{"id":20891,"date":"2013-05-29T01:50:41","date_gmt":"2013-05-29T06:50:41","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=20891"},"modified":"2013-05-28T15:00:55","modified_gmt":"2013-05-28T20:00:55","slug":"quinta-leccion-sobre-el-martirio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/05\/29\/quinta-leccion-sobre-el-martirio\/","title":{"rendered":"Quinta Lecci\u00f3n sobre el martirio"},"content":{"rendered":"<p><strong>Lecci\u00f3n Quinta<\/strong><\/p>\n<p><em>Condici\u00f3n social de los m\u00e1rtires<\/em><\/p>\n<p>Considerar la variada condici\u00f3n social de los m\u00e1rtires nos exige estudiar antes la penetraci\u00f3n del cristianismo en todas las clases de la sociedad.<\/p>\n<p>Pareciera que lo normal hubiera sido que el cristianismo, como otras religiones, se arraigase solamente en su lugar de nacimiento, y que a lo m\u00e1s, muy poco a poco, se hubiera difundido a otros pueblos y razas, lenguas y culturas.<\/p>\n<p>Pero no fue as\u00ed. La historia nos muestra que el cristianismo se extendi\u00f3 casi al mismo tiempo en las m\u00e1s diversas regiones del mundo antiguo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n pod\u00eda suponerse que, como los partidos pol\u00edticos, la nueva fe arraigara sobre todo en medio de ciertas clases sociales. Y algunos imaginan que, en efecto, as\u00ed fue, y que s\u00f3lo gan\u00f3 a la plebe. Pero tampoco fue esto as\u00ed. Apenas nacido, el cristianismo, en un prodigio sobrehumano de difusi\u00f3n, invade a todos los pueblos, culturas, lenguas, y tambi\u00e9n clases sociales.<\/p>\n<p>Parecer\u00eda natural que, siendo los Ap\u00f3stoles personas incultas y tan sencillas, trabajadores manuales en su mayor\u00eda, se dirigieran, aunque sea en pueblos diversos, a los de su propia condici\u00f3n. Y que en el extranjero buscaran el amparo receptivo de las comunidades jud\u00edas de la di\u00e1spora.<\/p>\n<p>Pero todas estas claves mentales saltan en pedazos ante la realidad de una historia distinta. Es cierto que los primeros misioneros del Evangelio, siendo jud\u00edos, se dirigieron primero a los de su raza. Pero dentro de \u00e9sta, hablaban sin ning\u00fan embarazo, siendo iletrados, a hombres de toda condici\u00f3n, sin limitarse en modo alguno al pueblo m\u00e1s bajo e ignorante. Es cierto tambi\u00e9n que los ap\u00f3stoles, como un San Pablo, frecuentaban los barrios obreros habitados normalmente en la di\u00e1spora por las colonias jud\u00edas. Y eso explica que durante bastante tiempo los paganos del Imperio confundieron a los cristianos con los jud\u00edos, vi\u00e9ndolos como un cisma brotado de \u00e9stos. Pero muy pronto hubieron de advertir que, bajo tales apariencias, se estaba realizando un profundo trabajo por difundir la nueva fe m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de las dispersas juder\u00edas.<\/p>\n<p>La universalidad del cristianismo se puso de manifiesto con sorprendente rapidez, ganando a los hombres de condici\u00f3n y naci\u00f3n m\u00e1s diversas. No hay explicaci\u00f3n humana que haga entender por qu\u00e9 la nueva fe predicada por San Pedro, un pescador, o por San Pablo, un tejedor, se extiende tambi\u00e9n entre las clases m\u00e1s elevadas del mundo antiguo.<\/p>\n<p>El primer converso pagano de San Pedro, Cornelio, era oficial del ej\u00e9rcito romano (Hch 10). Cuando Pablo y Bernab\u00e9 recorren Chipre, el proc\u00f3nsul Sergio Paulo \u00ablos hace comparecer, pues desea o\u00edr de su boca la palabra de Dios\u00bb, y en seguida \u00abadmira y cree\u00bb (13,7.14). \u00abMuchos mujeres nobles\u00bb de Tesal\u00f3nica se convierten ante la predicaci\u00f3n de Pablo (17,4). En Corinto gana para Cristo al tesorero de la ciudad (Rm 16,23). Cuando predica en la colina del Are\u00f3pago, creen en su palabra algunos atenienses, entre ellos un miembro de aquel tribunal superior (Hch 17,34).  En \u00c9feso el Ap\u00f3stol hace amistad con personas principales, que eran o hab\u00edan sido asiarcas, es decir, sumos sacerdotes de la provincia romana de Asia (17,34).<\/p>\n<p>En una irradiaci\u00f3n fulgurante el Evangelio ha ido m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras jud\u00edas y ha ido haciendo conquistas en las cimas de la sociedad pagana. Todos los elementos \u00e9tnicos, jud\u00edos y gentiles, todos  los estamentos sociales, ricos y pobres, est\u00e1n ya reunidos y fundidos en las primeras iglesias cristianas.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><em>Esclavos m\u00e1rtires<\/em><\/p>\n<p>Pauperes evangelizantur (Lc 7,22). Jesucristo afirma que la evangelizaci\u00f3n de los pobres es una de las pruebas de la autenticidad de su misi\u00f3n. Y en el mundo  antiguo los pobres eran los esclavos y la gente humilde de condici\u00f3n libre.<\/p>\n<p>Los esclavos formaban una buena parte de la poblaci\u00f3n, concretamente en el Imperio. Su n\u00famero era grand\u00edsimo, y se ocupaban no solo de los servicios dom\u00e9sticos, sino de la mayor\u00eda de los trabajos rurales, artesanales e industriales.<\/p>\n<p>El esclavo era un capital productivo del que se obten\u00edan rentas por su trabajo. Una sola persona pose\u00eda a veces centenares o millares de esclavos, y \u00e9stos eran parte muy principal de los inventarios de las grandes fortunas.<\/p>\n<p>Los esclavos lo eran a veces por nacimiento, pero mucho m\u00e1s por importaci\u00f3n. Eran gentes de todos los pa\u00edses, prisioneros de guerra con frecuencia, que se compraban al por mayor en las zonas de frontera y se vend\u00edan al por menor en los mercados del interior. Formaban un pueblo de desarraigados, que hab\u00edan tra\u00eddo los vicios de su tierra de origen, y que, en cambio, perd\u00edan pronto sus buenas costumbres en la promiscuidad de la servidumbre.<\/p>\n<p>En el mundo pagano nadie se interesaba por estos miserables. Hab\u00eda due\u00f1os humanos y otros muchos que no lo eran. Alg\u00fan fil\u00f3sofo hubo que estim\u00f3 la esclavitud como contraria al derecho natural, pero sus protestas fueron sumamente t\u00edmidas, y nadie les hizo caso. Los esclavos hubieran seguido en el m\u00e1s total desamparo de no haber surgido el cristianismo.<\/p>\n<p>Apenas iniciada la difusi\u00f3n de la fe cristiana, hay ya esclavos cristianos. Son muchos en las comunidades fundadas por San Pablo, y en varias de sus cartas les da instrucciones y consejos. Al Ap\u00f3stol quiere que los esclavos no se muevan por temor servil, sino por conciencia del deber; intento completamente nuevo. Les muestra la nobleza de la obediencia, haciendo de ella un acto libre de sumisi\u00f3n a la voluntad divina (Ef 6,5-8; Col 3,22; Tit 2,9). Les inculca el sentido del honor cristiano, para que viendo sus virtudes aprendan los se\u00f1ores a respetar el nombre y la doctrina del Se\u00f1or  (1Tim 6,1; +1Pe 2,18ss). Procura, al mismo tiempo, mejorar su condici\u00f3n, mandando que sean tratados como hermanos (Ef 6,9; Col 4,1). Son realmente nuestros hermanos, iguales ante Dios, miembros del mismo cuerpo m\u00edstico de Cristo (Ef 6,9; Col 4,1; G\u00e1l 3,28; Flm 1,8-21).<\/p>\n<p>Todo esto, para aquellos hombres oprimidos y despreciados, era una revelaci\u00f3n. Por eso acudieron en masa al llamado de la Iglesia, y en ella aprend\u00edan, como dice Or\u00edgenes, \u00aba tomar un alma de hombres libres\u00bb (Contra Celsum III,24). No pudiendo la Iglesia por entonces liberar a los esclavos de sus v\u00ednculos civiles, los liberaba internamente, asegur\u00e1ndoles en la comunidad cristiana una igualdad que la sociedad civil les negaba, y haci\u00e9ndoles participantes de todos los beneficios de la fraternidad evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>Y esta igualdad y fraternidad no eran meras palabras, eran realidades. Los esclavos cristianos participaban en los mismos sacramentos de los hombres libres; como \u00e9stos, ten\u00edan su lugar en las celebraciones lit\u00fargicas; se casaban leg\u00edtimamente ante Dios. Hab\u00edan sido atra\u00eddos a la fe con una profunda suavidad persuasiva.<\/p>\n<p>Ar\u00edstides, apologista del siglo II, escribe: \u00abLos fieles persuaden con el afecto a sus criados a que se hagan cristianos con sus hijos, y cuando ya lo son, los llaman, sin distinci\u00f3n, hermanos\u00bb (Apol. 15). A veces era preciso que este enaltecimiento no les hiciera orgullosos. San Pablo les dice: \u00abLos esclavos que tienen a fieles por due\u00f1os, no los desprecien, porque son hermanos, sino al contrario, s\u00edrvanlos mejor, porque son fieles y amigos, participantes de los mismos beneficios\u00bb (1Tim 6,2). Y San Ignacio a San Policarpo: \u00abNo desprecies a los esclavos, pero tampoco ellos se hinchen de orgullo\u00bb (Ad Polyc. 4).<\/p>\n<p>La Iglesia, al mismo tiempo que suavizaba la condici\u00f3n de los esclavos y preparaba su liberaci\u00f3n futura, proced\u00eda con prudencia en la transici\u00f3n. Sin este cuidado, f\u00e1cilmente el orgullo y la rebeld\u00eda hubieran ocupado el lugar de los otros vicios de que ella los hab\u00eda curado.<\/p>\n<p>Entre los esclavos hubo cristianos admirables. Muchos de ellos, en las casas donde serv\u00edan, desarrollaron un verdadero apostolado y convirtieron a sus due\u00f1os paganos. Hubo esclavos que en la Iglesia fueron ascendidos al grado m\u00e1s alto de la jerarqu\u00eda pastoral.<\/p>\n<p>Si Hermas, autor del libro Pastor, fue esclavo, como dice, su hermano P\u00edo, que fue Papa a mediados del siglo II, era de origen servil. Calixto, esclavo de un banquero, fue arcediano de Roma y m\u00e1s tarde Papa.<\/p>\n<p>A\u00fan es indicio mayor del enaltecimiento inmenso que la Iglesia produjo en los esclavos el hecho de que muchos de ellos fueron m\u00e1rtires. Los paganos quedaban asombrados al ver que estos hombres y mujeres, acostumbrados a acatar toda orden o capricho de sus amos sin resistencia alguna, se negasen a abjurar de su fe en Cristo y aceptasen tormentos crudel\u00edsimos antes que renegar de su fe.<\/p>\n<p>En las Actas del martirio de Santa Adriana, m\u00e1rtir de Frigia, se da este di\u00e1logo: \u00ab-\u00bfCu\u00e1l es tu nombre?, le pregunta el juez. -\u00bfQu\u00e9 importa mi nombre? Yo soy cristiana. -\u00bfEs \u00e9ste tu amo? -Es solamente due\u00f1o de mi cuerpo; pero el se\u00f1or de mi alma es Dios. -\u00bfC\u00f3mo no adoras a los dioses que tu due\u00f1o adora? -Yo soy cristiana, y no adoro a \u00eddolos mudos, sino al Dios vivo y verdadero, al Dios eterno\u00bb&#8230; Estas respuestas desconcertaban totalmente la mentalidad pagana. Otros esclavos, Blandina en Li\u00f3n, Evelpisto en Roma, Potamiena en Alejandr\u00eda, Fel\u00edcitas en Cartago, Sabina en Esmirna, Vital en Bolonia, Porfirio en Cesarea y tantos otros, responden a los magistrados con ese mismo sentimiento de libertad plena. \u00ab-\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa?, pregunta el prefecto romano a Evelpisto. -Esclavo del C\u00e9sar, pero cristiano que ha recibido de Cristo la libertad y que, por su gracia, tiene la misma esperanza que \u00e9stos\u00bb. Est\u00e1 claro que los esclavos que as\u00ed hablaban ya en realidad no eran esclavos.<\/p>\n<p>\u00abEsclavo del C\u00e9sar\u00bb&#8230; Los cesarianos, esclavos o libertos del emperador, formaban una clase aparte en el mundo de la esclavitud. Los hab\u00eda de muy diversas categor\u00edas, servidores dom\u00e9sticos, ocupados en la industria o el comercio, empleados en la canciller\u00eda imperial, unos eran pobres, otros riqu\u00edsimos&#8230; Pero ni estos esclavos cesarianos se libraban de su condici\u00f3n servil de esclavos, y segu\u00edan sujetos a los posibles desmanes de un due\u00f1o desp\u00f3tico. Y si eran libertos, dejando de ser esclavos, a\u00fan entonces segu\u00edan vinculados a su due\u00f1o por lazos de dependencia.<\/p>\n<p>Pues bien, desde el comienzo del Evangelio hubo cesarianos cristianos en la casa imperial. San Pablo, en carta escrita hacia el 62 o 64, saluda \u00aba los santos que est\u00e1n en la casa del C\u00e9sar\u00bb (Flp 4,22). Y como la servidumbre del palacio no cambiaba mucho al cambiar el soberano, de hecho, la llama evang\u00e9lica, encendida en el palacio imperial ya en tiempos de Ner\u00f3n, se mantuvo siempre encendida de reinado en reinado. A pesar de que algunos emperadores los persiguieron con gran dureza, siempre hubo cesarianos cristianos. Siempre fueron numerosos y gozaron de altos favores.<\/p>\n<p>Hubo cesarianos en el palacio de Marco Aurelio, y m\u00e1s en tiempos de C\u00f3modo. Tambi\u00e9n con Septimio Severo, cuyo hijo, Caracalla, tuvo nodriza cristiana -lacte christiana educatus (Tertuliano, Ad Scapulam 4)-. San Ireneo habla de los cristianos que viven en la corte del emperador y cuidan sus muebles (Ad H\u00e6res. IV,30). En el palacio de Alejandro Severo, muy propicio a los cristianos, eran los fieles muy numerosos, lo mismo que en el de Filipo. En una carta de San Cipriano condena el abuso terrible de que algunos obispos son intendentes de posesiones imperiales (De lapsis 6). San Dionisio de Alejandr\u00eda dice que el palacio imperial de Valeriano, antes de que persiguiera a los cristianos, ten\u00eda tantos cristianos que parec\u00eda una iglesia (Eusebio, Hist. eccl. VII,10). Pero cuando fue mayor el n\u00famero y el influjo de los cesarianos cristianos fue en los primeros a\u00f1os del reinado de Diocleciano. Gran parte de ellos fueron eliminados al comenzar la persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00abHumiliores\u00bb m\u00e1rtires<\/em><\/p>\n<p>La sociedad imperial se compon\u00eda, de un lado, por la aristocracia y la alta burques\u00eda, los honestiores, y de otro, no muy por encima de los esclavos, los m\u00e1s pobres y peque\u00f1os, los humiliores. Con estos t\u00e9rminos se distingu\u00eda a unos de otros en el lenguaje jur\u00eddico, pues la diferencia ten\u00eda no peque\u00f1as consecuencias en los posibles g\u00e9neros de penas.<\/p>\n<p>Los oficios manuales apenas permit\u00edan vivir a los humiliores, por la competencia de los esclavos. Y como, por otra parte, eran admitidos a las distribuciones de v\u00edveres que el Estado y los ricos prodigaban, muchos de ellos viv\u00edan ociosos, llenando su ociosidad con espect\u00e1culos gratuitos, que tambi\u00e9n les eran suministrados con abundancia.<\/p>\n<p>Aquella gente pobre que, en este orden econ\u00f3mico falso y malo, aun teniendo una cierta felicidad animal, estaban profundamente a disgusto, entraron tambi\u00e9n en masa por la puerta que la Iglesia les abr\u00eda. En la nueva comunidad sus almas pod\u00edan desarrollarse, recuperaban tambi\u00e9n un ambiente laborioso, pues la Iglesia rechazaba la ociosidad (1Tes 4,11; 2Tes 3,10-12), al mismo tiempo que les procuraba medios dignos para ganarse la vida (Didaj\u00e9 12; Const. apost. IV,9).<\/p>\n<p>El c\u00e9lebre relato que T\u00e1cito hace del incendio de Roma, en el verano del a\u00f1o 64, y de c\u00f3mo Ner\u00f3n, atribuy\u00e9ndolo a los cristianos, desencaden\u00f3 una terrible matanza de fieles, visti\u00e9ndoles con pieles de fieras, entreg\u00e1ndolos a jaur\u00edas de perros, cubri\u00e9ndoles de pez, empalados, transformados en antorchas, es un martirio multitudinario que solamente pudo ser aplicado a gentes de baja condici\u00f3n social (Annal. XV,38-40.44). Son suplicios que  \u00abunen la burla a la crueldad\u00bb -pereuntibus addita ludibria-, y que en modo alguno se daban a personas de categor\u00eda social.<\/p>\n<p>De modo semejante, refiere el Papa Clemente Romano una pena impuesta a cristianos de su tiempo, que consist\u00eda en hacerles desempe\u00f1ar en una parodia mitol\u00f3gica un papel afrentoso, que terminaba con la degollaci\u00f3n real del protagonista (Corintios 6). Castigos tales no pod\u00edan ser aplicados a ciudadanos romanos de categor\u00eda, sino solo a gente insignificante, personas que nullum caput habent.<\/p>\n<p>Todo hace pensar, pues, que los primeros m\u00e1rtires, cuya sangre consagr\u00f3 la colina Vaticana, esa \u00abinmensa muchedumbre\u00bb de la que habla T\u00e1cito, eran cristianos humiliores, pobre gente sencilla.<\/p>\n<p>Las Actas de los m\u00e1rtires nos dan tambi\u00e9n frecuentes indicios de la humilde condici\u00f3n de los primeros testigos de Cristo. En ellas encontramos al pastor Tem\u00edstocles, al pastor Namas, al tabernero Teodoto, al jardinero Sineros, a cuatro picapedreros de Panonia, al flautista Filem\u00f3n, al carbonero Alejandro, que, por cierto, lleg\u00f3 a obispo, y a tantos hombres del pueblo bajo.<\/p>\n<p> Los cementerios primitivos confirman lo ya dicho. En ellos aparecen, unidos y mezclados unos con otros, nombres de patricios o de plebeyos, epitafios de alta poes\u00eda o con torpes errores ortogr\u00e1ficos, y no es raro que un nombre aristocr\u00e1tico lleve una simple losa, en tanto que una simple vendedora de legumbres tenga un arco de cripta decorado con un fresco. Nunca la igualdad y la fraternidad evang\u00e9licas fueron tan vivientes como en estos asilos de la muerte.<\/p>\n<p><em>Arist\u00f3cratas m\u00e1rtires<\/em><\/p>\n<p>Las primeras necr\u00f3polis cristianas fueron excavadas en posesiones de familias nobles, que ofrec\u00edan a toda clase de fieles la hospitalidad del sepulcro. Por eso vemos en las catacumbas tantos nombres de gente humilde junto a muchos nombres de familias ilustres.<\/p>\n<p>En el siglo I el cementerio cristiano de Domitila, en la v\u00eda Ardeatina, tuvo por fundadora a una dama que pertenec\u00eda a la familia imperial. En efecto, Flavia Domitila era nieta del emperador Vespasiano y sobrina de Tito y Domiciano. Se hab\u00eda casado con Flavio Clemente, y ambos eran cristianos. Fueron tambi\u00e9n los primeros en sufrir la persecuci\u00f3n de Domiciano. Flavio, que era c\u00f3nsul, fue decapitado en el a\u00f1o 95, y Domitila desterrada a una isla (Dion Cassio LXVII,13).<\/p>\n<p>Otros miembros ilustres de la sociedad romana fueron tambi\u00e9n m\u00e1rtires cristianos bajo Domiciano, acusados algunos de ellos de \u00abculpables de novedades\u00bb -molitores novarum rerum- (Suetonio, Domit. 10). Entre ellos destaca Acilio Galabrio, c\u00f3nsul del a\u00f1o 91. En la catacumba de Priscila, en la v\u00eda Salaria, del tiempo de los ap\u00f3stoles, se ha hallado el sepulcro de los Acilii, donde su estirpe cristiana fue enterrada desde el siglo I al IV.<\/p>\n<p>Un siglo m\u00e1s tarde, es excavado un cementerio en la posesi\u00f3n de los C\u00e6cilii, y all\u00ed son sepultados los restos de la m\u00e1rtir Santa Cecilia. Este cementerio, que tomar\u00e1 el nombre del Papa Calixto, y en el que ser\u00e1n enterrados los Papas del siglo III, guarda, junto a las reliquias, sumamente veneradas, de esta joven cristiana, de la familia de los C\u00e6cilii, los restos de otros cristianos de ilustres estirpes romanas: los Cornelii, los Aemilii, los Bassii, los Annii, los Jallii, los Pomponii, los Aurelii. All\u00ed, durante los tres primeros siglos, queda escrito para siempre el nombre de muchas familias cristianas de la m\u00e1s alta nobleza romana. Entre ellos el del Papa Cornelio, miembro quiz\u00e1 de la familia de los Cornelii, y en tal caso descendiente del dictador Sila.<\/p>\n<p>La historia de los cementerios cristianos de Roma y de todas las provincias del Imperio nos hace patente que los m\u00e1s de ellos fueron fundados por cristianos ricos que ofrecieron el sepulcro de su familia, sus jardines, alguna de sus posesiones, sea para recibir los restos de alg\u00fan m\u00e1rtir ilustre o para acoger indistintamente a los hermanos en la fe. Los nombres antiguos de estos cementerios indican esta realidad: area Macrobii, area Vindiciani, hortus Justi, hortus Theonis, hortus Phillippi, etc.<\/p>\n<p>Son, pues, verdaderas las palabras del apologista Ar\u00edstides: \u00abCuando uno de sus pobres sale de este mundo, el cristiano que de ello se percata provee a sus funerales seg\u00fan sus medios\u00bb (Apol. 15).<\/p>\n<p><em>Desde el siglo II se habla ya con frecuencia de cristianos ricos o nobles<\/em>.<\/p>\n<p>Ya en 112, desde Bitinia, informaba que se iban haciendo cristianos personas de toda condici\u00f3n, omnis ordinis (Epist. X,96). A mediados del siglo II, Hermas acusa a ciertos cristianos de estar \u00abenredados en negocios y riquezas\u00bb, y de haberse hecho \u00abc\u00e9lebres ante los paganos por sus bienes de fortuna\u00bb (Pastor, mand. X,1; simil. VIII,9). En el 197 Tertuliano asegura que \u00abel palacio y el senado\u00bb est\u00e1n llenos de cristianos (Apol. 2,37). Es un tiempo en el que Septimio Severo defiende de ciertos ataques populares a los cristianos, clarissimas feminas et clarissimos viros, haciendo su elogio (Tertuliano, Ad Scapulam 4).<\/p>\n<p>Y en el curso mismo de las violentas persecuciones del siglo III el n\u00famero de cristianos pertenecientes a familias nobles, ricas, y a veces integradas incluso en el gobierno imperial, va acrecent\u00e1ndose m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<p><em>M\u00e1rtires de la clase media<\/em><\/p>\n<p>No es f\u00e1cil delimitar las fronteras de una clase media. En el Imperio solamente se alcanza a ver de la clase media su parte m\u00e1s alta, la formada por hombres dedicados a profesiones liberales, gran comercio, poseedores de grandes capitales heredados o adquiridos, miembros de la curia municipal. La clase media inferior apenas se diferencia de la plebe m\u00ednima.<\/p>\n<p>Pues bien, desde el tiempo de los Ap\u00f3stoles el cristianismo penetr\u00f3 ampliamente en esa clase media alta de gente acomodada, activa y de esp\u00edritu abierto. Los consejos apost\u00f3licos sobre la limosna (2Cor 9,5-13; 1Tim 6,17-19), sobre el trato que ha de darse a los esclavos (Ef 6,9; Col 4,1), las exhortaciones que dirigen a las mujeres cristianas para que eviten los vanos lujos (1Tim 2,9; 1Pe 3,3), as\u00ed como otros muchos indicios -donaciones a la Iglesia, cesi\u00f3n de jardines o posesiones para cementerios, etc.-, hacen ver que la clase media alta estaba ampliamente representada en la primera Iglesia.<\/p>\n<p>Tertuliano, que al parecer fue abogado, afirma, concretamente, que los cristianos abundaban entre los curiales y en \u00abel foro\u00bb, es decir, entre jueces y abogados (Apol 37).<\/p>\n<p>Abogado era el apologista Minucio F\u00e9lix, africano establecido en Roma; y tambi\u00e9n era jurista y ret\u00f3rico en Cartago el que fue despu\u00e9s obispo de esa ciudad, San Cipriano.<\/p>\n<p>En todo caso, el cristianismo no arraig\u00f3 desde el principio entre los intelectuales. Los atenienses que escucharon a San Pablo, epic\u00fareos y estoicos, no le dieron cr\u00e9dito (Hch 17,18). Y el mismo Ap\u00f3stol lo declara abiertamente: \u00abentre nosotros no hay ni muchos sabios seg\u00fan la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles\u00bb (1Cor 1,26).<\/p>\n<p>Hasta el siglo II, precisamente en un momento de apogeo social de fil\u00f3sofos y sofistas, no entran apenas los intelectuales en la Iglesia. Pero ya a fines del siglo II afirma Clemente de Alejandr\u00eda que \u00abmuchos de ellos\u00bb se han hecho cristianos (Strom. VI,16). Y al convertirse, no pocos de ellos usan la pluma para defender la nueva fe, y forman en los siglos II y III el gran movimiento de apologistas del cristianismo: Tertuliano, Minucio F\u00e9lix, Cipriano, Ar\u00edstides, Justino, Aten\u00e1goras, Panteno, Clemente. Como dice Arnobio, converso y apologista:<\/p>\n<p>\u00abOradores de gran ingenio, gram\u00e1ticos, ret\u00f3ricos, jurisconsultos, m\u00e9dicos y fil\u00f3sofos, han buscado las doctrinas [del cristianismo] y han dejado con desprecio aquellas otras en las que antes hab\u00edan puesto su confianza\u00bb (Cf. Adv. gentes II,55).<\/p>\n<p>Ellos tambi\u00e9n dieron grandes m\u00e1rtires, como el obispo Cipriano o el fil\u00f3sofo Justino.<\/p>\n<p><em>Soldados m\u00e1rtires<\/em><\/p>\n<p>Parece a primera vista, y as\u00ed lo estimaron algunos rigoristas primeros -Tertuliano, Or\u00edgenes o Lactancio-, que el cristianismo no era compatible con la profesi\u00f3n militar. Pero el esp\u00edritu de la Iglesia era mucho m\u00e1s amplio y recordaba antecedentes decisivos.<\/p>\n<p>En efecto, el Bautista predicaba a los soldados la bondad y la justicia (Lc 3,14), Jes\u00fas escucha la s\u00faplica del centuri\u00f3n de Cafarna\u00fam (7,1-10), y Pedro bautiza al centuri\u00f3n de Cesarea (Hch 10).<\/p>\n<p>En una sociedad como la romana, decadente y disoluta, las virtudes propias de la vida militar, valent\u00eda, abnegaci\u00f3n, disciplina, desprecio de la muerte, eran disposiciones buenas para las virtudes cristianas. Por eso no pocos maestros antiguos de la fe, Pablo   (2Tim 2,3-5), Clemente Romano (Corintios 37), Ignacio de Antioqu\u00eda (Policarpo 6), toman muchas veces palabras e im\u00e1genes de la vida militar para ilustrar lo que ha de ser la vida cristiana.<\/p>\n<p>San Pablo predic\u00f3 en Roma en el campamento de los pretorianos (Flp 1,13), de los cuales en tiempo de Ner\u00f3n ya hab\u00eda conversos. El mismo Tertuliano reconoce que a principios del siglo III los cristianos llenan los campamentos, y hay regiones del Imperio en las que la mayor\u00eda de la tropa es cristiana.<\/p>\n<p>Pues bien, una buena parte del gran n\u00famero de los m\u00e1rtires de los primeros siglos fue integrada por soldados. Muchas veces las celebraciones de la vida militar implicaban ciertos ritos religiosos incompatibles con la fe. Y en tiempos de persecuci\u00f3n, muchos soldados pagaron con su vida la desobediencia a cumplir con esos ritos. Fueron muchos los soldados m\u00e1rtires, sobre todo, como es l\u00f3gico, donde acampaban las legiones romanas, en Italia, en Numidia, en Mauritania, en Espa\u00f1a, en Asia, en Egipto, a lo largo del Danubio. Y en todos esos lugares, con el testimonio de los m\u00e1rtires, se difund\u00eda y arraigaba la fe cristiana.<\/p>\n<p><em>\u00bfPor qu\u00e9 los cristianos no formaron un partido pol\u00edtico?<\/em><\/p>\n<p>Cuando comprobamos la formidable difusi\u00f3n del cristianismo en todas las clases y condiciones sociales, no podemos menos de preguntarnos: \u00bfc\u00f3mo los cristianos, siendo tan numerosos, se  dejaron diezmar hasta el fin sin resistencia? Los mismos perseguidores, seg\u00fan vemos a veces en Actas de los m\u00e1rtires, eran conscientes de la fuerza invencible de sus v\u00edctimas y de su propia debilidad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda cristianos diestros en ministerios de gobierno, en oficios artesanales, habituados a padecer como esclavos o a combatir como soldados. Hab\u00eda entre ellos escritores de ingenio y de aguda pluma, que hubieran sido perfectamente capaces de inflamar la indignaci\u00f3n del pueblo cristiano y de lanzarlo a una acci\u00f3n reivindicativa de derechos. Y esto hubiera sido tanto m\u00e1s viable en momentos de crisis interior del Imperio, debilitado por guerras y conspiraciones. Perfectamente los cristianos hubieran podido formar una enorme fuerza pol\u00edtica con la que sus perseguidores tuvieran necesidad de pactar. \u00bfPor qu\u00e9 no lo hicieron?<\/p>\n<p>Porque Jesucristo los hab\u00eda enviado entre los hombres \u00abcomo ovejas entre lobos\u00bb (Mt 10,16; Lc 10,3). Porque quiso que la conquista del mundo la hiciesen de forma pac\u00edfica. \u00c9l los hab\u00eda enviado a ense\u00f1ar a los hombres lo que \u00e9stos no hab\u00edan aprendido o hab\u00edan olvidado: la caridad, la dulzura, la paciencia, el amor a los enemigos, el perd\u00f3n de las ofensas. \u00c9l los hab\u00eda enviado a ense\u00f1ar al mundo el valor de una nueva virtud, la fe, la convicci\u00f3n en la verdad divina, tan entra\u00f1ada en los creyentes que por ella estaban dispuestos a entregar su propia vida, y estaban prontos a probar la veracidad de la doctrina evang\u00e9lica con tres siglos de martirio sangriento, venciendo as\u00ed a todas las potencias mundanas.<\/p>\n<p>Y adem\u00e1s de estas razones, otras hay que explican porqu\u00e9 a los cristianos les es negada en aquellas circunstancias la desobediencia y la rebeli\u00f3n. Los pol\u00edticos se hab\u00edan formado la falsa idea de que cristianismo y civilizaci\u00f3n romana eran incompatibles. Contra este absurdo prejuicio, los apologistas demostraban una y otra vez que los cristianos eran los s\u00fabditos m\u00e1s fieles del Imperio; que cuanto m\u00e1s se empe\u00f1aban en alcanzar la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, mejor obedec\u00edan a las leyes y al emperador; que rogaban siempre por los gobernantes y por el Imperio. Pero esta convincente demostraci\u00f3n de la lealtad de los cristianos al Imperio se hubiera devaluado completamente con cualquier rebeli\u00f3n de los perseguidos.<\/p>\n<p>Si los cristianos hubieran procedido como enemigos del Imperio, no hubiera terminado aquel conflicto de tres siglos con un emperador que se convirti\u00f3 al cristianismo. Solamente la paciencia de los m\u00e1rtires hizo posible el edicto de paz de Constantino.<\/p>\n<p>[<a href=\"http:\/\/is.gd\/martirio\">Ver todas las lecciones publicadas<\/a>]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n Quinta Condici\u00f3n social de los m\u00e1rtires Considerar la variada condici\u00f3n social de los m\u00e1rtires nos exige estudiar antes la penetraci\u00f3n del cristianismo en todas las clases de la sociedad. Pareciera que lo normal hubiera sido que el cristianismo, como otras religiones, se arraigase solamente en su lugar de nacimiento, y que a lo m\u00e1s, &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/05\/29\/quinta-leccion-sobre-el-martirio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;Quinta Lecci\u00f3n sobre el martirio&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1073,672,704],"tags":[],"class_list":["post-20891","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diez-lecciones-sobre-el-martirio","category-historia_de_la_iglesia","category-martirio"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20891","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20891"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20891\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20894,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20891\/revisions\/20894"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20891"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20891"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20891"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}