{"id":2098,"date":"2007-01-05T01:26:35","date_gmt":"2007-01-05T07:26:35","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/index.php\/?p=2098"},"modified":"2007-01-08T14:16:56","modified_gmt":"2007-01-08T20:16:56","slug":"46-participes-de-su-naturaleza-divina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2007\/01\/05\/46-participes-de-su-naturaleza-divina\/","title":{"rendered":"46. Part\u00edcipes de su Naturaleza Divina"},"content":{"rendered":"<p>46.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>46.2. No siempre debo hablarte cuando sientas que la piedad y el amor fluyen en ti, porque yo no dependo de ti, aunque soy servidor tuyo en orden a la salvaci\u00f3n que Dios te ofrece.<\/p>\n<p>46.3. Hoy quiero invitarte a hacer m\u00e1s universal tu oraci\u00f3n. Dirige tus plegarias m\u00e1s all\u00e1 de tus intereses; l\u00e1nzalas, como redes de amor, al mar de las necesidades humanas, y no las limites al tama\u00f1o de tus estrechos conocimientos y peque\u00f1os afectos. Cuanto m\u00e1s unido est\u00e9s a Dios, m\u00e1s debes cuidar que tu oraci\u00f3n sea seg\u00fan \u00c9l, seg\u00fan su querer y seg\u00fan su sabidur\u00eda, y no seg\u00fan el tama\u00f1o de tus preocupaciones inmediatas o tus dolores m\u00e1s agudos.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>46.4. Orar es entrar en comuni\u00f3n con Dios; es hacerse part\u00edcipe de su mismo amor y de su misma luz. Por ello el fruto propio de la oraci\u00f3n es la deificaci\u00f3n o participaci\u00f3n cada vez mayor en la naturaleza divina.<\/p>\n<p>46.5. Dios te hace part\u00edcipe de su naturaleza a trav\u00e9s de su Don, que es el Esp\u00edritu Santo (cf. 2 Pe 1,4). El Esp\u00edritu no te anula, sino lo contrario: te enriquece. No hace que tus actos no sean tuyos, ya te lo dije alguna vez, sino que los hace tuyos <em>y suyos<\/em>.<\/p>\n<p>46.6. Para mejor entender y amar esta realidad, considera la ciencia infusa. El enunciado en palabras humanas de una verdad sublime no es imposible a la naturaleza humana, en cuanto las palabras usadas son las apropiadas para esa naturaleza; pero alcanzar estas verdades sin el <em>discurso<\/em> o camino que te es necesario para aprender y afianzar lo aprendido escapa a las posibilidades de tu naturaleza.<\/p>\n<p>46.7. Algo semejante acontece con la voluntad. Puesto que hay en ti una capacidad de amor, es de suyo posible que todo ese amor se dirija a Dios. Pero si miras el conjunto de distracciones y atracciones que tiene el coraz\u00f3n, o si revisas tu propia historia, ves que lo que no es imposible &#8220;de suyo,&#8221; s\u00ed es en la situaci\u00f3n y circunstancias tuyas irrealizable. Por eso, un acto elevad\u00edsimo de amor transformante no es algo imposible en el primer sentido, pero s\u00ed imposible en el segundo.<\/p>\n<p>46.8. La participaci\u00f3n de la naturaleza divina, entonces, no es una anulaci\u00f3n de la naturaleza creada, sino una obra que estaba de alg\u00fan modo prevista o anticipada en el hecho de haber sido creados como lo fuisteis. Es claro, por consiguiente, que ni una piedra ni una planta pueden participar de la naturaleza divina; esta participaci\u00f3n est\u00e1 ontol\u00f3gicamente fundada en la racionalidad creada, esto es, en el entendimiento. Al crearos capaces de verdad, Dios os hizo de alg\u00fan modo capaces de su verdad.<\/p>\n<p>46.9. No es f\u00e1cil entender c\u00f3mo la naturaleza divina, Poder sobre todo poder, llega a obrar en una naturaleza humana al punto de hacerla part\u00edcipe de su propio ser. Semejante participaci\u00f3n ocurre siempre en el \u00e1mbito de la <em>forma<\/em>, quiero decir, no en la ostentaci\u00f3n de un poder, sino en la fuerza significativa de una palabra y de un amor. Cuando Dios se vierte en un esp\u00edritu creado, sea de hombre o de \u00c1ngel, no le otorga un atributo suyo, por ejemplo s\u00f3lo el conocimiento o s\u00f3lo el poder; Dios no hace otro &#8220;dios&#8221;: se da a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>46.10. Esto elimina la aparente paradoja sobre la participaci\u00f3n: no es que ese hombre en el que Dios se ha vertido pueda iniciar un universo distinto o hacer obras disponiendo de las creaturas como a \u00e9l le plazca, sino que, sumergido en el designio y la voluntad del Padre, puede mirar este Universo y obrar en \u00c9l en profunda uni\u00f3n de esp\u00edritu con Dios mismo.<\/p>\n<p>46.11. Hacia afuera, nada hay en este hombre deificado que lo haga ineludiblemente reconocible como part\u00edcipe de Dios, precisamente porque su participaci\u00f3n no crea un espacio distinto al de la creaci\u00f3n que ha hecho el \u00fanico y verdadero Dios. \u00a1Casi te digo que una de las se\u00f1ales de la deificaci\u00f3n es el anonimato que hace invisible a quien as\u00ed est\u00e1 unido a su Creador!<\/p>\n<p>46.12. Aunque de Cristo puedes predicar que siempre es Dios, t\u00fa sabes que hubo en \u00c9l un crecimiento verdadero en la gracia divina (Lc 2,52). Visto por sus contempor\u00e1neos \u2014y tambi\u00e9n por ti, si contemplas su camino sobre la faz de la tierra\u2014 \u00abcreci\u00f3 como un reto\u00f1o delante de Yahveh\u00bb (Is 53,2), y, sin embargo, mira lo que a\u00f1ade el profeta: \u00abNo ten\u00eda apariencia ni presencia; le vimos y no ten\u00eda aspecto que pudi\u00e9semos estimar\u00bb (Is 53,2).<\/p>\n<p>46.13. Su Cuerpo, aunque siempre unido a su naturaleza divina, tuvo sin embargo un crecimiento real en la efusi\u00f3n de la gracia del Padre sobre \u00c9l, de modo tal que nunca mostr\u00f3 m\u00e1s a Dios ni estuvo m\u00e1s en el Padre que en la Hora de la Cruz, precisamente cuando era, en el m\u00e1s alto grado, \u00abdespreciable y desecho de hombres, var\u00f3n de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta\u00bb (Is 53,3).<\/p>\n<p>46.14. Del ejemplo de Cristo puedes aprender que la obra de la deificaci\u00f3n, en esta tierra, no es la exaltaci\u00f3n, sino la humillaci\u00f3n que te conduce a la forma m\u00e1s aguda de muerte: no importar, no interesar, no contar. Sufrir el destino que sufre el Nombre de Dios: el olvido, la burla, la indiferencia. No esperes de la participaci\u00f3n en la naturaleza divina algo distinto de la suerte del Hijo de Dios Crucificado, pues te amonesta la Carta a los Hebreos: \u00abHemos venido a ser part\u00edcipes de Cristo, a condici\u00f3n de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio\u00bb (Heb 3,14). No esperes un universo ordenado y bello, sino la comuni\u00f3n en el extra\u00f1o pero maravilloso designio de Dios para este mundo que no le reconoce pero que s\u00ed le necesita.<\/p>\n<p>46.15. As\u00ed tambi\u00e9n nosotros, los \u00c1ngeles, por su amor asociados a \u00c9l, somos invisibles, y a menudo irrelevantes, incluso para muchos creyentes y sacerdotes. Calumnias y desprecios, profanaci\u00f3n de nuestros nombres y confusi\u00f3n sobre qui\u00e9nes somos y qu\u00e9 queremos: este es nuestro &#8220;pan&#8221; en la tierra. No nos disgusta. Es el Pan de Cristo. Es el Pan de Dios.<\/p>\n<p>46.16. Deja que te invite a la alegr\u00eda. Dios te ama; su amor es eterno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>46.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. 46.2. No siempre debo hablarte cuando sientas que la piedad y el amor fluyen en ti, porque yo no dependo de ti, aunque soy servidor tuyo en orden a la salvaci\u00f3n que Dios te ofrece. 46.3. Hoy quiero invitarte a hacer m\u00e1s &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2007\/01\/05\/46-participes-de-su-naturaleza-divina\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;46. 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