{"id":31631,"date":"2014-11-14T01:39:29","date_gmt":"2014-11-14T06:39:29","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=31631"},"modified":"2014-11-13T15:40:09","modified_gmt":"2014-11-13T20:40:09","slug":"la-dignidad-del-trabajo-humano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2014\/11\/14\/la-dignidad-del-trabajo-humano\/","title":{"rendered":"La dignidad del trabajo humano"},"content":{"rendered":"<p><strong>La dimensi\u00f3n subjetiva y objetiva del trabajo<\/strong><\/p>\n<p><strong>270<\/strong> <em>El trabajo humano tiene una doble dimensi\u00f3n: objetiva y subjetiva.<\/em>\u00a0En<em>sentido objetivo,<\/em>es el conjunto de actividades, recursos, instrumentos y t\u00e9cnicas de las que el hombre se sirve para producir, para<em>dominar la tierra<\/em>, seg\u00fan las palabras del libro del G\u00e9nesis. El trabajo en<em>sentido subjetivo,<\/em>es el actuar del hombre en cuanto ser din\u00e1mico, capaz de realizar diversas acciones que pertenecen al proceso del trabajo y que corresponden a su vocaci\u00f3n personal: \u00ab El hombre debe someter la tierra, debe dominarla, porque, como \u201cimagen de Dios\u201d, es una persona, es decir, un ser subjetivo capaz de obrar de manera programada y racional, capaz de decidir acerca de s\u00ed y que tiende a realizarse a s\u00ed mismo.<em>Como persona, el hombre es, pues, sujeto del trabajo<\/em>\u00bb.<sup>586<\/sup><\/p>\n<p><em>El trabajo en sentido objetivo constituye el aspecto contingente de la actividad humana<\/em>, que var\u00eda incesantemente en sus modalidades con la mutaci\u00f3n de las condiciones t\u00e9cnicas, culturales, sociales y pol\u00edticas.<em>El trabajo en sentido subjetivo se configura, en cambio, como su dimensi\u00f3n estable<\/em>, porque no depende de lo que el hombre realiza concretamente, ni del tipo de actividad que ejercita, sino s\u00f3lo y exclusivamente de su dignidad de ser personal. Esta distinci\u00f3n es decisiva, tanto para comprender cu\u00e1l es el fundamento \u00faltimo del valor y de la dignidad del trabajo, cuanto para implementar una organizaci\u00f3n de los sistemas econ\u00f3micos y sociales, respetuosa de los derechos del hombre.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>271<\/strong> <em>La subjetividad confiere al trabajo su peculiar dignidad, que impide considerarlo como una simple mercanc\u00eda o un elemento impersonal de la organizaci\u00f3n productiva.<\/em>\u00a0El trabajo, independientemente de su mayor o menor valor objetivo, es expresi\u00f3n esencial de la persona, es \u00ab<em>actus personae<\/em>\u00bb. Cualquier forma de materialismo y de economicismo que intentase reducir el trabajador a un mero instrumento de producci\u00f3n, a simple<em>fuerza-trabajo<\/em>, a valor exclusivamente material, acabar\u00eda por desnaturalizar irremediablemente la esencia del trabajo, priv\u00e1ndolo de su finalidad m\u00e1s noble y profundamente humana.<em>La persona es la medida de la dignidad del trabajo<\/em>: \u00ab En efecto, no hay duda de que el trabajo humano tiene un valor \u00e9tico, el cual est\u00e1 vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona \u00bb.<sup>587<\/sup><\/p>\n<p><em>La dimensi\u00f3n subjetiva del trabajo debe tener preeminencia sobre la objetiva<\/em>, porque es la del hombre mismo que realiza el trabajo, aquella que determina su calidad y su m\u00e1s alto valor. Si falta esta conciencia o no se quiere reconocer esta verdad, el trabajo pierde su significado m\u00e1s verdadero y profundo: en este caso, por desgracia frecuente y difundido, la actividad laboral y las mismas t\u00e9cnicas utilizadas se consideran m\u00e1s importantes que el hombre mismo y, de aliadas, se convierten en enemigas de su dignidad.<\/p>\n<p><strong>272<\/strong> <em>El trabajo humano no solamente procede de la persona, sino que est\u00e1 tambi\u00e9n esencialmente ordenado y finalizado a ella<\/em>. Independientemente de su contenido objetivo, el trabajo debe estar orientado hacia el sujeto que lo realiza, porque la finalidad del trabajo, de cualquier trabajo, es siempre el hombre. Aun cuando no se puede ignorar la importancia del componente objetivo del trabajo desde el punto de vista de su calidad, esta componente, sin embargo, est\u00e1 subordinada a la realizaci\u00f3n del hombre, y por ello a la dimensi\u00f3n subjetiva, gracias a la cual es posible afirmar que<em>el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo<\/em>y que \u00ab la finalidad del trabajo, de cualquier trabajo realizado por el hombre \u2014aunque fuera el trabajo \u201cm\u00e1s corriente\u201d, m\u00e1s mon\u00f3tono en la escala del modo com\u00fan de valorar, e incluso el que m\u00e1s margina\u2014, sigue siendo siempre el hombre mismo \u00bb.<sup>588<\/sup><\/p>\n<p><strong>273<\/strong> <em>El trabajo humano posee tambi\u00e9n una intr\u00ednseca dimensi\u00f3n social<\/em>. El trabajo de un hombre, en efecto, se vincula naturalmente con el de otros hombres: \u00ab Hoy, principalmente, el trabajar<em>es trabajar con otros y trabajar para otros<\/em>: es un hacer algo para alguien \u00bb.<sup>589<\/sup>Tambi\u00e9n los frutos del trabajo son ocasi\u00f3n de intercambio, de relaciones y de encuentro. El trabajo, por tanto, no se puede valorar justamente si no se tiene en cuenta su naturaleza social, \u00ab ya que, si no existe un verdadero cuerpo social y org\u00e1nico, si no hay un orden social y jur\u00eddico que garantice el ejercicio del trabajo, si los diferentes oficios, dependientes unos de otros, no colaboran y se completan entre s\u00ed y, lo que es m\u00e1s todav\u00eda, no se asocian y se funden como en una unidad la inteligencia, el capital y el trabajo, la eficiencia humana no ser\u00e1 capaz de producir sus frutos. Luego el trabajo no puede ser valorado justamente ni remunerado con equidad si no se tiene en cuenta su car\u00e1cter social e individual \u00bb.<sup>590<\/sup><\/p>\n<p><strong>274<\/strong> <em>El trabajo es tambi\u00e9n \u00ab una obligaci\u00f3n<\/em>,<em>es decir, un deber<\/em>\u00bb.<sup>591<\/sup>El hombre debe trabajar, ya sea porque el Creador se lo ha ordenado, ya sea porque debe responder a las exigencias de mantenimiento y desarrollo de su misma humanidad. El trabajo se perfila como obligaci\u00f3n moral con respecto al pr\u00f3jimo, que es en primer lugar la propia familia, pero tambi\u00e9n la sociedad a la que pertenece; la Naci\u00f3n de la cual se es hijo o hija; y toda la familia humana de la que se es miembro: somos herederos del trabajo de generaciones y, a la vez, art\u00edfices del futuro de todos los hombres que vivir\u00e1n despu\u00e9s de nosotros.<\/p>\n<p><strong>275<\/strong> <em>El trabajo confirma la profunda identidad del hombre creado a imagen y semejanza de Dios<\/em>: \u00ab Haci\u00e9ndose \u2014mediante su trabajo\u2014 cada vez m\u00e1s due\u00f1o de la tierra y confirmando todav\u00eda \u2014mediante el trabajo\u2014 su dominio sobre el mundo visible, el hombre, en cada caso y en cada fase de este proceso, se coloca en la l\u00ednea del plan original del Creador; lo cual est\u00e1 necesaria e indisolublemente unido al hecho de que el hombre ha sido creado, var\u00f3n y hembra, \u201ca imagen de Dios\u201d \u00bb.<sup>592<\/sup>Esto califica la actividad del hombre en el universo: no es el due\u00f1o, sino el depositario, llamado a reflejar en su propio obrar la impronta de Aquel de quien es imagen.<\/p>\n<p><strong>NOTAS para esta secci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><sup>586<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em>Laborem exercens,<\/em>6: AAS 73 (1981) 589-590.<\/p>\n<p><sup>587<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em>Laborem exercens<\/em>, 6: AAS 73 (1981) 590.<\/p>\n<p><sup>588<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em>Laborem exercens,<\/em>6: AAS 73 (1981) 592; cf.<em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica,<\/em>\u00a02428.<\/p>\n<p><sup>589<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em>Centesimus annus,<\/em>31: AAS 83 (1991) 832.<\/p>\n<p><sup>590<\/sup>P\u00edo XI, Carta enc.<em>Quadragesimo anno<\/em>: AAS 23 (1931) 200.<\/p>\n<p><sup>591<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em>Laborem exercens,<\/em>16: AAS 73 (1981) 619.<\/p>\n<p><sup>592<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc.<em>Laborem exercens<\/em>, 4: AAS 73 (1981) 586.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>Este Compendio se publica \u00edntegramente, por entregas, <a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/categorias\/iglesia-catolica\/biblioteca-vaticana\/compendio-de-doctrina-social\/?order=ASC\">aqu\u00ed<\/a>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La dimensi\u00f3n subjetiva y objetiva del trabajo 270 El trabajo humano tiene una doble dimensi\u00f3n: objetiva y subjetiva.\u00a0Ensentido objetivo,es el conjunto de actividades, recursos, instrumentos y t\u00e9cnicas de las que el hombre se sirve para producir, paradominar la tierra, seg\u00fan las palabras del libro del G\u00e9nesis. 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