{"id":26315,"date":"2014-03-07T01:59:27","date_gmt":"2014-03-07T06:59:27","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=26315"},"modified":"2014-03-05T15:05:03","modified_gmt":"2014-03-05T20:05:03","slug":"el-principio-etico-del-destino-universal-de-los-bienes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2014\/03\/07\/el-principio-etico-del-destino-universal-de-los-bienes\/","title":{"rendered":"El principio \u00e9tico del destino universal de los bienes"},"content":{"rendered":"<p><strong>171 <\/strong>Entre las m\u00faltiples implicaciones del bien com\u00fan, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes: \u00ab Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la \u00e9gida de la justicia y con la compa\u00f1\u00eda de la caridad \u00bb.<sup>360<\/sup> Este principio se basa en el hecho que \u00ab el origen primigenio de todo lo que es un bien es el acto mismo de Dios que ha creado al mundo y al hombre, y que ha dado a \u00e9ste la tierra para que la domine con su trabajo y goce de sus frutos (cf. Gn 1,28-29). Dios ha dado la tierra a todo el g\u00e9nero humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno. He ah\u00ed, pues, la ra\u00edz primera del destino universal de los bienes de la tierra. \u00c9sta, por su misma fecundidad y capacidad de satisfacer las necesidades del hombre, es el primer don de Dios para el sustento de la vida humana \u00bb.<sup>361<\/sup> La persona, en efecto, no puede prescindir de los bienes materiales que responden a sus necesidades primarias y constituyen las condiciones b\u00e1sicas para su existencia; estos bienes le son absolutamente indispensables para alimentarse y crecer, para comunicarse, para asociarse y para poder conseguir las m\u00e1s altas finalidades a que est\u00e1 llamada.<sup>362<\/sup><\/p>\n<p><strong>172 <\/strong>El principio del destino universal de los bienes de la tierra est\u00e1 en la base del derecho universal al uso de los bienes. Todo hombre debe tener la posibilidad de gozar del bienestar necesario para su pleno desarrollo: el principio del uso com\u00fan de los bienes, es el \u00ab primer principio de todo el ordenamiento \u00e9tico-social \u00bb <sup>363<\/sup> y \u00ab principio peculiar de la doctrina social cristiana \u00bb.<sup>364<\/sup> Por esta raz\u00f3n la Iglesia considera un deber precisar su naturaleza y sus caracter\u00edsticas. Se trata ante todo de un derecho natural, inscrito en la naturaleza del hombre, y no s\u00f3lo de un derecho positivo, ligado a la contingencia hist\u00f3rica; adem\u00e1s este derecho es \u00ab originario \u00bb.<sup>365<\/sup> Es inherente a la persona concreta, a toda persona, y es prioritario respecto a cualquier intervenci\u00f3n humana sobre los bienes, a cualquier ordenamiento jur\u00eddico de los mismos, a cualquier sistema y m\u00e9todo socioecon\u00f3mico: \u00ab Todos los dem\u00e1s derechos, sean los que sean, comprendidos en ellos los de propiedad y comercio libre, a ello [destino universal de los bienes] est\u00e1n subordinados: no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realizaci\u00f3n, y es un deber social grave y urgente hacerlos volver a su finalidad primera \u00bb.<sup>366<\/sup><\/p>\n<p><strong>173 <\/strong>La actuaci\u00f3n concreta del principio del destino universal de los bienes, seg\u00fan los diferentes contextos culturales y sociales, implica una precisa definici\u00f3n de los modos, de los limites, de los objetos. Destino y uso universal no significan que todo est\u00e9 a disposici\u00f3n de cada uno o de todos, ni tampoco que la misma cosa sirva o pertenezca a cada uno o a todos. Si bien es verdad que todos los hombres nacen con el derecho al uso de los bienes, no lo es menos que, para asegurar un ejercicio justo y ordenado, son necesarias intervenciones normativas, fruto de acuerdos nacionales e internacionales, y un ordenamiento jur\u00eddico que determine y especifique tal ejercicio.<\/p>\n<p><strong>174 <\/strong>El principio del destino universal de los bienes invita a cultivar una visi\u00f3n de la econom\u00eda inspirada en valores morales que permitan tener siempre presente el origen y la finalidad de tales bienes, para as\u00ed realizar un mundo justo y solidario, en el que la creaci\u00f3n de la riqueza pueda asumir una funci\u00f3n positiva. La riqueza, efectivamente, presenta esta valencia, en la multiplicidad de las formas que pueden expresarla como resultado de un proceso productivo de elaboraci\u00f3n t\u00e9cnico-econ\u00f3mica de los recursos disponibles, naturales y derivados; es un proceso que debe estar guiado por la inventiva, por la capacidad de proyecci\u00f3n, por el trabajo de los hombres, y debe ser empleado como medio \u00fatil para promover el bienestar de los hombres y de los pueblos y para impedir su exclusi\u00f3n y explotaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>175 <\/strong>El destino universal de los bienes comporta un esfuerzo com\u00fan dirigido a obtener para cada persona y para todos los pueblos las condiciones necesarias de un desarrollo integral, de manera que todos puedan contribuir a la promoci\u00f3n de un mundo m\u00e1s humano, \u00ab donde cada uno pueda dar y recibir, y donde el progreso de unos no sea obst\u00e1culo para el desarrollo de otros ni un pretexto para su servidumbre \u00bb.<sup>367<\/sup> Este principio corresponde al llamado que el Evangelio incesantemente dirige a las personas y a las sociedades de todo tiempo, siempre expuestas a las tentaciones del deseo de poseer, a las que el mismo Se\u00f1or Jes\u00fas quiso someterse (cf. Mc 1,12-13; Mt 4,1-11; Lc 4,1-13) para ense\u00f1arnos el modo de superarlas con su gracia.<\/p>\n<p><strong>NOTAS para esta secci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><sup>360<\/sup>Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 69: AAS 58 (1966) 1090.<\/p>\n<p><sup>361<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 31: AAS 83 (1991) 831.<\/p>\n<p><sup>362<\/sup>Cf. P\u00edo XII, Radiomensaje por el 50\u00ba Aniversario de la \u00ab Rerum novarum \u00bb: AAS 33 (1941) 199-200.<\/p>\n<p><sup>363<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 19: AAS 73 (1981) 525.<\/p>\n<p><sup>364<\/sup>Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 42: AAS 80 (1988) 573.<\/p>\n<p><sup>365<\/sup>P\u00edo XII, Radiomensaje por el 50\u00ba aniversario de la \u00ab Rerum novarum \u00bb: AAS 33 (1941) 199.<\/p>\n<p><sup>366<\/sup>Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 22: AAS 59 (1967) 268.<\/p>\n<p><sup>367<\/sup>Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 90: AAS 79 (1987) 594.<\/p>\n<p><em>Este Compendio se publica \u00edntegramente, por entregas, <a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/categorias\/iglesia-catolica\/biblioteca-vaticana\/compendio-de-doctrina-social\/?order=ASC\">aqu\u00ed<\/a>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>171 Entre las m\u00faltiples implicaciones del bien com\u00fan, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes: \u00ab Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. 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