{"id":3091,"date":"2009-05-17T13:27:52","date_gmt":"2009-05-17T13:27:52","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=3091"},"modified":"2009-05-15T13:37:40","modified_gmt":"2009-05-15T13:37:40","slug":"jesucristo-el-hombre-nuevo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/05\/17\/jesucristo-el-hombre-nuevo\/","title":{"rendered":"JESUCRISTO: EL HOMBRE NUEVO"},"content":{"rendered":"<p><strong>JESUCRISTO: EL HOMBRE NUEVO<\/strong><\/p>\n<p>(1Cor 15, 45-50; Rm 5, 12-19;Ef 4, 26-32; Col 3, 9-11)<\/p>\n<p>Les invito a que reflexionemos sobre Jesucristo, Hombre perfecto, m\u00e1s a\u00fan, como \u201cHombre nuevo\u201d. Durante la vida terrena de Jes\u00fas, nadie pens\u00f3 en poner en duda la realidad de la humanidad de Jes\u00fas. Eran muy conocidos su patria, su oficio, su madre, sus hermanos. Soport\u00f3 el sufrimiento, la angustia, la tentaci\u00f3n, la duda. Jes\u00fas fue un hombre perfecto. Pero el NT quiere mostrar la <em>novedad<\/em> de ese Hombre perfecto, al llamar a Cristo \u201cHombre nuevo\u201d, \u201cNuevo Ad\u00e1n\u201d, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado, pues este no pertenece a la esencia del hombre. Entremos, pues, a reflexionar en qu\u00e9 consiste ese \u201cHombre nuevo\u201d. <\/p>\n<p>San Pablo habla de Jes\u00fas como del \u201c\u00faltimo Ad\u00e1n\u201d, es decir \u201cel hombre definitivo\u201d, del cual el primer Ad\u00e1n era una especie de realizaci\u00f3n imperfecta. As\u00ed lo expresa la primera carta a los Corintios: \u201c<em>Ad\u00e1n, el primer hombre, fue creado un ser viviente; el \u00faltimo Ad\u00e1n, como un como esp\u00edritu que da vida<\/em>\u201d (1Cor 15, 45), Cristo es la revelaci\u00f3n del hombre nuevo, \u201c<em>creado seg\u00fan Dios en la justicia y en la santidad verdadera<\/em>\u201d (Ef 4,26). <\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>En qu\u00e9 consiste el hombre Nuevo<\/strong><\/p>\n<p>La \u201cnovedad\u201d del hombre nuevo no es un a\u00f1adido, no consiste en alg\u00fan componente nuevo que tiene de m\u00e1s respecto al hombre anterior, sino que es algo esencial al hombre y consiste en la santidad, que no es una novedad accidental, que afecta simplemente al actuar del hombre, sino algo esencial que afecta a todo el ser del hombre. <strong>Cristo es el hombre nuevo<\/strong>, porque es el santo, el justo, el hombre a imagen de Dios. Un te\u00f3logo moderno dice que \u201clos Padres expresaban esto mismo, distinguiendo en Gen 1,26 entre el concepto de \u201cimagen\u201d y el de \u201csemejanza\u201d. El hombre es por naturaleza o nacimiento \u201cimagen\u201d de Dios, pero se hace \u201ca semejanza\u201d suya s\u00f3lo en el transcurso de su vida, mediante el esfuerzo por asemejarse a Dios por <strong>la obediencia<\/strong>. Por el hecho de que existimos, somos a imagen de Dios; pero por el hecho de <strong>obedecer<\/strong> nos hacemos tambi\u00e9n a semejanza suya, porque queremos lo que \u00c9l quiere. \u2018En la obediencia se realiza la semejanza con Dios y no s\u00f3lo el estar hechos a su imagen\u201d (P. Raniero Cantalamesa). <\/p>\n<p>El hombre justo, sin pecado fue el verdadero proyecto de Dios. El pecado nos es algo esencial en el hombre, es un a\u00f1adido desfigurado al proyecto divino del hombre, un absurdo. Es sorprendente, dice un te\u00f3logo, c\u00f3mo se ha llegado a considerar como lo m\u00e1s \u201chumano\u201d del hombre precisamente lo menos humano. Y trae un pensamiento de san Agust\u00edn, al respecto: \u201chasta tal punto ha llegado la perversi\u00f3n humana, que quien es vencido por la lujuria es considerado hombre, mientras que no se considera como tal a quien la vence. \u00a1No son hombres los que vencen el mal, y lo son, en cambio, los que son vencidos por \u00e9l!\u201d. \u201cHumano\u201d ha llegado a indicar m\u00e1s lo que tienen de com\u00fan el hombre y los animales, que lo que lo distingue de ellos. Jes\u00fas es verdadero hombre, precisamente <em>porque<\/em> no tiene pecado. \u201casumi\u00f3 la condici\u00f3n de esclavo, pero sin contaminarse con el pecado; as\u00ed enriqueci\u00f3 al hombre, pero sin disminuir a Dios\u201d.<\/p>\n<p><strong>Obediencia y novedad<\/strong><\/p>\n<p>Como estamos llamados a dejar el hombre \u201cviejo\u201d y a \u201crevestirnos\u201d del Hombre Nuevo, necesitamos descubrir cu\u00e1l es el rasgo esencial que distingue al Hombre Nuevo del \u201cviejo\u201d. La diferencia entre los dos tipos de humanidad est\u00e1 recogida por san Pablo en la ant\u00edtesis desobediencia-obediencia: \u201c<em>Como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, as\u00ed tambi\u00e9n por la obediencia de uno solo todos ser\u00e1n constituidos justos<\/em>\u201d (Rm 5,19). <\/p>\n<p>Jesucristo, Hombre Nuevo, nada hace \u201cpor s\u00ed mismo\u201d o \u201cpara s\u00ed mismo\u201d y su gloria. Su alimento es hacer la voluntad del Padre. Lleva su obediencia hasta la muerte, y muerte de cruz. Vive en total y absoluta dependencia de Dios y en esta dependencia encuentra su fuerza, su alegr\u00eda, su libertad y su \u201cser\u201d: <em>cuando levante en alto al Hijo del hombre, entonces conocer\u00e1n que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que solo digo lo que el Padre me ha ense\u00f1ado<\/em>\u201d (Jn 8,28). Es como si dijera: \u201cYo soy el que soy\u201d, porque \u201cno hago nada por mi cuenta\u201d, m\u00e1s a\u00fan \u201chago siempre lo que le agrada a \u00c9l\u201d (Jn 8,29). El ser de Cristo, el Hombre Nuevo, radica en su sumisi\u00f3n al Padre. El \u201ces el que es\u201d, porque \u201cobedece\u201d. Y es que el ser del hombre se mide por su grado de dependencia de Dios, su Creador. Es aqu\u00ed donde se realiza su vocaci\u00f3n: ser \u201cimagen y semejanza de Dios\u201d.<\/p>\n<p><strong>Llamados a ser Hombres Nuevos<\/strong> <\/p>\n<p>Hemos sido redimidos y estamos llamados a imitar a Cristo, a revestirnos del Hombre Nuevo, es decir, a vivirlo: \u201c<em>ustedes deben despojarse de su vida pasada, del hombre viejo, corrompido por las concupiscencias enga\u00f1osas; renu\u00e9vense en su esp\u00edritu y en su mente y rev\u00edstanse del hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios, en justicia y santidad verdadera<\/em>\u201d (Ef 4,22-24). . En esto consiste nuestra santificaci\u00f3n. Por eso, Jes\u00fas nos ense\u00f1\u00f3 en su oraci\u00f3n a pedirle diariamente al Padre: \u201c<em>h\u00e1gase tu voluntad en la tierra como en el cielo<\/em>\u201d. Parodiando a Pablo en su carta a los Corintios (1Cor 1,22-24), nosotros podemos decir: \u201cEl hombre de hoy busca la <em>libertad<strong> <\/strong><\/em>y la independencia, nosotros predicamos a Cristo obediente hasta la muerte, potencia de Dios y <em>libertad de Dios<\/em>\u201d. <\/p>\n<p>Todos nosotros, como cristianos, estamos llamados a \u201crevestirnos del hombre nuevo\u201d, a vivirlo: <em>Deben despojarse de su vida pasada, del hombre viejo, corrompido por las concupiscencias enga\u00f1osas, y renovarse en su esp\u00edritu y en su mente y revestirse del hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios, en justicia y santidad verdaderas\u201d <\/em>(Ef 4, 22-24). <\/p>\n<p>Nosotros no podemos imitar a Jes\u00fas en cuanto Dios, en sus milagros, pero podemos y debemos imitarle en cuanto \u201chombre nuevo\u201d, hombre sin pecado. Necesitamos, por tanto, tomar muy en serio la invitaci\u00f3n del Se\u00f1or a abandonar el hombre viejo con sus concupiscencias. Abandonar el hombre viejo significa abandonar la propia voluntad, y revestirnos del Hombre Nuevo significa abrazar la voluntad de Dios. Cada vez que decidimos, aunque sea en cosas peque\u00f1as, liberarnos de nuestra \u201cvoluntad de carne\u201d y negarnos a nosotros mismos, damos un paso hacia Cristo, Hombre Nuevo, que \u201cno busc\u00f3 lo que le agradaba\u201d. Es esta una especie de regla general para nuestra santificaci\u00f3n. Aprendamos a repetir, tambi\u00e9n nosotros: \u201c<em>no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado<\/em>\u201d (Jn 5,30); \u201c<em>he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado<\/em>\u201d (Jn 6,38). La novedad del Hombre Nuevo se mide, como ya se ha visto, por su obediencia y conformidad con la voluntad de Dios.<\/p>\n<p><strong>Los religiosos y el hombre nuevo<\/strong><\/p>\n<p>El Vaticano II afirma que la Vida Religiosa pertenece al ser y a la santidad de la Iglesia (cf. LG 44). En un mundo de ego\u00edsmo, violencia y divisiones los religiosos testimonian, desde la fraternidad, que lo m\u00e1s importante es el ser y no el tener; que hay que dar primac\u00eda la persona sobre las cosas y estructuras y que hay que compartir las responsabilidades en la igualdad b\u00e1sica de los seres humanos. <\/p>\n<p>En la fraternidad el amor al hermano debe ser <em>como<\/em> el del Hombre nuevo, Jes\u00fas: \u201c<em>Les doy un mandamiento nuevo: \u00e1mense unos a otros como yo les he amado<\/em>\u201d (Jn 13, 34-35). Cristo viene a establecer con claridad la fuente y la meta de la fraternidad cristiana. La fuente es el Padre de quien todo procede; el Hijo que se ha hecho nuestro hermano; el Esp\u00edritu Santo que nos transforma en hijos. Esta fraternidad tiene como meta la unidad trinitaria: \u201c<em>Que todos sean uno como tu, Padre, est\u00e1s en m\u00ed y yo en ti. Que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado. Yo en ellos y t\u00fa en m\u00ed&#8230; Para que el amor con que t\u00fa me amas est\u00e9 en ellos y, tambi\u00e9n, yo est\u00e9 en ellos<\/em>\u201d (Jn 17,21.23.26).<\/p>\n<p>El hombre nuevo se manifiesta en la fraternidad y se hace presente como signo que atrae a los dem\u00e1s a la comuni\u00f3n de amor que existe en la Trinidad. Jes\u00fas y el amor trinitario son, por tanto, fuente y modelo; principio y t\u00e9rmino de la fraternidad a la que los religiosos hemos sido llamados como parte fundamental del proyecto de Dios en la historia. <\/p>\n<p><strong>Vivir seg\u00fan el Esp\u00edritu<\/strong><\/p>\n<p>Hombre nuevo y hombre viejo se corresponden con otras f\u00f3rmulas de Pablo, como <em>vivir<\/em> \u201cseg\u00fan la carne\u201d o \u201cseg\u00fan el Esp\u00edritu\u201d. Opone dos maneras de vivir, que coexisten en cada uno de nosotros. Necesitamos, por tanto, despojarnos del hombre viejo, arruinado, sin esperanzas, esclavo de su ego\u00edsmo y al que sus pasiones van destruyendo y revestirnos del Hombre nuevo, que vive la vida del amor, de la fraternidad: \u201c<em>caridad, alegr\u00eda, paz, comprensi\u00f3n de los dem\u00e1s, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de s\u00ed mismo<\/em>\u201d (Gal 5,19-26; cf. Ef 4, 22-32).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JESUCRISTO: EL HOMBRE NUEVO (1Cor 15, 45-50; Rm 5, 12-19;Ef 4, 26-32; Col 3, 9-11) Les invito a que reflexionemos sobre Jesucristo, Hombre perfecto, m\u00e1s a\u00fan, como \u201cHombre nuevo\u201d. Durante la vida terrena de Jes\u00fas, nadie pens\u00f3 en poner en duda la realidad de la humanidad de Jes\u00fas. 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