{"id":2794,"date":"2008-12-05T01:28:08","date_gmt":"2008-12-05T07:28:08","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2794"},"modified":"2008-12-04T17:49:00","modified_gmt":"2008-12-04T23:49:00","slug":"manual-del-misionero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2008\/12\/05\/manual-del-misionero\/","title":{"rendered":"Manual del Misionero"},"content":{"rendered":"<p><b>Tarea sublime<\/b><\/p>\n<p>Es ya hora, amad\u00edsimos hijos, de hablar a ustedes, todos cuantos trabajan en la vi\u00f1a del Se\u00f1or, a cuyo celo, juntamente con la propagaci\u00f3n de la verdad cristiana, est\u00e1 encomendada la salvaci\u00f3n de innumerables almas.<\/p>\n<p>Sea lo primero, y como base de todo, procurar formarse cabal concepto de la sublimidad de la misi\u00f3n recibida, que debe absorber todas sus energ\u00edas.<\/p>\n<p>Misi\u00f3n verdaderamente divina, cuya esfera de acci\u00f3n se remonta muy por encima de todas las mezquindades de los intereses humanos, ya que el fin que ustedes buscan es llevar la luz a los pueblos sumidos en sombras de muerte y abrir la senda de la vida a quienes de otra suerte se despe\u00f1ar\u00edan en la ruina.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><b>Evitar nacionalismos<\/b><\/p>\n<p>Convencidos en el alma de que a cada uno se dirig\u00eda el Se\u00f1or cuando dijo: &#8220;Olvida tu pueblo y la casa de tu padre&#8221; (Sal 45,11), recuerden todos los misioneros que su vocaci\u00f3n no es dilatar fronteras de imperios humanos, sino las del reinado de Cristo; ni el prop\u00f3sito es agregar ciudadanos a ninguna patria de aqu\u00ed abajo, sino a la patria de arriba.<\/p>\n<p>Supongamos que entren en la conducta del misionero elementos humanos, y que, en lugar de verse en \u00e9l s\u00f3lo al ap\u00f3stol, se trasluzca tambi\u00e9n al agente de intereses patrios. Inmediatamente su trabajo se har\u00eda sospechoso a la gente, que f\u00e1cilmente podr\u00eda ser arrastrada al convencimiento de ser la religi\u00f3n cristiana propia de una determinada naci\u00f3n y, por lo mismo, de que el abrazarla ser\u00eda renunciar a sus derechos nacionales para someterse a tutelas extranjeras.<\/p>\n<p>He tenido honda amargura por ciertos rumores y comentarios que, en cuesti\u00f3n de Misiones, van esparci\u00e9ndose de unos a\u00f1os a esta parte, por los que se ve que algunos relegan a segundo t\u00e9rmino la dilataci\u00f3n de la Iglesia, releg\u00e1ndola detr\u00e1s de miras nacionalistas; a m\u00ed me admira que no se den cuenta lo mucho que su conducta predispone las voluntades de los no creyentes contra la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>No obrar\u00e1 as\u00ed quien se precie de ser lo que su nombre de misionero cat\u00f3lico significa, pues este tal, teniendo siempre ante los ojos que su misi\u00f3n es embajada de Jesucristo y no legaci\u00f3n de pa\u00eds alguno, se conducir\u00e1 de modo que cualquiera que examine su proceder, al punto reconozca en \u00e9l al ministro de una religi\u00f3n que, sin exclusivismos de fronteras, abraza a todos los hombres que adoran a Dios en verdad y en esp\u00edritu, &#8220;donde no hay distinci\u00f3n de gentil y jud\u00edo, de circuncisi\u00f3n e incircuncisi\u00f3n, de b\u00e1rbaro y escita, de siervo y libre, porque Cristo lo es todo en todos&#8221; (Col 3,11).<\/p>\n<p><b>Vivir pobremente<\/b><\/p>\n<p>El segundo escollo que debe evitarse con sumo cuidado es el de tener otras miras que no sean las del provecho espiritual. La evidencia de este mal nos ahorra el detenernos mucho en aclararlo. En efecto, a quien est\u00e1 pose\u00eddo de la codicia le ser\u00e1 imposible que procure, como es su deber, mirar \u00fanicamente por la gloria divina; imposible que en la obra de la glorificaci\u00f3n de Dios y salud de las almas se halle dispuesto a perder sus bienes y aun la misma vida, cuando as\u00ed lo reclame la caridad.<\/p>\n<p>El buen misionero debe, pues, con todo empe\u00f1o seguir tambi\u00e9n en este punto las huellas del Ap\u00f3stol de las Gentes, quien, si no duda en escribir a Timoteo: &#8220;Estamos contentos, con tal de tener lo suficiente para nuestro sustento y vestido&#8221; (1 Tim 6,8), en la pr\u00e1ctica avanz\u00f3 todav\u00eda tanto en su af\u00e1n de aparecer desinteresado que, aun en medio de los grav\u00edsimos cuidados de su apostolado, quiso ganarse el mantenimiento con el trabajo de sus propias manos.<\/p>\n<p><b>Preparaci\u00f3n intelectual y t\u00e9cnica<\/b><\/p>\n<p>Tampoco debe descuidarse la diligente preparaci\u00f3n que exige la vida del misionero, por m\u00e1s que pueda parecer a alguno que no hay por qu\u00e9 atesorar tanto caudal de ciencia para evangelizar pueblos desprovistos aun de la m\u00e1s elemental cultura. No puede dudarse, es verdad, que, en orden a salvar almas, prevalecen los medios sobrenaturales de la virtud sobre los de la ciencia; pero tambi\u00e9n es cierto que quien no est\u00e9 provisto de un buen caudal de doctrina se encontrar\u00e1 muchas veces deficiente para desempe\u00f1ar con fruto su ministerio.<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntas veces, sin poder recurrir a los libros ni a los sabios, de quienes poder aconsejarse, se ver\u00e1 en la precisi\u00f3n de contestar a muchas dificultades en materia de religi\u00f3n y a consultas muy dif\u00edciles. Est\u00e1 claro que, en estos casos, la reputaci\u00f3n social del misionero depende de mostrarse docto e instruido, y m\u00e1s si se trata de pueblos que se glor\u00edan de progreso y cultura; ser\u00eda muy poco decoroso quedar entonces los maestros de la verdad a la zaga de los ministros del error. Conviene, pues, que los aspirantes al sacerdocio que se sientan con vocaci\u00f3n misionera, mientras se forman para ser \u00fatiles en estas expediciones apost\u00f3licas, se hagan con todo el acopio de conocimientos sagrados y profanos que las distintas situaciones del misionero reclamen.<\/p>\n<p>Estudio de las lenguas ind\u00edgenas<\/p>\n<p>Y ante todo, sea el primer estudio, como es natural, el de la lengua que hablan sus futuros misionados. No debe bastar un conocimiento elemental de ella, sino que se debe llegar a dominarla y manejarla con destreza; porque el misionero ha de consagrarse a los doctos lo mismo que a los ignorantes, y no desconoce cu\u00e1n f\u00e1cilmente, quien maneja bien el idioma, puede captar los \u00e1nimos de los naturales.<\/p>\n<p>Misionero que se precie de diligente en el cumplimiento de su deber no deja completamente en manos de catequistas la explicaci\u00f3n de la doctrina, que considera como una de sus principales ocupaciones, toda vez que para eso, para predicar el Evangelio, ha sido enviado por Dios a las Misiones.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, han de ocurrirle casos por su ministerio de ap\u00f3stol y de int\u00e9rprete de religi\u00f3n tan santa, en los que, por invitaci\u00f3n o por cortes\u00eda, se ver\u00e1 obligado a tener que tratar con los hombres de autoridad y letras de la Misi\u00f3n, y entonces, \u00bfde qu\u00e9 manera conservar\u00e1 su dignidad si, por ignorancia de la lengua, se ve incapaz de expresar sus sentimientos?<\/p>\n<p><b>Santidad de vida<\/b><\/p>\n<p>Pero quienes deseen hacerse aptos para el apostolado tienen que concentrar necesariamente sus energ\u00edas en lo que antes hemos indicado, y que es de suma importancia y trascendencia, a saber: la santidad de la vida. Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar, como ha de huir del pecado quien a los dem\u00e1s exhorta que lo detesten.<\/p>\n<p>De una manera especial tiene esto explicaci\u00f3n trat\u00e1ndose de quien ha de vivir entre gentiles, que se gu\u00edan m\u00e1s por lo que ven que por la raz\u00f3n, y para quienes el ejemplo de la vida, en punto a convertirles a la fe, es m\u00e1s elocuente que las palabras.<\/p>\n<p>Sup\u00f3ngase un misionero que, a las m\u00e1s bellas prendas de inteligencia y car\u00e1cter, haya unido una formaci\u00f3n tan vasta como culta y un trato de gentes exquisito; si a tales dotes personales no acompa\u00f1a una vida irreprochable, poca o ninguna eficacia tendr\u00e1 para la conversi\u00f3n de los pueblos, y aun puede ser un obst\u00e1culo para s\u00ed y para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>El misionero deber ser dechado de todos por su humildad, obediencia, pureza de costumbres, se\u00f1al\u00e1ndose sobre todo por su piedad y por su esp\u00edritu de uni\u00f3n y continuo trato con Dios, de quien ha de procurar a menudo recabar el \u00e9xito de sus negocios espirituales, convencido de que la medida de la gracia y ayuda divina en sus empresas corresponder\u00e1 al grado de su uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Para \u00e9l es aquel consejo de San Pablo: &#8220;Revest\u00edos como escogidos que sois de Dios, santos y amados; revest\u00edos de entra\u00f1as de compasi\u00f3n, de benignidad, de modestia, de paciencia&#8221; (Col 3,12). Con el auxilio de estas virtudes caer\u00e1n todos los estorbos y quedar\u00e1 llana y patente a la Verdad la entrada en los corazones de los hombres; porque no hay ninguna voluntad tan contumaz que pueda resistirles f\u00e1cilmente.<\/p>\n<p><b>Caridad y mansedumbre<\/b><\/p>\n<p>El misionero que, lleno de caridad, a ejemplo de Jesucristo, trata de acrecentar el n\u00famero de los hijos de Dios, aun con los paganos m\u00e1s perdidos, ya que tambi\u00e9n \u00e9stos se rescataron con el precio de la misma sangre divina, ha de evitar lo mismo el irritarse ante su agresividad como el dejarse impresionar por la degradaci\u00f3n de sus costumbres; sin despreciarlos ni cansarse de ellos, sin tratarlos con dureza ni aspereza, antes bien ingeni\u00e1ndose con cuantos medios la mansedumbre cristiana pone a su alcance, para irlos atrayendo suavemente hacia el regazo de Jes\u00fas, su Buen Pastor.<\/p>\n<p>Medite a este prop\u00f3sito aquello de la Sagrada Escritura: &#8220;\u00a1Oh cu\u00e1n benigno y suave es, Se\u00f1or, tu esp\u00edritu en todas las cosas! De aqu\u00ed es que los que andan perdidos, t\u00fa les castigas poco a poco; y les amonestas y les hablas de las faltas que cometen para que, dejada la malicia, crean en ti, oh Se\u00f1or&#8230; Pero como t\u00fa eres el soberano Se\u00f1or de todo, juzgas sin pasi\u00f3n y nos gobiernas con moderaci\u00f3n suma&#8221; (Sab 12,1-2; 12,18).<\/p>\n<p>Porque \u00bfqu\u00e9 dificultad, molestia o peligro puede haber capaz de detener en el camino comenzado al embajador de Jesucristo? Ninguno, ciertamente; ya que, agradecid\u00edsimo para con Dios por haberse dignado escogerle para tan sublime empresa, sabr\u00e1 soportar y aun abrazar con heroica magnanimidad todas las contrariedades, asperezas, sufrimientos, fatigas, calumnias, indigencias, hambres y hasta la misma muerte, con tal de arrancar una sola alma de las fauces del infierno.<\/p>\n<p><b>Confianza en Dios<\/b><\/p>\n<p>Con esta disposici\u00f3n y estos alientos siga el misionero tras las huellas de Cristo y de sus ap\u00f3stoles, henchida, s\u00ed, el alma de esperanza, pero convencido tambi\u00e9n de que su confianza ha de estribar solamente en Dios.<\/p>\n<p>La propagaci\u00f3n de la sabidur\u00eda cristiana, lo repetimos, es toda ella obra exclusiva de Dios; pues a s\u00f3lo Dios pertenece el penetrar en el coraz\u00f3n para derramar all\u00ed sobre la inteligencia la luz de la ilustraci\u00f3n divina y para enardecer la voluntad con los est\u00edmulos de las virtudes, a la vez que prestar al hombre las fuerzas sobrenaturales con las que pueda corresponder y efectuar lo que por la luz divina comprendi\u00f3 ser bueno y verdadero.<\/p>\n<p>De donde se deduce que si el Se\u00f1or no auxilia con su gracia a su misionero, quedar\u00e1 \u00e9ste condenado a la esterilidad. Sin embargo, no ha de dejar de trabajar con ah\u00ednco en lo comenzado, confiado en que la divina gracia estar\u00e1 siempre a merced de quien acuda a la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Exhortaci\u00f3n especial a las misioneras<\/b><\/p>\n<p>Al llegar a este punto, no debemos pasar en silencio a las mujeres que, ya desde la cuna misma del cristianismo, aparecen prestando grand\u00edsima ayuda y apoyo a los misioneros en su labor apost\u00f3lica. Sean nuestras mayores alabanzas en loor de esas v\u00edrgenes consagradas al Se\u00f1or que, en tanto n\u00famero, sirven a las Misiones, dedicadas a la educaci\u00f3n de la ni\u00f1ez y al servicio de innumerables instituciones de caridad. Quisi\u00e9ramos que esta nuestra recomendaci\u00f3n de su labor loable sirviese para infundirles nuevos \u00e1nimos en obra de tanta gloria de la Iglesia. Est\u00e9n bien convencidas todas de que el fruto de su ministerio corresponder\u00e1 a la medida del grado de su entrega a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>[<i>Benedicto XV. Traducci\u00f3n de un fragmento de su Carta Apost\u00f3lica Maximum Illud, Sobre la Propagaci\u00f3n de la Fe Cat\u00f3lica (nn. 40-43.46-50.52-57.59-61.64-77)<\/i>].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tarea sublime Es ya hora, amad\u00edsimos hijos, de hablar a ustedes, todos cuantos trabajan en la vi\u00f1a del Se\u00f1or, a cuyo celo, juntamente con la propagaci\u00f3n de la verdad cristiana, est\u00e1 encomendada la salvaci\u00f3n de innumerables almas. 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