{"id":22366,"date":"2013-09-04T01:02:50","date_gmt":"2013-09-04T06:02:50","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=22366"},"modified":"2013-09-03T15:45:37","modified_gmt":"2013-09-03T20:45:37","slug":"primeras-actitudes-de-los-espanoles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/09\/04\/primeras-actitudes-de-los-espanoles\/","title":{"rendered":"Primeras actitudes de los espa\u00f1oles"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfCuales fueron las reacciones de los espa\u00f1oles, que hace cinco siglos llegaron a las Indias, ante aquel cuadro nuevo de luces y sombras?<\/p>\n<p>&#8211;<em>El imperio del Demonio<\/em>.<\/p>\n<p>Los primeros espa\u00f1oles, que muchas veces quedaron fascinados por la bondad de los indios, al ver en Am\u00e9rica los horrores que ellos mismos describen, no ve\u00edan tanto a los indios como <em>malos<\/em>, sino como pobres <em>endemoniados<\/em>, que hab\u00eda que liberar, exorciz\u00e1ndoles con la cruz de Cristo.<\/p>\n<p>El soldado Cieza de Le\u00f3n, viendo aquellos tablados de los indios de Arma, con aquellos cuerpos muertos, colgados y comidos, comenta: \u00abMuy grande es el dominio y se\u00f1or\u00edo que el demonio, enemigo de natura humana, por los pecados de aquesta gente, sobre ellos tuvo, permiti\u00e9ndolo Dios\u00bb (Cr\u00f3nica 19). Esta era la reflexi\u00f3n m\u00e1s com\u00fan.<\/p>\n<p>Un texto de Motolin\u00eda, fray Toribio de Benavente, lo expresa bien: \u00abEra esta tierra un traslado del infierno; ver los moradores de ella de noche dar voces, unos llamando al demonio, otros borrachos, otros cantando y bailando; ta\u00f1\u00edan atabales, bocina, cornetas y caracoles grandes, en especial en las fiestas de sus demonios. Las beoderas [borracheras] que hac\u00edan muy ordinarias, es incre\u00edble el vino que en ellas gastaban, y lo que cada uno en el cuerpo met\u00eda&#8230; Era cosa de grand\u00edsima l\u00e1stima ver los hombres criados a la imagen de Dios vueltos peores que brutos animales; y lo que peor era, que no quedaban en aquel solo pecado, mas comet\u00edan otros muchos, y se her\u00edan y descalabraban unos a otros, y acontec\u00eda matarse, aunque fuesen muy amigos y muy propincuos parientes\u00bb (Historia I,2,57). Los aullidos de las v\u00edctimas horrorizadas, los cuerpos descabezados que en los teocalli bajaban rodando por las gradas cubiertas por una alfombra de sangre pestilente, los danzantes revestidos con el pellejo de las v\u00edctimas, los bailes y evoluciones de cientos de hombres y mujeres al son de m\u00fasicas enajenantes&#8230; no pod\u00edan ser sino la acci\u00f3n desaforada del Demonio.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Excusa<\/em>.<\/p>\n<p>Conquistadores y misioneros vieron desde el primer momento que ni todos los indios comet\u00edan las perversidades que algunos hac\u00edan, ni tampoco eran completamente responsables de aquellos cr\u00edmenes. As\u00ed lo entiende, por ejemplo, el soldado Cieza de Le\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abPorque algunas personas dicen de los indios grandes males, compar\u00e1ndolos con las bestias, diciendo que sus costumbres y manera de vivir son m\u00e1s de brutos que de hombres, y que son tan malos que no solamente usan el pecado nefando, mas que se comen unos a otros, y puesto que en esta mi historia yo haya escrito algo desto y de algunas otras fealdades y abusos dellos, quiero que se sepa que no es mi intenci\u00f3n decir que esto se entienda por todos; antes es de saber que si en una provincia comen carne humana y sacrifican sangre de hombres, en otras muchas aborrecen este pecado. Y si, por el consiguiente, en otra el pecado de contra natura, en muchas lo tienen por gran fealdad y no lo acostumbran, antes lo aborrecen; y as\u00ed son las costumbres dellos: por manera que ser\u00e1 cosa injusta condenarlos en general. Y aun de estos males que \u00e9stos hac\u00edan, parece que los descarga la falta que ten\u00edan de la lumbre de nuestra santa fe, por la cual ignoraban el mal que comet\u00edan, como otras muchas naciones\u00bb (Cr\u00f3nica cp.117).<\/p>\n<p>&#8211;<em>Compasi\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>Cuando los cronistas espa\u00f1oles del XVI describen las atrocidades que a veces hallaron en las Indias, es cosa notable que lo hacen con toda sencillez, sin cargar las tintas y como de paso, con una ingenua objetividad, ajena por completo a los calificativos y a los aspavientos. A ellos no se les pasaba por la mente la posibilidad de un hombre naturalmente bueno, a la manera rousseauniana, y recordaban adem\u00e1s los males que hab\u00edan dejado en Europa, nada despreciables.<\/p>\n<p>En los misioneros, especialmente, llama la atenci\u00f3n un profund\u00edsimo sentimiento de piedad, como el que refleja esta p\u00e1gina de Bernardino de Sahag\u00fan sobre M\u00e9xico:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh infelic\u00edsima y desventurada naci\u00f3n, que de tantos y de tan grandes enga\u00f1os fue por gran n\u00famero de a\u00f1os enga\u00f1ada y entenebrecida, y de tan innumerables errores deslumbrada y desvanecida! \u00a1Oh cruel\u00edsimo odio de aquel capit\u00e1n enemigo del g\u00e9nero humano, Satan\u00e1s, el cual con grand\u00edsimo estudio procura de abatir y envilecer con innumerables mentiras, crueldades y traiciones a los hijos de Ad\u00e1n! \u00a1Oh juicios divinos, profund\u00edsimos y rect\u00edsimos de nuestro Se\u00f1or Dios! \u00a1Qu\u00e9 es esto, se\u00f1or Dios, que hab\u00e9is permitido, tantos tiempos, que aquel enemigo del g\u00e9nero humano tan a su gusto se ense\u00f1orease de esta triste y desamparada naci\u00f3n, sin que nadie le resistiese, donde con tanta libertad derram\u00f3 toda su ponzo\u00f1a y todas sus tinieblas!\u00bb. Y contin\u00faa con esta oraci\u00f3n: \u00ab\u00a1Se\u00f1or Dios, esta injuria no solamente es vuestra, pero tambi\u00e9n de todo el g\u00e9nero humano, y por la parte que me toca suplico a V. D. Majestad que despu\u00e9s de haber quitado todo el poder al tirano enemigo, hag\u00e1is que donde abund\u00f3 el delito abunde la gracia [Rm 5,20], y conforme a la abundancia de las tinieblas venga la abundancia de la luz, sobre esta gente, que tantos tiempos hab\u00e9is permitido estar supeditada y opresa de tan grande tiran\u00eda!\u00bb (Historia lib.I, confutaci\u00f3n).<\/p>\n<p>&#8211;<em>Esperanza<\/em>.<\/p>\n<p>Como es sabido, las im\u00e1genes dadas por Col\u00f3n, despu\u00e9s de su Primer Viaje, acerca de los indios buenos, tuvieron influjo cierto en el mito del buen salvaje elaborado posteriormente en tiempos de la ilustraci\u00f3n y el romanticismo. Crist\u00f3bal Col\u00f3n fue el primer descubridor de la bondad de los indios. Cierto que, en su Primer Viaje, tiende a un entusiasmo extasiado ante todo cuanto va descubriendo, pero su estima por los indios fue siempre muy grande. As\u00ed, cuando llegan a la Espa\u00f1ola (24 dic.), escribe:<\/p>\n<p>\u00abCrean Vuestras Altezas que en el mundo no puede haber mejor gente ni m\u00e1s mansa. Deben tomar Vuestras Altezas grande alegr\u00eda porque luego [pronto] los har\u00e1n cristianos y los habr\u00e1n ense\u00f1ado en buenas costumbres de sus reinos, que m\u00e1s mejor gente ni tierra puede ser\u00bb.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente encallaron en un arrecife, y el Almirante confirma su juicio anterior, pues en canoas los indios con su rey fueron a ayudarles cuanto les fue posible:<\/p>\n<p>\u00abEl, con todo el pueblo, lloraba; son gente de amor y sin codicia y convenibles para toda cosa, que certifico a Vuestras Altezas que en el mundo creo que no hay mejor gente ni mejor tierra; ellos aman a sus pr\u00f3jimos como a s\u00ed mismos, y tienen una habla la m\u00e1s dulce del mundo, y mansa, y siempre con risa. Ellos andan desnudos, hombres y mujeres, como sus madres los parieron, mas crean Vuestras Altezas que entre s\u00ed tienen costumbres muy buenas, y el rey muy maravilloso estado, de una cierta manera tan continente que es placer de verlo todo, y la memoria que tienen, y todo quieren ver, y preguntan qu\u00e9 es y para qu\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, los misioneros, ante el mundo nuevo de las Indias, oscilaban continuamente entre la admiraci\u00f3n y el espanto, pero, en todo caso, intentaban la evangelizaci\u00f3n con una esperanza muy cierta, tan cierta que puede hoy causar sorpresa. El optimismo evangelizador de Col\u00f3n -\u00abno puede haber m\u00e1s mejor gente, luego los har\u00e1n cristianos\u00bb- parece ser el pensamiento dominante de los conquistadores y evangelizadores. Nunca se dijeron los misioneros \u00abno hay nada que hacer\u00bb, al ver los males de aquel mundo. Nunca se les ve espantados del mal, sino compadecidos. Y desde el primer momento predicaron el Evangelio, absolutamente convencidos de que la gracia de Cristo iba a hacer el milagro.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los cristianos laicos, descubridores y conquistadores, participaban de esta misma esperanza.<\/p>\n<p>\u00abSi miramos -escribe Cieza-, muchos [indios] hay que han profesado nuestra ley y recibido agua del santo bautismo [&#8230;], de manera que si estos indios usaban de las costumbres que he escrito, fue porque no tuvieron quien los encaminase en el camino de la verdad en los tiempos pasados. Ahora los que oyen la doctrina del santo Evangelio conocen las tinieblas de la perdici\u00f3n que tienen los que della se apartan; y el demonio, como le crece m\u00e1s la envidia de ver el fruto que sale de nuestra santa fe, procura de enga\u00f1ar con temores y espantos a estas gentes; pero poca parte es, y cada d\u00eda ser\u00e1 menos, mirando lo que Dios nuestro Se\u00f1or obra en todo tiempo, con ensalzamiento de su santa fe\u00bb (Cr\u00f3nica cp.117).<\/p>\n<p><i>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/i> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfCuales fueron las reacciones de los espa\u00f1oles, que hace cinco siglos llegaron a las Indias, ante aquel cuadro nuevo de luces y sombras? &#8211;El imperio del Demonio. 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