{"id":2175,"date":"2007-05-13T08:13:52","date_gmt":"2007-05-13T14:13:52","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=2175"},"modified":"2007-05-13T09:21:37","modified_gmt":"2007-05-13T15:21:37","slug":"el-padre-prietico-atardecer-y-amanecer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2007\/05\/13\/el-padre-prietico-atardecer-y-amanecer\/","title":{"rendered":"El Padre Prietico: Atardecer y Amanecer"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/fraynelson.com\/banco_imagenes\/sunset.jpg\" alt=\"Atardecer y Amanecer\" align=right hspace=10 \/>Cuando \u00e9ramos estudiantes de filosof\u00eda y de teolog\u00eda, pocas puertas nos resultaban tan amables como la del Padre <strong>Marco Tulio Prieto<\/strong>, a quien poco a poco todos nos acostumbramos a llamar &#8220;Prietico.&#8221; Su puerta era como una entrada al mundo de la misericordia, porque sin nombramiento oficial, \u00e9l se hab\u00eda convertido en confesor de muchos de nosotros. Hab\u00eda quien dec\u00eda que Prietico asentaba su popularidad en su proverbial sordera o avanzada edad&#8211;dos factores que lo har\u00edan atractivo para que uno completara la tarea siempre dif\u00edcil de confesarse. La verdad es que, aunque tuviera limitaciones para escuchar, uno sent\u00eda bien que a trav\u00e9s de esos o\u00eddos se llegaba sin dificultad a un coraz\u00f3n sabio y bondadoso, bien dispuesto a devolver la paz perdida y a brindar el consejo oportuno.<\/p>\n<p>Por supuesto, yo era uno de esos consuetudinarios visitantes de la habitaci\u00f3n o &#8220;celda&#8221; de Prietico, y puedo decir por cuenta propia que del ministerio de este dominico aprend\u00ed a querer m\u00e1s tanto la pr\u00e1ctica de mi confesi\u00f3n como el ministerio de o\u00edr y absolver las faltas de otros.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Y sin embargo, no era esa la idea que yo ten\u00eda de \u00e9l antes de entrar a la Orden de Santo Domingo. Yo conoc\u00ed primero al P. Prieto como un personaje huidizo y hura\u00f1o que aparec\u00eda fugazmente por los corredores del segundo piso del &#8220;bloque central&#8221; del Colegio Santo Tom\u00e1s. Siendo yo un ni\u00f1o de primaria, por la mismo \u00e9poca en que el P. Pardo llevaba a misa a cuanto grupo de alumnos encontrase desocupado o sin profesor, el P. Prieto era famoso por su manera de pasear su silencio, como si apenas estuviera ah\u00ed para tomar nota de todo. Muchos de los chicos sencillamente le ten\u00edamos miedo, aunque nuestro miedo no ten\u00eda m\u00e1s soporte que la ignorancia.<\/p>\n<p>El tiempo pas\u00f3 y llegu\u00e9 al Convento de Santo Domingo donde, para sorpresa m\u00eda, estaba asignado el P. Prietico. Meses tuvieron que pasar antes de que yo sintiera la confianza de entablar alguna conversaci\u00f3n con \u00e9l, algo que pasara m\u00e1s all\u00e1 de un saludo formal. A\u00f1os tuvieron que pasar antes de que me arriesgara a pedirle que me confesara. Pero ya para entonces su sentido afable del humor&#8211;y la mirada picaresca de esos ojos grises que ya no s\u00f3lo escrutaban sino que daban amor&#8211;hab\u00edan deshecho mis prejuicios infantiles. Pronto sent\u00ed que me pod\u00eda contar si no entre sus amigos \u00edntimos, s\u00ed entre las ovejas de su selecto reba\u00f1o.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, nada de extra\u00f1o ten\u00eda que una fr\u00eda tarde fuera yo a su habitaci\u00f3n y le pidiera ser escuchado. Estaba enfermo, doblegado por los a\u00f1os, quiza agobiado por ese mismo ejercicio de o\u00edr las cuitas de tantos, pero como de costumbre me recibi\u00f3 muy bien, y me puso cita en el oratorio del tercer piso. Yo no sab\u00eda que me iba a dar su testamento espiritual. Tom\u00e1ndome del brazo, con el gesto enf\u00e1tico de un verdadero padre, puesto de cara al Sant\u00edsimo, como si quisiera sellar ante Dios lo que me dec\u00eda, habl\u00f3 pausadamente. Mis o\u00eddos estaban abiertos, mi coraz\u00f3n se beb\u00eda sus palabras.<\/p>\n<p>&#8220;<em>Dos cosas quiero decirte, y s\u00f3lo dos: que no se te pase el tiempo sin amar a Dios, y que no dejes para lo \u00faltimo hacerle bien a quien lo necesite<\/em>.&#8221; Su discurso sonaba nuevo, a pesar del cansancio de la voz, y sus ojos brillaban a pesar de la oscuridad que r\u00e1pidamente se adue\u00f1aba de aquel recinto sacro. Alguna otra palabra me dijo el padre, y luego me despidi\u00f3, y se qued\u00f3 un momento m\u00e1s en la capilla. Cuando ya iba yo a unos buenos pasos alcanc\u00e9 a escucharle arrastrar sus pies por el claustro, rumbo a su habitaci\u00f3n. Fue la \u00faltima vez que hablamos. Una semana despu\u00e9s hab\u00eda partido para la eternidad.<\/p>\n<p>Aunque faltaban pr\u00e1cticamente dos a\u00f1os para mi ordenaci\u00f3n sacerdotal, el recuerdo de ese testamento de Prietico estaba firmemente ante m\u00ed cuando lleg\u00f3 el d\u00eda se\u00f1alado. Prietico dio pocas pero sustanciales lecciones a mi coraz\u00f3n joven. Fue un hombre mayor que pudo recuperar la sonrisa de un ni\u00f1o. Fue un sabio sin libros. Fue uno de esos hombres que han cometido el n\u00famero exacto de errores para entender qu\u00e9 contiene la m\u00e1s bella palabra humana: el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Prietico llegaba a su ocaso cuando yo apenas amanec\u00eda para la vida dominicana. \u00c9l muri\u00f3 el a\u00f1o en yo hac\u00eda mi pofesi\u00f3n religiosa perpetua. Se fue sin ruido pero su bendici\u00f3n es m\u00fasica que suena muy fuerte en mi recuerdo. Diecisiete a\u00f1os despu\u00e9s, cuando hoy agradezco el don de mi propia vida, quisiera tomar una vez m\u00e1s el brazo de ese padre y amigo, y decirle que he tratado de ser fiel a su herencia: no quiero que se me vaya la vida sin tener la certeza de que busco amar al Amor que me am\u00f3. Quisiera dejar sembrada esta tierra con estrellas de luz porque no quiero un Cielo solo&#8230; aunque s\u00f3lo el Cielo quiero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando \u00e9ramos estudiantes de filosof\u00eda y de teolog\u00eda, pocas puertas nos resultaban tan amables como la del Padre Marco Tulio Prieto, a quien poco a poco todos nos acostumbramos a llamar &#8220;Prietico.&#8221; Su puerta era como una entrada al mundo de la misericordia, porque sin nombramiento oficial, \u00e9l se hab\u00eda convertido en confesor de muchos &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2007\/05\/13\/el-padre-prietico-atardecer-y-amanecer\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;El Padre Prietico: Atardecer y Amanecer&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[60,3,35,64],"tags":[],"class_list":["post-2175","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-familia-dominicana","category-noticias-personales","category-personas","category-relatos-edificantes"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2175","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2175"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2175\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2175"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2175"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2175"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}