{"id":35028,"date":"2015-04-10T01:05:07","date_gmt":"2015-04-10T06:05:07","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=35028"},"modified":"2015-04-09T21:06:41","modified_gmt":"2015-04-10T02:06:41","slug":"doctrina-social-y-res-novae","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2015\/04\/10\/doctrina-social-y-res-novae\/","title":{"rendered":"Doctrina social y \u00ab res novae \u00bb"},"content":{"rendered":"<p><strong>317 <\/strong><em>Ante las imponentes \u00ab res novae \u00bb del mundo del trabajo, la doctrina social de la Iglesia recomienda, ante todo, evitar el error de considerar que los cambios en curso suceden de modo determinista<\/em>. El factor decisivo y \u00ab el \u00e1rbitro \u00bb de esta compleja fase de cambio es<em> una vez m\u00e1s el hombre<\/em>, que debe seguir siendo el verdadero protagonista de su trabajo. El hombre puede y debe hacerse cargo, creativa y responsablemente, de las actuales innovaciones y reorganizaciones, de manera que contribuyan al crecimiento de la persona, de la familia, de la sociedad y de toda la familia humana.<sup>677<\/sup> Es importante para todos recordar el significado de la<em>dimensi\u00f3n subjetiva del trabajo<\/em>, a la que la doctrina social de la Iglesia ense\u00f1a a dar la debida prioridad, porque el trabajo humano \u00ab procede directamente de personas creadas a imagen de Dios y llamadas a prolongar, unidas y para mutuo beneficio, la obra de la creaci\u00f3n dominando la tierra \u00bb.<sup>678<\/sup><\/p>\n<p><strong>318 <\/strong><em>Las interpretaciones de tipo mecanicista y economicista de la actividad productiva, a pesar de su extensi\u00f3n y su influjo, han sido superadas por el mismo an\u00e1lisis cient\u00edfico de los problemas relacionados con el trabajo<\/em>. Estas concepciones se revelan hoy, m\u00e1s que ayer, totalmente inadecuadas para interpretar los hechos, que demuestran cada d\u00eda m\u00e1s el valor del trabajo como actividad libre y creativa del hombre. De esta realidad concreta debe derivar tambi\u00e9n el impulso para superar sin demora los horizontes te\u00f3ricos y los criterios operativos estrechos e insuficientes respecto a las din\u00e1micas actuales, intr\u00ednsecamente incapaces de identificar las apremiantes y concretas necesidades humanas en toda su extensi\u00f3n, que van m\u00e1s all\u00e1 de las categor\u00edas meramente econ\u00f3micas. La Iglesia sabe bien, y as\u00ed lo ha ense\u00f1ado siempre, que el hombre, a diferencia de cualquier otro ser viviente, tiene necesidades que no se limitan solamente al \u00ab tener \u00bb,<sup>679<\/sup> porque su naturaleza y su vocaci\u00f3n est\u00e1n en relaci\u00f3n inseparable con el Trascendente. La persona humana emprende la aventura de la transformaci\u00f3n de las cosas mediante su trabajo para satisfacer necesidades y carencias ante todo materiales, pero lo hace siguiendo un impulso que la empuja siempre m\u00e1s all\u00e1 de los resultados logrados, a la b\u00fasqueda de lo que pueda responder m\u00e1s profundamente a sus innegables exigencias interiores.<\/p>\n<p><strong>319 <\/strong><em>Cambian las formas hist\u00f3ricas en las que se expresa el trabajo humano, pero no deben cambiar sus exigencias permanentes, que se resumen en el respeto de los derechos inalienables del hombre que trabaja<\/em>. Ante el riesgo de ver negados estos derechos, se deben proyectar y construir<em> nuevas formas de solidaridad<\/em>, teniendo en cuenta la interdependencia que une entre s\u00ed a los hombres del trabajo. Cuanto m\u00e1s profundos son los cambios, tanto m\u00e1s firme debe ser el esfuerzo de la inteligencia y de la voluntad para tutelar la dignidad del trabajo, reforzando, en los diversos niveles, las instituciones interesadas. Esta perspectiva permite orientar mejor las actuales transformaciones en la direcci\u00f3n, tan necesaria, de la complementariedad entre la dimensi\u00f3n econ\u00f3mica local y la global; entre econom\u00eda \u00ab vieja \u00bb y \u00ab nueva \u00bb; entre la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica y la exigencia de salvaguardar el trabajo humano; entre el crecimiento econ\u00f3mico y la compatibilidad ambiental del desarrollo.<\/p>\n<p><strong>320 <\/strong><em>La soluci\u00f3n de las vastas y complejas problem\u00e1ticas del trabajo, que en algunas \u00e1reas adquieren dimensiones dram\u00e1ticas, exige la contribuci\u00f3n espec\u00edfica de los cient\u00edficos y los hombres de cultura, que resulta particularmente importante para la elecci\u00f3n de soluciones justas<\/em>. Es una responsabilidad que les debe llevar a se\u00f1alar las ventajas y los riesgos que se perfilan en los cambios y, sobre todo, a sugerir l\u00edneas de acci\u00f3n para orientar el cambio en el sentido m\u00e1s favorable para el desarrollo de toda la familia humana. A ellos corresponde la delicada tarea de leer e interpretar los fen\u00f3menos sociales con inteligencia y amor a la verdad, sin preocupaciones dictadas por intereses de grupo o personales. Su contribuci\u00f3n, en efecto, precisamente por ser de naturaleza te\u00f3rica, se convierte en una referencia esencial para la actuaci\u00f3n concreta de las pol\u00edticas econ\u00f3micas.<sup>680<\/sup><\/p>\n<p><strong>321 <\/strong><em>Los escenarios actuales de profunda transformaci\u00f3n del trabajo humano hacen todav\u00eda m\u00e1s urgente un desarrollo aut\u00e9nticamente global y solidario, capaz de alcanzar todas las regiones del mundo, incluyendo las menos favorecidas<\/em>. Para estas \u00faltimas, la puesta en marcha de un proceso de desarrollo solidario de vasto alcance, no s\u00f3lo aparece como una posibilidad concreta de creaci\u00f3n de nuevos puestos de trabajo, sino que tambi\u00e9n representa una verdadera condici\u00f3n para la supervivencia de pueblos enteros: \u00ab Es preciso globalizar la solidaridad \u00bb.<sup>681<\/sup><\/p>\n<p><em>Los desequilibrios econ\u00f3micos y sociales existentes en el mundo del trabajo se han de afrontar restableciendo la justa jerarqu\u00eda de valores y colocando en primer lugar la dignidad de la persona que trabaja<\/em>: \u00ab Las nuevas realidades, que se manifiestan con fuerza en el proceso productivo, como la globalizaci\u00f3n de las finanzas, de la econom\u00eda, del comercio y del trabajo, jam\u00e1s deben violar la dignidad y la centralidad de la persona humana, ni la libertad y la democracia de los pueblos. La solidaridad, la participaci\u00f3n y la posibilidad de gestionar estos cambios radicales constituyen, sino la soluci\u00f3n, ciertamente la necesaria garant\u00eda \u00e9tica para que las personas y los pueblos no se conviertan en instrumentos, sino en protagonistas de su futuro. Todo esto puede realizarse y, dado que es posible, constituye un deber \u00bb.<sup>682<\/sup><\/p>\n<p><strong>322 <\/strong><em>Se hace cada vez m\u00e1s necesaria una consideraci\u00f3n atenta de la nueva situaci\u00f3n del trabajo en el actual contexto de la globalizaci\u00f3n, desde una perspectiva que valore la propensi\u00f3n natural de los hombres a establecer relaciones. <\/em>A este prop\u00f3sito, se debe afirmar que la universalidad es una dimensi\u00f3n del hombre, no de las cosas. La t\u00e9cnica podr\u00e1 ser la causa instrumental de la globalizaci\u00f3n, pero la universalidad de la familia humana es su causa \u00faltima. El trabajo, por tanto, tambi\u00e9n tiene una dimensi\u00f3n universal, en cuanto se funda en el car\u00e1cter relacional del hombre. Las t\u00e9cnicas, especialmente electr\u00f3nicas, han permitido ampliar este aspecto relacional del trabajo a todo el planeta, imprimiendo a la globalizaci\u00f3n un ritmo particularmente acelerado. El fundamento \u00faltimo de este dinamismo es el hombre que trabaja, es siempre el elemento subjetivo y no el objetivo. Tambi\u00e9n el trabajo globalizado tiene su origen, por tanto, en el fundamento antropol\u00f3gico de la intr\u00ednseca dimensi\u00f3n relacional del trabajo. Los aspectos negativos de la globalizaci\u00f3n del trabajo no deben da\u00f1ar las posibilidades que se han abierto para todos de<em>dar expresi\u00f3n a un humanismo del trabajo a nivel planetario<\/em>, a una solidaridad del mundo del trabajo a este nivel, para que trabajando en un contexto semejante, dilatado e interconexo, el hombre comprenda cada vez m\u00e1s su vocaci\u00f3n unitaria y solidaria.<\/p>\n<p><strong>NOTAS para esta secci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><sup>677<\/sup>Cf. Juan Pablo II, Carta enc.<em> Laborem exercens<\/em>, 10: AAS 73 (1981) 600-602.<\/p>\n<p><sup>678<\/sup><em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em>, 2427.<\/p>\n<p><sup>679<\/sup>Cf. Concilio Vaticano II, Const. past.<em> Gaudium et spes<\/em>, 35: AAS 58 (1966) 1053; Pablo VI, Carta enc.<em> Populorum progressio<\/em>, 19: AAS 59 (1967) 266-267; Juan Pablo II, Carta enc.<em> Laborem exercens<\/em>, 20: AAS 73 (1981) 629-632; Id., Carta enc.<em> Sollicitudo rei socialis<\/em>, 28: AAS 80 (1988) 548-550.<\/p>\n<p><sup>680<\/sup>Cf. Juan Pablo II,<em> Mensaje a los participantes en la Conferencia Internacional sobre el Trabajo<\/em> (14 de septiembre de 2001), 5:<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, 21 de septiembre de 2001, p. 7.<\/p>\n<p><sup>681<\/sup>Juan Pablo II, <em>Discurso en el encuentro jubilar con el mundo del trabajo<\/em> (1\u00ba de mayo de 2000), 2: <em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, edici\u00f3n espa\u00f1ola, 5 de mayo de 2000, p. 6.<\/p>\n<p><sup>682<\/sup>Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda en la Santa Misa del Jubileo de los Trabajadores<\/em> (1\u00ba de mayo de 2000), 3: <em>L&#8217;Osservatore Romano,<\/em> edici\u00f3n espa\u00f1ola, 5 de mayo de 2000, p. 5.<\/p>\n<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>Este Compendio se publica \u00edntegramente, por entregas, <a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/categorias\/iglesia-catolica\/biblioteca-vaticana\/compendio-de-doctrina-social\/?order=ASC\">aqu\u00ed<\/a>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>317 Ante las imponentes \u00ab res novae \u00bb del mundo del trabajo, la doctrina social de la Iglesia recomienda, ante todo, evitar el error de considerar que los cambios en curso suceden de modo determinista. 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