{"id":2426,"date":"2008-06-01T01:07:03","date_gmt":"2008-06-01T07:07:03","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2426"},"modified":"2008-09-19T10:52:27","modified_gmt":"2008-09-19T16:52:27","slug":"ejercicios-sobre-el-perdon-28","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2008\/06\/01\/ejercicios-sobre-el-perdon-28\/","title":{"rendered":"Ejercicios sobre el perd\u00f3n, 30"},"content":{"rendered":"<p><b>Jes\u00fas, El Rostro del Padre<\/b><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/fraynelson.com\/banco_imagenes\/Jesus_saludo.jpg\" alt=\"El Se\u00f1or est\u00e1 aqu\u00ed\" width=200 align=right hspace=10 \/>Para poder entender mucho mejor el perd\u00f3n, les propongo acercarnos y hundirnos en la adorable persona de Jes\u00fas, que en todo momento nos ha ense\u00f1ado que Dios es Perd\u00f3n, que el Padre es perd\u00f3n, que El es perd\u00f3n. Fascina la persona de nuestro Salvador. Es totalmente cercano, pero aparece trascendente en su manera de obrar, actuando como Dios al perdonar los pecados de los hombres. Porque \u201c<i>el Hijo del hombre tiene en la tierra el poder de perdonar los pecados<\/i>\u201d (Mc 2,10). El Jes\u00fas que nos presentan los evangelios es un Jes\u00fas que cautiva, fascina, seduce y deja en nosotros una marca imborrable, apareciendo tambi\u00e9n como Maestro. El nos ense\u00f1a con su palabra y con su vida.<\/p>\n<p>Entremos a ver esta faceta de Jes\u00fas, que es un padre y un Maestro perdonando. Nos ense\u00f1a con su manera tan fina y delicada de perdonar, con su modo recibir a los pecadores y a quienes necesitan ser rehechos con el perd\u00f3n. Comprenderemos mejor al Jes\u00fas del perd\u00f3n si hemos hecho la experiencia de acercarnos a El a recibir su perd\u00f3n amoroso y tierno. De Jes\u00fas sabemos lo que hemos vivido de El y con El. De todos modos al Jes\u00fas que perdona se le entiende mejor en la meditaci\u00f3n serena de su vida, en la escucha silenciosa dej\u00e1ndose empapar por la lluvia fina de la contemplaci\u00f3n, de la iluminaci\u00f3n callada de su Esp\u00edritu de Resucitado, llenando de perd\u00f3n al pie del lago a Pedro, a sus disc\u00edpulos y al mundo entero.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><b>El revelador del Padre: <\/b>Cuando uno de sus disc\u00edpulos, Felipe, en medio de una inmensa nostalgia por el Padre de quien les acaba de hablar Jes\u00fas, le pidi\u00f3 que les mostrara al Padre, Jes\u00fas nos regal\u00f3 esta maravillosa revelaci\u00f3n: \u201c<i>el que me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre<\/i>\u201d (Jn 14,9). Jes\u00fas, con su rostro, con su persona, con sus obras, con su palabra nos revela al Padre, nos regala la revelaci\u00f3n inaudita de la misericordia y del perd\u00f3n de nuestro Padre Dios.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no solo acoge a los pecadores y come con ellos, sino que proclama que no ha venido a condenar, sino a curar y a perdonar. Es esta la gran novedad de Jes\u00fas, que ha venido a \u201c<i>traer fuego a la tierra\u201d <\/i>pero no el fuego de la c\u00f3lera, de la violencia, de la venganza, sino el fuego del amor misericordioso, del perd\u00f3n. Su vida entera y sus actos son la revelaci\u00f3n \u00faltima de la misericordia de Dios, cuyas entra\u00f1as se conmueven ante la miseria del hombre. Jes\u00fas es le buen samaritano, \u201c<i>que se compadece<\/i>\u201d del hombre herido y abandonado a la orilla del camino. No solamente no rechaza al pecador, sino que se invita para entrar a su casa.<\/p>\n<p><b>La aut\u00e9ntica imagen de Jes\u00fas: <\/b>El Evangelio nos muestra la figura externa e interna de Jes\u00fas. Nos muestra al Jes\u00fas misericordioso en todas sus p\u00e1ginas. Una de ellas es el texto evang\u00e9lico de (Mc 2, 1-12), de un paral\u00edtico sanado por Jes\u00fas. Este cuadro nos ofrece una aut\u00e9ntica imagen de Jes\u00fas, que aparece aqu\u00ed investido de un <i>poder extraordinario<\/i>, que lo descubre como Dios: el poder de curar unido al de perdonar los pecados. S\u00f3lo Dios perdona los pecados, solo Dios tiene el poder de curar al paral\u00edtico. Jes\u00fas subordina la curaci\u00f3n del paral\u00edtico al poder del perd\u00f3n. La curaci\u00f3n del paral\u00edtico es, por tanto, el testimonio impresionante de que Dios se manifiesta plenamente en Jes\u00fas, que perdona y cura; Dios est\u00e1 presente en Jes\u00fas y obra mediante \u00e9l su plan de perd\u00f3n y salvaci\u00f3n. Esta milagrosa sanaci\u00f3n contiene en s\u00ed la clave interpretativa para saber qui\u00e9n es Jes\u00fas. Solo Dios puede perdonar los pecados; Jes\u00fas los perdona, luego El es Dios. En esta curaci\u00f3n aparecen los dos niveles de la identidad y de la misi\u00f3n de Jes\u00fas: el humano y el trascendente. \u201c<i>solo Dios tiene el poder de perdonar<\/i>\u201d (v. 7).<i> <\/i> El aparece con los dos poderes por igual: perdonando y curando. Aunque san Agust\u00edn dir\u00e1: \u201ces m\u00e1s glorioso para Dios sacar bien del mal que crear algo de la nada; as\u00ed es m\u00e1s sublime convertir a un pecador, d\u00e1ndole la vida de la gracia, que crear de la nada todo el mundo f\u00edsico, el cielo y la tierra\u201d.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no cesa en su intento de restaurar la amistad buscando la reconciliaci\u00f3n de Dios con el hombre y de los hombres entre s\u00ed. Dentro de nosotros existe una fuerza hostil que turba y destruye nuestra relaciones con el Dios de amor y hace, a veces, imposible la convivencia en paz y armon\u00eda. Necesitamos, pues, redescubrir la necesidad del perd\u00f3n y conocer y valorar los m\u00faltiples caminos que el Se\u00f1or a trav\u00e9s de la Iglesia. El sacramento de la Reconciliaci\u00f3n es la v\u00eda primera v\u00eda del perd\u00f3n. Cuando recibimos generosamente de Dios el perd\u00f3n hemos hecho una experiencia maravillosa de la misericordia del Padre sobre nosotros y estamos en capacidad de entregar nuestro perd\u00f3n a quien sea y ante las ofensas que nos hayan hecho. Las relaciones humanas no pueden jam\u00e1s fijarnos en nuestro pasado y no perdonar es uno de los m\u00e1s temibles peligros que se nos presentan.<\/p>\n<p><b>El Padre misericordioso: <\/b>Otro de los momentos en que Jes\u00fas nos revela el rostro misericordioso del Padre, que perdona siempre, es la par\u00e1bola del \u201cpadre misericordioso\u201d (Lc 15,1-3. 11-32). En ella encontramos dos mentalidades, dos concepciones enfrentadas de Dios.<\/p>\n<p>Por una parte est\u00e1 la conducta de Jes\u00fas abierta y dialogante, sin antipat\u00eda ni clasismos, que no huye de los pecadores sino que los busca, los acepta, los perdona y come con ellos. Por otra est\u00e1n los fariseos, y quienes son como ellos, que no aceptan al pecador y, por lo mismo, son incapaces de perdonar. En este modo de ver a Dios hay un antropomorfismo obstinado en rebajar a Dios al nivel de los criterios humanos. Jes\u00fas quiere superar ese antropomorfismo y revelarnos el verdadero rostro de Dios, a quien Jes\u00fas conoce porque viene de Dios, m\u00e1s a\u00fan, El es Dios. No podemos partir de nuestros conceptos para elaborar un Dios a nuestra medida. Importa, pues, dejarnos instruir por las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, revelador del Padre Dios y con su ense\u00f1anza llegar a descubrir el verdadero rostro de Dios. Ver a Dios como los fariseos, o como ellos, es idolatr\u00eda. Ese \u00eddolo del dios severo con coraz\u00f3n de hierro tiene hoy adoradores y profetas y no comprende el misterio del amor y del perd\u00f3n del Se\u00f1or. Su dios es distante y fr\u00edo. Choca con el Dios cercano, en medio de nosotros y perdonador, que nos ha revelado Jesucristo.<\/p>\n<p>En la par\u00e1bola, los dos hijos aparecen \u00fanicamente para mostrarnos la actitud del padre, personaje central de la par\u00e1bola. Jes\u00fas nos muestra aqu\u00ed el verdadero rostro de Dios, que es misericordia y perd\u00f3n. Si alguna vez el hombre tiene la desgracia de alejarse del Se\u00f1or, de los hermanos, siempre ser\u00e1 recibido por el Se\u00f1or con los brazos abiertos y el coraz\u00f3n lleno de perd\u00f3n. Y esto porqu\u00e9? Porque el Hijo no nos saca de su coraz\u00f3n, a pesar de que le hayamos ofendido, a pesar de que hayamos ofendido al hermano.<\/p>\n<p>La par\u00e1bola del \u201cpadre misericordioso\u201d nos dice que el padre ten\u00eda dos hijos. Los dos viven alejados, el menor, de su casa y el mayor, del coraz\u00f3n de su padre. El hijo menor sale de casa sin salir del coraz\u00f3n de su padre, se va y vuelve, protagonizando una historia mala que termina bien. El hijo mayor se queda en casa sin entrar en el coraz\u00f3n del padre. Su historia queda incompleta y no sabemos si acept\u00f3 o no los brazos de su padre, el perd\u00f3n que amorosamente le ofrec\u00eda.<\/p>\n<p><b>El padre perdona, el hijo mayor no: <\/b>En contraste con el padre, retrato vivo de la forma de ser del Padre celestial, el hijo mayor no quiere perdonar a su hermano, no tolera que el padre lo acoja y organice una fiesta en su honor. En cambio el padre ha perdonado totalmente al hijo menor. En su estilo de perd\u00f3n no le ha dejado que confiese su falta, ha volcado sobre el todo su amor y ha organizado una fiesta por recobrarlo salvo. El Padre perdona, y celebra fiesta por el que ha perdonado; el hermano mayor tiene el coraz\u00f3n de piedra y su boca de palabras duras, ofensivas, destructoras; por su incapacidad de perdonar, se convierte en enemigo del hermano, se ha frenado en el pasado y no quiere cancelar la deuda a su hermano. Es incapaz de perdonar porque carece de amor por su hermano y por su padre, no ha dejado entrar el amor en su coraz\u00f3n. Las cosas le han endurecido. Cuando el hombre carece de Dios es incapaz de otorgar cualquier clase de perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Jes\u00fas nos muestra el rostro del Padre amoroso, su manera de ser, misericordioso, bondadoso, indulgente, lleno todo \u00e9l de una capacidad infinita de ternura y de perd\u00f3n. De El le llega al hombre esa capacidad de perdonar. El Dios duro, inflexible, r\u00edgido, severo, riguroso, cruel, no tiene que ver con el Dios que Jes\u00fas nos presenta en su vida: un Dios lleno de misericordia, que espera a quien le ha ofendido para darle su abrazo y as\u00ed entregarle el perd\u00f3n amoroso del que est\u00e1 lleno ese coraz\u00f3n divino que siempre perdona y olvida, m\u00e1s a\u00fan, siempre se adelanta en su amor perdonador.<\/p>\n<p><b>El misterio de la cruz: <\/b>Cristo es la encarnaci\u00f3n, el rostro del perd\u00f3n de Dios, cuya profundidad infinita se descubre en la cruz. All\u00ed se oyeron esas abismales palabras: \u201c<i>Padre, perd\u00f3nales, porque no saben lo que hacen<\/i>\u201d (Lc 23,34). Con este acto Jes\u00fas nos est\u00e1 revelando el secreto del coraz\u00f3n del Padre. En la cruz Jes\u00fas puede decirnos: \u201c<i>Esta es mi sangre, la sangre de la nueva alianza, derramada por todos para la remisi\u00f3n de los pecados\u201d <\/i>(Mt 26,28). Solo el amor divino pod\u00eda elevarse a ese nivel de perdonar y ser as\u00ed fuente de vida nueva para los asesinos. Vamos a detenernos en dos momentos que nos revelan el rostro de Jes\u00fas y en \u00e9l el rostro del Padre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas, El Rostro del Padre Para poder entender mucho mejor el perd\u00f3n, les propongo acercarnos y hundirnos en la adorable persona de Jes\u00fas, que en todo momento nos ha ense\u00f1ado que Dios es Perd\u00f3n, que el Padre es perd\u00f3n, que El es perd\u00f3n. Fascina la persona de nuestro Salvador. 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