{"id":26035,"date":"2014-02-26T01:11:00","date_gmt":"2014-02-26T06:11:00","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=26035"},"modified":"2014-02-24T15:19:28","modified_gmt":"2014-02-24T20:19:28","slug":"la-disputa-de-valladolid-1550","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2014\/02\/26\/la-disputa-de-valladolid-1550\/","title":{"rendered":"La disputa de Valladolid, 1550"},"content":{"rendered":"<p>Las denuncias concretas de abusos y las discusiones te\u00f3ricas sobre <em>la duda indiana<\/em> no cesaban en Espa\u00f1a, sino que arreciaban a mediados del XVI. Desde hac\u00eda a\u00f1os ven\u00edan, siempre enfrentadas, dos corrientes de pensamiento. Un sector, compuesto m\u00e1s bien por juristas laicos, en el que se contaban Mart\u00edn Fern\u00e1ndez de Enciso, el doctor Palacios Rubios, Gregorio L\u00f3pez y Sol\u00f3rzano Pereira, segu\u00edan la doctrina cl\u00e1sica del Ostiense, cardenal Enrique de Susa, en la <em>Summa aurea<\/em> (1271), que atribu\u00eda al Papa, <em>Dominus orbis<\/em>, un dominio civil y temporal sobre todo el mundo. Otros, en general te\u00f3logos y religiosos, m\u00e1s pr\u00f3ximos a Santo Tom\u00e1s, como John Maior, Las Casas, Francisco de Vitoria, fray Antonio de C\u00f3rdoba, fray Domingo de Soto o V\u00e1zquez Menchaca, rechazaban la validez de la <em>donaci\u00f3n pontificia<\/em> de las Indias, y fundamentaban en otros t\u00edtulos, como ya hemos visto, la acci\u00f3n de Espa\u00f1a en las Indias. <\/p>\n<p>A tanto llegaba en la Pen\u00ednsula la tensi\u00f3n de estas dudas morales, que el Consejo de Indias propuso al rey en 1549 <em>suspender las conquistas<\/em> armadas y debatir el problema a fondo. As\u00ed lo decidi\u00f3 el Rey en 1550, pues las conquistas, de proseguirse, hab\u00edan de ser realizadas seg\u00fan \u00e9l quer\u00eda, \u00abcon las justificaciones y medios que convenga, de manera que nuestros s\u00fabditos y vasallos las puedan hacer con buen t\u00edtulo y nuestra conciencia quede descargada\u00bb.<\/p>\n<p>El gran debate se inici\u00f3 en agosto de 1550, en la Junta de Valladolid, y los dos campeones contrapuestos fueron Juan Gin\u00e9s de Sep\u00falveda y el padre Bartolom\u00e9 de Las Casas, que acababa de renunciar a su sede episcopal. Tres grandes te\u00f3logos dominicos, Melchor Cano, Domingo de Soto y Bartolom\u00e9 de Carranza moderaron la pol\u00e9mica. Y fue Soto, presidente de la junta, el encargado de centrar el debate:<\/p>\n<p>Se trataba de saber \u00absi es l\u00edcito a S. M. hacer guerra a aquellos indios antes que se les predique la fe, para sujetarlos a su imperio, y que despu\u00e9s de sujetados puedan m\u00e1s f\u00e1cil y c\u00f3modamente ser ense\u00f1ados y alumbrados por la doctrina evang\u00e9lica. El doctor Sep\u00falveda sustenta la parte afirmativa, el se\u00f1or Obispo defiende la negativa\u00bb (C\u00e9spedes n.36; BAE 110, 293-348).<\/p>\n<p>Sep\u00falveda, ateni\u00e9ndose al tema, expuso de modo conciso, y sin descalificaciones personales, su pensamiento acerca de la validez de la donaci\u00f3n pontificia, y acerca del derecho, m\u00e1s a\u00fan del deber que un pueblo m\u00e1s racional tiene de civilizar a otro m\u00e1s primitivo. Este derecho ser\u00eda tanto m\u00e1s patente si el pueblo b\u00e1rbaro practicara atrocidades <em>contra natura<\/em>, y si el hecho de dominarlo, guardando la moderaci\u00f3n debida en los medios, estuviera orientado a la evangelizaci\u00f3n. Ser\u00eda ilusoria la posibilidad de evangelizar en tanto no se consiguiera una pacificaci\u00f3n suficiente de los referidos pueblos b\u00e1rbaros.<\/p>\n<p>Las Casas, partiendo de un pensamiento m\u00e1s cristiano y mucho m\u00e1s sensible a los derechos de la persona, atac\u00f3 con fuerza las tesis precedentes y las personas de quienes las sustentaban, y en prolongadas intervenciones, denunci\u00f3 -unas veces con verdad y otras sin ella- las atrocidades cometidas en las Indias.<\/p>\n<p>Sobre estas crueldades y excesos, Sep\u00falveda alegaba que \u00aben la Nueva Espa\u00f1a [M\u00e9xico], a dicho de todos los que de ella vienen y han tenido cuidado de saber esto, se sacrificaban <em>cada a\u00f1o m\u00e1s de veinte mil personas<\/em>, el cual n\u00famero multiplicado por treinta a\u00f1os que ha se gan\u00f3 y se quit\u00f3 este sacrificio, ser\u00edan ya seiscientos mil, y en conquistarla a ella toda, no creo que murieran m\u00e1s n\u00famero de los que ellos sacrificaban en un a\u00f1o\u00bb (objeci\u00f3n 11\u00aa).<\/p>\n<p>Esto era para Las Casas una difamaci\u00f3n intolerable de los indios:<\/p>\n<p>\u00abDigo que no es verdad que en la Nueva Espa\u00f1a se sacrificaban veinte mil personas, ni ciento, ni cincuenta cada a\u00f1o, porque si esto fuera no hall\u00e1ramos tan infinitas gentes como hallamos. Y esto no es sino la voz de los tiranos, por excusar y justificar sus violencias tir\u00e1nicas y por tener opresos y desollar los indios\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, autores modernos mexicanos, como Alfonso Trueba en su libro sobre Cort\u00e9s, bas\u00e1ndose en los datos de las cr\u00f3nicas primitivas y en el estudio del calendario religioso mexicano, calculan que \u00aben el imperio azteca se sacrificaban <em>veinte mil hombres al a\u00f1o<\/em>\u00bb (100). <\/p>\n<p>En fin, los dos polemistas, no sin raz\u00f3n, se atribuyeron la victoria en el debate.<\/p>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las denuncias concretas de abusos y las discusiones te\u00f3ricas sobre la duda indiana no cesaban en Espa\u00f1a, sino que arreciaban a mediados del XVI. Desde hac\u00eda a\u00f1os ven\u00edan, siempre enfrentadas, dos corrientes de pensamiento. 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