{"id":22242,"date":"2013-08-28T01:32:54","date_gmt":"2013-08-28T06:32:54","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=22242"},"modified":"2013-08-27T21:33:17","modified_gmt":"2013-08-28T02:33:17","slug":"luces-y-sombras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/08\/28\/luces-y-sombras\/","title":{"rendered":"Luces y sombras"},"content":{"rendered":"<p><strong>La renovaci\u00f3n de lo viejo<\/strong><\/p>\n<p>El mundo ind\u00edgena americano, al encontrarse con el mundo cristiano que le viene del otro lado del mar, es, en un cierto sentido, un mundo indeciblemente arcaico, cinco mil a\u00f1os m\u00e1s viejo que el europeo. Sus cientos de variedades culturales, todas sumamente primitivas, s\u00f3lo hubieran podido subsistir precariamente en el absoluto aislamiento de unas reservas. Pero en un encuentro intercultural profundo y estable, como fue el caso de la Am\u00e9rica hispana, el proceso era necesario: lo nuevo prevalece.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Una cultura est\u00e1 formada por un conjunto muy complejo de ideas y pr\u00e1cticas, sentimientos e instituciones, vigente en un pueblo determinado. Pues bien, muchas de las modalidades culturales de las Indias, puestas en contacto con el nuevo mundo europeo y cristiano, van desfalleciendo hasta desaparecer. Cerbatanas y hondas, arcos y macanas, poco a poco, dejan ya de fabricarse, ante el poder incre\u00edble de las armas de fuego, que permiten a los hombres lanzar rayos. Las flautas, hechas quiz\u00e1 con huesos de enemigos difuntos, y los dem\u00e1s instrumentos musicales, quedan olvidados en un rinc\u00f3n ante la selva sonora de un \u00f3rgano o ante el clamor restallante de la trompeta.<\/p>\n<p>Ya los indios abandonan su incipiente arte pictogr\u00e1fico, cuando conocen el milagro de la escritura, de la imprenta, de los libros. Ya no fabrican pir\u00e1mides pesad\u00edsimas, sino que, una vez conocida la construcci\u00f3n del arco y de otras t\u00e9cnicas para los edificios, ellos mismos, superado el asombro inicial, elevan b\u00f3vedas formidables, sostenidas por misteriosas leyes f\u00edsicas sobre sus cabezas. La desnudez huye avergonzada ante la elocuencia no verbal de los vestidos. Ya no se cultivan peque\u00f1os campos, arando la tierra con un bast\u00f3n punzante endurecido al fuego, sino que, con menos esfuerzo, se labran inmensas extensiones gracias a los arados y a los animales de tracci\u00f3n, antes desconocidos.<\/p>\n<p>Ante el espect\u00e1culo pavoroso que ofrecen los hombres vestidos de hierro, que parecen bilocarse en el campo de batalla sobre animales veloc\u00edsimos, nunca conocidos, caen desanimados los brazos de los guerreros m\u00e1s valientes. Y luego est\u00e1n las puertas y ventanas, que giran suavemente sobre s\u00ed mismas, abriendo y cerrando los huecos antes tapados con una tela; y las cerraduras, que ni el hombre m\u00e1s fuerte puede vencer, mientras que una ni\u00f1a, con la varita m\u00e1gica de una llave, puede abrir sin el menor esfuerzo. Y est\u00e1 la eficacia rechinante de los carros, tirados por animales, que avanzan sobre el prodigio de unas ruedas, de suave movimiento sin fin&#8230;<\/p>\n<p>Pero si esto sucede en las cosas materiales, a\u00fan mayor es el desmayo de las realidades espirituales viejas ante el resplandor de lo nuevo y mejor. La perversi\u00f3n de la poligamia -con la profunda desigualdad que implica entre el hombre y la mujer, y entre los ricos, que tienen decenas de mujeres, y los pobres, que no tienen ninguna-, no puede menos de desaparecer ante la verdad del matrimonio monog\u00e1mico, o s\u00f3lo podr\u00e1 ya practicarse en formas clandestinas y vergonzantes. El polite\u00edsmo, los torpes \u00eddolos de piedra o de madera, la adoraci\u00f3n ignominiosa de huesos, piedras o animales, ante la majestuosa veracidad del Dios \u00fanico, creador del cielo y de la tierra, no pueden menos de difuminarse hasta una desaparici\u00f3n total. Y con ello toda la vida social, centrada en el poder de los sacerdotes y en el ritmo anual del calendario religioso, se ve despojada de sus seculares coordenadas comunitarias&#8230;<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 queda entonces de las antiguas culturas ind\u00edgenas?&#8230; Permanece lo m\u00e1s importante: sobreviven los valores espirituales indios m\u00e1s genuinos, el trabajo y la paciencia, la abnegaci\u00f3n familiar y el amor a los mayores y a los hijos, la capacidad de silencio contemplativo, el sentido de la gratuidad y de la fiesta, y tantos otros valores, todos purificados y elevados por el cristianismo. Sobrevive todo aquello que, como la artesan\u00eda, el folklore y el arte, da un color, un sentimiento, un perfume peculiar, al Mundo Nuevo que se impone y nace.<\/p>\n<p><strong>Conquista<\/strong><\/p>\n<p>Al Descubrimiento sigui\u00f3 la Conquista, que se realiz\u00f3 con una gran rapidez, en unos veinticinco a\u00f1os (1518-1555), y que, como hemos visto, no fue tanto una conquista de armas, como una conquista de seducci\u00f3n -que las dos acepciones admite el Diccionario-. En contra de lo que quiz\u00e1 pensaban entonces los orgullosos conquistadores hispanos, las Indias no fueron ganadas tanto por la fuerza de las armas, como por la fuerza seductora de lo nuevo y superior.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se explica si no que unos miles de hombres sujetaran a decenas de millones de indios? En La cr\u00f3nica del Per\u00fa, hacia 1550, el conquistador Pedro de Cieza se muestra asombrado ante el s\u00fabito desvanecimiento del imperio incaico: \u00abBaste decir que pueblan una provincia, donde hay treinta o cuarenta mil indios, cuarenta o cincuenta cristianos\u00bb (cp.119). \u00bfC\u00f3mo entender, si no es por v\u00eda de fascinaci\u00f3n, que unos pocos miles de europeos, tras un tiempo de armas muy escaso, gobernaran millones y millones de indios, repartidos en territorios inmensos, sin la presencia continua de algo que pudiera llamarse ej\u00e9rcito de ocupaci\u00f3n? El n\u00famero de espa\u00f1oles en Am\u00e9rica, en la \u00e9poca de la conquista, era \u00ednfimo frente a millones de indios.<\/p>\n<p>En Per\u00fa y M\u00e9xico se dio la mayor concentraci\u00f3n de poblaci\u00f3n hispana. Pues bien, seg\u00fan informa Ortiz de la Tabla, hacia 1560, hab\u00eda en Per\u00fa \u00abunos 8.000 espa\u00f1oles, de los cuales s\u00f3lo 480 o 500 pose\u00edan repartimientos; otros 1.000 disfrutaban de alg\u00fan cargo de distinta categor\u00eda y sueldo, y los dem\u00e1s no ten\u00edan qu\u00e9 comer\u00bb&#8230; Apenas es posible conocer el n\u00famero total de los indios de aquella regi\u00f3n, pero s\u00f3lamente los indios tributarios eran ya 396.866 (Introd. a V\u00e1zquez, F., El Dorado). As\u00ed las cosas, los espa\u00f1oles peruanos pudieron pelearse entre s\u00ed, cosa que hicieron con el mayor entusiasmo, pero no hubieran podido sostener una guerra prolongada contra millones de indios.<\/p>\n<p>Unos a\u00f1os despu\u00e9s, en la Lima de 1600, seg\u00fan cuenta fray Diego de Oca\u00f1a, \u00abhay en esta ciudad dos compa\u00f1\u00edas de gentileshombres muy honrados, la una [50 hombres] es de arcabuces y la otra [100] de lanzas&#8230; Estas dos compa\u00f1\u00edas son para guarda del reino y de la ciudad\u00bb, y por lo que se ve luc\u00edan sobre todo en las procesiones (A trav\u00e9s cp.18).<\/p>\n<p>Se comprende, pues, que el t\u00e9rmino \u00abconquista\u00bb, aunque usado en documentos y cr\u00f3nicas desde un principio, suscitar\u00e1 con el tiempo serias reservas. A mediados del XVI \u00abdesaparece cada vez m\u00e1s la palabra y aun la idea de conquista en la fraseolog\u00eda oficial, aunque alguna rara vez se produce de nuevo\u00bb (Lopetegui, Historia 87). Y en la Recopilaci\u00f3n de las leyes de Indias, en 1680, la ley 6\u00aa insiste en suprimir la palabra \u00abconquista\u00bb, y en emplear las de \u00abpacificaci\u00f3n\u00bb y \u00abpoblaci\u00f3n\u00bb, ateni\u00e9ndose as\u00ed a las ordenanzas de Felipe II y de sus sucesores.<\/p>\n<p>La conquista no se produjo tanto por las armas, sino m\u00e1s bien, como ve\u00edamos, por la fascinaci\u00f3n y, al mismo tiempo, por el desfallecimiento de los indios ante la irrupci\u00f3n brusca, y a veces brutal, de un mundo nuevo y superior. El chileno Enrique Zorrilla, en unas p\u00e1ginas admirables, describe este trauma psicol\u00f3gico, que apenas tiene parang\u00f3n alguno en la historia: \u00abEl efecto paralizador producido por la aparici\u00f3n de un pu\u00f1ado de hombres superiores que se ense\u00f1oreaba del mundo americano, no ser\u00eda menos que el que producir\u00eda hoy la visita sorpresiva a nuestro globo terr\u00e1queo de alguna expedici\u00f3n interplanetaria\u00bb (Gestaci\u00f3n 78)&#8230;<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, conviene tener en cuenta que, como se\u00f1ala C\u00e9spedes del Castillo, \u00abel m\u00e1s importante y decisivo instrumento de la conquista fueron los mismos abor\u00edgenes. Los castellanos reclutaron con facilidad entre ellos a gu\u00edas, int\u00e9rpretes, informantes, esp\u00edas, auxiliares para el transporte y el trabajo, leales consejeros y hasta muy eficaces aliados. Este fue, por ejemplo, el caso de los indios de Tlaxcala y de otras ciudades mexicanas, hartos hasta la saciedad de la brutal opresi\u00f3n de los aztecas. La humana inclinaci\u00f3n a hacer de todo una historia de buenos y malos, una situaci\u00f3n simplista en blanco y negro, tiende a convertir la conquista en un duelo entre europeos y nativos, cuando en realidad muchos indios consideraron preferible el gobierno de los invasores a la perpetuaci\u00f3n de las elites gobernantes prehisp\u00e1nicas, muchas veces rapaces y opresoras (si tal juicio era acertado o err\u00f3neo, no hace al caso)\u00bb (Am\u00e9rica hisp. 86).<\/p>\n<p><strong>Luces y sombras de las Indias<\/strong><\/p>\n<p>A lo largo de nuestra cr\u00f3nica, tendremos ocasi\u00f3n de poner de relieve los grandes tesoros de humanidad y de religiosidad que los misioneros hallaron en Am\u00e9rica. Eran tesoros que, ciertamente, estaban enterrados en la idolatr\u00eda, la crueldad y la ignorancia, pero que una vez excavados por la evangelizaci\u00f3n cristiana, salieron muy pronto a la luz en toda su belleza sorprendente.<\/p>\n<p>Estos contrastes tan marcados entre las atrocidades y las excelencias que al mismo tiempo se hallan en el mundo precristiano de las Indias son muy notables. Nos limitaremos a traer ahora un testimonio. El franciscano Bernardino de Sahag\u00fan, el mismo que en el libro II de su magna Historia general de las cosas de Nueva Espa\u00f1a hace una relaci\u00f3n escalofriante de los sacrificios humanos exigidos por los ritos aztecas, unas p\u00e1ginas m\u00e1s adelante, en el libro VI, describe la pedagog\u00eda familiar y escolar del Antiguo M\u00e9xico de un modo que no puede menos de producir admiraci\u00f3n y sorpresa:<\/p>\n<p>\u00abDel lenguaje y afectos que usaban cuando oraban al principal dios&#8230; Es oraci\u00f3n de los sacerdotes en la cual le confiesan por todopoderoso, no visible ni palpable. Usan de muy hermosas met\u00e1foras y maneras de hablar\u00bb (1), \u00abEs oraci\u00f3n donde se ponen delicadezas muchas en penitencia y en lenguaje\u00bb (5), \u00abDe la confesi\u00f3n auricular que estos naturales usaban en tiempo de su infidelidad\u00bb (7), \u00abDel lenguaje y afectos que usaban para hablar al se\u00f1or reci\u00e9n electo. Tiene maravilloso lenguaje y muy delicadas met\u00e1foras y admirables avisos\u00bb (10), \u00abEn que el se\u00f1or hablaba a todo el pueblo la primera vez; exh\u00f3rtalos a que nadie se emborrache, ni hurte, ni cometa adulterio; exh\u00f3rtalos a la cultura de los dioses, al ejercicio de las armas y a la agricultura\u00bb (14), \u00abDel razonamiento, lleno de muy buena doctrina en lo moral, que el se\u00f1or hac\u00eda a sus hijos cuando ya hab\u00edan llegado a los a\u00f1os de discreci\u00f3n, exhort\u00e1ndolos a huir de los vicios y a que se diesen a los ejercicios de nobleza y de virtud\u00bb (17), y lo mismo exhortando a sus hijas \u00aba toda disciplina y honestidad interior y exterior y a la consideraci\u00f3n de su nobleza, para que ninguna cosa hagan por donde afrenten a su linaje, h\u00e1blanlas con muy tiernas palabras y en cosas muy particulares\u00bb (18)&#8230; En un lenguaje antiguo, de dignidad impresionante, estos hombres ense\u00f1aban \u00abla humildad y conocimiento de s\u00ed mismo, para ser acepto a los dioses y a los hombres\u00bb (20), \u00abel amor de la castidad\u00bb (21) y a las buenas maneras y \u00abpolic\u00eda [buen orden] exterior\u00bb (22).<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s nos contar\u00e1 Sahag\u00fan, con la misma pulcra y serena minuciosidad, \u00abDe c\u00f3mo mataban los esclavos del banquete\u00bb (Lib.9, 14), u otras atrocidades semejantes, todas ellas orientadas perdidamente por un sentido indudable de religiosidad. Es la situaci\u00f3n normal del mundo pagano. Cristo ve a sus disc\u00edpulos como luz que brilla en la tinieblas del mundo (Mt 5,14), y San Pablo lo mismo: sois, escribe a los cristianos, \u00abhijos de Dios sin mancha en medio de una gente torcida y depravada, en la que brill\u00e1is como estrellas en el mundo, llevando en alto la Palabra de vida\u00bb (Flp 2,15-16).<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n, bien concreta, que hace San Pablo de los paganos y jud\u00edos de su tiempo (Rm 1-2), nos muestra el mundo como un \u00e1mbito oscuro y siniestro. As\u00ed era, de modo semejante, el mundo que los europeos hallaron en las Indias: opresi\u00f3n de los ricos, poligamia, religiones demon\u00edacas, sacrificios humanos, antropofagia, crueldades indecibles, guerras continuas, esclavitud, tiran\u00eda de un pueblo sobre otros&#8230; Son males horribles, que sin embargo hoy vemos, por as\u00ed decirlo, como males excusables, causados en buena parte por inmensas ignorancias y opresiones.<\/p>\n<p><i>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/i> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La renovaci\u00f3n de lo viejo El mundo ind\u00edgena americano, al encontrarse con el mundo cristiano que le viene del otro lado del mar, es, en un cierto sentido, un mundo indeciblemente arcaico, cinco mil a\u00f1os m\u00e1s viejo que el europeo. 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