{"id":2420,"date":"2008-05-21T01:46:58","date_gmt":"2008-05-21T07:46:58","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2420"},"modified":"2008-05-18T12:54:02","modified_gmt":"2008-05-18T18:54:02","slug":"116-el-pecado-acobarda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2008\/05\/21\/116-el-pecado-acobarda\/","title":{"rendered":"116. El Pecado Acobarda"},"content":{"rendered":"<p>116.1. El pecado es cobarde y acobarda. Hay siete razones para ello.<\/p>\n<p>116.2. La primera es porque el pecado tiene su cimiento en la mentira, que es como la arena. El pecado supone una traici\u00f3n al propio ser, traici\u00f3n que sin embargo no cambia el ser sino s\u00f3lo lo que de \u00e9l se dice, y por eso es constitutivamente una mentira. Para sostenerse en una mentira es preciso decir otra mentira, y as\u00ed en una sucesi\u00f3n desesperada y cada vez m\u00e1s absurda, que engendra un profundo vac\u00edo en el coraz\u00f3n. Esa &#8220;nada&#8221; viviendo en el alma hace cobarde al alma.<\/p>\n<p>116.3. La segunda es porque el pecado destruye toda posible alianza. Es lo que sucede cuando una banda de maleantes asalta un banco. Mientras est\u00e1n en el asalto cada uno necesita de la colaboraci\u00f3n de los otros porque solo no hubiera podido aventurarse a semejante empresa. Pero una vez conseguido el objetivo, los aliados se convierten en enemigos, porque cuanto mayor sea su n\u00famero menor ser\u00e1 lo que reciba al codicia de cada uno.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>116.4. Lo mismo podr\u00edas decir de los dem\u00e1s pecados, porque todos suponen la desp\u00f3tica posesi\u00f3n de cosas creadas, y por consiguiente no pueden interesarse en el bien de los dem\u00e1s, sino que tienen que concentrarse en el suyo propio. El efecto es el mismo que el del asalto: el pr\u00f3jimo es necesario y a la vez es estorboso. En esta diab\u00f3lica perspectiva hay que utilizarlo pero no amarlo. Con un esquema as\u00ed, nadie es tan tonto como para creer que mientras se esfuerza en usar a los dem\u00e1s de ellos puede esperar amor, comprensi\u00f3n o siquiera justicia. El resultado es que cada uno est\u00e1 solo y por lo tanto teme que, como de hecho sucede en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, los dem\u00e1s hagan complot contra \u00e9l.<\/p>\n<p>116.5. La tercera es porque el pecado supone una fractura dentro del propio pensamiento. El pecador tiene como primer mandamiento traicionarse, aun antes de traicionar a los dem\u00e1s. En efecto, en cuanto hambriento de placeres, honores o victorias, el pecador necesita querer eficazmente un bien; pero en cuanto disc\u00edpulo de las tinieblas tiene que rechazar el bien mayor, que es Dios y sus promesas. As\u00ed se priva a s\u00ed mismo de su bien propio y se enga\u00f1a a s\u00ed mismo por lo que vale menos. Cada pecador es como ese reino en guerra civil del que habl\u00f3 Nuestro Se\u00f1or Jesucristo (Mt 12,25), y en lo profundo de su coraz\u00f3n sabe que su peor enemigo es \u00e9l mismo, y por lo tanto, el primero en quitarse sus propias fuerzas. Esto acobarda.<\/p>\n<p>116.6. La cuarta es que el pecado va aproximando a regiones oscuras donde la propia inteligencia ve cada vez menos. Al principio, no por el pecado sino por el bien que a\u00fan queda en el alma, no parece sino que las decisiones son l\u00f3gicas y necesarias, como cuando el ladr\u00f3n hurta por primera vez. Pero el tiempo pasa y pronto hay que a\u00f1adir a los robos mentiras, a las mentiras traiciones, y a las traiciones violencia verbal y luego f\u00edsica. Cuando el que empez\u00f3 como un pelafust\u00e1n ladronzuelo se ve a s\u00ed mismo tomando decisiones sobre a qui\u00e9n hay que matar se va sintiendo cada vez m\u00e1s extra\u00f1o a s\u00ed mismo, y cada vez menos seguro de que cada nuevo paso hacia las tinieblas sea el que hay que dar. Esto lo hace inseguro y lo llena de temor.<\/p>\n<p>116.7. La quinta es la proximidad con Satan\u00e1s. La tiniebla no es s\u00f3lo la privaci\u00f3n del bien, que ya es nociva para el alma: es la cercan\u00eda a seres malos y poderosos, que pronto hacen sentir su autoridad a base de amenazas y terror. Todo criminal sabe que puede ser burlado por otro criminal m\u00e1s astuto, y como en eso de astucias y arter\u00edas no se ha escrito la \u00faltima palabra, necesariamente tiene que temer que un d\u00eda sus habilidades le fallen, la enfermedad o los a\u00f1os lo hayan debilitado o las circunstancias no sean propicias. Esa sensaci\u00f3n, cuando ya se presiente el tufo del infierno paraliza de miedo al coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>116.8. La sexta es por el n\u00famero creciente de enemigos. Cuando el pecado ya no es un accidente sino una forma de vida, es inevitable engendrar m\u00e1s y m\u00e1s enemigos. El pecador sabe que est\u00e1 rode\u00e1ndose de adversarios que cada vez est\u00e1n menos dispuestos a tolerarle o a ser sus c\u00f3mplices. Esta fue una de las causas de la locura de algunos Emperadores de la antig\u00fcedad. Por eso ten\u00edan que temer que el mundo un d\u00eda se cansar\u00eda de ellos y con hast\u00edo habr\u00eda de expulsarlos en medio de ignominias sin cuento.<\/p>\n<p>116.9. La s\u00e9ptima raz\u00f3n es la desesperaci\u00f3n creciente ante la certeza de la derrota final. Dios no cambia; permanece Se\u00f1or y Rey mientras las fuerzas del pecador se agrietan y su alma se agita y agota. Desde la tierra donde pretendi\u00f3 mandar, mordiendo el polvo que ahora le humilla, el pecador ve c\u00f3mo Dios sigue amaneciendo en las vidas de los justos, y sabe y no puede negar que ese Reino no se ha preparado para \u00e9l. Lleno de miedo ante Dios, puede llegar incluso a rechazar al \u00fanico que podr\u00eda hacerle bien, es decir, el mismo Dios, que es tardo a la ira y rico en misericordia (\u00c9x 34,6; N\u00fam 14,18; Neh 9,17; Sal 7,12; 86,15; 103,8; 145,8; Jl 2,13; Jon 4,2; Nah 1,3).<\/p>\n<p>116.10. Mira, pues, que el pecado acobarda. C\u00f3lmate de la gracia divina, que es tu heredad. Deja que te invite a la alegr\u00eda. Dios te ama; su amor es eterno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>116.1. El pecado es cobarde y acobarda. Hay siete razones para ello. 116.2. La primera es porque el pecado tiene su cimiento en la mentira, que es como la arena. El pecado supone una traici\u00f3n al propio ser, traici\u00f3n que sin embargo no cambia el ser sino s\u00f3lo lo que de \u00e9l se dice, y &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2008\/05\/21\/116-el-pecado-acobarda\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;116. El Pecado Acobarda&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"class_list":["post-2420","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-las-palabras-del-angel"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2420","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2420"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2420\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2420"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2420"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2420"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}