{"id":2971,"date":"2009-03-13T01:34:16","date_gmt":"2009-03-13T01:34:16","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2971"},"modified":"2009-03-19T00:49:38","modified_gmt":"2009-03-19T00:49:38","slug":"buscando-la-gran-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2009\/03\/13\/buscando-la-gran-esperanza\/","title":{"rendered":"Buscando la Gran Esperanza"},"content":{"rendered":"<p>La experiencia demuestra que las cualidades personales y los bienes materiales no son suficientes para asegurar esa esperanza que el \u00e1nimo humano busca constantemente. Como he escrito en la citada Enc\u00edclica Spe salvi, la pol\u00edtica, la ciencia, la t\u00e9cnica, la econom\u00eda o cualquier otro recurso material por s\u00ed solos no son suficientes para ofrecer la gran esperanza a la que todos aspiramos. Esta esperanza \u00abs\u00f3lo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por s\u00ed solos no podemos alcanzar\u00bb (n. 31). Por eso, una de las consecuencias principales del olvido de Dios es la desorientaci\u00f3n que caracteriza nuestras sociedades, que se manifiesta en la soledad y la violencia, en la insatisfacci\u00f3n y en la p\u00e9rdida de confianza, llegando incluso a la desesperaci\u00f3n. Fuerte y clara es la llamada que nos llega de la Palabra de Dios: \u00abMaldito quien conf\u00eda en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su coraz\u00f3n del Se\u00f1or. Ser\u00e1 como un cardo en la estepa, no ver\u00e1 llegar el bien\u00bb (Jr 17,5-6).<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>La crisis de esperanza afecta m\u00e1s f\u00e1cilmente a las nuevas generaciones que, en contextos socio-culturales faltos de certezas, de valores y puntos de referencia s\u00f3lidos, tienen que afrontar dificultades que parecen superiores a sus fuerzas. Pienso, queridos j\u00f3venes amigos, en tantos coet\u00e1neos vuestros heridos por la vida, condicionados por una inmadurez personal que es frecuentemente consecuencia de un vac\u00edo familiar, de opciones educativas permisivas y libertarias, y de experiencias negativas y traum\u00e1ticas. Para algunos \u2013y desgraciadamente no pocos\u2013, la \u00fanica salida posible es una hu\u00edda alienante hacia comportamientos peligrosos y violentos, hacia la dependencia de drogas y alcohol, y hacia tantas otras formas de malestar juvenil.<\/p>\n<p>A pesar de todo, incluso en aquellos que se encuentran en situaciones penosas por haber seguido los consejos de \u00abmalos maestros\u00bb, no se apaga el deseo del verdadero amor y de la aut\u00e9ntica felicidad. Pero \u00bfc\u00f3mo anunciar la esperanza a estos j\u00f3venes?<\/p>\n<p>Sabemos que el ser humano encuentra su verdadera realizaci\u00f3n s\u00f3lo en Dios. Por tanto, el primer compromiso que nos ata\u00f1e a todos es el de una nueva evangelizaci\u00f3n, que ayude a las nuevas generaciones a descubrir el rostro aut\u00e9ntico de Dios, que es Amor. A vosotros, queridos j\u00f3venes, que busc\u00e1is una esperanza firme, os digo las mismas palabras que San Pablo dirig\u00eda a los cristianos perseguidos en la Roma de entonces: \u00abEl Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Esp\u00edritu Santo\u00bb (Rm 15,13).<\/p>\n<p>[<i>Del Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Juventud &#8211; 2009<\/i>].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La experiencia demuestra que las cualidades personales y los bienes materiales no son suficientes para asegurar esa esperanza que el \u00e1nimo humano busca constantemente. 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