{"id":22618,"date":"2013-09-20T01:48:16","date_gmt":"2013-09-20T06:48:16","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=22618"},"modified":"2013-09-20T00:22:59","modified_gmt":"2013-09-20T05:22:59","slug":"la-persona-humana-es-imagen-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/09\/20\/la-persona-humana-es-imagen-de-dios\/","title":{"rendered":"La persona humana es imagen de Dios"},"content":{"rendered":"<p>108 El mensaje fundamental de la Sagrada Escritura anuncia que la persona humana es criatura de Dios (cf. Sal 139,14-18) y especifica el elemento que la caracteriza y la distingue en su ser a imagen de Dios: \u00ab Cre\u00f3, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le cre\u00f3, macho y hembra los cre\u00f3 \u00bb (Gn 1,27). Dios coloca la criatura humana en el centro y en la cumbre de la creaci\u00f3n: al hombre (en hebreo \u00ab adam \u00bb), plasmado con la tierra (\u00ab adamah \u00bb), Dios insufla en las narices el aliento de la vida (cf. Gn 2,7). De ah\u00ed que, \u00ab por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comuni\u00f3n con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ning\u00fan otro ser puede dar en su lugar \u00bb.[Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 357]<\/p>\n<p>109 La semejanza con Dios revela que la esencia y la existencia del hombre est\u00e1n constitutivamente relacionadas con \u00c9l del modo m\u00e1s profundo.[Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 356. 358] Es una relaci\u00f3n que existe por s\u00ed misma y no llega, por tanto, en un segundo momento ni se a\u00f1ade desde fuera. Toda la vida del hombre es una pregunta y una b\u00fasqueda de Dios. Esta relaci\u00f3n con Dios puede ser ignorada, olvidada o removida, pero jam\u00e1s puede ser eliminada. Entre todas las criaturas del mundo visible, en efecto, s\u00f3lo el hombre es \u00ab \u201ccapaz\u201d de Dios \u00bb (\u00ab homo est Dei capax \u00bb).[Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, t\u00edtulo del cap. I, 1\u00aa secc., 1\u00aa parte; cf. Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 12: AAS 58 (1966) 1034; Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae, 34: AAS 87 (1995) 440] La persona humana es un ser personal creado por Dios para la relaci\u00f3n con \u00c9l, que s\u00f3lo en esta relaci\u00f3n puede vivir y expresarse, y que tiende naturalmente hacia \u00c9l.[Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae, 35: AAS 87 (1995) 440-441; Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1721]<\/p>\n<p>110 La relaci\u00f3n entre Dios y el hombre se refleja en la dimensi\u00f3n relacional y social de la naturaleza humana. El hombre, en efecto, no es un ser solitario, ya que \u00ab por su \u00edntima naturaleza, es un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades, sin relacionarse con los dem\u00e1s \u00bb.[Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 12: AAS 58 (1966) 1034] A este respecto resulta significativo el hecho de que Dios haya creado al ser humano como hombre y mujer [Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 369] (cf. Gn 1,27): \u00ab Qu\u00e9 elocuente es la insatisfacci\u00f3n de la que es v\u00edctima la vida del hombre en el Ed\u00e9n, cuando su \u00fanica referencia es el mundo vegetal y animal (cf. Gn 2,20). S\u00f3lo la aparici\u00f3n de la mujer, es decir, de un ser que es hueso de sus huesos y carne de su carne (cf. Gn 2,23), y en quien vive igualmente el esp\u00edritu de Dios creador, puede satisfacer la exigencia de di\u00e1logo interpersonal que es vital para la existencia humana. En el otro, hombre o mujer, se refleja Dios mismo, meta definitiva y satisfactoria de toda persona \u00bb.[Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae, 35: AAS 87 (1995) 440]<\/p>\n<p>111 El hombre y la mujer tienen la misma dignidad y son de igual valor,[Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2334] no s\u00f3lo porque ambos, en su diversidad, son imagen de Dios, sino, m\u00e1s profundamente a\u00fan, porque el dinamismo de reciprocidad que anima el \u00ab nosotros \u00bb de la pareja humana es imagen de Dios.[Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 371] En la relaci\u00f3n de comuni\u00f3n rec\u00edproca, el hombre y la mujer se realizan profundamente a s\u00ed mismos reencontr\u00e1ndose como personas a trav\u00e9s del don sincero de s\u00ed mismos.[Cf. Juan Pablo II, Carta a las familias Gratissiman sane, 6.8.14.16.19-20: AAS 86 (1994) 873-874. 876-878. 893-896. 899-903. 910-919] Su pacto de uni\u00f3n es presentado en la Sagrada Escritura como una imagen del Pacto de Dios con los hombres (cf. Os 1-3; Is 54; Ef 5,21- 33) y, al mismo tiempo, como un servicio a la vida.[Cf. Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 50: AAS 58 (1966) 1070-1072] La pareja humana puede participar, en efecto, de la creatividad de Dios: \u00ab Y los bendijo Dios y les dijo: \u201cSed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra\u201d \u00bb (Gn 1,28).<\/p>\n<p>112 El hombre y la mujer est\u00e1n en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s ante todo como custodios de sus vidas: [Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae, 19: AAS 87 (1995) 421-422] \u00ab a todos y a cada uno reclamar\u00e9 el alma humana \u00bb (Gn 9,5), confirma Dios a No\u00e9 despu\u00e9s del diluvio. Desde esta perspectiva, la relaci\u00f3n con Dios exige que se considere la vida del hombre sagrada e inviolable.[Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2258] El quinto mandamiento: \u00ab No matar\u00e1s \u00bb (Ex 20,13; Dt 5,17) tiene valor porque s\u00f3lo Dios es Se\u00f1or de la vida y de la muerte.[Cf. Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 27: AAS 58 (1966) 1047-1048; Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2259-2261] El respeto debido a la inviolabilidad y a la integridad de la vida f\u00edsica tiene su culmen en el mandamiento positivo: \u00ab Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo \u00bb (Lv 19,18), con el cual Jesucristo obliga a hacerse cargo del pr\u00f3jimo (cf. Mt 22,37-40; Mc 12,29-31; Lc 10,27-28).<\/p>\n<p>113 Con esta particular vocaci\u00f3n a la vida, el hombre y la mujer se encuentran tambi\u00e9n frente a todas las dem\u00e1s criaturas. Ellos pueden y deben someterlas a su servicio y gozar de ellas, pero su dominio sobre el mundo requiere el ejercicio de la responsabilidad, no es una libertad de explotaci\u00f3n arbitraria y ego\u00edsta. Toda la creaci\u00f3n, en efecto, tiene el valor de \u00ab cosa buena \u00bb (cf. Gn 1,10.12.18.21.25) ante la mirada de Dios, que es su Autor. El hombre debe descubrir y respetar este valor: es \u00e9ste un desaf\u00edo maravilloso para su inteligencia, que lo debe elevar como un ala [Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Fides et ratio. Pr\u00f3logo: AAS 91 (1999) 5] hacia la contemplaci\u00f3n de la verdad de todas las criaturas, es decir, de lo que Dios ve de bueno en ellas. El libro del G\u00e9nesis ense\u00f1a, en efecto, que el dominio del hombre sobre el mundo consiste en dar un nombre a las cosas (cf. Gn 2,19-20): con la denominaci\u00f3n, el hombre debe reconocer las cosas por lo que son y establecer para con cada una de ellas una relaci\u00f3n de responsabilidad.[Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 373]<\/p>\n<p>114 El hombre est\u00e1 tambi\u00e9n en relaci\u00f3n consigo mismo y puede reflexionar sobre s\u00ed mismo. La Sagrada Escritura habla a este respecto del coraz\u00f3n del hombre. El coraz\u00f3n designa precisamente la interioridad espiritual del hombre, es decir, cuanto lo distingue de cualquier otra criatura: Dios \u00ab ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; tambi\u00e9n ha puesto el af\u00e1n en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin \u00bb (Qo 3,11). El coraz\u00f3n indica, en definitiva, las facultades espirituales propias del hombre, sus prerrogativas en cuanto creado a imagen de su Creador: la raz\u00f3n, el discernimiento del bien y del mal, la voluntad libre.[Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae, 34: AAS 87 (1995) 438-440] Cuando escucha la aspiraci\u00f3n profunda de su coraz\u00f3n, todo hombre no puede dejar de hacer propias las palabras de verdad expresadas por San Agust\u00edn: \u00ab T\u00fa lo estimulas para que encuentre deleite en tu alabanza; nos creaste para ti y nuestro coraz\u00f3n andar\u00e1 siempre inquieto mientras no descanse en ti \u00bb.[San Agust\u00edn, Confesiones, I,1: PL 32, 661: \u00ab Tu excitas, ut laudare te delectet; quia fecisti nos ad te, et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te \u00bb]<\/p>\n<p><i>Este Compendio se publica \u00edntegramente, por entregas, <a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/categorias\/iglesia-catolica\/biblioteca-vaticana\/compendio-de-doctrina-social\/?order=ASC\">aqu\u00ed<\/a>.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>108 El mensaje fundamental de la Sagrada Escritura anuncia que la persona humana es criatura de Dios (cf. 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