de modo muy elocuente el sentido de solidaridad de la Iglesia con el mundo. El papa Juan XXIII, al inicio del Concilio, quiso abrir de par en par las ventanas de la Iglesia para que fuese m\u00e1s abierta la comunicaci\u00f3n entre ella y el mundo. Los dos documentos, Nostra aetate y Gaudium et spes, son expresiones emblem\u00e1ticas de la nueva relaci\u00f3n de di\u00e1logo, solidaridad y acompa\u00f1amiento que la Iglesia pretend\u00eda introducir en la humanidad. En la Declaraci\u00f3n Nostra aetate, la Iglesia ha sido llamada a abrirse al di\u00e1logo con las expresiones religiosas no cristianas. En la Constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes, desde el momento que \u00ablos gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc\u00edpulos de Cristo\u00bb,[1] la Iglesia deseaba instaurar un di\u00e1logo con la familia humana sobre los problemas del mundo, como signo de solidaridad y de respetuoso afecto. [2]<\/p>\n<p>En esta misma perspectiva, con el Jubileo de la Misericordia, deseo invitar a la Iglesia a rezar y trabajar para que todo cristiano pueda desarrollar un coraz\u00f3n humilde y compasivo, capaz de anunciar y testimoniar la misericordia, de \u00abperdonar y de dar\u00bb, de abrirse \u00aba cuantos viven en las m\u00e1s contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dram\u00e1ticamente crea\u00bb, sin caer \u00aben la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el \u00e1nimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye\u00bb.[3]<\/p>\n<p>Hay muchas razones para creer en la capacidad de la humanidad que act\u00faa conjuntamente en solidaridad, en el reconocimiento de la propia interconexi\u00f3n e interdependencia, preocup\u00e1ndose por los miembros m\u00e1s fr\u00e1giles y la protecci\u00f3n del bien com\u00fan. Esta actitud de corresponsabilidad solidaria est\u00e1 en la ra\u00edz de la vocaci\u00f3n fundamental a la fraternidad y a la vida com\u00fan. La dignidad y las relaciones interpersonales nos constituyen como seres humanos, queridos por Dios a su imagen y semejanza. Como creaturas dotadas de inalienable dignidad, nosotros existimos en relaci\u00f3n con nuestros hermanos y hermanas, ante los que tenemos una responsabilidad y con los cuales actuamos en solidaridad. Fuera de esta relaci\u00f3n, ser\u00edamos menos humanos. Precisamente por eso, la indiferencia representa una amenaza para la familia humana. Cuando nos encaminamos por un nuevo a\u00f1o, deseo invitar a todos a reconocer este hecho, para vencer la indiferencia y conquistar la paz.<\/p>\n<p><strong>Algunas formas de indiferencia<\/strong><\/p>\n<p>3.Es cierto que la actitud del indiferente, de quien cierra el coraz\u00f3n para no tomar en consideraci\u00f3n a los otros, de quien cierra los ojos para no ver aquello que lo circunda o se evade para no ser tocado por los problemas de los dem\u00e1s, caracteriza una tipolog\u00eda humana bastante difundida y presente en cada \u00e9poca de la historia. Pero en nuestros d\u00edas, esta tipolog\u00eda ha superado decididamente el \u00e1mbito individual para asumir una dimensi\u00f3n global y producir el fen\u00f3meno de la \u00abglobalizaci\u00f3n de la indiferencia\u00bb.<\/p>\n<p>La primera forma de indiferencia en la sociedad humana es la indiferencia ante Dios, de la cual brota tambi\u00e9n la indiferencia ante el pr\u00f3jimo y ante lo creado. Esto es uno de los graves efectos de un falso humanismo y del materialismo pr\u00e1ctico, combinados con un pensamiento relativista y nihilista. El hombre piensa ser el autor de s\u00ed mismo, de la propia vida y de la sociedad; se siente autosuficiente; busca no s\u00f3lo reemplazar a Dios, sino prescindir completamente de \u00e9l. Por consiguiente, cree que no debe nada a nadie, excepto a s\u00ed mismo, y pretende tener s\u00f3lo derechos.[4] Contra esta autocomprensi\u00f3n err\u00f3nea de la persona, Benedicto XVI recordaba que ni el hombre ni su desarrollo son capaces de darse su significado \u00faltimo por s\u00ed mismo;[5] y, precedentemente, Pablo VI hab\u00eda afirmado que \u00abno hay, pues, m\u00e1s que un humanismo verdadero que se abre a lo Absoluto, en el reconocimiento de una vocaci\u00f3n, que da la idea verdadera de la vida humana\u00bb.[6]<\/p>\n<p>La indiferencia ante el pr\u00f3jimo asume diferentes formas. Hay quien est\u00e1 bien informado, escucha la radio, lee los peri\u00f3dicos o ve programas de televisi\u00f3n, pero lo hace de manera fr\u00edvola, casi por mera costumbre: estas personas conocen vagamente los dramas que afligen a la humanidad pero no se sienten comprometidas, no viven la compasi\u00f3n. Esta es la actitud de quien sabe, pero tiene la mirada, la mente y la acci\u00f3n dirigida hacia s\u00ed mismo. Desgraciadamente, debemos constatar que el aumento de las informaciones, propias de nuestro tiempo, no significa de por s\u00ed un aumento de atenci\u00f3n a los problemas, si no va acompa\u00f1ado por una apertura de las conciencias en sentido solidario.[7] M\u00e1s a\u00fan, esto puede comportar una cierta saturaci\u00f3n que anestesia y, en cierta medida, relativiza la gravedad de los problemas. \u00abAlgunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los pa\u00edses pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la soluci\u00f3n en una \u201ceducaci\u00f3n\u201d que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todav\u00eda m\u00e1s irritante si los excluidos ven crecer ese c\u00e1ncer social que es la corrupci\u00f3n profundamente arraigada en muchos pa\u00edses \u2014en sus gobiernos, empresarios e instituciones\u2014, cualquiera que sea la ideolog\u00eda pol\u00edtica de los gobernantes\u00bb.[8]<\/p>\n<p>La indiferencia se manifiesta en otros casos como falta de atenci\u00f3n ante la realidad circunstante, especialmente la m\u00e1s lejana. Algunas personas prefieren no buscar, no informarse y viven su bienestar y su comodidad indiferentes al grito de dolor de la humanidad que sufre. Casi sin darnos cuenta, nos hemos convertido en incapaces de sentir compasi\u00f3n por los otros, por sus dramas; no nos interesa preocuparnos de ellos, como si aquello que les acontece fuera una responsabilidad que nos es ajena, que no nos compete.[9] \u00abCuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los dem\u00e1s (algo que Dios Padre no hace jam\u00e1s), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen\u2026 Entonces nuestro coraz\u00f3n cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no est\u00e1n bien\u00bb.[10]<\/p>\n<p>Al vivir en una casa com\u00fan, no podemos dejar de interrogarnos sobre su estado de salud, como he intentado hacer en la Laudato si\u2019. La contaminaci\u00f3n de las aguas y del aire, la explotaci\u00f3n indiscriminada de los bosques, la destrucci\u00f3n del ambiente, son a menudo fruto de la indiferencia del hombre respecto a los dem\u00e1s, porque todo est\u00e1 relacionado. Como tambi\u00e9n el comportamiento del hombre con los animales influye sobre sus relaciones con los dem\u00e1s,[11] por no hablar de quien se permite hacer en otra parte aquello que no osa hacer en su propia casa.[12]<\/p>\n<p>En estos y en otros casos, la indiferencia provoca sobre todo cerraz\u00f3n y distanciamiento, y termina de este modo contribuyendo a la falta de paz con Dios, con el pr\u00f3jimo y con la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>La paz amenazada por la indiferencia globalizada<\/strong><\/p>\n<p>4.La indiferencia ante Dios supera la esfera \u00edntima y espiritual de cada persona y alcanza a la esfera p\u00fablica y social. Como afirmaba Benedicto XVI, \u00abexiste un v\u00ednculo \u00edntimo entre la glorificaci\u00f3n de Dios y la paz de los hombres sobre la tierra\u00bb.[13] En efecto, \u00absin una apertura a la trascendencia, el hombre cae f\u00e1cilmente presa del relativismo, result\u00e1ndole dif\u00edcil actuar de acuerdo con la justicia y trabajar por la paz\u00bb.[14] El olvido y la negaci\u00f3n de Dios, que llevan al hombre a no reconocer alguna norma por encima de s\u00ed y a tomar solamente a s\u00ed mismo como norma, han producido crueldad y violencia sin medida.[15]<\/p>\n<p>En el plano individual y comunitario, la indiferencia ante el pr\u00f3jimo, hija de la indiferencia ante Dios, asume el aspecto de inercia y despreocupaci\u00f3n, que alimenta el persistir de situaciones de injusticia y grave desequilibrio social, los cuales, a su vez, pueden conducir a conflictos o, en todo caso, generar un clima de insatisfacci\u00f3n que corre el riesgo de terminar, antes o despu\u00e9s, en violencia e inseguridad.<\/p>\n<p>En este sentido la indiferencia, y la despreocupaci\u00f3n que se deriva, constituyen una grave falta al deber que tiene cada persona de contribuir, en la medida de sus capacidades y del papel que desempe\u00f1a en la sociedad, al bien com\u00fan, de modo particular a la paz, que es uno de los bienes m\u00e1s preciosos de la humanidad.[16]<\/p>\n<p>Cuando afecta al plano institucional, la indiferencia respecto al otro, a su dignidad, a sus derechos fundamentales y a su libertad, unida a una cultura orientada a la ganancia y al hedonismo, favorece, y a veces justifica, actuaciones y pol\u00edticas que terminan por constituir amenazas a la paz. Dicha actitud de indiferencia puede llegar tambi\u00e9n a justificar algunas pol\u00edticas econ\u00f3micas deplorables, premonitoras de  injusticias, divisiones y violencias, con vistas a conseguir el bienestar propio o el de la naci\u00f3n. En efecto, no es raro que los proyectos econ\u00f3micos y pol\u00edticos de los hombres tengan como objetivo conquistar o mantener el poder y la riqueza, incluso a costa de pisotear los derechos y las exigencias fundamentales de los otros. Cuando las poblaciones se ven privadas de sus derechos elementares, como el alimento, el agua, la asistencia sanitaria o el trabajo, se sienten tentadas a tom\u00e1rselos por la fuerza.[17]<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la indiferencia respecto al ambiente natural, favoreciendo la deforestaci\u00f3n, la contaminaci\u00f3n y las cat\u00e1strofes naturales que desarraigan comunidades enteras de su ambiente de vida, forz\u00e1ndolas a la precariedad y a la inseguridad, crea nuevas pobrezas, nuevas situaciones de injusticia de consecuencias a menudo nefastas en t\u00e9rminos de seguridad y de paz social.\u00bfCu\u00e1ntas guerras ha habido y cu\u00e1ntas se combatir\u00e1n a\u00fan a causa de la falta de recursos o para satisfacer a la insaciable demanda de recursos naturales?[18]<\/p>\n<p><strong>De la indiferencia a la misericordia: la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>5. Hace un a\u00f1o, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz \u00abno m\u00e1s esclavos, sino hermanos\u00bb, me refer\u00ed al primer icono b\u00edblico de la fraternidad humana, la de Ca\u00edn y Abel (cf. Gn 4,1-16), y lo hice para llamar la atenci\u00f3n sobre el modo en que fue traicionada esta primera fraternidad. Ca\u00edn y Abel son hermanos. Provienen los dos del mismo vientre, son iguales en dignidad, y creados a imagen y semejanza de Dios; pero su fraternidad creacional se rompe. \u00abCa\u00edn, adem\u00e1s de no soportar a su hermano Abel, lo mata por envidia cometiendo el primer fratricidio\u00bb.[19] El fratricidio se convierte en paradigma de la traici\u00f3n, y el rechazo por parte de Ca\u00edn a la fraternidad de Abel es la primera ruptura de las relaciones de hermandad, solidaridad y respeto mutuo.<\/p>\n<p>Dios interviene entonces para llamar al hombre a la responsabilidad ante su semejante, como hizo con Ad\u00e1n y Eva, los primeros padres, cuando rompieron la comuni\u00f3n con el Creador. \u00abEl Se\u00f1or dijo a Ca\u00edn: \u201cD\u00f3nde est\u00e1 Abel, tu hermano? Respondi\u00f3 Ca\u00edn: \u201cNo s\u00e9; \u00bfsoy yo el guardi\u00e1n de mi hermano?\u201d. El Se\u00f1or le replic\u00f3: \u00bfQu\u00e9 has hecho? La sangre de tu hermano me est\u00e1 gritando desde el suelo\u201d\u00bb (Gn 4,9-10).<\/p>\n<p>Ca\u00edn dice que no sabe lo que le ha sucedido a su hermano, dice que no es su guardi\u00e1n. No se siente responsable de su vida, de su suerte. No se siente implicado. Es indiferente ante su hermano, a pesar de que ambos est\u00e9n unidos por el mismo origen. \u00a1Qu\u00e9 tristeza! \u00a1Qu\u00e9 drama fraterno, familiar, humano! Esta es la primera manifestaci\u00f3n de la indiferencia entre hermanos. En cambio, Dios no es indiferente: la sangre de Abel tiene gran valor ante sus ojos y pide a Ca\u00edn que rinda cuentas de ella. Por tanto, Dios se revela desde el inicio de la humanidad como Aquel que se interesa por la suerte del hombre. Cuando m\u00e1s tarde los hijos de Israel est\u00e1n bajo la esclavitud en Egipto, Dios interviene nuevamente. Dice a Mois\u00e9s: \u00abHe visto la opresi\u00f3n de mi pueblo en Egipto y he o\u00eddo sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a liberarlo de los egipcios, a sacarlo de esta tierra, para llevarlo a una tierra f\u00e9rtil y espaciosa, tierra que mana leche y miel\u00bb (Ex 3,7-8). Es importante destacar los verbos que describen la intervenci\u00f3n de Dios: \u00c9l ve, oye, conoce, baja, libera. Dios no es indiferente. Est\u00e1 atento y act\u00faa.<\/p>\n<p>Del mismo modo, Dios, en su Hijo Jes\u00fas, ha bajado entre los hombres, se ha encarnado y se ha mostrado solidario con la humanidad en todo, menos en el pecado. Jes\u00fas se identificaba con la humanidad: \u00abel primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rm 8,29). \u00c9l no se limitaba a ense\u00f1ar a la muchedumbre, sino que se preocupaba de ella, especialmente cuando la ve\u00eda hambrienta (cf. Mc 6,34-44) o desocupada (cf. Mt 20,3). Su mirada no estaba dirigida solamente a los hombres, sino tambi\u00e9n a los peces del mar, a las aves del cielo, a las plantas y a los \u00e1rboles, peque\u00f1os y grandes: abrazaba a toda la creaci\u00f3n. Ciertamente, \u00e9l ve, pero no se limita a esto, puesto que toca a las personas, habla con ellas, act\u00faa en su favor y hace el bien a quien se encuentra en necesidad. No s\u00f3lo, sino que se deja conmover y llora (cf. Jn 11,33-44). Y act\u00faa para poner fin al sufrimiento, a la tristeza, a la miseria y a la muerte.<\/p>\n<p>Jes\u00fas nos ense\u00f1a a ser misericordiosos como el Padre (cf. Lc 6,36). En la par\u00e1bola del buen samaritano (cf. Lc 10,29-37) denuncia la omisi\u00f3n de ayuda frente a la urgente necesidad de los semejantes: \u00ablo vio y pas\u00f3 de largo\u00bb (cf. Lc 6,31.32). De la misma manera, mediante este ejemplo, invita a sus oyentes, y en particular a sus disc\u00edpulos, a que aprendan a detenerse ante los sufrimientos de este mundo para aliviarlos, ante las heridas de los dem\u00e1s para curarlas, con los medios que tengan, comenzando por el propio tiempo, a pesar de tantas ocupaciones. En efecto, la indiferencia busca a menudo pretextos: el cumplimiento de los preceptos rituales, la cantidad de cosas que hay que hacer, los antagonismos que nos alejan los unos de los otros, los prejuicios de todo tipo que nos impiden hacernos pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>La misericordia es el coraz\u00f3n de Dios. Por ello debe ser tambi\u00e9n el coraz\u00f3n de todos los que se reconocen miembros de la \u00fanica gran familia de sus hijos; un coraz\u00f3n que bate fuerte all\u00ed donde la dignidad humana \u2014reflejo del rostro de Dios en sus creaturas\u2014 est\u00e9 en juego. Jes\u00fas nos advierte: el amor a los dem\u00e1s \u2014los extranjeros, los enfermos, los encarcelados, los que no tienen hogar, incluso los enemigos\u2014 es la medida con la que Dios juzgar\u00e1 nuestras acciones. De esto depende nuestro destino eterno. No es de extra\u00f1ar que el ap\u00f3stol Pablo invite a los cristianos de Roma a alegrarse con los que se alegran y a llorar con los que lloran (cf. Rm 12,15), o que aconseje a los de Corinto organizar colectas como signo de solidaridad con los miembros de la Iglesia que sufren (cf. 1 Co 16,2-3). Y san Juan escribe: \u00abSi uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entra\u00f1as, \u00bfc\u00f3mo va a estar en \u00e9l el amor de Dios?\u00bb (1 Jn 3,17; cf. St 2,15-16).<\/p>\n<p>Por eso \u00abes determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el coraz\u00f3n de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre. La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perd\u00f3n y al don de s\u00ed, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la Iglesia est\u00e9 presente, all\u00ed debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera deber\u00eda poder encontrar un oasis de misericordia\u00bb.[20]<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n nosotros estamos llamados a que el amor, la compasi\u00f3n, la misericordia y la solidaridad sean nuestro verdadero programa de vida, un estilo de comportamiento en nuestras relaciones de los unos con los otros.[21] Esto pide la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n: que la gracia de Dios transforme nuestro coraz\u00f3n de piedra en un coraz\u00f3n de carne (cf. Ez 36,26), capaz de abrirse a los otros con aut\u00e9ntica solidariedad. Esta es mucho m\u00e1s que un \u00absentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas\u00bb.[22] La solidaridad \u00abes la determinaci\u00f3n firme y perseverante de empe\u00f1arse por el bien com\u00fan; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos\u00bb,[23] porque la compasi\u00f3n surge de la fraternidad.<\/p>\n<p>As\u00ed entendida, la solidaridad constituye la actitud moral y social que mejor responde a la toma de conciencia de las heridas de nuestro tiempo y de la innegable interdependencia que aumenta cada vez m\u00e1s, especialmente en un mundo globalizado, entre la vida de la persona y de su comunidad en un determinado lugar, as\u00ed como la de los dem\u00e1s hombres y mujeres del resto del mundo.[24]<\/p>\n<p><strong>Promover una cultura de solidaridad y misericordia para vencer la indiferencia<\/strong><\/p>\n<p>6. La solidaridad como virtud moral y actitud social, fruto de la conversi\u00f3n personal, exige el compromiso de todos aquellos que tienen responsabilidades educativas y formativas.<\/p>\n<p>En primer lugar me dirijo a las familias, llamadas a una misi\u00f3n educativa primaria e imprescindible. Ellas constituyen el primer lugar en el que se viven y se transmiten los valores del amor y de la fraternidad, de la convivencia y del compartir, de la atenci\u00f3n y del cuidado del otro. Ellas son tambi\u00e9n el \u00e1mbito privilegiado para la transmisi\u00f3n de la fe desde aquellos primeros simples gestos de devoci\u00f3n que las madres ense\u00f1an a los hijos.[25]<\/p>\n<p>Los educadores y los formadores que, en la escuela o en los diferentes centros de asociaci\u00f3n infantil y juvenil, tienen la ardua tarea de educar a los ni\u00f1os y j\u00f3venes, est\u00e1n llamados a tomar conciencia de que su responsabilidad tiene que ver con las dimensiones morales, espirituales y sociales de la persona. Los valores de la libertad, del respeto rec\u00edproco y de la solidaridad se transmiten desde la m\u00e1s tierna infancia. Dirigi\u00e9ndose a los responsables de las instituciones que tienen responsabilidades educativas, Benedicto XVI afirmaba: \u00abQue todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de di\u00e1logo, de cohesi\u00f3n y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que ense\u00f1e a gustar la alegr\u00eda que brota de vivir d\u00eda a d\u00eda la caridad y la compasi\u00f3n por el pr\u00f3jimo, y de participar activamente en la construcci\u00f3n de una sociedad m\u00e1s humana y fraterna\u00bb.[26]<\/p>\n<p>Quienes se dedican al mundo de la cultura y de los medios de comunicaci\u00f3n social tienen tambi\u00e9n una responsabilidad en el campo de la educaci\u00f3n y la formaci\u00f3n, especialmente en la sociedad contempor\u00e1nea, en la que el acceso a los instrumentos de formaci\u00f3n y de comunicaci\u00f3n est\u00e1 cada vez m\u00e1s extendido. Su cometido es sobre todo el de ponerse al servicio de la verdad y no de intereses particulares. En efecto, los medios de comunicaci\u00f3n \u00abno s\u00f3lo informan, sino que tambi\u00e9n forman el esp\u00edritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportaci\u00f3n notable a la educaci\u00f3n de los j\u00f3venes. Es importante tener presente que los lazos entre educaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n son muy estrechos: en efecto, la educaci\u00f3n se produce mediante la comunicaci\u00f3n, que influye positiva o negativamente en la formaci\u00f3n de la persona\u00bb.[27] Quienes se ocupan de la cultura y los medios deber\u00edan tambi\u00e9n vigilar para que el modo en el que se obtienen y se difunden las informaciones sea siempre jur\u00eddicamente y moralmente l\u00edcito.<\/p>\n<p><strong>La paz: fruto de una cultura de solidariedad, misericordia y compasi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>7.Conscientes de la amenaza de la globalizaci\u00f3n de la indiferencia, no podemos dejar de reconocer que, en el escenario descrito anteriormente, se dan tambi\u00e9n numerosas iniciativas y acciones positivas que testimonian la compasi\u00f3n, la misericordia y la solidaridad de las que el hombre es capaz.<\/p>\n<p>Quisiera recordar algunos ejemplos de actuaciones loables, que demuestran c\u00f3mo cada uno puede vencer la indiferencia si no aparta la mirada de su pr\u00f3jimo, y que constituyen buenas pr\u00e1cticas en el camino hacia una sociedad m\u00e1s humana.<\/p>\n<p>Hay muchas organizaciones no gubernativas y asociaciones caritativas dentro de la Iglesia, y fuera de ella, cuyos miembros, con ocasi\u00f3n de epidemias, calamidades o conflictos armados, afrontan fatigas y peligros para cuidar a los heridos y enfermos, como tambi\u00e9n para enterrar a los difuntos. Junto a ellos, deseo mencionar a las personas y a las asociaciones que ayudan a los emigrantes que atraviesan desiertos y surcan los mares en busca de mejores condiciones de vida. Estas acciones son obras de misericordia, corporales y espirituales, sobre las que seremos juzgados al t\u00e9rmino de nuestra vida.<\/p>\n<p>Me dirijo tambi\u00e9n a los periodistas y fot\u00f3grafos que informan a la opini\u00f3n p\u00fablica sobre las situaciones dif\u00edciles que interpelan las conciencias, y a los que se baten en defensa de los derechos humanos, sobre todo de las minor\u00edas \u00e9tnicas y religiosas, de los pueblos ind\u00edgenas, de las mujeres y de los ni\u00f1os, as\u00ed como de todos aquellos que viven en condiciones de mayor vulnerabilidad. Entre ellos hay tambi\u00e9n muchos sacerdotes y misioneros que, como buenos pastores, permanecen junto a sus fieles y los sostienen a pesar de los peligros y dificultades, de modo particular durante los conflictos armados.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, numerosas familias, en medio de tantas dificultades laborales y sociales, se esfuerzan concretamente en educar a sus hijos \u00abcontracorriente\u00bb, con tantos sacrificios, en los valores de la solidaridad, la compasi\u00f3n y la fraternidad. Muchas familias abren sus corazones y sus casas a quien tiene necesidad, como los refugiados y los emigrantes. Deseo agradecer particularmente a todas las personas, las familias, las parroquias, las comunidades religiosas, los monasterios y los santuarios, que han respondido r\u00e1pidamente a mi llamamiento a acoger una familia de refugiados.[28]<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, deseo mencionar a los j\u00f3venes que se unen para realizar proyectos de solidaridad, y a todos aquellos que abren sus manos para ayudar al pr\u00f3jimo necesitado en sus ciudades, en su pa\u00eds o en otras regiones del mundo. Quiero agradecer y animar a todos aquellos que se trabajan en acciones de este tipo, aunque no se les d\u00e9 publicidad: su hambre y sed de justicia ser\u00e1 saciada, su misericordia har\u00e1 que encuentren misericordia y, como trabajadores de la paz, ser\u00e1n llamados hijos de Dios (cf. Mt 5,6-9).<\/p>\n<p><strong>La paz en el signo del Jubileo de la Misericordia<\/strong><\/p>\n<p>8. En el esp\u00edritu del Jubileo de la Misericordia, cada uno est\u00e1 llamado a reconocer c\u00f3mo se manifiesta la indiferencia en la propia vida, y a adoptar un compromiso concreto para contribuir a mejorar la realidad donde vive, a partir de la propia familia, de su vecindario o el ambiente de trabajo.<\/p>\n<p>Los Estados est\u00e1n llamados tambi\u00e9n a hacer gestos concretos, actos de valent\u00eda para con las personas m\u00e1s fr\u00e1giles de su sociedad, como los encarcelados, los emigrantes, los desempleados y los enfermos.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a los detenidos, en muchos casos es urgente que se adopten medidas concretas para mejorar las condiciones de vida en las c\u00e1rceles, con una atenci\u00f3n especial para quienes est\u00e1n detenidos en espera de juicio,[29] teniendo en cuenta la finalidad reeducativa de la sanci\u00f3n penal y evaluando la posibilidad de introducir en las legislaciones nacionales penas alternativas a la prisi\u00f3n. En este contexto, deseo renovar el llamamiento a las autoridades estatales para abolir la pena de muerte all\u00ed donde est\u00e1 todav\u00eda en vigor, y considerar la posibilidad de una amnist\u00eda.<\/p>\n<p>Respecto a los emigrantes, quisiera dirigir una invitaci\u00f3n a repensar las legislaciones sobre los emigrantes, para que est\u00e9n inspiradas en la voluntad de acogida, en el respeto de los rec\u00edprocos deberes y responsabilidades, y puedan facilitar la integraci\u00f3n de los emigrantes. En esta perspectiva, se deber\u00eda prestar una atenci\u00f3n especial a las condiciones de residencia de los emigrantes, recordando que la clandestinidad corre el riesgo de arrastrarles a la criminalidad.<\/p>\n<p>Deseo, adem\u00e1s, en este A\u00f1o jubilar, formular un llamamiento urgente a los responsables de los Estados para hacer gestos concretos en favor de nuestros hermanos y hermanas que sufren por la falta de trabajo, tierra y techo. Pienso en la creaci\u00f3n de puestos de trabajo digno para afrontar la herida social de la desocupaci\u00f3n, que afecta a un gran n\u00famero de familias y de j\u00f3venes y tiene consecuencias grav\u00edsimas sobre toda la sociedad. La falta de trabajo incide gravemente en el sentido de dignidad y en la esperanza, y puede ser compensada s\u00f3lo parcialmente por los subsidios, si bien necesarios, destinados a los desempleados y a sus familias. Una atenci\u00f3n especial deber\u00eda ser dedicada a las mujeres \u2014desgraciadamente todav\u00eda discriminadas en el campo del trabajo\u2014 y a algunas categor\u00edas de trabajadores, cuyas condiciones son precarias o peligrosas y cuyas retribuciones no son adecuadas a la importancia de su misi\u00f3n social.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, quisiera invitar a realizar acciones eficaces para mejorar las condiciones de vida de los enfermos, garantizando a todos el acceso a los tratamientos m\u00e9dicos y a los medicamentos indispensables para la vida, incluida la posibilidad de atenci\u00f3n domiciliaria.<\/p>\n<p>Los responsables de los Estados, dirigiendo la mirada m\u00e1s all\u00e1 de las propias fronteras, tambi\u00e9n est\u00e1n llamados e invitados a renovar sus relaciones con otros pueblos, permitiendo a todos una efectiva participaci\u00f3n e inclusi\u00f3n en la vida de la comunidad internacional, para que se llegue a la fraternidad tambi\u00e9n dentro de la familia de las naciones.<\/p>\n<p>En esta perspectiva, deseo dirigir un triple llamamiento para que se evite arrastrar a otros pueblos a conflictos o guerras que destruyen no s\u00f3lo las riquezas materiales, culturales y sociales, sino tambi\u00e9n \u2014y por mucho tiempo\u2014 la integridad moral y espiritual; para abolir o gestionar de manera sostenible la deuda internacional de los Estados m\u00e1s pobres; para la adoptar pol\u00edticas de cooperaci\u00f3n que, m\u00e1s que doblegarse a las dictaduras de algunas ideolog\u00edas, sean respetuosas de los valores de las poblaciones locales y que, en cualquier caso, no perjudiquen el derecho fundamental e inalienable de los ni\u00f1os por nacer.<\/p>\n<p>Conf\u00edo estas reflexiones, junto con los mejores deseos para el nuevo a\u00f1o, a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda Sant\u00edsima, Madre atenta a las necesidades de la humanidad, para que nos obtenga de su Hijo Jes\u00fas, Pr\u00edncipe de la Paz, el cumplimento de nuestras s\u00faplicas y la bendici\u00f3n de nuestro compromiso cotidiano en favor de un mundo fraterno y solidario.<\/p>\n<p>Vaticano, 8 de diciembre de 2015 Solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda Apertura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia<\/p>\n<p>[1] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 1.<\/p>\n<p>[2] Cf. ib\u00edd., 3.<\/p>\n<p>[3] Bula de convocaci\u00f3n del Jubileo extraordinario de la Misericordia Misericordiae vultus, 14-15.<\/p>\n<p>[4] Cf. Benedicto XVI, Carta. enc. Caritas in veritate, 43.<\/p>\n<p>[5] Cf. ib\u00edd., 16.<\/p>\n<p>[6] Carta. enc. Populorum progressio, 42.<\/p>\n<p>[7]\u00abLa sociedad cada vez m\u00e1s globalizada nos hace m\u00e1s cercanos, pero no m\u00e1s hermanos. La raz\u00f3n, por s\u00ed sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia c\u00edvica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad\u00bb (Benedicto XVI, Carta. enc. Caritas in veritate, 19).<\/p>\n<p>[8] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 60.<\/p>\n<p>[9] Cf. ib\u00edd., 54.<\/p>\n<p>[10] Mensaje para la Cuaresma 2015.<\/p>\n<p>[11] Cf. Carta. enc. Laudato si\u2019, 92.<\/p>\n<p>[12] Cf. ib\u00edd., 51.<\/p>\n<p>[13] Discurso a los miembros del Cuerpo Diplom\u00e1tico acreditado ante la Santa Sede (7 enero 2013).<\/p>\n<p>[14] Ib\u00edd.<\/p>\n<p>[15] Cf. Benedicto XVI, Intervenci\u00f3n durante la Jornada de reflexi\u00f3n, di\u00e1logo y oraci\u00f3n por la paz y la justicia en el mundo, As\u00eds, 27 octubre 2011.<\/p>\n<p>[16] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 217-237.<\/p>\n<p>[17] \u00abPero hasta que no se reviertan la exclusi\u00f3n y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos ser\u00e1 imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresi\u00f3n y de guerra encontrar\u00e1n un caldo de cultivo que tarde o temprano provocar\u00e1 su explosi\u00f3n. Cuando la sociedad \u2014local, nacional o mundial\u2014 abandona en la periferia una parte de s\u00ed misma, no habr\u00e1 programas pol\u00edticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacci\u00f3n violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y econ\u00f3mico es injusto en su ra\u00edz. As\u00ed como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia da\u00f1ina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema pol\u00edtico y social por m\u00e1s s\u00f3lido que parezca\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 59).<\/p>\n<p>[18] Cf. Carta enc. Laudato si\u2019, 31; 48.<\/p>\n<p>[19] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2015, 2.<\/p>\n<p>[20] Bula de convocaci\u00f3n del Jubileo extraordinario de la Misericordia Misericordiae vultus, 12.<\/p>\n<p>[21] Cf. ib\u00edd., 13.<\/p>\n<p>[22] Juan Pablo II, Carta. enc. Sollecitudo rei socialis, 38.<\/p>\n<p>[23] Ib\u00edd.<\/p>\n<p>[24] Cf. ib\u00edd.<\/p>\n<p>[25] Cf. Catequesis durante la Audiencia general (7 enero 2015).<\/p>\n<p>[26] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2012, 2.<\/p>\n<p>[27] Ib\u00edd.<\/p>\n<p>[28] Cf. Angelus (6 septiembre 2015).<\/p>\n<p>[29] Cf. Discurso a una delegaci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n internacional de derecho penal (23 octubre 2014).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1 de enero 2016 Vence la indiferencia y conquista la paz 1. Dios no es indiferente. A Dios le importa la humanidad, Dios no la abandona. 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