{"id":2715,"date":"2008-10-26T01:28:29","date_gmt":"2008-10-26T07:28:29","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2715"},"modified":"2010-06-26T15:12:07","modified_gmt":"2010-06-26T20:12:07","slug":"ejercicios-sobre-el-perdon-51","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2008\/10\/26\/ejercicios-sobre-el-perdon-51\/","title":{"rendered":"Ejercicios sobre el perdon, 51"},"content":{"rendered":"<p><b>PERDONARSE A S\u00cd MISMO: <\/b>Entremos a reflexionar el tema el perd\u00f3n a s\u00ed mismo, que seg\u00fan varios analistas, constituye el momento decisivo en el proceso del perd\u00f3n. En efecto, el perd\u00f3n a Dios y el perd\u00f3n a los otros tiene que pasar por el perd\u00f3n que yo me conceda a m\u00ed mismo. Quien quiere perdonar pero no logra perdonarse a s\u00ed mismo es como quien se mete al mar sin saber nadar. Se convierte en juguete de las olas. Lo esencial de toda sanaci\u00f3n es aprender a perdonarse a s\u00ed mismo, pues desde all\u00ed viene la pr\u00e1ctica para el perd\u00f3n a los dem\u00e1s. Solo el perd\u00f3n que te otorgues a ti mismo lograr\u00e1 restablecer la paz, la armon\u00eda interior y har\u00e1 posible que podamos abrirnos al perd\u00f3n al otro.<\/p>\n<p><b>Origen del desprecio a s\u00ed mismo: <\/b>El coraz\u00f3n se va envejeciendo por el pecado, el odio, la falta de perd\u00f3n. A partir del pecado nuestro coraz\u00f3n se ha llenado de debilidad, culpabilidad, agresividad que, a veces, es dirigida contra los hermanos m\u00e1s cercanos. Puede ser que uno haya sido marcado por reproches humillantes de parte de padres, familiares, educadores: \u00a1eres un bruto! \u00a1no sirves para nada! \u00a1eres un in\u00fatil! O se nos marc\u00f3 con silencios terribles o nos hicieron pasar verg\u00fcenzas ante los dem\u00e1s por habernos comportado de una manera que parec\u00eda reprensible ante los mayores. Somos seres repletos de culpabilidad. Esta puede comenzar ya desde el seno materno, por ejemplo, al no ser acogido, al no ser deseado, o al no ser aquello que se esperaba: ni\u00f1o o ni\u00f1a; todo eso hace que nos sintamos culpables de vivir. Son muy diversos los or\u00edgenes de la culpabilidad, y se contin\u00faa as\u00ed porque no se ha descubierto a\u00fan la realidad profunda, transformadora del perd\u00f3n.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><b>Un coraz\u00f3n nuevo: <\/b>El autoperd\u00f3n, como el perd\u00f3n en general, es el regalo maravilloso que nos ofrece el Se\u00f1or, de un trasplante de coraz\u00f3n, de un cambio que s\u00f3lo El puede realizar en nosotros. Cuando somos indiferentes u odiamos, se ha atrofiado ya nuestro coraz\u00f3n, se ha endurecido como la piedra y es urgente cambiarlo, realizar un trasplante. As\u00ed lo reconoce y lo promete el Se\u00f1or: \u201c<i>Les dar\u00e9 un coraz\u00f3n nuevo\u2026quitar\u00e9 de ustedes el coraz\u00f3n de piedra y les dar\u00e9 un coraz\u00f3n de carne<\/i>\u201d (Ez 36,26). Cuando el coraz\u00f3n experimenta el desamor y avanza por ese camino, se va endureciendo y se va haciendo cada vez m\u00e1s dif\u00edcil el amor. Los remedios ordinarios no act\u00faan y es necesario un cambio del coraz\u00f3n, que solo Dios puede hacer.<\/p>\n<p>Con el coraz\u00f3n nuevo, que nos regala el Esp\u00edritu Santo, podemos iniciar nuevamente el proceso integral del amor, aprendiendo a amarnos y aceptarnos a nosotros mismos, continuando con la aceptaci\u00f3n de los otros y de Dios.<\/p>\n<p>Poder perdonarse a s\u00ed mismo es un a experiencia transformadora. Mucho m\u00e1s que vivir en la forma en que se viv\u00eda cuando se era incapaz de perdonar. Y esta experiencia abre los raudales del amor para ser capaz tambi\u00e9n de perdonar a los dem\u00e1s, a Dios. Poder perdonar no se logra con aspirinas, con medios humanos. Es toda una cirug\u00eda que realiza el gran M\u00e9dico divino, el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p><b>Un nuevo nacimiento: <\/b>Poder perdonar es recibir, igualmente, la gracia de un nuevo nacimiento, regalo del Esp\u00edritu Santo. Solo El realiza ese cambio interior que nos hace capaces de vivir de nuevo el amor con los dem\u00e1s, que nos llena de luz, de paz, de gozo, de esperanza. Cuando esto sucede es porque hemos recibido y se ha realizado en nosotros el milagro sorprendente, el don fabuloso del nuevo nacimiento, como le explicaba el Se\u00f1or a un te\u00f3logo de su tiempo: \u201c<i>El que no nazca de nuevo del agua y del Esp\u00edritu, no puede entrar en el Reino de Dios<\/i>\u201d (Jn 3,5-7).<i> <\/i>S\u00f3lo con el Esp\u00edritu Santo, que es Amor, podremos comenzar a perdonar, podremos empezar de nuevo a amar.<\/p>\n<p>Con este regalo del Se\u00f1or entramos por la autopista de la aceptaci\u00f3n de nosotros mismos. Y realizada esa aventura maravillosa, ya podemos viajar con facilidad por las diversas carreteras del perd\u00f3n a los padres, a la pareja, a los familiares, educadores y dem\u00e1s hermanos. Y es que perdonarse a s\u00ed mismo es, quiz\u00e1s, el mayor desaf\u00edo que podemos encontrar en el vida.<\/p>\n<p><b>Qu\u00e9 es perdonarse a s\u00ed mismo: <\/b>Perdonarse a uno mismo no significa justificar un comportamiento. Tampoco supone no sentir remordimiento por el pasado, pues este se da cuando se ha amado de verdad a ciertas personas; pero deja de convertirse en una fuerza emocional predominante y es sustituido por la misericordia y la bondad. Podemos reprimir la rabia o la culpabilidad, haci\u00e9ndonos creer que todo est\u00e1 bien. Por eso, el perd\u00f3n a s\u00ed mismo requiere una total sinceridad, que hace brillar la luz de la verdad sobre cada rinc\u00f3n oscuro de nuestro yo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, se requiere valor para reconocer la verdad de nuestra experiencia negativa, para aceptar el miedo, la humillaci\u00f3n, la verg\u00fcenza, la tristeza, el despecho y hasta el odio por nosotros mismos. La experiencia del perd\u00f3n a s\u00ed mismo es una fuerza y un est\u00edmulo necesarios para continuar el proceso de sanaci\u00f3n de nosotros mismos, iniciado con el autoperd\u00f3n. Pero es necesaria una oraci\u00f3n fiel, confiada, pidiendo la gracia de poder perdonarse.<\/p>\n<p><b>Un hecho: <\/b>Una se\u00f1ora sufr\u00eda insomnios desde hac\u00eda veinte a\u00f1os. Se hab\u00eda casado hacia los 16 con un hombre de 30. La diferencia de edad era muy grande. Cuando esta mujer lleg\u00f3 a los 20, se enamor\u00f3 de otro hombre joven y enga\u00f1\u00f3 a su marido. Esa relaci\u00f3n dur\u00f3 hasta que su amante muri\u00f3. Despu\u00e9s de esto ella tom\u00f3 conciencia de su pecado y se confes\u00f3, pero no pod\u00eda encontrar la paz ni reconciliar el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>En un grupo de oraci\u00f3n pidi\u00f3 que oraran por ella. En la oraci\u00f3n alguien recibi\u00f3 una visi\u00f3n donde aparec\u00eda esta mujer llevando una tumba sobre su cabeza. Orando por discernimiento se descubri\u00f3 la infidelidad de la mujer y que ella necesitaba, adem\u00e1s del perd\u00f3n sacramental, perdonarse a s\u00ed misma. La mujer respondi\u00f3 que ya hab\u00eda confesado su pecado y que en cada confesi\u00f3n volv\u00eda a confesarlo nuevamente, pero que se sent\u00eda incapaz de perdonarse a s\u00ed misma el haber sido infiel.<\/p>\n<p>Pregunt\u00f3 si no ser\u00eda bueno poner a su marido al corriente de su infidelidad, pero se le hizo ver que era preferible callar, y lo urgente era perdonarse a s\u00ed misma, pedir a Jesucristo la gracia de entrar en una actitud de perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n consigo misma. Se decidi\u00f3 a pedir la gracia y logr\u00f3 perdonarse su infidelidad. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, radiante de alegr\u00eda, dijo: \u201c\u00a1por primera vez he dormido toda la noche!<\/p>\n<p>La culpabilidad nos corroe y nos destruye, porque ordinariamente somos para con nosotros mismos los peores jueces. Nos juzgamos m\u00e1s duramente que Dios, que es amor y ternura. Es necesario recibir la gracia y perdonarnos a nosotros mismos para lograr vivir en equilibrio, en paz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PERDONARSE A S\u00cd MISMO: Entremos a reflexionar el tema el perd\u00f3n a s\u00ed mismo, que seg\u00fan varios analistas, constituye el momento decisivo en el proceso del perd\u00f3n. En efecto, el perd\u00f3n a Dios y el perd\u00f3n a los otros tiene que pasar por el perd\u00f3n que yo me conceda a m\u00ed mismo. 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