{"id":2071,"date":"2006-11-01T01:54:40","date_gmt":"2006-11-01T07:54:40","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/index.php\/?p=2071"},"modified":"2006-10-31T10:56:09","modified_gmt":"2006-10-31T16:56:09","slug":"37-conoce-tu-cuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/11\/01\/37-conoce-tu-cuerpo\/","title":{"rendered":"37. Conoce Tu Cuerpo"},"content":{"rendered":"<p>37.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>37.2. Tu cuerpo te permite sentir, que es la primera forma de conocer. Cada sentido tiene, por decirlo as\u00ed, su propio canal, su propio alcance y su propio discernimiento, esto es, su capacidad de distinguir entre dos sensaciones pr\u00f3ximas. El sentido de la vista, es sin duda, el que mejor se equipara al conocer, precisamente por su inmenso alcance y su fino discernimiento. Por esto es frecuente que el lenguaje de la visi\u00f3n se utilice para referirse al conocimiento.<\/p>\n<p>37.3. Se da sin embargo una ant\u00edtesis, que es inherente al hecho de tu corporalidad y por ello insalvable: aquellos sentidos que tienen menor alcance y discernimiento, como son el paladar, el olfato y las diversas formas de tacto, testifican la <em>cercan\u00eda<\/em>, mientras que aquellos que tienen mayor alcance, a saber, el o\u00eddo y sobre todo la vista, testifican la <em>lejan\u00eda<\/em>. Dicho de otro modo: unos te hacen sentir el bien, cuando est\u00e1 cerca, y otros te permiten descubrir el bien, cuando est\u00e1 lejos. Lo descubres lejano pero lo sientes s\u00f3lo cercano. Asi la conjunci\u00f3n de tus sentidos corporales hace que sepas d\u00f3nde est\u00e1 el bien, pero como no puedes poseerlo sino en la cercan\u00eda, te ves obligado a moverte. Tu estructura sensorial te hace esencialmente din\u00e1mico.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>37.4. Eso podemos afirmar en cuanto al <em>alcance<\/em>; pero \u00bfqu\u00e9 diremos de la capacidad de discernimiento? Cuando ves disciernes mucho y posees poco; cuando acaricias sientes mucho y disciernes poco. Tambi\u00e9n esta es una especie de paradoja, porque implica que el bien corporal que posees \u2014cosa que s\u00f3lo puede darse en la <em>cercan\u00eda<\/em>\u2014 lo posees al precio de discernirlo, y por lo tanto, de conocerlo menos. El gozo corporal est\u00e1 en cierta antinomia con la luz del conocimiento: un placer m\u00e1s intenso te hace menos l\u00facido; un conocimiento m\u00e1s preciso y detallado te ense\u00f1a m\u00e1s aunque te halaga menos.<\/p>\n<p>37.5. Por otra parte, es un hecho que tu cuerpo ocupa <em>un<\/em> lugar. Esto, entre otras cosas, quiere decir que &#8220;sentir&#8221; es un modo de percibir que te enriquece con el conocimiento de un sitio y de una situaci\u00f3n, a precio de desinformarte sobre el resto del universo. As\u00ed por ejemplo, el que est\u00e1 aquejado de un terrible dolor no tiene m\u00e1s universo que su dolor, mientras que quienes disfrutan de las caricias de su intimidad como que s\u00f3lo existen para s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>37.6. En contraste, el que quiera sentir m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de su cuerpo debe prescindir en cierto modo de sus propias e inmediatas sensaciones para abrirse a un dolor, un gozo o un amor que no acontecen en los confines de su piel y su inmediato entorno. Esta es una tercera paradoja que se da en el conocimiento sensitivo.<\/p>\n<p>37.7. De acuerdo con esto, vuelve ahora tu mirada hacia Jesucristo. Estoy seguro de que me entiendes lo que quiero sugerirte. Hay un momento en tu vida en que es preciso que escojas entre los diversos extremos de las paradojas de que hoy te he hablado. Si quieres conocer m\u00e1s, es preciso que renuncies a sentir en la inmediatez, y que orientes tu alma hacia la <em>vista<\/em>.<\/p>\n<p>37.8. Una vida as\u00ed termina por hacerse <em>contemplativa<\/em>, porque contemplar es el modo humano supremo de ver. Si me haces caso, y ser\u00e1 mejor que me hagas caso, te espera una vida sin mucho gusto, sin mucho perfume y sin mucho tacto. Sin grandes placeres ni caricias. No por rechazo a tu realidad corporal, que es creada y de suyo buena, sino por aspiraci\u00f3n a un conocimiento mayor y mejor.<\/p>\n<p>37.9. Prepara tu alma para la luz y la paz, y ense\u00f1a a tu cuerpo a ser discreto y parco en sus pretensiones. La norma es: obra de tal modo que nada de lo que t\u00fa sientes, ni bueno ni malo, te haga <em>insensible<\/em> a lo que otros pueden estar sintiendo, ya sea bueno o malo. En cierta manera, renuncia a estar en un sitio para estar all\u00ed donde un dolor te reclame, donde se espere una oraci\u00f3n de ti, donde una palabra tuya sea provechosa. Esto se llama <em>abnegaci\u00f3n<\/em>, y es algo que t\u00fa necesitas.<\/p>\n<p>37.10. Mira a Jesucristo; cont\u00e9mplale una y otra vez. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u00bfPor qu\u00e9 caminos le ves andar? No son otros sino los caminos de la necesidad humana, los caminos de aquello que otros, sus hermanos, est\u00e1n viviendo y sufriendo.<\/p>\n<p>37.11. El amor, como puro apetito corporal, te mueve hacia donde puedes estrechar y palpar tu bien; el mismo amor, como obra del Esp\u00edritu Santo, te mueve hacia donde puedes hacer y testificar el bien para otros, que as\u00ed dar\u00e1n gloria a tu Padre que est\u00e1 en el cielo (cf. Mt 5,16).<\/p>\n<p>37.12. Desde luego, s\u00e9 que hoy te estoy abriendo un camino, el de la abnegaci\u00f3n, y que no vas a recorrerlo todo en un d\u00eda. Pero si empiezas hoy terminar\u00e1s m\u00e1s pronto.<\/p>\n<p>37.13. Deja que te invite a la alegr\u00eda. Dios te ama; su amor es eterno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>37.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. 37.2. 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