{"id":2235,"date":"2007-09-16T01:46:38","date_gmt":"2007-09-16T07:46:38","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2235"},"modified":"2007-09-16T01:49:04","modified_gmt":"2007-09-16T07:49:04","slug":"ejercicios-sobre-el-perdon-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2007\/09\/16\/ejercicios-sobre-el-perdon-2\/","title":{"rendered":"Ejercicios sobre el perd\u00f3n, 2"},"content":{"rendered":"<p><b>Los ojos m\u00e1gicos<\/b><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/fraynelson.com\/banco_imagenes\/diario\/20071016.jpg\" alt=\"Mirada\" width=200 align=right hspace=10 \/>Les invito a iniciar nuestra reflexi\u00f3n sobre el perd\u00f3n, partiendo de un hecho que puede iluminar a muchos y de pronto desbloquear los propios sentimientos. A veces es tanto el trabajo y son tantos los problemas familiares que no nos damos cuenta de la urgencia de dedicar tiempo al Se\u00f1or para que cure nuestro interior y nos ayude, tambi\u00e9n, a curar ciertas enfermedades corporales. Al reflexionar sobre el hecho que les propongo puede darse una liberaci\u00f3n progresiva, pues este nos puede ayudar a descubrir y aceptar algunos sentimientos reprimidos. Ha habido personas que s\u00f3lo con dar el perd\u00f3n a sus familiares por sus numerosas ausencias y su casi total desinter\u00e9s por ellos, empezaron a cicatrizar sus \u00falceras y a curar otras enfermedades. Ah\u00ed les entrego el hecho.<\/p>\n<p>En un pueblito tranquilo, se alzaba una granja, habitada por su propietario, panadero y su esposa. Alfredo, que as\u00ed podemos llamar al panadero, es un hombre alto, delgado, \u00edntegro, honesto, orgulloso, poco hablador. La gente le respeta y le teme. Cuando habla es para pronunciar sentencias sobre el valor del trabajo o la seriedad de la vida. Su mujer, Adela, es una mujer peque\u00f1a y gorda, sus brazos redondos como su vientre y sus caderas, y siempre tiene una sonrisa acogedora y una palabra afable. La gente disfruta de su compa\u00f1\u00eda. Ella respeta a su virtuoso esposo, pero sufre en silencio por su marido tan parco en palabras y caricias para con ella. Su coraz\u00f3n anhela de \u00e9l algo m\u00e1s que su valiosa rectitud. Lamenta en el alma haberse casado con este \u201cgran trabajador\u201d, admiraci\u00f3n de su difunto padre. Es verdad que con Alfredo vive bien y \u00e9l le es fiel; pero, vive tan absorto por su trabajo, que no le queda tiempo para la intimidad y el placer con su esposa.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><b>Alfredo vuelve a casa antes que de costumbre<\/b><\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, habiendo trabajado desde el amanecer, Alfredo decide intempestivamente acortar su jornada. Y as\u00ed, en lugar de trabajar hasta la ca\u00edda de la tarde, regresa a su casa antes que de costumbre. Al entrar a su casa sorprende a su mujer con un vecino en su lecho conyugal. El hombre huye por la ventana, mientras que Adela, desamparada, se arroja a los pies de su esposo pidi\u00e9ndole perd\u00f3n. Pero este permanece r\u00edgido como una estatua: p\u00e1lido de indignaci\u00f3n, con los labios azules de rabia, apenas logra contener el tropel de emociones que le asaltan. Sus sentimientos van de la humillaci\u00f3n a la c\u00f3lera, pasando por una profunda aflicci\u00f3n. Como no es muy hablador, no sabe qu\u00e9 decir. Pero se da cuenta de inmediato de que el silencio somete a Adela a una tortura mucho m\u00e1s dura que cualquier palabra o gesto lleno de violencia. <\/p>\n<p><b>El caso se conoci\u00f3 en el pueblo <\/b><\/p>\n<p>No se sabe c\u00f3mo pero el adulterio de Adela se conoci\u00f3 r\u00e1pidamente en todo el pueblo. La gente supuso y coment\u00f3 que Alfredo pedir\u00eda la separaci\u00f3n y echar\u00eda a su esposa de la casa, pues era tan recto; pero, desbaratando esas habladur\u00edas Alfredo sorprendi\u00f3 a todos al mantener a Adela en su casa como su esposa, diciendo que la perdonaba. Se present\u00f3 de improviso en la misa mayor del domingo en compa\u00f1\u00eda de su mujer Adela, que t\u00edmidamente caminaba junto a \u00e9l.<\/p>\n<p><b>Perd\u00f3n p\u00fablico<\/b><\/p>\n<p>Alfredo aduc\u00eda que la Biblia dec\u00eda que deb\u00eda hacerlo. Y citaba las palabras del Padre nuestro que dice: \u201cPerdona nuestras ofensas como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a los que nos han ofendido\u201d. Pero, en verdad, Alfredo lo \u00fanico que hizo fue dar un aparente perd\u00f3n, pero secretamente se alimentaba y gozaba con miradas furtivas, llenas de desprecio para Adela, que sufr\u00eda llena de verg\u00fcenza. <\/p>\n<p><b>Alimenta el rencor<\/b><\/p>\n<p>En lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n y en su casa, Alfredo no pod\u00eda perdonar a Adela por haber manchado su nombre y segu\u00eda atizando el fuego de su rencor, con su mutismo y con miradas furtivas, llena de desprecio por la pobre mujer a quien consideraba una pecadora. Siempre que pensaba en ella, sus sentimientos edran de rabia y dureza; la despreciaba y la ten\u00eda como una prostituta. La odiaba por haberlo traicionado, despu\u00e9s de haber sido \u00e9l un esposo tan bueno y tan fiel. S\u00f3lo fingi\u00f3 perdonar a Adela, pero segu\u00eda castig\u00e1ndola con el peso de su recta misericordia.<\/p>\n<p><b>Un \u00e1ngel del cielo<\/b><\/p>\n<p>En el cielo no se dejan enga\u00f1ar por las apariencias de virtud, as\u00ed que un \u00e1ngel llegaba hasta Alfredo para enderezar la situaci\u00f3n. Cada vez que Alfredo detiene su mirada dura con odio secreto sobre su esposa, el \u00e1ngel deja caer una peque\u00f1a piedra, del tama\u00f1o de un bot\u00f3n, en el coraz\u00f3n de Alfredo. Cada vez que una piedra ca\u00eda en su coraz\u00f3n, sent\u00eda un dolor tan agudo que le arrancaba una mueca de dolor. Las piedras se fueron multiplicando y el coraz\u00f3n se le fue creciendo hasta tal punto que deb\u00eda andar encorvado y estirar el cuello con gran dificultad para poder ver mejor. Abrumado por el dolor deseaba estar muerto.<br \/>\nUn d\u00eda, en que Alfredo estaba cortando el trigo vio, apoyado sobre la cerca, a un personaje luminoso que le dijo: \u201cAlfredo, pareces muy abrumado\u201d. Sorprendido al o\u00edr su nombre en boca de un extra\u00f1o, le pregunt\u00f3  qui\u00e9n era y porqu\u00e9 se met\u00eda donde no le llamaban. El \u00e1ngel le dijo: \u201cs\u00e9 que tu mujer te ha enga\u00f1ado, y que la humillaci\u00f3n te tortura; pero t\u00fa est\u00e1s ejerciendo una venganza sutil que te deprime\u201d. Alfredo, al sentirse descubierto, baj\u00f3 la cabeza y confes\u00f3: \u201cno puedo dejar de tener este pensamiento maldito: \u00bfc\u00f3mo ha podido enga\u00f1arme a m\u00ed, un marido tan fiel y generoso? Ella es una ramera: ha mancillado el lecho conyugal\u201d. <\/p>\n<p><b>Los ojos m\u00e1gicos<\/b><\/p>\n<p>El \u00e1ngel le ofreci\u00f3 su ayuda, pero Alfredo le dijo: \u201cAdela es culpable y ha hecho algo que ni siquiera un \u00e1ngel, por muy poderoso que sea, nunca podr\u00e1 borrar\u201d. \u201cTienes raz\u00f3n, Alfredo, nadie puede cambiar lo que sucedi\u00f3; pero, a partir de este momento, puedes verlo de manera diferente. Reconoce tu herida, acepta tu c\u00f3lera y tu humillaci\u00f3n. Despu\u00e9s poco a poco, empieza a cambiar tu manera de mirar a Adela. \u00bfAcaso, es ella la \u00fanica culpable? Recuerda tu indiferencia para con ella. Ponte en su lugar. \u00bfNo necesita ella tambi\u00e9n cari\u00f1o, ternura? Necesitas ahora unos ojos nuevos, unos \u201c<b><i>ojos m\u00e1gicos\u201d<\/i><\/b>, para poder ver tu infortunio <b>bajo una nueva luz<\/b>\u201d. Mira hacia atr\u00e1s, cuando se inici\u00f3 tu dolor, para ver a Adela no como la esposa que te traicion\u00f3 sino como una mujer d\u00e9bil que te necesitaba, que necesitaba tu cari\u00f1o. Solo una manera nueva de ver las cosas podr\u00e1 sanar el dolor que fluye de tus heridas del pasado. Con ese peso que te oprime el coraz\u00f3n es imposible que hagas algo diferente de lo que est\u00e1s haciendo: <b>odiar<\/b>. Alfredo no comprendi\u00f3 muy bien, pero se f\u00edo del \u00e1ngel y le dijo: \u201cY \u00bfc\u00f3mo puedo conseguir esos <b><i>ojos m\u00e1gicos<\/i><\/b>?\u201d  \u201c<b>S\u00f3lo p\u00eddelos con anhelo<\/b>, con inter\u00e9s y te ser\u00e1n otorgado\u201d, le dijo el \u00e1ngel. Y no te olvides, \u201cantes de mirar a Adela, <b>relaja<\/b> las arrugas de tu frente, la boca y los otros m\u00fasculos de tu rostro. En lugar de ver en Adela a una mujer mala, mira a tu esposa que necesita ternura; recuerda con cu\u00e1nta frialdad y dureza la tratabas; recuerda su generosidad y su calor, que tanto te gustaban al principio de tu matrimonio. Por cada mirada transformada, te quitar\u00e9 una piedra del coraz\u00f3n\u201d. <\/p>\n<p><b>La liberaci\u00f3n del coraz\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Alfredo no pudo hacer su petici\u00f3n inmediatamente, pues hab\u00eda aprendido a amar su odio. Pero el dolor de su coraz\u00f3n lo condujo finalmente a desear y pedir los <b><i>ojos m\u00e1gicos<\/i><\/b> que el \u00e1ngel le hab\u00eda prometido. Pronto Adela comenz\u00f3 a cambiar ante los <b><i>ojos m\u00e1gicos<\/i><\/b>, empez\u00f3 a verla como una mujer necesitada que lo amaba, en lugar de verla como la mujer que lo hab\u00eda traicionado. El dolor de su coraz\u00f3n se fue difuminando lentamente, pues el \u00e1ngel empez\u00f3 a remover las piedrecillas de su coraz\u00f3n, una por una, por lo que se tard\u00f3 en remover todas. Nuevamente empez\u00f3 a caminar erguido. Adela parec\u00eda transformarse ante sus ojos: de mujer infiel, pas\u00f3 a ser la persona dulce y amante que \u00e9l hab\u00eda conocido en sus primeros a\u00f1os de amor. Tambi\u00e9n Adela sinti\u00f3 el cambio y recobr\u00f3 su buen humor, su sonrisa, su jovialidad. Alfredo se sinti\u00f3 cambiado: una profunda ternura invadi\u00f3 su coraz\u00f3n, dolorido a\u00fan por el peso de las piedras. Una noche tom\u00f3 a Adela en sus brazos sin pronunciar palabra. Y juntos empezaron un viaje hacia una segunda etapa de humilde felicidad. Acababa de producirse el milagro del perd\u00f3n.<\/p>\n<p><b>La clave del perd\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Para perdonar a nuestro pr\u00f3jimo, hemos de ser capaces de verlo con ojos nuevos, libres de los prejuicios que normalmente solemos albergar. Por ello tendr\u00edamos que aprender a ver a los dem\u00e1s como los ve el Se\u00f1or, que perdona, como los ve el ES. Ello nos permitir\u00e1 cambiar muchas cosas en nuestro interior. Como no estamos separados de los dem\u00e1s, proyectando una visi\u00f3n luminosa sobre ellos, nos iluminamos a nosotros mismos. Perdonamos a nosotros mismos o perdonar a los dem\u00e1s es desarrollar una nueva visi\u00f3n de la realidad, firmemente decididos a vivir el instante presente. Aprender a perdonar, supone ver la vida con ojos distintos, corrigiendo la percepci\u00f3n err\u00f3nea de la realidad que ha creado nuestro yo. S\u00f3lo alcanzando una visi\u00f3n diferente de la realidad podremos asumir de un modo consciente la responsabilidad de nuestros actos y de nuestros pensamientos.<\/p>\n<p>Perdonando, modificamos nuestra percepci\u00f3n err\u00f3nea de la realidad y de nosotros mismos. Nos desprendemos del deseo de culpar a los dem\u00e1s de lo que en realidad nos concierne s\u00f3lo a nosotros. Y ello es posible gracias a un milagro al cual estamos muy poco atentos, y es que el perd\u00f3n nos libera de las garras de nuestro yo, que tiene mirada negativa. Ya no vemos las cosas como quisi\u00e9ramos que fueran, sino tal como son realmente. Con ello cambia de un modo autom\u00e1tico nuestra concepci\u00f3n de las personas y del tiempo. A veces pensamos que es tarde para perdonar, pero se trata de un espejismo. Cuando perdonamos estamos conectando con el instante presente, que es eterno. Por ello mismo mediante el perd\u00f3n podemos liberarnos de los lazos del pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los ojos m\u00e1gicos Les invito a iniciar nuestra reflexi\u00f3n sobre el perd\u00f3n, partiendo de un hecho que puede iluminar a muchos y de pronto desbloquear los propios sentimientos. 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