{"id":3181,"date":"2009-07-19T03:24:32","date_gmt":"2009-07-19T03:24:32","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=3181"},"modified":"2009-07-18T23:26:48","modified_gmt":"2009-07-18T23:26:48","slug":"el-padre-nos-creo-libres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/07\/19\/el-padre-nos-creo-libres\/","title":{"rendered":"EL PADRE NOS CREO LIBRES"},"content":{"rendered":"<p><strong>EL PADRE NOS CRE\u00d3 LIBRES <\/strong><\/p>\n<p><strong>(Lc 15,12-13; Salm 102,  1-4. 9-12; Apoc 3,20)<\/strong><\/p>\n<p>Les invito a que nos detengamos con m\u00e1s esmero en la persona del padre. El primer gesto maravilloso del padre aparece cuando accede a la exigencia de su hijo menor: &#8220;<em>dame la parte de la herencia que me corresponde<\/em>&#8220;. <em>Y el padre reparti\u00f3 su bienes entre los dos hermanos<\/em>&#8221; (v. 12). Las palabras del menor son duras, como pedernal, ni siquiera le llama padre. El padre dio la herencia, de una vez, a los dos hijos y no se opuso a que el hijo menor se marchara. No pod\u00eda obligarle a vivir junto a \u00e9l contra su voluntad. No pod\u00eda forzar su amor, coartar su libertad. Un hijo sin libertad es un esclavo. Por eso, no fue el padre quien convirti\u00f3 en esclavo al hijo, sino este mismo quien quiso dejar de ser hijo y empezar a ser esclavo. Quien no se comporta como hijo se comporta como esclavo, pues somos hijos o esclavos (Gal 4-5).<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>De todos modos, entre la petici\u00f3n del hijo y la entrega que hizo el padre, tuvo que mediar un di\u00e1logo entre ellos. Y en este di\u00e1logo tuvo que haber mucha s\u00faplica por parte del padre. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda pasado en el coraz\u00f3n de este hijo? Profundizando sobre lo que nos dice la Palabra, se ve que el hijo menor no quiere dejar penetrar por m\u00e1s tiempo en su coraz\u00f3n el amor de su padre, no quiere prestar atenci\u00f3n a sus palabras, se ha dejado endurecer por la abundancia de cosas, el consumismo lo hab\u00eda deteriorado; el af\u00e1n de poseer lo han hecho indiferente al amor del padre, del hermano, al amor de los suyos y ha preferido relacionarse \u00fanicamente con las cosas. En ese momento su padre significaba ya menos que nada. En efecto, la herencia se entregaba despu\u00e9s de la muerte del padre. Pedir, por lo tanto, la herencia era como decirle al padre: \u00a1usted ha muerto para m\u00ed! Por eso, la petici\u00f3n de la herencia por parte del hijo es la mayor ofensa que pod\u00eda hacer a su padre. \u00bfNo nos sucede a nosotros algo parecido? Nos interesan m\u00e1s las cosas, su posesi\u00f3n que el amor de nuestro Padre Dios. Por eso, nuestro coraz\u00f3n se ha endurecido y, pr\u00e1cticamente, ya no nos interesa ni El ni su amor, ni el amor a los hermanos, las cosas nos han vuelto <strong>insensatos<\/strong>, es decir, sin Dios. <\/p>\n<p>El amor de Dios pide una respuesta de amor, y esta tiene que ser libre, pues el amor es libre o no es amor. Lo \u00fanico que puede hacer nuestro Padre Dios es suplicar y con una infinita ternura. El Padre, como en el Apocalipsis, espera pacientemente a la puerta de nuestro coraz\u00f3n, llamando con ilimitada ternura, pidiendo nuestro amor: &#8220;<em>Yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre, cenar\u00e9 con El y el conmigo<\/em>&#8221; (Apoc 3,20). El Padre, como en el Cantar de los Cantares, aparece llamando insistentemente a la puerta de nuestro coraz\u00f3n durante el d\u00eda, durante toda la noche, y al d\u00eda siguiente contin\u00faa ah\u00ed, cubierto de roc\u00edo, queriendo vencernos con su amor: &#8220;<em>\u00c1breme, hermana m\u00eda, amada m\u00eda, paloma m\u00eda, preciosa m\u00eda&#8221; <\/em>(Cant 5,2). As\u00ed, nuestro Padre suplica obstinadamente, insiste en su amor, asedia con su ternura, pero no nos obliga. <\/p>\n<p><strong>Quien no es hijo es esclavo<\/strong><\/p>\n<p>Ante el hijo lo \u00fanico que queda es suplicar, lo contrario ser\u00eda tratarlo como a un esclavo. Despu\u00e9s del pecado, en todos nosotros hay un hijo y un esclavo y los dos tienden a sobresalir en nosotros: actuamos como hijos o actuamos como esclavos. Dios no puede obligarnos a amarle. El respeta nuestra libertad, y \u00fanicamente solicita, eso s\u00ed insistentemente, que le amemos exponi\u00e9ndose a que le rechacemos. Hace falta libertad para amar a Dios y para rechazarlo. El no puede obligarnos a lo uno a lo otro. Aunque insistir\u00e1 en que le amemos y estar\u00e1 dispuesto a recibirnos, por floja o interesada que sea nuestra respuesta de amor. Y, si decidimos marcharnos, El siempre estar\u00e1 esper\u00e1ndonos y, si regresamos, nos recibir\u00e1 con los brazos abiertos, aunque volvamos a \u00c9l s\u00f3lo por inter\u00e9s. <\/p>\n<p>Por eso, el hijo menor insisti\u00f3 en no amar y as\u00ed, una vez tuvo en sus manos todo lo que quer\u00eda: &#8220;<em>junt\u00f3 todos sus bienes, y unos d\u00edas despu\u00e9s se march\u00f3 a un pa\u00eds lejano<\/em>&#8221; (v.13), abandonando inmisericordemente a su padre. Este hijo renuncia a amar a su padre, pues as\u00ed cre\u00eda autoafirmarse. Hay dentro de el un foco de rebeli\u00f3n. Y es que el principio del tener, del poseer no es un principio de comuni\u00f3n, de armon\u00eda, sino de violencia, de rebeli\u00f3n. Ahora su centro vital no es el amor, sino el dinero; el padre ha quedado lejos de su coraz\u00f3n, de su vida. Por eso, se marcha lejos a vivir su vida, sin importarle ya la vida de su padre. Dej\u00f3 de ser hijo para convertirse en esclavo. Qu\u00e9 contraste entre su modo ofensivo de actuar con su Padre y la delicadeza que ha mostrado su Padre para con \u00e9l. Yo pienso que la par\u00e1bola no habla de la madre de esa familia, porque el padre que all\u00ed aparece tiene para con sus hijos entra\u00f1as de madre, se comporta como una madre. En el Padre, que nos pinta Jes\u00fas, hay entra\u00f1as de padre y de madre. Ese Padre es todo una madre, es todo misericordia para con sus hijos. El hijo se aleja del padre, cuyo amor no ha entendido y cuya presencia se le hace ya pesada. Ignoramos a Dios con una facilidad inaudita. Nos alejamos de \u00e9l por el pecado. La par\u00e1bola nos habla de toda clase de ruptura de la alianza de amor, de toda p\u00e9rdida de la gracia, de todo pecado con el que menospreciamos a Dios. Tambi\u00e9n nuestra vida es una historia de equivocaciones, rebeld\u00edas, rechazos, alejamientos. Nos ha interesado m\u00e1s el pecado, cualquiera que sea, que nuestro Padre Dios, que su amor.<\/p>\n<p><strong>Despilfarra el amor de su Padre<\/strong><\/p>\n<p>Los detalles que utiliza Jes\u00fas en la par\u00e1bola son maravillosos. Nos dice que &#8220;<em>n<\/em>o muchos d\u00edas despu\u00e9s, <em>reuni\u00e9ndolo todo, el hijo menor se march\u00f3 a un pa\u00eds lejano y all\u00ed malgast\u00f3 toda su fortuna viviendo como un libertino. Cuando ya hab\u00eda gastado todo, sobrevino en aquella regi\u00f3n una gran carest\u00eda, y el muchacho comenz\u00f3 a pasar necesidad. Tuvo que buscar trabajo con un habitante del lugar, que le envi\u00f3 a cuidar cerdos, y deseaba alimentarse con la comida que daban a los cerdos, pero nadie se las daba<\/em>&#8221; (v. 13-16). <\/p>\n<p>\u0081gEn esos vers\u00edculos se esconde el drama de la dignidad perdida, la conciencia de la filiaci\u00f3n echada a perder&#8221;. &#8220;Reuni\u00e9ndolo todo&#8221; significa que no dej\u00f3 nada en casa, nada que le urgiera a volver: llev\u00e1ndose todo, no le quedaba nada suyo por recoger. Pr\u00e1cticamente le estaba dando un adi\u00f3s definitivo a su padre, a su hermano, a su casa y a todo lo dem\u00e1s. Su casa desde ahora empezar\u00e1 a ser &#8220;un pa\u00eds lejano&#8221;: lejos del padre, lo que quiere decir, lejos de Dios. Ahora, dejada la casa y lejos de su padre, solo le queda acabar con lo que ten\u00eda, y quedar en la esclavitud. El abandono del padre marca el principio de su perdici\u00f3n, su incapacidad de conservar los bienes que el padre le hab\u00eda confiado para mantener una vida digna de hijo. Empieza ahora una vida diferente, vida de esclavo. Ha entrado en una fase terminal. <\/p>\n<p>Desde su nueva situaci\u00f3n, necesariamente despilfarr\u00f3 en una pa\u00eds lejano toda su <em>herencia<\/em>, toda su riqueza. En tan pocas palabras quedan descritas las tristes consecuencias del pecado; del vac\u00edo que queda en el coraz\u00f3n del hombre cuando se ha alejado de Dios. Se nos describe la esclavitud a la que queda sometido el cristiano que, viviendo su libertad sin control, abandona a su Padre, terminando esclavo de un desconocido, cuidando un reba\u00f1o de cerdos, es decir, habiendo bajado a los m\u00e1s indigno, totalmente dominado por su pecado. El cristiano, abandonando a su Se\u00f1or, pierde su dignidad y queda sometido a poderes que lo deterioran y lo hacen descender hasta l\u00edmites insospechables. Y esto pasa por desperdiciar el amor generoso del Padre Dios. <\/p>\n<p><strong>El abuso lleva hasta la esclavitud<\/strong><\/p>\n<p>A la rapidez del abuso sigue, en la par\u00e1bola, la desgracia. Pasar necesidad supone haber llegado al l\u00edmite de los propios recursos, vivir sin ser due\u00f1o de la propia existencia. Se cree uno con todo el poder del mundo y no se interesa por nadie m\u00e1s. Cuando se llega a esto se ha llegado a ser esclavo de s\u00ed mismo. Pasar a ser esclavo de otros ya es camino echo. Ahora el muchacho ya no se descubre hijo, simplemente es un asalariado, a\u00fan si regresa a la casa paterna. Pero es m\u00e1s que un asalariado, ha descendido hasta convertirse en esclavo de su miseria, de su necesidad, pues ha sido esclavo de las cosas y placeres. <\/p>\n<p>Descendi\u00f3 tanto, que la palabra a\u00f1ade que se ajust\u00f3 con uno de los ciudadanos de aquel pa\u00eds que le mand\u00f3 a cuidar cerdos. El hijo perdi\u00f3 su propia dignidad, se hizo conforme a su \u00eddolo. \u00a1Qu\u00e9 cambio abismal, brutal! Esto hace mucho m\u00e1s clara la gravedad de su ca\u00edda. Tuvo que vivir como pagano con los paganos. Quien no hab\u00eda querido ser hijo en la casa paterna, tuvo que admitir ser esclavo en casa de extra\u00f1os: cambi\u00f3 al padre por un patr\u00f3n, por \u00eddolos. No quiso trabajar en casa, y acept\u00f3 vivir como porquerizo lejos de su padre. Cuidar cerdos era considerado por los jud\u00edos como una degradaci\u00f3n, dada su impureza, era una ocupaci\u00f3n maldita para los jud\u00edos. <\/p>\n<p><strong>El hijo menor somos nosotros<\/strong><\/p>\n<p>El hijo menor tiene tantos dobles y tantos doblajes. Cada uno de nosotros ha sido pintado por el mismo Jes\u00fas. No s\u00e9 cu\u00e1ntos de nosotros nos encontremos retratados en ese muchacho. De todos modos, interesa resaltar el derroche de amor que ha tenido el Padre con nosotros y que contin\u00faa teniendo para con cada no de nosotros, sus hijos, tan poco interesados por nuestro Padre y por nuestros hermanos. Al Padre no le interesa hasta d\u00f3nde hayamos descendido en nuestro alejamiento de El, de su amor. Simplemente somos sus hijos y eso basta para estar pendiente permanentemente de nosotros. El nos ama gratuitamente, sin ning\u00fan inter\u00e9s.<\/p>\n<p>A nuestra sociedad hoy le pasa como al hijo menor. Ha querido independizarse de Dios, de la Iglesia. Cu\u00e1nta carest\u00eda, cu\u00e1nta violencia. En nombre de los grandes ideales se mata, se promueve la pobreza, la miseria. Hoy el hombre no quiere a Dios como Padre y busca dioses sustitutos: libertad, progreso, bienestar, poder. Se aleja de Dios y se convierte en esclavo de cosas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL PADRE NOS CRE\u00d3 LIBRES (Lc 15,12-13; Salm 102, 1-4. 9-12; Apoc 3,20) Les invito a que nos detengamos con m\u00e1s esmero en la persona del padre. El primer gesto maravilloso del padre aparece cuando accede a la exigencia de su hijo menor: &#8220;dame la parte de la herencia que me corresponde&#8220;. 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