{"id":2058,"date":"2006-10-26T01:02:17","date_gmt":"2006-10-26T07:02:17","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/index.php\/?p=2058"},"modified":"2006-10-18T19:04:21","modified_gmt":"2006-10-19T01:04:21","slug":"el-limbo-3-de-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/10\/26\/el-limbo-3-de-4\/","title":{"rendered":"El Limbo (3 de 4)"},"content":{"rendered":"<h3>3. \u00bfPor qu\u00e9 no el cielo, entonces?<\/h3>\n<p>Bueno, y si no se condenan los infantes que mueren sin bautismo, \u00bfno es m\u00e1s sencillo y directo decir que s\u00ed van al cielo, como quieren tantos te\u00f3logos actuales?<\/p>\n<p>Hay razones pastorales que parecen desaconsejar notablemente que la Iglesia adopte una ense\u00f1anza semejante. Pensemos en la llamada Fecundaci\u00f3n &#8220;In Vitro,&#8221; que como se sabe implica la producci\u00f3n de una serie de embriones humanos, y que a menudo deja embriones &#8220;de repuesto.&#8221; Si todos esos van para el cielo, no parecer\u00e1 grave producirlos y luego desecharlos&#8230; Pronto se les unir\u00e1n los abortados, los muertos por falta de alimento, y por supuesto los embriones usados para clonaci\u00f3n: todos ellos tienen tiquete a la gloria celestial.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Alguien puede responder: el cielo de los asesinados no deja sin culpa a sus asesinos. A este respecto se puede hacer una comparaci\u00f3n con los m\u00e1rtires: ellos tienen la palma propia de su sacrificio pero eso no hace inocentes a los que los torturaron.<\/p>\n<p>Quitada esa objeci\u00f3n de tipo pastoral, preguntamos de nuevo: \u00bfno es m\u00e1s sencillo decir que estos ni\u00f1os van al cielo? La \u00fanica otra alternativa es admitir que puede existir un estado de felicidad natural sin la gracia particular que hace posible la visi\u00f3n beat\u00edfica. Una situaci\u00f3n en la que no hay visi\u00f3n de Dios pero s\u00ed noticia de sus perfecciones. En suma, el estado existencial que corresponde a la ense\u00f1anza tradicional sobre el limbo, como tal.<\/p>\n<p>Es controvertible que un estado as\u00ed exista. Se trata nada menos que de afirmar que existe una felicidad eterna, suficiente y plenamente humana sin la gracia de Cristo. Frente a ese aserto el hecho de que los sujetos de tal felicidad sean infantes o no pasa a segundo plano.<\/p>\n<p>Si m\u00e1s all\u00e1 de esta vida hay una felicidad que es a la vez humana y completamente intramundana, o sea, sin el requerimiento del don de la gracia, es dif\u00edcil negar la validez o licitud del deseo que alguien pudiera tener de alcanzar una felicidad as\u00ed en esta tierra. De nuevo, hay algo de &#8220;pastoral&#8221; en esta manera de hablar. Los ateos y especialmente los agn\u00f3sticos de nuestro tiempo no suelen ser personas rabiosamente fastidiadas con que haya religi\u00f3n sino personas que buscan para s\u00ed mismos y para la Humanidad algo muy parecido al limbo tradicional. Si ese es un desenlace genuinamente posible para la vida humana, \u00bfqu\u00e9 autoriza a la Iglesia para negar de base ese proyecto, si ella misma considera que no es malo en s\u00ed mismo (no es el infierno), proviene de la bondad de Dios y es felicidad real para seres humanos reales?<\/p>\n<p>Alguien dice: &#8220;Los infantes no pod\u00edan saber del don sobrenatural como para oponerse a \u00e9l, mientras que los agn\u00f3sticos y ateos s\u00ed que lo niegan.&#8221; A eso puede responderse: sobre la certeza interior o subjetiva de las personas no podemos estar seguros pues ello implicar\u00eda erigirnos en jueces del destino eterno de esos seres humanos concretos. Y faltando esa certeza no hay demasiada diferencia entre ellos y los infantes que desconocieron sin culpa la oferta expl\u00edcita de la gracia en Cristo.<\/p>\n<p>Yo personalmente creo que la manera como la doctrina tradicional del limbo habla de lo natural y lo sobrenatural no hace justicia a la presentaci\u00f3n de la felicidad humana que brota del conjunto de la Escritura y en cambio s\u00ed deja abierto el espacio para una justificaci\u00f3n involuntaria pero muy fuerte del proyecto agn\u00f3stico.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 queda entonces como posible respuesta? S\u00f3lo el cielo.<\/p>\n<p>Y sin embargo, la afirmaci\u00f3n de que los infantes muertos sin bautismo est\u00e1n en el cielo \u00bfno equivale a decir que son santos? Y si la Iglesia llegara a considerar como doctrina suya que ellos participan de la luz de la gloria, \u00bfno deber\u00eda entonces haber una festividad lit\u00fargica que hiciera conciencia de este hecho y que fuera tambi\u00e9n la ocasi\u00f3n propia para pedir su intercesi\u00f3n?<\/p>\n<p>A algunos todo esto les parecer\u00e1 cuesti\u00f3n bizantina, pero estas preguntas \u00faltimas no son in\u00fatiles; ayudan por lo menos en dos sentidos: en primer lugar, para que comprendamos las implicaciones de una afirmaci\u00f3n como decir que estos infantes van al cielo. En segundo lugar, para descubrir en qu\u00e9 condiciones es posible hablar de un acceso a la bienaventuranza eterna para estos infantes.<\/p>\n<p>El proceso del razonamiento va as\u00ed: (1) La obra de la gracia no es debida a la naturaleza humana. (2) La gracia que Cristo otorga y la que da valor sobrenatural a la acci\u00f3n de la Iglesia son num\u00e9ricamente una y la misma. (3) El acceso a la bienaventuranza en el caso de los infantes muertos sin bautismo depende entonces por completo de la obra de la caridad teologal dentro de la misma Iglesia puesta a favor de ellos. (4) As\u00ed pues, no hay perfecta equivalencia entre la santidad de aquellos a quienes la Iglesia declara bienaventurados, comprometiendo incluso en ello su autoridad magisterial, y la participaci\u00f3n en la santidad de Dios como puede llegar a darse en estos infantes. En el primer caso la Iglesia mira a la obra ya realizada de la caridad en esos hombres o mujeres que, a trav\u00e9s del martirio o de otras formas, han dado se\u00f1ales de su uni\u00f3n con el plan de Dios. En el otro caso, el de los ni\u00f1os, tales se\u00f1ales no existen y por eso la Iglesia, aunque sabe del efecto real de la redenci\u00f3n en ellos, no puede tener certeza o conocimiento ordinario alguno sobre su estado presente, porque ese estado depende de lo que haya hecho la caridad que la Iglesia lleva como escondida en su seno y que quiere poner a favor de ellos. La Iglesia puede saber, en esperanza, que la multiplicaci\u00f3n incesante de esa caridad, a partir de su fuente \u00fanica en Cristo, finalmente llevar\u00e1 a todos estos infantes a la gloria pero nada puede afirmar de ninguno de ellos en particular mientras ellos permanecen como asociados a la maduraci\u00f3n de la caridad dentro de la Iglesia peregrina. Esta es la clase de &#8220;ignorancia&#8221; insalvable que rodea el destino de estos infantes.<\/p>\n<p>En cierto sentido la respuesta a toda esta cuesti\u00f3n podr\u00eda ser algo como lo que sigue, y que equivale al reverso de la ense\u00f1anza de San Agust\u00edn: No tenemos, y quiz\u00e1 nunca tendremos una respuesta de absoluta certeza para cada caso particular, pero s\u00ed tenemos fundados motivos de esperanza para afirmar que estos infantes son alcanzados por la gracia de Cristo seg\u00fan la m\u00faltiple acci\u00f3n de su Esp\u00edritu en la Iglesia, de modo tal que finalmente participar\u00e1n de la bienaventuranza eterna.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, si Agust\u00edn habl\u00f3 de un infierno &#8220;mitigado,&#8221; parece que, por contraste, la respuesta que hay que dar aqu\u00ed sea lo opuesto: el destino de los infantes muertos sin bautismo es el cielo&#8211;con una bienaventuranza esencial que es la misma que para todos, por supuesto&#8211;pero un cielo &#8220;mitigado,&#8221; en cuanto que las circunstancias de su acceso a la felicidad eterna y los v\u00ednculos que efectivamente les unen con el resto del Cuerpo M\u00edstico de Cristo los ignoramos, si bien que con una ignorancia serena y colmada de esperanza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>3. \u00bfPor qu\u00e9 no el cielo, entonces? 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