{"id":2061,"date":"2006-10-25T01:39:53","date_gmt":"2006-10-25T07:39:53","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/index.php\/?p=2061"},"modified":"2006-10-23T06:46:26","modified_gmt":"2006-10-23T12:46:26","slug":"36-el-desierto-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/10\/25\/36-el-desierto-de-cristo\/","title":{"rendered":"36. El Desierto De Cristo"},"content":{"rendered":"<p>36.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>36.2. Hoy quiero meditar contigo sobre la presencia de Cristo en el desierto. Ante todo has de saber que el desierto no fue un accidente o una circunstancia temporal en la vida de Nuestro Se\u00f1or. Desierto de amor rode\u00f3 su nacimiento, desierto de acogida sus palabras, desierto de gratitud su ministerio, desierta de vuestra compasi\u00f3n tuvo que alzarse su Cruz.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>36.3. Lees en el Evangelio que Nuestro Se\u00f1or fue &#8220;empujado&#8221; al desierto por el Esp\u00edritu Santo (Mc 1,12; cf. Mt 4,1). Ya antes hab\u00eda sido &#8220;empujado&#8221; a esta vida humana, la vida tuya, por el mismo Esp\u00edritu Santo (Mt 1,18.20; Lc 1,35). Es importante que notes esta obra particular del Esp\u00edritu, porque es f\u00e1cil atribuir al Esp\u00edritu Santo aquellas obras que a corto plazo producen alegr\u00eda y deleite. No es tan f\u00e1cil, en cambio, reconocer su divina obra cuando se experimenta dolor, soledad, privaci\u00f3n o amargura; pero el testimonio de la Escritura es claro: a ese desierto que fue su vida, y a ese retiro de desierto que le prepar\u00f3 para el ministerio, Cristo fue &#8220;conducido&#8221; e incluso &#8220;empujado&#8221; por el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>36.4. El desierto es el lugar de la vida tenue y de la muerte pr\u00f3xima. El desierto es la imagen espacial de la frontera con la nada. Por eso el desierto es lugar privilegiado para experimentar la providencia. El desierto, por dec\u00edrtelo de alg\u00fan modo, quita de tu vista las &#8220;causas segundas,&#8221; elimina las apariencias y te obliga a descubrir la &#8220;Causa Primera&#8221; y la realidad misma de las cosas y de ti.<\/p>\n<p>36.5. El cuerpo de Nuestro Se\u00f1or es un desierto. M\u00edrale; m\u00edrale atentamente, en toda la extensi\u00f3n de su desnudez crucificada. Le falta el abrigo; le falta el abrazo. No tiene compa\u00f1\u00eda; carece de alimento y padece sed. Se han ausentado las caricias, reemplazadas por azotes, y en vez de besos, le cubren salivazos. Extra\u00f1as flores, que son sus llagas, son la \u00fanica belleza de este desierto; y por manantiales has de tener los incontables riachuelos de su Sangre preciosa. Como todos los desiertos, est\u00e1 coronado de espinas; el viento le sacude gritando por doquier amor, y publicando la Alianza Nueva y Eterna.<\/p>\n<p>36.6. Al igual que en los desiertos, aqu\u00ed tienes extremos de calor y de fr\u00edo. El Sol de su amor no se oculta, y ya le tiene tostado; el fr\u00edo del mundo no le falta, y por eso la noche le rodea y envuelve, solemne y majestuosa. As\u00ed como en aquel primer desierto de su vida p\u00fablica, aqu\u00ed tambi\u00e9n a\u00falla Sat\u00e1n (Mt 4,1); y como en aquel yermo primero, \u00c1ngeles Santos le sirven con una adoraci\u00f3n sin l\u00edmites (Mc 1,13).<\/p>\n<p>36.7. El alma de Cristo es un desierto. S\u00f3lo le cruzan, como rel\u00e1mpagos, plegarias luminosas que brotan del coraz\u00f3n del Dios-Hombre. En la hora de la Cruz no hay una sola explicaci\u00f3n que aclare, no hay un afecto que amortig\u00fce, no hay un recuerdo que consuele, y toda esperanza parece derrumbarse. Los pensamientos y amores han huido, como los amigos, y el alma de Jes\u00fas es una estepa de preguntas y dolores.<\/p>\n<p>36.8. Como en el desierto, sus ojos no tienen ad\u00f3nde mirar; sus o\u00eddos nada escuchan sino el grito altanero de la nada, vomitado por boca de sus verdugos; todo el perfume de este sitio es sangre y sudor; y ya a punto de dormirse en la muerte, no cuenta con una sola cobija. Sus palabras, como angustiados trashumantes de un desierto, salen de su boca sin tener d\u00f3nde llegar; porque \u00abvino a los suyos, y los suyos no le recibieron\u00bb (Jn 1,11).<\/p>\n<p>36.9. Mira c\u00f3mo env\u00eda desde su pecho palomas de cari\u00f1o que no pueden posarse, porque, como en el diluvio, las aguas del odio anegan la Tierra (cf. G\u00e9n 8,8-9). Cuenta, si puedes, las veces en que reanuda su oraci\u00f3n, y lanza, ya no palabras, sino miradas de piedad al Cielo de su Padre, rogando compasi\u00f3n para vosotros y vuestros hijos (Mt 27,25). Una cascada de ternura brota de su frente malherida y lava su rostro y su cuerpo todo, figurando as\u00ed la obra de su redenci\u00f3n en toda la Iglesia. Esta cascada, abundante hasta rebosar la Tierra entera, es tanto m\u00e1s admirable que la de Mois\u00e9s (cf. Ex 17,1-7), cuanto m\u00e1s dura es la roca de impiedad en que ha podido brotar y cuanto m\u00e1s profunda es la sed que puede saciar.<\/p>\n<p>36.10. No pidas a Cristo otro camino que no sea el del desierto. Comprende, mi ni\u00f1o, que lo que qued\u00f3 atado y fue perdido en un jard\u00edn de delicias (G\u00e9n 2,8-9), tiene que ser desatado y recuperado en lo que es opuesto a un jard\u00edn, y que se llama desierto.<\/p>\n<p>36.11. Pero ning\u00fan desierto como el de Cristo. Ninguna soledad como la suya, ning\u00fan tormento como el suyo, ninguna sed como la suya, ning\u00fan vac\u00edo como el suyo. T\u00fa tienes y tendr\u00e1s desiertos, pero ninguno como el suyo. Tu desierto no est\u00e1 vac\u00edo, porque en tu vac\u00edo est\u00e1 Jes\u00fas, y, \u00bfsabes?, me ha dado permiso para que yo tambi\u00e9n est\u00e9.<\/p>\n<p>36.12. \u00a1Dios te ama; su amor es eterno!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>36.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. 36.2. Hoy quiero meditar contigo sobre la presencia de Cristo en el desierto. Ante todo has de saber que el desierto no fue un accidente o una circunstancia temporal en la vida de Nuestro Se\u00f1or. Desierto de amor rode\u00f3 su nacimiento, desierto &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/10\/25\/36-el-desierto-de-cristo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;36. 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