{"id":26586,"date":"2014-03-21T05:02:25","date_gmt":"2014-03-21T10:02:25","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=26586"},"modified":"2014-03-21T05:02:25","modified_gmt":"2014-03-21T10:02:25","slug":"destino-universal-de-los-bienes-y-opcion-preferencial-por-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2014\/03\/21\/destino-universal-de-los-bienes-y-opcion-preferencial-por-los-pobres\/","title":{"rendered":"Destino universal de los bienes y opci\u00f3n preferencial por los pobres"},"content":{"rendered":"<p>182 El principio del destino universal de los bienes exige que se vele con particular solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentran en situaciones de marginaci\u00f3n y, en cualquier caso, por las personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado. A este prop\u00f3sito se debe reafirmar, con toda su fuerza, la opci\u00f3n preferencial por los pobres: <sup>384<\/sup> \u00ab Esta es una opci\u00f3n o una forma especial de primac\u00eda en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradici\u00f3n de la Iglesia. Se refiere a la vida de cada cristiano, en cuanto imitador de la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes. Pero hoy, vista la dimensi\u00f3n mundial que ha adquirido la cuesti\u00f3n social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados m\u00e9dicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor \u00bb.<sup>385<\/sup><\/p>\n<p>183 La miseria humana es el signo evidente de la condici\u00f3n de debilidad del hombre y de su necesidad de salvaci\u00f3n.<sup>386<\/sup> De ella se compadeci\u00f3 Cristo Salvador, que se identific\u00f3 con sus \u00ab hermanos m\u00e1s peque\u00f1os \u00bb (Mt 25,40.45). \u00ab Jesucristo reconocer\u00e1 a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres. La buena nueva &#8220;anunciada a los pobres&#8221; (Mt 11,5; Lc 4,18) es el signo de la presencia de Cristo \u00bb.<sup>387<\/sup><\/p>\n<p>Jes\u00fas dice: \u00ab Pobres tendr\u00e9is siempre con vosotros, pero a m\u00ed no me tendr\u00e9is siempre \u00bb (Mt 26,11; cf. Mc 14,3-9; Jn 12,1-8) no para contraponer al servicio de los pobres la atenci\u00f3n dirigida a \u00c9l. El realismo cristiano, mientras por una parte aprecia los esfuerzos laudables que se realizan para erradicar la pobreza, por otra parte pone en guardia frente a posiciones ideol\u00f3gicas y mesianismos que alimentan la ilusi\u00f3n de que se pueda eliminar totalmente de este mundo el problema de la pobreza. Esto suceder\u00e1 s\u00f3lo a su regreso, cuando \u00c9l estar\u00e1 de nuevo con nosotros para siempre. Mientras tanto, los pobres quedan confiados a nosotros y en base a esta responsabilidad seremos juzgados al final (cf. Mt 25,31-46): \u00ab Nuestro Se\u00f1or nos advierte que estaremos separados de \u00c9l si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los peque\u00f1os que son sus hermanos \u00bb.<sup>388<\/sup><\/p>\n<p>184 El amor de la Iglesia por los pobres se inspira en el Evangelio de las bienaventuranzas, en la pobreza de Jes\u00fas y en su atenci\u00f3n por los pobres. Este amor se refiere a la pobreza material y tambi\u00e9n a las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa.<sup>389<\/sup> La Iglesia \u00ab desde los or\u00edgenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos. Lo ha hecho mediante innumerables obras de beneficencia, que siempre y en todo lugar contin\u00faan siendo indispensables \u00bb.<sup>390<\/sup> Inspirada en el precepto evang\u00e9lico: \u00ab De gracia lo recibisteis; dadlo de gracia \u00bb (Mt 10,8), la Iglesia ense\u00f1a a socorrer al pr\u00f3jimo en sus m\u00faltiples necesidades y prodiga en la comunidad humana innumerables obras de misericordia corporales y espirituales: \u00ab Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es tambi\u00e9n una pr\u00e1ctica de justicia que agrada a Dios \u00bb,<sup>391<\/sup> aun cuando la pr\u00e1ctica de la caridad no se reduce a la limosna, sino que implica la atenci\u00f3n a la dimensi\u00f3n social y pol\u00edtica del problema de la pobreza. Sobre esta relaci\u00f3n entre caridad y justicia retorna constantemente la ense\u00f1anza de la Iglesia: \u00ab Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. M\u00e1s que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia \u00bb.<sup>392<\/sup> Los Padres Conciliares recomiendan con fuerza que se cumpla este deber \u00ab para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por raz\u00f3n de justicia \u00bb.<sup>393<\/sup> El amor por los pobres es ciertamente \u00ab incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso ego\u00edsta \u00bb <sup>394<\/sup> (cf. St 5,1-6).<\/p>\n<p><strong>NOTAS para esta secci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><sup>384<\/sup>Cf. Juan Pablo II, Discurso a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla (28 de enero de 1979), I\/8: AAS 71 (1979) 194-195.<\/p>\n<p><sup>385<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 42: AAS 80 (1988) 572-573; cf. Id., Carta enc. Evangelium vitae, 32: AAS 87 (1995) 436-437; Id., Carta ap. Tertio millennio adveniente, 51: AAS 87 (1995) 36; Id., Carta ap. Novo millennio ineunte, 49-50: AAS 93 (2001) 302-303.<\/p>\n<p><sup>386<\/sup>Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2448.<\/p>\n<p><sup>387<\/sup>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2443.<\/p>\n<p><sup>388<\/sup>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1033.<\/p>\n<p><sup>389<\/sup>Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2444.<\/p>\n<p><sup>390<\/sup>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2448.<\/p>\n<p><sup>391<\/sup>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2447.<\/p>\n<p><sup>392<\/sup>San Gregorio Magno, Regula pastoralis, 3, 21: PL 77, 87: \u00ab Nam cum quaelibet necessaria indigentibus ministramus, sua illis reddimus, non nostra largimur; iustitiae potius debitum soluimus, quam misericordiae opera implemus \u00bb.<\/p>\n<p><sup>393<\/sup>Concilio Vaticano II, Decr. Apostolicam actuositatem, 8: ASS 58 (1966) 845; cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2446.<\/p>\n<p><sup>394<\/sup>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2445.<\/p>\n<p><em>Este Compendio se publica \u00edntegramente, por entregas, <a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/categorias\/iglesia-catolica\/biblioteca-vaticana\/compendio-de-doctrina-social\/?order=ASC\">aqu\u00ed<\/a>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>182 El principio del destino universal de los bienes exige que se vele con particular solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentran en situaciones de marginaci\u00f3n y, en cualquier caso, por las personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado. 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