{"id":3179,"date":"2009-07-17T11:16:27","date_gmt":"2009-07-17T11:16:27","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=3179"},"modified":"2009-07-16T11:18:22","modified_gmt":"2009-07-16T11:18:22","slug":"necesidad-de-amar-y-defender-el-matrimonio-cristiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/07\/17\/necesidad-de-amar-y-defender-el-matrimonio-cristiano\/","title":{"rendered":"Necesidad de amar y defender el matrimonio cristiano"},"content":{"rendered":"<h3>Frutos del matrimonio cristiano<\/h3>\n<p>Si se considera a qu\u00e9 fin tiende la divina instituci\u00f3n del matrimonio, se ver\u00e1 con toda claridad que Dios quiso poner en \u00e9l las fuentes ub\u00e9rrimas de la utilidad y de la salud p\u00fablicas. Y no cabe la menor duda de que, aparte de lo relativo a la propagaci\u00f3n del g\u00e9nero humano, tiende tambi\u00e9n a hacer mejor y m\u00e1s feliz la vida de los c\u00f3nyuges; y esto por muchas razones, a saber: por la ayuda mutua en el remedio de las necesidades, por el amor fiel y constante, por la comunidad de todos los bienes y por la gracia celestial que brota del sacramento. Es tambi\u00e9n un medio eficac\u00edsimo en orden al bienestar familiar, ya que los matrimonios, siempre que sean conformes a la naturaleza y est\u00e9n de acuerdo con los consejos de Dios, podr\u00e1n de seguro robustecer la concordia entre los padres, asegurar la buena educaci\u00f3n de los hijos, moderar la patria potestad con el ejemplo del poder divino, hacer obedientes a los hijos para con sus padres, a los sirvientes respecto de sus se\u00f1ores. De unos matrimonios as\u00ed, las naciones podr\u00e1n fundadamente esperar ciudadanos animados del mejor esp\u00edritu y que, acostumbrados a reverenciar y amar a Dios, estimen como deber suyo obedecer a los que justa y leg\u00edtimamente mandan amar a todos y no hacer da\u00f1o a nadie.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<h3>La ausencia de religi\u00f3n en el matrimonio<\/h3>\n<p>Estos tan grandes y tan valiosos frutos produjo realmente el matrimonio mientras conserv\u00f3 sus propiedades de santidad, unidad y perpetuidad, de las que recibe toda su fruct\u00edfera y saludable eficacia; y no cabe la menor duda de que los hubiera producido semejantes e iguales si siempre y en todas partes se hubiera hallado bajo la potestad y celo de la Iglesia, que es la m\u00e1s fiel conservadora y defensora de tales propiedades. Mas, al surgir por doquier el af\u00e1n de sustituir por el humano los derechos divino y natural, no s\u00f3lo comenz\u00f3 a desvanecerse la idea y la noci\u00f3n elevad\u00edsima a que la naturaleza hab\u00eda impreso y como grabado en el \u00e1nimo de los hombres, sino que incluso en los mismos matrimonios entre cristianos, por perversi\u00f3n humana, se ha debilitado mucho aquella fuerza procreadora de tan grandes bienes. \u00bfQu\u00e9 de bueno pueden reportar, en efecto, aquellos matrimonios de los que se halla ausente la religi\u00f3n cristiana, que es madre de todos los bienes, que nutre las m\u00e1s excelsas virtudes, que excita e impele a cuanto puede honrar a un \u00e1nimo generoso y noble? Desterrada y rechazada la religi\u00f3n, por consiguiente, sin otra defensa que la bien poco eficaz honestidad natural, los matrimonios tienen que caer necesariamente de nuevo en la esclavitud de la naturaleza viciada y de la peor tiran\u00eda de las pasiones. De esta fuente han manado m\u00faltiples calamidades, que han influido no s\u00f3lo sobre las familias, sino incluso sobre las sociedades, ya que, perdido el saludable temor de Dios y suprimido el cumplimiento de los deberes, que jam\u00e1s en parte alguna ha sido m\u00e1s estricto que en la religi\u00f3n cristiana, con mucha frecuencia ocurre, cosa f\u00e1cil en efecto, que las cargas y obligaciones del matrimonio parezcan apenas soportables y que muchos ans\u00eden liberarse de un v\u00ednculo que, en su opini\u00f3n, es de derecho humano y voluntario, tan pronto como la incompatibilidad de caracteres, o las discordias, o la violaci\u00f3n de la fidelidad por cualquiera de ellos, o el consentimiento mutuo u otras causas aconsejen la necesidad de separarse. Y si entonces los c\u00f3digos les impiden dar satisfacci\u00f3n a su libertinaje, se revuelven contra las leyes, motej\u00e1ndolas de inicuas, de inhumanas y de contrarias al derecho de ciudadanos libres, pidiendo, por lo mismo, que se vea de desecharlas y derogarlas y de decretar otra m\u00e1s humana en que sean l\u00edcitos los divorcios.<\/p>\n<p>Los legisladores de nuestros tiempos, confes\u00e1ndose partidarios y amantes de los mismos principios de derecho, no pueden verse libres, aun queri\u00e9ndolo con todas sus fuerzas, de la mencionada perversidad de los hombres; hay, por tanto, que ceder a los tiempos y conceder la facultad de divorcio. Lo mismo que la propia historia testifica. Dejando a un lado, en efecto, otros hechos, al finalizar el pasado siglo, en la no tanto revoluci\u00f3n cuanto conflagraci\u00f3n francesa, cuando, negado Dios, se profanaba todo en la sociedad, entonces se accedi\u00f3, al fin, a que las separaciones conyugales fueran ratificadas por las leyes. Y muchos propugnan que esas mismas leyes sean restablecidas en nuestros tiempos, pues quieren apartar en absoluto a Dios y a la Iglesia de la sociedad conyugal, pensando neciamente que el remedio m\u00e1s eficaz contra la creciente corrupci\u00f3n de las costumbres debe buscarse en semejantes leyes.<\/p>\n<h3>Males del divorcio<\/h3>\n<p>Realmente, apenas cabe expresar el c\u00famulo de males que el divorcio lleva consigo. Debido a \u00e9l, las alianzas conyugales pierden su estabilidad, se debilita la benevolencia mutua, se ofrecen peligrosos incentivos a la infidelidad, se malogra la asistencia y la educaci\u00f3n de los hijos, se da pie a la disoluci\u00f3n de la sociedad dom\u00e9stica, se siembran las semillas de la discordia en las familias, se empeque\u00f1ece y se deprime la dignidad de las mujeres, que corren el peligro de verse abandonadas as\u00ed que hayan satisfecho la sensualidad de los maridos. Y puesto que, para perder a las familias y destruir el poder\u00edo de los reinos, nada contribuye tanto como la corrupci\u00f3n de las costumbres, f\u00e1cilmente se ver\u00e1 cu\u00e1n enemigo es de la prosperidad de las familias y de las naciones el divorcio, que nace de la depravaci\u00f3n moral de los pueblos, y, conforme atestigua la experiencia, abre las puertas y lleva a las m\u00e1s relajadas costumbres de la vida privada y p\u00fablica. Y se advertir\u00e1 que son mucho m\u00e1s graves estos males si se considera que, una vez concedida la facultad de divorciarse, no habr\u00e1 freno suficientemente poderoso para contenerla dentro de unos l\u00edmites fijos o previamente establecidos. Muy grande es la fuerza del ejemplo, pero es mayor la de las pasiones: con estos incentivos tiene que suceder que el prurito de los divorcios, cundiendo m\u00e1s de d\u00eda en d\u00eda, invada los \u00e1nimos de muchos como una contagiosa enfermedad o como un torrente que se desborda rotos los diques.<\/p>\n<h3>Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>Estas ense\u00f1anzas y preceptos acerca del matrimonio cristiano, que por medio de esta carta hemos estimado oportuno tratar con vosotros, venerables hermanos, pod\u00e9is ver f\u00e1cilmente que interesan no menos para la conservaci\u00f3n de la comunidad civil que para la salvaci\u00f3n eterna de los hombres. Haga Dios, pues, que cuanto mayor es su importancia y gravedad, tanto m\u00e1s d\u00f3ciles y dispuestos a obedecer encuentren por todas partes los \u00e1nimos. Imploremos para esto igualmente todos, con fervorosas oraciones, el auxilio de la Sant\u00edsima Inmaculada Virgen Mar\u00eda, la cual, inclinando las mentes a someterse a la fe, se muestre madre y protectora de los hombres. Y con no menor fervor supliquemos a los Pr\u00edncipes de los Ap\u00f3stoles, San Pedro y San Pablo, vencedores de la superstici\u00f3n y sembradores de la verdad, que defiendan al g\u00e9nero humano con su poderoso patrocinio del aluvi\u00f3n desbordado de los errores.<\/p>\n<p>Entretanto, como prenda de los dones celestiales y testimonio de nuestra singular benevolencia, os impartimos de coraz\u00f3n a todos vosotros, venerables hermanos, y a los pueblos confiados a vuestra vigilancia, la bendici\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>[<i>Le\u00f3n XIII, Carta Enc\u00edclica Arcanum Divinae Sapientiae, del 10 de febrero de 1880, nn. 14-17.27-28<\/i>]<\/p>\n<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Frutos del matrimonio cristiano Si se considera a qu\u00e9 fin tiende la divina instituci\u00f3n del matrimonio, se ver\u00e1 con toda claridad que Dios quiso poner en \u00e9l las fuentes ub\u00e9rrimas de la utilidad y de la salud p\u00fablicas. 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