{"id":2573,"date":"2008-08-17T01:41:43","date_gmt":"2008-08-17T07:41:43","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2573"},"modified":"2008-09-19T10:54:29","modified_gmt":"2008-09-19T16:54:29","slug":"ejercicios-sobre-el-perdon-39","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2008\/08\/17\/ejercicios-sobre-el-perdon-39\/","title":{"rendered":"Ejercicios sobre el perd\u00f3n, 41"},"content":{"rendered":"<p><b>El Perd\u00f3n Construye Comunidad: <\/b>Nosotros nacimos en una familia y fuimos creados para vivir en comunidad. Nos necesitamos los unos a los otros. Por eso, convivir con las personas exige saber perdonar para recomponer las relaciones rotas o interrumpidas con los hermanos. Como el odio enferma, el perd\u00f3n sana, a condici\u00f3n de que perdonemos de coraz\u00f3n y al estilo de Jes\u00fas. Una comunidad cristiana, arraigada en la alabanza y en el perd\u00f3n, es el lugar adecuado al cual pueden acudir los quebrantados de coraz\u00f3n y recibir curaci\u00f3n. Veamos el siguiente testimonio sobre lo que es un perd\u00f3n de coraz\u00f3n y al estilo del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Habla un sacerdote: \u201cEn el curso del interminable conflicto del L\u00edbano fui invitado por algunas comunidades cristianas a compartir sus angustias y sus esperanzas en medio de una tragedia permanente cuyo desenlace nadie pod\u00eda prever. Beirut estaba a\u00fan dividido en dos. Las armas tronaban sin cesar. Los francotiradores, emboscados en algunos edificios derruidos o en las esquinas de las calles, abat\u00edan sistem\u00e1ticamente a cuantos ca\u00edan en su l\u00ednea de mira, hombres y mujeres.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Una tarde, en casa de unos amigos libaneses, fui invitado por unas comunidades cristianas a compartir sus angustias y sellar un acuerdo fraternal. Alguien propuso leer una p\u00e1gina del Evangelio. Vacil\u00f3 unos segundos; despu\u00e9s de recorrer con la mirada al grupo que permanec\u00eda atento, ley\u00f3 el pasaje sobre el perd\u00f3n (Mt 18, 23-35). Aquel era un grupo de amigos, hombres y mujeres atormentados por a\u00f1os de guerra, en la que todos hab\u00edan perdido uno o varios miembros de sus familias. Ca\u00ed instintivamente en la cuenta en <b>la enormidad<\/b> de las palabras de Jes\u00fas. Dominando su dolor, aquellas gentes se atrevieron a hablar. Estupefacto, o\u00ed aquellas voces rotas por tantas desgracias reconocer humildemente que semejante perd\u00f3n no pod\u00eda brotar naturalmente de su coraz\u00f3n. Demasiado odio, sangre y muerte les hab\u00eda triturado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esa confesi\u00f3n sin rebozo, <b>se pusieron espont\u00e1neamente a orar<\/b>, <b>pidiendo a Dios<\/b> que hiciera nacer en ellos por la fuerza de su Esp\u00edritu <b>aquel perd\u00f3n imposible<\/b>. Su oraci\u00f3n era de una grandeza y densidad impresionantes. Al t\u00e9rmino de la oraci\u00f3n, ya entrada la noche, uno de ellos me acompa\u00f1\u00f3 al carro. Al separarnos, me ofreci\u00f3 un dinero y me dijo: \u201cPadre, quiero que diga una misa por mis dos hijos, muertos a los 16 y 20 a\u00f1os\u201d. Y, despu\u00e9s de una breve vacilaci\u00f3n, a\u00f1adi\u00f3: \u201cLos torturaron, les arrancaron los ojos y la lengua\u2026\u201d Y, antes incluso de que yo tuviera tiempo de reaccionar, aturdido por semejante atrocidad, me dio otro billete explicando: \u201cY diga otra misa por quienes los mataron\u201d. Mi garganta fue incapaz de emitir sonido alguno. Solo estrech\u00e9 su mano largamente, en silencio. Me march\u00e9 inundado por la grandeza de aquel perd\u00f3n, que brot\u00f3 desde la oraci\u00f3n. <b>Aquella noche, antes de acostarme, a pesar del horror de cuanto hab\u00eda escuchado, una inmensa acci\u00f3n de gracias se elev\u00f3 de mi coraz\u00f3n: \u00a1qu\u00e9 grande, Se\u00f1or, es el hombre que sabe perdonar como T\u00fa! De pronto me percat\u00e9 de que el perd\u00f3n puede constituir una de las m\u00e1s hermosas manifestaciones del Esp\u00edritu en el coraz\u00f3n humano, pues ese gesto no sale espont\u00e1neamente del coraz\u00f3n, ni es a la medida humana.: <\/b>Comprend\u00ed que \u201cperdonar\u201d es realmente un paso del Esp\u00edritu; es participar del amor infinito del Padre; es tener \u201cparte en el don de su amor\u201d. Nuestra l\u00f3gica humana, la del espiral del odio, de la venganza que engendra venganza, violencia, queda rota por el \u201cperd\u00f3n\u201d.\u00bfQu\u00e9 incre\u00edble salto! \u00a1Pasar de nuestra l\u00f3gica humana a la del Padre Dios; a la del amor de Jes\u00fas, que un d\u00eda en el Calvario expir\u00f3 suplicando: \u201c<i>Padre, \u00a1perd\u00f3nales, porque nos saben lo que hacen!<\/i>\u201d(Lc 23,34).<\/p>\n<p>Pero, perdonar no puede ser un tr\u00e1mite burocr\u00e1tico que tarda meses y meses; tampoco implica pactos ni firma de tratados. Es una de las capacidades humanas que da dignidad y se\u00f1or\u00edo, al sobreponernos por voluntad propia a nuestros sentimientos heridos y cancelar, en los dem\u00e1s, deudas que tienen con nosotros. Es el cemento que rehace la comunidad cuando se ha dividido.<\/p>\n<p><b>Jes\u00fas vincula la justicia a la misericordia: <\/b>En el Antiguo Testamento prevalec\u00eda la <i>ley del Tali\u00f3n<\/i>, inspirada en la estricta justicia: \u00abojo por ojo, diente por diente\u00bb. En tiempo de Jes\u00fas, los escribas y fariseos se hab\u00edan quedado en el cumplimiento exacto y minucioso, pero externo, de los preceptos. Para entrar en el Reino de los Cielos es necesario superar radicalmente la concepci\u00f3n antigua y el cumplimiento solo externo. Jesucristo introduce una modificaci\u00f3n fundamental, tremendamente revolucionaria, que consiste en vincular la justicia a la misericordia, m\u00e1s a\u00fan, en subordinar la justicia al amor y atender al coraz\u00f3n, que es donde se produce el mal que contamina al hombre. A partir de \u00c9l, las ofensas recibidas deber\u00e1n perdonarse, porque el perd\u00f3n es parte esencial del amor. Jes\u00fas no pide &#8220;un poco m\u00e1s de amor&#8221;, sino hacer lo contrario de lo que exige la justicia, y\u00e9ndose al otro extremo por el camino del perd\u00f3n y del amor\u00bb. Si el AT dec\u00eda \u201cno matar\u00e1s\u201d, Jes\u00fas manda: \u201cno encolerizarse con el hermano\u201d (Mt 5, 20-24).<\/p>\n<p><b>Perdonar es una decisi\u00f3n: <\/b>A diferencia del resentimiento producido por ofensas recibidas, el perd\u00f3n no es un sentimiento. Perdonar no equivale a dejar de sentir. Hay quienes consideran que est\u00e1n incapacitados para perdonar ciertos agravios porque no pueden eliminar sus sentimientos: no pueden dejar de experimentar la herida, el odio ni el af\u00e1n de venganza. De aqu\u00ed pueden derivarse complicaciones en el \u00e1mbito de la conciencia moral, especialmente si se tiene en cuenta que Dios espera que perdonemos para perdonarnos \u00c9l. La incapacidad para dejar de sentir el resentimiento, en el nivel emocional, puede ser insuperable, al menos en el corto plazo. Sin embargo, si se comprende que el perd\u00f3n se sit\u00faa en un nivel distinto al del resentimiento, esto es, en el nivel de la voluntad, se descubrir\u00e1 el camino que apunta a la soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>El perd\u00f3n es un acto de la voluntad porque consiste en una decisi\u00f3n. Al perdonar opto por cancelar la deuda moral que el otro ha contra\u00eddo conmigo al ofenderme y, por tanto, lo libero en cuanto deudor. No se trata de suprimir la ofensa cometida, y hacer que nunca haya existido, porque carecemos de ese poder. S\u00f3lo Dios puede borrar la ofensa y conseguir que el ofensor regrese a la situaci\u00f3n en que se encontraba antes de cometerla. Pero nosotros, cuando perdonamos de verdad, desear\u00edamos que el otro quedara completamente eximido de la mala acci\u00f3n que cometi\u00f3. Por eso, \u00abperdonar implica pedir a Dios que perdone, pues s\u00f3lo as\u00ed la ofensa es aniquilada\u00bb.<b>Pasos para aprender a perdonar: <\/b>Ante una ofensa, la alternativa m\u00e1s noble, inteligente y sabia no es otra que la del perd\u00f3n-amor, que nos libera de miedos y temores, de actitudes violentas y de ataque y nos proporciona libertad y paz interior; en definitiva, felicidad. En efecto:<\/p>\n<p>1. Cuando optamos por el perd\u00f3n y perdonamos de coraz\u00f3n, nos despojamos por completo del odio, del rencor y de los sentimientos de venganza. Nos sentimos m\u00e1s humanos, m\u00e1s libres, m\u00e1s bondadosos. En definitiva, en paz con nosotros mismos y felices.<\/p>\n<p>2. El que perdona o pide perd\u00f3n de coraz\u00f3n, se ennoblece y dignifica al instante, pues solo las almas nobles, grandes y sensibles est\u00e1n dispuestas a perdonar y a mostrarse compasivas y tolerantes con las debilidades y miserias humanas. La bondad y el perd\u00f3n siempre andan a la par. Quien quiera incrementar su bondad, no encontrar\u00e1 mejor atajo que aprender a perdonar.<\/p>\n<p>3. Si odiar es envejecer, morir espiritualmente, porque todo el que odia se instala en un pasado destructivo. Perdonar es rejuvenecer el esp\u00edritu y construir un presente mejor con amor. El amor-perd\u00f3n, como pr\u00e1ctica habitual, nos proporciona paz y un perfecto estado de salud ps\u00edquica.<\/p>\n<p>4. El odio y la venganza nos presentan la realidad de forma totalmente distorsionada. El perd\u00f3n, por el contrario, nos hace inteligentes y emp\u00e1ticos, relaja nuestro cuerpo y nuestra mente, nos da perspectiva, corrige nuestras percepciones err\u00f3neas de la realidad y nos abre a la objetividad y a la verdad. El perd\u00f3n rompe definitivamente las cadenas con las que nos encarcela y esclaviza el resentimiento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Perd\u00f3n Construye Comunidad: Nosotros nacimos en una familia y fuimos creados para vivir en comunidad. Nos necesitamos los unos a los otros. Por eso, convivir con las personas exige saber perdonar para recomponer las relaciones rotas o interrumpidas con los hermanos. 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