{"id":2335,"date":"2008-02-03T01:50:55","date_gmt":"2008-02-03T07:50:55","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2335"},"modified":"2008-02-03T01:51:12","modified_gmt":"2008-02-03T07:51:12","slug":"ejercicios-sobre-el-perdon-17","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2008\/02\/03\/ejercicios-sobre-el-perdon-17\/","title":{"rendered":"Ejercicios sobre el perd\u00f3n, 17"},"content":{"rendered":"<p><b>La Envidia<\/b><br \/>\n(Lucas 15, 25-32; 18,9-14; Mateo 20,1-16; Hechos 13,44-45; G\u00e9nesis 37,1-36)<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/fraynelson.com\/banco_imagenes\/suspicion.jpg\" alt=\"Suspicacia\" width=200 align=right hspace=10 \/>Les invito a reflexionar sobre uno de los sentimientos m\u00e1s comunes entre hombres y mujeres, la envidia. Nos ayudaremos del evangelista Lucas, en su extraordinaria par\u00e1bola del \u201chijo pr\u00f3digo\u201d, que tiene dos partes bien diferenciadas. Examinemos la segunda parte, a partir del v. 25, donde se nos muestra la relaci\u00f3n del hermano mayor con el menor y con su padre. El hermano mayor al ver la alegr\u00eda de su padre por el regreso del hermano, se enfureci\u00f3. Un poder oscuro sali\u00f3 a luz desde las profundidades de su endurecido coraz\u00f3n: <b>brot\u00f3 la envidia<\/b>. De repente apareci\u00f3 la persona resentida, orgullosa, severa y ego\u00edsta, que estaba escondida dentro de \u00e9l, y con los a\u00f1os se hab\u00eda hecho todav\u00eda m\u00e1s fuerte y poderosa.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><b>Naturaleza de la envidia<\/b> La envidia es un gusano que lo primero que muerde y roe es el propio coraz\u00f3n del envidioso. Se convierten la antesala del resentimiento. La envidia entristece y con frecuencia deshace amistades. Suele definirse como el disgusto o tristeza por el bien ajeno, considerado como mal personal, ya que disminuye la propia excelencia, felicidad, bienestar o prestigio. Es un sentimiento desagradable que se produce al percibir que otra persona tiene lo que uno desea. Pero esto dificulta el desarrollo de la persona que sufre y sus relaciones con los dem\u00e1s. Se dice que es un sentimiento inherente a la naturaleza humana, y que si no se sabe dominar puede convertirse en altamente destructivo para quien lo admite en su vida. Este sentimiento aparece ya en los comienzos de la humanidad con efectos desastrosos como el asesinato. La envidia se produce casi siempre hacia personas muy cercanas. Seg\u00fan la Escritura, se inici\u00f3 entre dos hermanos: \u201c<i>Ca\u00edn hizo a Yaveh oblaci\u00f3n de los frutos del suelo. Tambi\u00e9n Abel hizo oblaci\u00f3n de los primog\u00e9nitos de su reba\u00f1o, y de la grasa de los mismos. Yave mir\u00f3 propicio a Abel y su oblaci\u00f3n, mas no mir\u00f3 propicio a Ca\u00edn y su oblaci\u00f3n, por lo cual se irrit\u00f3 Ca\u00edn en gran manera y se abati\u00f3 su rostro<\/i>\u201d (Gen 4,3-5).<\/p>\n<p><b>Naturaleza de la envidia:<\/b> La envidia es un sentimiento negativo del que se habla poco y se sufre en mayor o menor grado en la vida. Se trata de un tipo de reacci\u00f3n que tenemos todos los seres humanos y del cual pueden surgir las mayores aberraciones tanto a nivel personal como de proyecci\u00f3n hacia los dem\u00e1s. La envidia origina una serie de reacciones negativas que pueden hacer que el envidioso se a\u00edsle de los dem\u00e1s o tenga serias dificultades para relacionarse adecuadamente con ellos. El envidioso se alegra de los fracasos ajenos y sufre con los \u00e9xitos ajenos, y desperdicia tanta energ\u00eda que no es capaz de alcanzar sus propios objetivos. Considera que los dem\u00e1s consiguen las cosas con facilidad y sin esfuerzo; no es una persona generosa, si triunfa, nunca se siente satisfecho, este sentimiento es muy perjudicial para quien lo siente y muy peligroso para la persona envidiada. La envidia, tan prol\u00edfica como perjudicial, es la ra\u00edz de todo mal, fuente de des\u00f3rdenes y miseria sin fin, causa de la mayor\u00eda de los pecados cometidos. La envidia da vida al odio y la animadversi\u00f3n. De ella se engendra la avaricia, por ella se miran de mala forma los honores que logran otros, y se piensa que tales honores deb\u00edan ser nuestros. De la envidia viene el desprecio a Dios, y a los saludables preceptos de nuestro Salvador. El hombre envidioso es cruel, orgulloso, infiel, impaciente y pendenciero; y, lo que es extra\u00f1o, cuando este vicio gana el dominio, no es m\u00e1s due\u00f1o de s\u00ed mismo, y es incapaz de corregir sus muchas faltas. Si la paz se rompe, si los derechos de la caridad fraterna son violados, si la verdad es alterada o disfrazada, es frecuentemente por la envidia.<\/p>\n<p>Por eso, el hijo mayor no quer\u00eda la rehabilitaci\u00f3n de su hermano. Se ha quedado de pie r\u00edgido, y su coraz\u00f3n permanece en la oscuridad. Entre las personas \u201cbuenas\u201d es m\u00e1s frecuente la actitud del hermano mayor. En vez de cubrir al hermano ca\u00eddo con la comprensi\u00f3n, nos tornamos duros, destruimos al hermano. Y todo lo hacemos creyendo que estamos obrando ejemplarmente. El hermano mayor hac\u00eda todo exteriormente bien: era obediente, fiel, cumplidor de la ley, trabajador como el que m\u00e1s. La gente le respetaba, le admiraba, le alababan por su gran responsabilidad y le consideraban modelo en su casa. Visto todo desde el exterior, no ten\u00eda fallas. Pero, cuando vio la alegr\u00eda de su padre por la vuelta del hijo, su coraz\u00f3n apareci\u00f3 repleto de <b>envidia, ra\u00edz terriblemente destructora<\/b> de la unidad. Se traslucen, adem\u00e1s, en el hermano problemas familiares. Asoman algunas ra\u00edces, que brotan de su coraz\u00f3n con una fuerza demoledora: \u2018se enfad\u00f3 y no quer\u00eda entrar\u2019 (v.28). Este \u2018no quer\u00eda entrar\u2019 revela lo fuerte y arraigada que estaba esa ra\u00edz y la fuerza desgarradora con que, en forma incontenible, act\u00faa, llev\u00e1ndose por delante las buenas apariencias del actuar del hermano mayor. No quiso entrar al banquete, no quiso la unidad. La envidia le lleva obstinadamente a romper, tambi\u00e9n, con su padre y a volver trizas a su hermano. A su padre, que le suplica entrar al banquete, le dice: \u2018jam\u00e1s he dejado de cumplir una orden tuya y nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos\u2019. \u00a1Cu\u00e1nto resentimiento y amargura en sus palabras! Es, entonces, cuando aparece la causa de la ruptura con su hermano menor y con su padre: la ENVIDIA, que podemos llamar \u201cel pecado de los buenos\u201d. Como vimos, es una ra\u00edz terrible: Ca\u00edn dej\u00f3 endurecer su coraz\u00f3n por la envidia y termin\u00f3 asesinando a su hermano Abel (Gn 4,1-8); los hermanos de Jos\u00e9 quisieron acabar con \u00e9l; los trabajadores de la vi\u00f1a, llenos de envidia, se lanzaron a murmurar contra el due\u00f1o por pagar la misma cantidad a los primeros y a los \u00faltimos trabajadores (Mt 20, 1-16).<\/p>\n<p>La envidia es ra\u00edz, tambi\u00e9n, de rupturas en empresas y grupos pol\u00edticos, en la Iglesia a todos los niveles, en las comunidades religiosas. No cae muy bien que otros sean estimados, mejor tratados, mejor pagados, que se les alabe delante de todos. La actitud del hermano mayor es la actitud del religioso que se siente bueno, cumplidor, y que no ve la necesidad de conversi\u00f3n personal. En efecto, la par\u00e1bola nos deja en suspenso ante la conversi\u00f3n del hermano mayor. El considera que est\u00e1 muy bien, porque cumple. A pesar de ser tan duro con su hermano y de la indiferencia con su padre. No se da cuenta que la indiferencia es m\u00e1s terrible que el odio. As\u00ed lo expresa la filosof\u00eda popular: \u00a1\u00f3diame, por piedad, yo te lo pido! Odio quiero m\u00e1s que indiferencia.<\/p>\n<p>El hermano mayor, aunque conviv\u00eda con su padre en la misma casa, fue dejando enfriar sus relaciones y su amor con \u00e9l. Y as\u00ed se fue distanciando hasta llegar a estar m\u00e1s lejos de su padre que el mismo hermano menor cuando se march\u00f3 a tierras lejanas. Se nota, tambi\u00e9n, que el hermano mayor ha perdido, la alegr\u00eda de estar con su padre. Al quejarse a su padre, esa queja sale de las profundidades de un coraz\u00f3n que siente que nunca ha recibido lo que le corresponde, seg\u00fan \u00e9l mismo juzga. Y todo esto ha ido creando en \u00e9l un fondo de resentimiento. La envidia es un oscuro y enorme poder, que lleva a no ser fraternos con todos mis hermanos, o con alguno en particular.<\/p>\n<p>Parece que es esta una de las m\u00faltiples traducciones de la ciza\u00f1a, de que habla el evangelista Mateo (cf. Mt 13, 24-30). Donde germine el bien, no hay porqu\u00e9 extra\u00f1arse de que alg\u00fan enemigo lance a escondidas un pu\u00f1ado de esta gram\u00ednea, llamada envidia.<\/p>\n<p><b>El envidioso se descubre f\u00e1cilmente : <\/b>Un proverbio dice que la envidia es la venganza de los incapaces: \u201chay gente que no logra escribir algo que valga la pena, y se consuela ensa\u00f1\u00e1ndose contra el trabajo de los otros. El envidioso se hace la ilusi\u00f3n de que crece rebajando a los dem\u00e1s. Se siente peque\u00f1o y quiere crecer a expensas del otro. El triunfo de los dem\u00e1s provoca una punzada dolorosa en el envidioso. El bien del otro le hace sentirse mal, lo lanza a hacer el mal y as\u00ed, f\u00e1cilmente se descubre como envidioso.<\/p>\n<p><b>Esp\u00edritu farisaico : <\/b>En la descripci\u00f3n que hace Jes\u00fas del hermano mayor, se adivina una descripci\u00f3n del esp\u00edritu farisaico, un esp\u00edritu envidioso, mas bien com\u00fan entre los hermanos que aparecen como \u201cbuenos\u201d. Por lo tanto, sin decirlo expl\u00edcitamente est\u00e1 igualando a ciertos religiosos con los fariseos, con el hermano mayor. Por boca del hermano mayor hablan los fariseos, los que se creen buenos y, entre ellos los religiosos, cuando no amamos, cuando somos duros de coraz\u00f3n o cuando no somos fraternos.<\/p>\n<p><b>El esp\u00edritu del Padre: <\/b>Vale la pena examinar el vocabulario que emplean el padre y el hijo mayor. El padre siempre habla de perd\u00f3n, de misericordia, de acogida; mientras que el hijo mayor, el envidioso, habla de justicia, de cumplimiento de la ley, de castigar al trasgresor. Resalta, sobre todo, la actitud permanente de misericordia del padre que olvida, y no quiere, ni siquiera, o\u00edr hablar de las fallas del hijo menor. No se sorprende de su falta y, con su amor, hace brotar el bien en el coraz\u00f3n del hijo extraviado y busca continuamente a su hijo mayor. La par\u00e1bola es la escenificaci\u00f3n de nuestra propia situaci\u00f3n y de la misericordia del padre. Es un canto al amor perdonador del padre.<\/p>\n<p><b>Efectos de la envidia : <\/b>La envidia se sabe disfrazar y ocultar. Aparece bajo pretexto de bien, sobre todo de justicia, de amonestaciones fraternas, o de cualquier otra forma solapada que destruye la fraternidad en nuestro mismo coraz\u00f3n. Sus efectos, que hielan y endurecen el coraz\u00f3n son, entre otros: despreocupaci\u00f3n, desinter\u00e9s, por el otro y por sus cosas, frialdad, indiferencia, resentimiento, pesadumbre por el bien del otro, dureza, insistencia en la justicia, silencio negativo, etc.<\/p>\n<p>Trabajamos contra esta ra\u00edz educando nuestro coraz\u00f3n en la misericordia y el perd\u00f3n frecuentes. Ning\u00fan lugar mejor que esta par\u00e1bola como la mejor piscina de aguas medicinales, que nos pone en contacto personal con la misericordia de nuestro Padre Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Envidia (Lucas 15, 25-32; 18,9-14; Mateo 20,1-16; Hechos 13,44-45; G\u00e9nesis 37,1-36) Les invito a reflexionar sobre uno de los sentimientos m\u00e1s comunes entre hombres y mujeres, la envidia. Nos ayudaremos del evangelista Lucas, en su extraordinaria par\u00e1bola del \u201chijo pr\u00f3digo\u201d, que tiene dos partes bien diferenciadas. 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