{"id":26303,"date":"2014-03-05T12:08:38","date_gmt":"2014-03-05T17:08:38","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=26303"},"modified":"2014-03-05T12:08:38","modified_gmt":"2014-03-05T17:08:38","slug":"las-exageraciones-de-las-casas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2014\/03\/05\/las-exageraciones-de-las-casas\/","title":{"rendered":"Las exageraciones de Las Casas"},"content":{"rendered":"<p>Las enormidades de Fr. Bartolom\u00e9 las Casas son tan grandes que tambi\u00e9n quienes le admiran reconocen sus <em>exageraciones<\/em>, aunque las consideran con benevolencia (+V. Carro; M. M\u00aa Mart\u00ednez 114s). Sin embargo, \u00e9stas llegan a tales extremos que a veces son simples<em> difamaciones<\/em>. Las Casas se muestra l\u00facido y persuasivo en sus argumentaciones doctrinales -esto es lo que hay en \u00e9l de m\u00e1s valioso, y en ocasiones genial-, pero pierde con frecuencia esa veracidad al referirse a las situaciones reales de las Indias, cayendo en esa <em>enormizaci\u00f3n<\/em> de la que habla Men\u00e9ndez Pidal (321), uno de sus m\u00e1s severos cr\u00edticos.<\/p>\n<p>Si tomamos, por ejemplo,<em> La destrucci\u00f3n de las Indias<\/em> (1542) -que es la obra de Las Casas m\u00e1s le\u00edda en Europa y la que ha tenido m\u00e1s ediciones, tambi\u00e9n hoy-, vamos encontrando falsedades tan grandes que causan perplejidad. As\u00ed, al referirse a la tr\u00e1gica despoblaci\u00f3n de las Antillas, de la que antes hemos hablado, asegura que \u00abhabiendo en la isla Espa\u00f1ola sobre tres cuentos [millones] de almas que vimos, no hay hoy de los naturales de ella doscientas personas\u00bb. M\u00e1s a\u00fan, \u00abdaremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta a\u00f1os por las dichas tiran\u00edas e infernales obras de los cristianos, injusta y tir\u00e1nicamente, m\u00e1s de doce cuentos de \u00e1nimas, hombres y mujeres y ni\u00f1os; y en verdad que creo, sin pensar enga\u00f1arme, que son m\u00e1s de quince cuentos\u00bb (15).<\/p>\n<p>En la Espa\u00f1ola, asegura Las Casas, los cristianos quemaban vivos a los naturales \u00abde trece en trece\u00bb, y precisa delicadamente \u00aba honor y reverencia de Nuestro Redentor y de los doce ap\u00f3stoles\u00bb (18). En Venezuela han matado y echado al infierno \u00abde infinitas e inmensas injusticias, insultos y estragos tres o cuatro\u00bb millones de indios (88). Y en la regi\u00f3n de Santa Marta los espa\u00f1oles \u00abtienen carnicer\u00eda p\u00fablica de carne humana, y d\u00edcense unos a otros: &#8220;Pr\u00e9stame un cuarto de un bellaco de \u00e9sos para dar de comer a mis perros hasta que yo mate otro&#8221;\u00bb (112)&#8230;<\/p>\n<p>Y todav\u00eda Las Casas no queda conforme con lo que ha dicho, pues a\u00f1ade que \u00aben todas cuantas cosas he dicho y cuanto lo he encarecido, no he dicho ni encarecido, en calidad ni en cantidad, de diez mil partes (de lo que se ha hecho y se hace hoy) una\u00bb (113).<\/p>\n<p>Cuando, por ejemplo, dice Las Casas que en la Espa\u00f1ola hay \u00abtreinta mil r\u00edos y arroyos\u00bb, de los cuales \u00abveinte y veinte y cinco mil son riqu\u00edsimos de oro\u00bb (21), podemos aceptar -con reservas, trat\u00e1ndose de un informe serio- tan enorme hip\u00e9rbole. Tambi\u00e9n nosotros empleamos expresiones semejantes: \u00abTe he dicho <em>mil<\/em> veces\u00bb&#8230; Pero en otros lugares, como los citados, nos vemos obligados a estimar que se trata de afirmaciones falsas. Concretamente, las cifras para el historiador Las Casas nunca constituyeron un problema especial. En <em>denigraci\u00f3n<\/em> de los espa\u00f1oles puede decir, por ejemplo, que Pedrarias, en los pocos a\u00f1os que estuvo de gobernador en el Dari\u00e9n, mat\u00f3 y ech\u00f3 al infierno \u00absobre m\u00e1s de 500.000 almas\u00bb (<em>H\u00aa Indias<\/em> III,141); en tanto que, en <em>defensa<\/em> de los indios no trepida en asegurar que en Nueva Espa\u00f1a los aztecas no mataban al a\u00f1o \u00abni ciento ni cincuenta\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Tampoco la fama de las personas requiere de Las Casas un tratamiento cuidadoso. Hablando, por ejemplo, del capit\u00e1n Hernando de Soto, de cuya muerte cristian\u00edsima sabemos por el relato de un portugu\u00e9s, dice en la <em>Destrucci\u00f3n<\/em> que \u00abel tirano mayor\u00bb, despu\u00e9s de cometer toda clase de maldades, \u00abmuri\u00f3 como malaventurado, sin confesi\u00f3n, y no dudamos sino que fue sepultado en los infiernos, si quiz\u00e1 Dios ocultamente no le provey\u00f3, seg\u00fan su divina misericordia y no seg\u00fan los dem\u00e9ritos de \u00e9l\u00bb (95). Al disponerse a referir la muerte de N\u00fa\u00f1ez de Balboa, que fue degollado por sus rivales pol\u00edticos, escribe con manifiesto regodeo: \u00abComencemos a referir el principio y discurso de c\u00f3mo se le aparejaba su San Mart\u00edn\u00bb -d\u00eda acostumbrado en Espa\u00f1a para degollar los cerdos- (<em>H\u00aa Indias<\/em> III,53). Y del ya muerto, a\u00f1ade: \u00abY ser\u00e1 bien que se coloque a Vasco N\u00fa\u00f1ez en el cat\u00e1logo de los perdidos, con Nicuesa y Hojeda\u00bb (III,76).<\/p>\n<p>Es un grave error pensar que <em>no puede haber exceso ni falsedad en la defensa de los inocentes<\/em>. Los inocentes deben ser defendidos honradamente con el arma de la verdad exacta, que es la m\u00e1s fuerte. Nunca la <em>falsedad<\/em> es buen fundamento para una causa <em>justa<\/em>, sino que m\u00e1s bien la debilita. Cuando se leen algunos de estos relatos de Las Casas es como para dudar de si estaba en sus cabales. Todo hace pensar que Las Casas no ment\u00eda conscientemente, sino que se obnubilaba defendiendo su amor y justificando su odio.<\/p>\n<p>Ya algunos contempor\u00e1neos, como Motolin\u00eda, fueron conscientes de la condici\u00f3n an\u00f3mala de la personalidad de Las Casas. El mismo padre Las Casas cuenta que, despu\u00e9s que tuvo una violenta discusi\u00f3n con el obispo Fonseca, los del Consejo de Indias pensaron que no se pod\u00eda hacer demasiado caso del <em>Cl\u00e9rigo<\/em>, \u00abcomo <em>hombre defectuoso<\/em> y que <em>exced\u00eda<\/em>, en lo que de los males y da\u00f1os que padec\u00edan estas gentes y destruici\u00f3n de estas tierras afirmaba, <em>los t\u00e9rminos de la verdad<\/em>\u00bb (<em>H\u00aa Indias<\/em> III,140). Por eso tiene raz\u00f3n Ram\u00f3n Men\u00e9ndez Pidal cuando afirma que Las Casas \u00abno tiene intenci\u00f3n de falsear los hechos, sino que <em>los ve falsamente<\/em>\u00bb (108). <\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, todas las enormidades de Las Casas sirvieron para estimular la defensa de los indios, para alimentar la <em>leyenda negra<\/em> -que en sus escritos, especialmente en la <em>Destruici\u00f3n<\/em>, encontr\u00f3 su base fundamental-, y para restar credibilidad a las importantes verdades que, con otros te\u00f3logos m\u00e1s exactos, estuvo llamado a transmitir.<\/p>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las enormidades de Fr. 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