{"id":3055,"date":"2009-05-01T01:51:32","date_gmt":"2009-05-01T01:51:32","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=3055"},"modified":"2009-04-30T11:01:30","modified_gmt":"2009-04-30T11:01:30","slug":"palabras-de-animo-para-las-religiosas-educadoras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/05\/01\/palabras-de-animo-para-las-religiosas-educadoras\/","title":{"rendered":"Palabras de Animo para las Religiosas Educadoras"},"content":{"rendered":"<p>Si ten\u00e9is la penosa experiencia de que la hermana educadora y la joven de hoy no se entienden muy bien, tened presente que \u00e9ste no es un fen\u00f3meno particular de vuestra crisis. A los dem\u00e1s maestros, y con frecuencia a los mismos padres, no les van mucho mejor las cosas. No es una frase huera, en efecto, decir que la juventud ha cambiado y se ha vuelto bien diferente. Tal vez sea el motivo central de esta diferencia de la juventud de hoy aquello que constituye objeto de frecuentes observaciones y lamentaciones; la juventud es irreverente hacia muchas cosas que antes, desde la infancia y normalmente, eran tenidas en el m\u00e1s alto respeto. No obstante, de esta actitud no tiene toda la culpa la juventud actual. En los a\u00f1os de la infancia ha vivido cosas horribles y ha visto quebrar y caer m\u00edseramente ante sus ojos muchos ideales antes altamente apreciados. As\u00ed se ha vuelto desconfiada y esquiva.<\/p>\n<p>Conviene a\u00f1adir, adem\u00e1s, que esta acusaci\u00f3n de incomprensi\u00f3n no es nueva; se verifica en todas las generaciones y es rec\u00edproca: entre la edad madura y la juventud, entre los padres y los hijos, entre los maestros y los disc\u00edpulos. Hace medio siglo, y algo m\u00e1s tambi\u00e9n, a menudo constitu\u00eda una cuesti\u00f3n de delicado sentimentalismo; gustaba creerse y decirse &#8220;incomprendido&#8221; e &#8220;incomprendida&#8221;. Hoy esta lamentaci\u00f3n -que no est\u00e1 exenta de un cierto orgullo- consiste m\u00e1s bien en una postura intelectual. Aquella incomprensi\u00f3n tiene por consecuencia, de un lado, una reacci\u00f3n que tal vez sobrepase los l\u00edmites de la justicia, una tendencia a repeler toda novedad o apariencia de novedad, una sospecha exagerada de rebeli\u00f3n contra todas las tradiciones; de otro, una falta de confianza que aleja de todas las autoridades y que impele a buscar, al margen de todo juicio competente, soluciones y consejos con una especie de fatuidad m\u00e1s ingenua que razonada.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Pretender la reforma de la juventud y convencerla someti\u00e9ndola, persuadirla forz\u00e1ndola, ser\u00eda in\u00fatil y no siempre justo. Vosotras la inducir\u00e9is bastante mejor a recobrar su confianza y si os esforz\u00e1is por vuestra parte por comprenderla y por haceros comprender de ella, dejando a salvo siempre aquellas verdades y aquellos valores inmutables que no admiten ning\u00fan cambio en el pensamiento ni en el coraz\u00f3n humano.<\/p>\n<p>Comprender a la juventud!&#8230; Cierto que no significa ello aprobarlo todo ni admitir enteramente sus ideas, ni sus gustos, ni sus extravagantes caprichos, ni sus ficticios entusiasmos, sino que consiste ante todo en discernir lealmente lo que ello encierra de fundamentado y de conveniente, sin lamentaciones ni reproches. Por tanto, en buscar el origen de las desviaciones y de los errores, los cuales no son a menudo sino desdichadas tentativas para resolver problemas reales y dif\u00edciles; finalmente, en seguir con atenci\u00f3n las vicisitudes y las circunstancias de la \u00e9poca actual.<\/p>\n<p>Hacerse comprender no es admitir los abusos, las imprecisiones, las confusiones, los neologismos equ\u00edvocos del vocabulario y de la sintaxis, sino expresar claramente, pero en forma variada y siempre exacta, el propio pensamiento, tratando de adivinar el de los dem\u00e1s y teniendo presente sus dificultades y sus ignorancias o inexperiencia.<\/p>\n<p>Por otra parte es igualmente cierto que tambi\u00e9n la juventud actual es plenamente accesible a los verdaderos y aut\u00e9nticos valores. Y aqu\u00ed entra en juego vuestra parte de responsabilidad. Vosotras deb\u00e9is tratar a la juventud con naturalidad y sencillez, tal como sois, cada cual con su car\u00e1cter; pero todas, al mismo tiempo, deb\u00e9is mostrar aquella austeridad religiosa y aquella reserva que tambi\u00e9n el mundo de hoy espera de vosotras y detr\u00e1s de la cual debe latir vuestra uni\u00f3n con Dios. No es necesario que, al encontraros en medio de las j\u00f3venes, habl\u00e9is constantemente de Dios; mas cuando lo hag\u00e1is, deber\u00e1 ser de forma que ellas tengan que reconocer que se trata de un genuino sentimiento que nace de una profunda convicci\u00f3n. Y entonces ganar\u00e9is la confianza de vuestras alumnas, que se dejar\u00e1n persuadir y guiar por vosotras.<\/p>\n<p>[<i>P\u00edo XII, Discurso a las Religiosas Educadoras, 14 de Septiembre de 1951 <\/i>].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si ten\u00e9is la penosa experiencia de que la hermana educadora y la joven de hoy no se entienden muy bien, tened presente que \u00e9ste no es un fen\u00f3meno particular de vuestra crisis. A los dem\u00e1s maestros, y con frecuencia a los mismos padres, no les van mucho mejor las cosas. 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