{"id":20518,"date":"2013-05-01T00:01:20","date_gmt":"2013-05-01T05:01:20","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=20518"},"modified":"2013-05-06T15:52:39","modified_gmt":"2013-05-06T20:52:39","slug":"leccion-primera-sobre-el-martirio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/05\/01\/leccion-primera-sobre-el-martirio\/","title":{"rendered":"Leccion Primera sobre el martirio"},"content":{"rendered":"<p><strong>Lecci\u00f3n Primera<\/strong><\/p>\n<p><em>Apostolado y martirio<\/em><\/p>\n<p><em>La palabra m\u00e1rtir<\/em><\/p>\n<p>El martirio, entendido seg\u00fan su estricta significaci\u00f3n etimol\u00f3gica [testimonio], no se conoci\u00f3 antes del cristianismo. No hay m\u00e1rtires en la historia de la filosof\u00eda: \u00abNadie -escribe San Justino- crey\u00f3 en S\u00f3crates hasta el extremo de dar la vida por su doctrina\u00bb (II Apolog\u00eda 10). Tampoco el paganismo tuvo m\u00e1rtires. Nunca hubo nadie que, con sufrimientos y muerte voluntariamente aceptados, diera testimonio de la verdad de las religiones paganas. Los cultos paganos, a lo m\u00e1s, produjeron fan\u00e1ticos, como los galos, que se hac\u00edan incisiones en los brazos y hasta se mutilaban lamentablemente en honor de Cibeles. El entusiasmo religioso pudo llevar en ocasiones al suicidio, como entre aquellos de la India que, buscando ser aplastados por su \u00eddolo, se arrojaban bajo las ruedas de su carro. Pero \u00e9stos y otros arrebatos religiosos salvajes nada tienen que ver con la afirmaci\u00f3n inquebrantable, reflexiva, razonada de un hecho o de una doctrina.<\/p>\n<p>El martirio, sin duda, qued\u00f3 ya esbozado en la antigua Alianza, en figuras admirables, como las de los tres j\u00f3venes castigados en Babilonia a la hoguera, Daniel en el foso de los leones, los siete hermanos Macabeos, inmolados con su madre&#8230; Pero el jud\u00edo se dejaba matar antes que romper su fidelidad a la religi\u00f3n que era privilegio de su raza, mientras que el cristiano acepta morir para probar la divinidad de una religi\u00f3n que debe llegar a ser la de todos los hombres y todos los pueblos.<\/p>\n<p>Y \u00e9se es, precisamente, el significado de la palabra m\u00e1rtir: testigo, que afirma un testimonio de m\u00e1xima certeza, dando su propia vida por aquello que afirma. La palabra misma, con toda la fuerza de su significaci\u00f3n, no se halla antes del cristianismo; tampoco en el Antiguo Testamento. Es preciso llegar a Jesucristo para encontrar el pensamiento, la voluntad declarada de hacer de los hombres testigos y como fiadores de una religi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abVosotros -dijo Jes\u00fas- ser\u00e9is testigos (m\u00e1rtires) de estas cosas\u00bb (Lc 24,48). M\u00e1s a\u00fan: \u00abVosotros ser\u00e9is mis testigos en Jerusal\u00e9n, Judea y Samar\u00eda, hasta los \u00faltimos confines de la tierra\u00bb (Hch 1,8). Y los Ap\u00f3stoles aceptan esta misi\u00f3n con todas sus consecuencias.<\/p>\n<p>As\u00ed San Pedro, para sustituir a Judas, el traidor, declara: \u00abEs necesario que entre los hombres que nos han acompa\u00f1ado todo el tiempo que el Se\u00f1or Jes\u00fas vivi\u00f3 con nosotros&#8230; haya uno que con nosotros sea testigo de la resurrecci\u00f3n\u00bb (Hch 1,22). Y en su primer discurso despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s: \u00abDios ha resucitado a Jesucristo, y de ello somos testigos todos nosotros\u00bb (2,32). Y con Juan, ante el Sanedr\u00edn: \u00abNosotros somos testigos de estas cosas&#8230; y con nosotros el Esp\u00edritu Santo que Dios ha dado a todos aquellos que le obedecen\u00bb (5,32.41). Otra vez, despu\u00e9s de azotados, salen del Consejo \u00abfelices de haber sido hallados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jes\u00fas\u00bb (5,41). Y al fin de su vida, escribiendo a las iglesias de Asia, Pedro persiste en el mismo lenguaje: \u00abYo exhorto a los ancianos que hay entre vosotros, yo que tambi\u00e9n soy anciano y testigo de los padecimientos de Cristo\u00bb&#8230; (1Pe 5,1).<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el significado primero de la palabra m\u00e1rtir es el de testigos oculares de la vida, de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Cristo, encargados de afirmar ante el mundo estos hechos con su palabra. Desde el primer d\u00eda este testimonio se dio en el sufrimiento y, como hemos visto, en la alegr\u00eda de padecer por Cristo. Enseguida, despu\u00e9s de estas primeras pruebas, vino el sacrificio de la misma vida, como testimonio supremo de la palabra.<\/p>\n<p>Ya Jesucristo lo hab\u00eda predicho a los Ap\u00f3stoles: \u00abSer\u00e9is entregados a los tribunales, y azotados con varas en las sinagogas, y comparecer\u00e9is ante los gobernadores y reyes por mi causa, y as\u00ed ser\u00e9is mis testigos en medio de ellos\u00bb (Mc 13,9; +Mt 10,17-18; Lc 21,12-13).<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, les asegura su asistencia: \u00abCuando os hagan comparecer ante los jueces, no os preocup\u00e9is de lo que habr\u00e9is de decir, sino decid lo que en aquel momento os ser\u00e1 dado, porque no sois vosotros los que ten\u00e9is que hablar, sino el Esp\u00edritu Santo&#8230; El hermano entregar\u00e1 a su hermano a la muerte, y el padre al hijo; los hijos se levantar\u00e1n contra sus padres y los har\u00e1n morir; y vosotros ser\u00e9is odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin se salvar\u00e1\u00bb (Mc 13,11-13; +Mt 10,19-20; Lc 12,11-12; 16-17).<\/p>\n<p>Cuando los cristianos pudieron comprender por los acontecimientos la fuerza de estas palabras de su Maestro, se consider\u00f3 la muerte gloriosa de sus m\u00e1s antiguos y fieles disc\u00edpulos como el coronamiento de su testimonio. Desde entonces, muerte y testimonio quedaron entre s\u00ed definitivamente asociados.<\/p>\n<p>Antes, pues, de finalizar la edad apost\u00f3lica, la palabra m\u00e1rtir adquiere ya su significado preciso y claro, y se aplicar\u00e1 a aquel que no solo de palabra, sino tambi\u00e9n con su sangre, ha confesado a Jesucristo.<\/p>\n<p>Pero ya en ese mismo tiempo se extiende tambi\u00e9n su significado a quienes podr\u00edan decirse testigos de segundo grado, a aquellos \u00abbienaventurados que creyeron sin haber visto\u00bb (Jn 20,29), y que, habiendo cre\u00eddo as\u00ed, testificaron su fe con su sangre.<\/p>\n<p>San Juan, concretamente, a fines del siglo I, emplea la palabra m\u00e1rtir en dos ocasiones con este sentido. En el mensaje que dirige a la iglesia de P\u00e9rgamo, hablando en el nombre del Se\u00f1or, menciona a \u00abAntipas, mi fiel  testigo, que ha sido entregado a la muerte entre vosotros, all\u00ed donde Satan\u00e1s habita\u00bb (Ap 2,13). Alude a un cristiano martirizado por los paganos en tiempos de Ner\u00f3n. Y en otro pasaje, cuando se alza ante el ap\u00f3stol vidente el quinto sello del libro misterioso, alcanza a ver \u00abdebajo del altar las almas de los que hab\u00edan sido muertos por causa de la palabra de Dios y del testimonio que hab\u00edan dado\u00bb (6,9).<\/p>\n<p>Y no ser\u00e1 la primera generaci\u00f3n cristiana de creyentes la \u00fanica en dar este testimonio. La historia de los m\u00e1rtires no hab\u00eda hecho entonces sino comenzar.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><em>Relaci\u00f3n entre predicaci\u00f3n del Evangelio y martirio<\/em><\/p>\n<p>Durante tres siglos esta historia continuar\u00e1 en las regiones sometidas al Imperio Romano. M\u00e1s a\u00fan, cuando a comienzos del siglo IV un emperador [Constantino] establezca la paz religiosa, no habr\u00e1 terminado con eso para el cristianismo la era sangrienta. Otras regiones, otros pueblos \u00absentados a la sombra de la muerte\u00bb (Lc 1,79), ofrecer\u00e1n cada d\u00eda nuevos campos para el apostolado y el martirio. Los Anales de la Propagaci\u00f3n de la Fe ser\u00e1n continuaci\u00f3n natural de las Actas de los M\u00e1rtires.<\/p>\n<p>Pero cuando \u00e9stas se cierran, en tiempos de Constantino, el cristianismo ha conquistado ya pac\u00edficamente toda la cuenca del Mediterr\u00e1neo gobernada por el esp\u00edritu de Grecia y por las leyes de Roma. Mientras tanto, la sangre de los m\u00e1rtires no habr\u00e1 sido derramada ocasionalmente o gota a gota: habr\u00e1 corrido en torrentes durante persecuciones numerosas, met\u00f3dicas, encarnizadas. El edicto de paz fue, pues, la confesi\u00f3n solemne de la impotencia de la soberan\u00eda pagana contra el cristianismo. La historia de los m\u00e1rtires, del siglo I al IV, forma, por tanto, un todo completo y suficiente, fecundo en conclusiones, y que ser\u00e1 el objeto de nuestro estudio. Pero antes de ocuparnos de ella directamente, haremos una exploraci\u00f3n preliminar, que es necesaria.<\/p>\n<p>En efecto, el martirio sigui\u00f3 naturalmente la ruta del cristianismo. S\u00f3lo hubo m\u00e1rtires all\u00ed donde hab\u00edan llegado los misioneros. Por eso, antes de presentar a los cristianos que murieron por su fe, es preciso conocer cu\u00e1les eran las regiones donde hab\u00eda cristianos. Una r\u00e1pida mirada a la historia de la Iglesia primitiva nos muestra m\u00e1rtires en casi todas las regiones. Parece como si el cristianismo se hubiera extendido por todo el mundo de repente. Y esta impresi\u00f3n es verdadera, al menos en parte; pero hay que precisarla m\u00e1s.<\/p>\n<p>Para conocer bien la historia de los m\u00e1rtires es preciso, pues, se\u00f1alar primero las etapas de las primeras misiones. El mismo Se\u00f1or nos sugiere este m\u00e9todo, cuando antes de anunciar las persecuciones, asegura que \u00abes necesario primero que el Evangelio sea predicado a todas las naciones\u00bb (Mc 13,10). Y es que entre predicaci\u00f3n y martirio hay relaci\u00f3n de causa y efecto.<\/p>\n<p><em>Asia Menor, Grecia e Italia<\/em><\/p>\n<p>La propagaci\u00f3n del cristianismo comienza el d\u00eda de Pentecost\u00e9s. Como embriagados por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu, los ap\u00f3stoles dan testimonio ante la muchedumbre de peregrinos que llena esos d\u00edas Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>Hay gentes de todas las regiones. El autor de los Hechos de los ap\u00f3stoles menciona a quienes proceden del Oriente, m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras del Imperio Romano: partos, medas, elamitas, mesopotamios. A los s\u00fabditos asi\u00e1ticos del Imperio: gentes de Judea, Capadocia, Ponto, Asia proconsular, Frigia, Panfilia. A los s\u00fabditos africanos de Egipto y de la Cirenaica. Hay tambi\u00e9n \u00e1rabes, insulares del Mediterr\u00e1neo, gente de Creta, y tambi\u00e9n hay peregrinos de Roma (Hch 2,5-11).<\/p>\n<p>De aquellos tres mil hombres convertidos y bautizados, tras la primera predicaci\u00f3n de San Pedro, muchos ser\u00edan extranjeros de esas regiones, y al regresar a sus pa\u00edses habr\u00edan sido los primeros misioneros de la nueva fe.<\/p>\n<p>Un segundo enjambre sali\u00f3 de la vieja colmena jud\u00eda, despu\u00e9s de la muerte del primer m\u00e1rtir, el di\u00e1cono San Esteban.<\/p>\n<p>\u00abHubo entonces gran persecuci\u00f3n en la Iglesia que estaba en Jerusal\u00e9n\u00bb (Hch 8,1). Solamente los ap\u00f3stoles permanecieron en la ciudad. Los fieles se dispersaron por todos los caminos de Judea, Galilea y Samar\u00eda (8,5-40; 9,32-43). Entonces fue evangelizado el litoral, el antiguo pa\u00eds de los Filisteos y Fenicia. Otros llevaron la fe a Damasco y hasta el norte de Siria, a Antioqu\u00eda. Y otros se embarcaron hacia la isla de Chipre (11,19).<\/p>\n<p>El Evangelio no buscaba todav\u00eda sino a los jud\u00edos y a los pros\u00e9litos del juda\u00edsmo. Pero de pronto recibe una direcci\u00f3n nueva, y la semilla va a ser sembrada tambi\u00e9n entre los paganos. Pedro, saliendo de Jerusal\u00e9n, recorre las iglesias nacientes para visitarlas y confirmarlas (11,31). Y advertido por una visi\u00f3n, bautiza en este primer viaje apost\u00f3lico a muchos gentiles (10,9-29.47-48). Tambi\u00e9n por entonces son catequizados en Antioqu\u00eda algunos griegos, es decir, paganos (11,20). Y pronto el gran converso Pablo, sacado por Bernab\u00e9 de su inicial retiro, llega a la metr\u00f3poli de Siria. All\u00ed, al parecer por sugesti\u00f3n suya, se hace patente la escisi\u00f3n entre juda\u00edsmo y nueva fe, cuando los disc\u00edpulos de \u00e9sta comienzan a llamarse cristianos (11,26).<\/p>\n<p>Hacia el a\u00f1o 44 comienza Pablo sus grandes viajes apost\u00f3licos, durante los cuales, en quince a\u00f1os, recorrer\u00e1 toda la parte occidental del Asia Menor: Cilicia, Licaonia, Pisidia, Isauria, Frigia, Mesia, Asia proconsular, Chipre, Salamina y Pafos, Macedonia y Acaya, y quiz\u00e1 Iliria (Hch 13-21).<\/p>\n<p>No viaja Pablo a la ventura, sino que elige ciertas ciudades estrat\u00e9gicas, que habr\u00e1n de servirle, seg\u00fan dice, como \u00abpuertas abiertas al exterior\u00bb (1Cor 16,9).<\/p>\n<p>Son \u00e9stas \u00c9feso, donde est\u00e1 dos a\u00f1os, y desde la que se extender\u00e1 la fe por todo el occidente del Asia romana (Col 1,7-8; 4,12-13; Filem 1,2; Hch 19,10-26); Antioqu\u00eda, que pone a la Iglesia en comunicaci\u00f3n con el mar y con el Oriente; Tesal\u00f3nica, foco de la fe hacia Macedonia (1Tes 1,7-8); Corinto, centro del cristianismo en Acaya (2Cor 1,1).<\/p>\n<p>Con todo esto, no hab\u00eda conseguido Pablo extender la fe m\u00e1s que a la mitad de la pen\u00ednsula asi\u00e1tica. Quedaba la vertiente oriental, las extensas provincias entre el Euxino y el Tauro: Bitinia, Ponto, Galacia -la carta a los G\u00e1latas no llega sino a los g\u00e1latas meridionales de Licaonia, Frigia y Panfilia-.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 San Pedro lleg\u00f3 en su predicaci\u00f3n a estas regiones, pues m\u00e1s tarde del 64 escribe una carta a los cristianos \u00abdel Ponto, Capadocia, Asia y Bitinia\u00bb (1Pe 1,1), suponiendo iglesias de cierta antig\u00fcedad, con clero organizado (5,1-3) y que han padecido persecuci\u00f3n o est\u00e1n amenazadas de ella (4,14-16). Les habla como a amigos suyos personales, conocidos quiz\u00e1 en su viaje a Occidente, aunque no tenemos datos exactos de su itinerario.<\/p>\n<p>Conocemos, en cambio, perfectamente el viaje primero de San Pablo. Encarcelado dos a\u00f1os en Judea, apela al C\u00e9sar, y en el a\u00f1o 61 viaja a Roma con otros prisioneros. Cuando llega al sur de Italia y desembarca en Puzzoli, encuentra una comunidad cristiana ya establecida (Hch 28,13-14). Y recuperada su libertad, despu\u00e9s de unos dos a\u00f1os, prosigue sus viajes misioneros, llega a Espa\u00f1a (Rm 15,24), viaja a Creta, al Asia Menor, a Macedonia, al Peloponeso, evangeliza el Epiro.<\/p>\n<p>Compa\u00f1eros suyos en este viaje al Oriente, contin\u00faan su labor: Crescente en Galacia (2Tim 4,10), Tito en Creta (Tit 1,5) y tambi\u00e9n en Dalmacia (2Tim 4,10).<\/p>\n<p>Estamos en el a\u00f1o 64, cuando las autoridades romanas han conocido ya como tales a los cristianos, cuando Ner\u00f3n desencadena contra ellos la primera de las persecuciones, y en v\u00edsperas del martirio de Pedro y Pablo.<\/p>\n<p>Todav\u00eda no han sido escritos todos los evangelios, y ya el Evangelio ha sido predicado en las m\u00e1s diversas partes del Imperio Romano. Ya, como dice T\u00e1cito (54-?), los cristianos son \u00abuna ingente muchedumbre\u00bb (Ann. XV,44). Ya la luz de la fe, seg\u00fan asegura Clemente Romano, ha llegado \u00abhasta los confines de Occidente\u00bb (Corintios 5,7). En treinta a\u00f1os la nueva fe ha irradiado en todas direcciones, hacia el Asia romana y en toda la cuenca del Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p><em>Italia, Galia, Espa\u00f1a, norte de \u00c1frica<\/em><\/p>\n<p>Desde el siglo II, Roma se hace centro de la evangelizaci\u00f3n de Occidente. Es verdad, sin embargo, que el griego parece predominar en la primera iglesia de Roma. Buena parte de sus fieles habla griego, y los Papas del siglo III escriben todav\u00eda sus documentos en esta lengua. Se utiliza el griego porque era entonces la lengua m\u00e1s universal, mucho m\u00e1s que el lat\u00edn.<\/p>\n<p>En Italia, a mediados del siglo III, el Papa Cornelio re\u00fane un concilio de sesenta obispos italianos; lo que hace pensar que ya entonces habr\u00eda un centenar de di\u00f3cesis en Italia.<\/p>\n<p>En la Galia, otra gran regi\u00f3n mediterr\u00e1nea, en la provincia de Narbona, al sur de Li\u00f3n, entre las cuencas del R\u00f3dano y del Saona, hallamos una primera comunidad de fieles, cuya procedencia hel\u00e9nica o asi\u00e1tica es indudable. Por la v\u00eda entre Marsella y Li\u00f3n, de gran flujo comercial, es por donde al parecer penetr\u00f3 el cristianismo.<\/p>\n<p>La carta de las iglesias de Li\u00f3n y Viena, en 177, dirigida a las de Asia y Frigia, revela el parentesco y unidad que entre aqu\u00e9llas y estas iglesias hab\u00eda. La mitad de los m\u00e1rtires de Li\u00f3n, aludidos en esa carta, tienen nombres griegos; otros son   oriundos del Asia, y muchos responden en griego a los interrogatorios.<\/p>\n<p>Concretamente, el obispo de Li\u00f3n, Ireneo, naci\u00f3 en Esmirna, pero viaja dos veces a Roma, y ya en el concilio que \u00e9l preside en 196 se afirma que las iglesias de las Galias, en lo referente a la fecha de la Pascua, siguen el uso romano y no el asi\u00e1tico. La evangelizaci\u00f3n posterior de las Galias ser\u00e1 siempre latina, y en gran parte, al parecer, obra de misioneros de Roma.<\/p>\n<p>En las regiones de tradici\u00f3n celta -Aquitania, provincia Lugdunense y B\u00e9lgica- el cristianismo se extiende con mucha m\u00e1s lentitud, pues en ellas escasean las ciudades. Sin embargo, ya Tertuliano asegura que \u00ablas diversas naciones de las Galias\u00bb han o\u00eddo hablar de Cristo (Adv. Judeos 7). En todo caso, en el concilio de Arl\u00e9s, del 314, se re\u00fanen solamente diecis\u00e9is obispos franceses, n\u00famero muy reducido si se compara con el de los obispados italianos de mediados del siglo anterior.<\/p>\n<p>Sin embargo, conocemos la existencia de m\u00e1rtires en ciudades en las que, probablemente, no se hab\u00edan constituido a\u00fan obispados. La difusi\u00f3n de la fe, pues, era m\u00e1s r\u00e1pida que la constituci\u00f3n de iglesias locales. Y hay indicios de que, al terminar la era de las persecuciones, el cristianismo tiene ya en Francia una difusi\u00f3n considerable. Un hecho, por ejemplo, es el gran n\u00famero de cristianos que, a fines del siglo III, hab\u00eda en la corte de Constantino Cloro.<\/p>\n<p>En cuanto a Espa\u00f1a, \u00e9sta parece depender a\u00fan m\u00e1s directamente de la iglesia de Roma. Visitada por San Pablo, nada indica que recibiera m\u00e1s tarde influjos del Asia cristiana. Nunca los cristianos hablaron el griego en esta regi\u00f3n, tan completamente romanizada que en los siglos I y II dio al Imperio sus m\u00e1s ilustres escritores: S\u00e9neca, Marcial, Quintiliano; y algunos de sus mejores emperadores: Trajano, Adriano, Marco Aurelio. El cristianismo en Espa\u00f1a es totalmente latino.<\/p>\n<p>A mediados del siglo III, las persecuciones de Decio y Valeriano hicieron estragos en la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, causando m\u00e1rtires y tambi\u00e9n ap\u00f3statas. En el concilio de Elvira, en la B\u00e9tica, hacia el a\u00f1o 300, se re\u00fanen representantes de unos cuarenta obispados. Muchos de ellos son del sur, menos del centro y del norte; pero no todos los obispados de Espa\u00f1a estar\u00edan representados en el concilio.<\/p>\n<p>Por otra parte, vemos que la persecuci\u00f3n de Diocleciano [284-305] causa muchas v\u00edctimas en todos los lugares de Espa\u00f1a, incluso en peque\u00f1as ciudades.<\/p>\n<p>En el Africa romana, al otro lado del Mediterr\u00e1neo, hallamos tres zonas desigualmente pobladas: la Proconsular -T\u00fanez-, la Numidia -Argelia-, y la Mauritania -Marruecos-. Esta regi\u00f3n extensa entra de repente, casi adulta, en la historia cristiana, dejando adivinar un pasado m\u00e1s largo. No parece, sin embargo, que \u00e9ste se remonte al siglo I, pues, seg\u00fan refiere Tertuliano, la primera persecuci\u00f3n en que los cristianos de la provincia Proconsular y Numidia sufrieron el martirio fue en el a\u00f1o 180 (Ad Scapulam, 3).<\/p>\n<p>Pero ya en esta fecha, la iglesia de Cartago, la mejor conocida, se muestra completamente organizada, con muchos fieles, lugares de culto, cementerios y clero. A fin del siglo II se re\u00fane en ella un concilio de la Proconsular y Numidia, y durante el siglo III se realizan concilios que, por el n\u00famero de obispos, hacen pensar por lo menos en un centenar de di\u00f3cesis. Los recientes estudios arqueol\u00f3gicos descubren por todas partes templos abandonados por ese tiempo de Baal, el Saturno africano, lo que es se\u00f1al de conversiones en masa al cristianismo.<\/p>\n<p>El cristianismo, pues, se nos muestra de pronto en \u00c1frica del Norte sin que sepamos bien en qu\u00e9 fecha ni por qu\u00e9 misioneros concretos fue implantado. Quiz\u00e1 vino del oriente, pues Cartago, hija de los fenicios, siempre mantuvo con ella relaciones mar\u00edtimas y comerciales. Pero tambi\u00e9n es probable su origen romano, al menos en parte. El griego y el lat\u00edn est\u00e1n vigentes al mismo tiempo en la primera literatura cristiana de esa regi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Germania, Breta\u00f1a y otras regiones extramediterr\u00e1neas<\/em><\/p>\n<p>Las dos Germanias, las comarcas lim\u00edtrofes del Rhin, eran el baluarte militar de la Galia hacia el Este. Y hay all\u00ed iglesias desde fines del siglo II; pero son raras hasta el siglo IV, y muy alejadas unas de otras.<\/p>\n<p>Algo semejante ha de decirse de la Breta\u00f1a, otra provincia militar, la m\u00e1s septentrional del Imperio. Y tambi\u00e9n en la Inglaterra de nuestros d\u00edas hay ya cristianos a finales del siglo II, y se citan m\u00e1rtires en la persecuci\u00f3n de Diocleciano. Tres obispos, de Londres, Licoln y York, asisten al concilio de Arl\u00e9s (314).<\/p>\n<p>Sin embargo, a mediados del siglo III Or\u00edgenes se refiere a Germanos y Bretones como a pueblos entre los que a\u00fan la fe cristiana est\u00e1 poco extendida todav\u00eda. Y lo mismo afirma de los Godos, los S\u00e1rmatas y los Escitas, es decir de los pueblos situados a lo largo del Danubio, en los Balcanes. Quiz\u00e1 haya que situar a finales del siglo III la evangelizaci\u00f3n de estas regiones. Pero ya en el martirologio oriental del siglo IV se mencionan con frecuencia ciudades y lugares de la cuenca del Danubio.<\/p>\n<p><em>Pen\u00ednsulas Balc\u00e1nicas y Asia menor<\/em><\/p>\n<p>Mientras la fe se difunde en Occidente partiendo sobre todo de Roma, sigue arraig\u00e1ndose y extendi\u00e9ndose en la parte oriental del Mediterr\u00e1neo, all\u00ed donde la hab\u00edan predicado primeramente los Ap\u00f3stoles. <\/p>\n<p>A mediados del siglo II son tan numerosos los cristianos en la pen\u00ednsula hel\u00e9nica, que el emperador Antonino P\u00edo ha de intervenir varias veces para frenar los levantamientos de los paganos contra los fieles.<\/p>\n<p>Existen en ese tiempo comunidades cristianas en Acaya, Larisia, Tesalia, Tesal\u00f3nica, Macedonia, \u00c9piro, Tracia&#8230; En esta \u00faltima regi\u00f3n est\u00e1 Bizancio, donde los cristianos son ya a fin del siglo II muchos y poderosos. Bizancio, donde por primera vez, a la dura luz de una guerra civil, se hizo patente la fuerza exterior del cristianismo, es el v\u00ednculo de uni\u00f3n entre Europa y las provincias del Asia menor, donde los cristianos son muy numerosos. Atravesado el B\u00f3sforo, se tiene la impresi\u00f3n de entrar en pa\u00eds cristiano.<\/p>\n<p>Cuando Plinio el Joven, en 112, llega a Bitinia y al Ponto como legado imperial, halla un inmenso n\u00famero de cristianos. Encuentra tambi\u00e9n abandonados y casi desiertos los templos paganos, en los cuales \u00abhac\u00eda ya tiempo\u00bb se hab\u00edan interrumpido los sacrificios (Epist. X,96). La situaci\u00f3n ven\u00eda de bastante tiempo atr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo da a conocer que la persecuci\u00f3n, durante el imperio de Domiciano, hab\u00eda causado ya v\u00edctimas. Y alude a la difusi\u00f3n del \u00abcontagio\u00bb de la fe cristiana -superstitionis istius contagio-, esperando poder frenar decisivamente tal situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En Frigia, al sur de Bitinia, por lo menos en su parte meridional, la evangelizaci\u00f3n era a\u00fan m\u00e1s floreciente. Aunque ya en tiempos de Marco Aurelio tuvo m\u00e1rtires, apenas se turb\u00f3 all\u00ed la paz de los fieles hasta las grandes persecuciones del siglo III. All\u00ed no era preciso disimular la fe. Frecuentemente los cristianos ocupan cargos municipales. Son al mismo tiempo, y sin ninguna dificultad, romanos y cristianos.<\/p>\n<p>Frigia era un pa\u00eds esencialmente cristiano. Y ven\u00eda a ser la mitad de la provincia imperial de Asia, pues su proc\u00f3nsul ten\u00eda autoridad tambi\u00e9n sobre Missia, Lidia y Caria.<\/p>\n<p>Estas regiones, ba\u00f1adas por el mar Egeo, estaban llenas de antiguos recuerdos cristianos, la predicaci\u00f3n de San Pablo, el gobierno pastoral de San Juan. All\u00ed est\u00e1n todas aquellas ciudades, de nombres armoniosos, llenas de cristianos: \u00c9feso, Esmirna, S\u00e1rdica, P\u00e9rgamo, Filadelfia, Tiatira, Troas, Magnesia de Meandro, Trale, Parium&#8230; Apenas hay alguna de ellas que no pueda gloriarse de alg\u00fan m\u00e1rtir o doctor ilustre.<\/p>\n<p>Desde el siglo II, las di\u00f3cesis est\u00e1n muy cercanas unas de otras, lo que indica claramente la densidad de la poblaci\u00f3n cristiana. Las consideraciones pol\u00edticas que con los fieles muestran los magistrados prueban el poder moral de los miembros de la Iglesia. Son \u00e9stos tantos que, en tiempo de C\u00f3modo, un proc\u00f3nsul, aterrado ante la multitud de los fieles que espont\u00e1neamente comparecen ante su tribunal, renuncia a juzgarlos (Tertuliano, Ad Scapulam 5).<\/p>\n<p>Menos son las noticias acerca del cristianismo en Capadocia, inmensa provincia situada entre el Mar Negro y el Tauro, y que corta en diagonal casi todo el Asia menor. Pero son no pocos los indicios de que hab\u00eda all\u00ed importantes cristiandades.<\/p>\n<p>A mediados del siglo II, en las actas del martirio del martirio de San Justino, uno de sus compa\u00f1eros m\u00e1rtires contesta al magistrado que le interroga declarando: \u00abyo segu\u00eda las lecciones de Justino, pero la religi\u00f3n cristiana la aprend\u00ed de mis padres. -\u00bfY de d\u00f3nde son tus padres? -De Capadocia\u00bb. As\u00ed pues, ya en el siglo II eran varias en Capadocia las generaciones de cristianos.  Y a mediados del siglo III era tal el n\u00famero de los fieles que los paganos les culpaban de la disminuci\u00f3n cada vez mayor del culto a sus dioses, y se vengaban incendiando a veces las iglesias que los cristianos hab\u00edan osado construir abiertamente.<\/p>\n<p>Tan inmensa era, en todo caso, la extensi\u00f3n de la Capadocia que en algunos distritos, como en el Ponto Polemiaco, en las riberas del Mar Negro, era muy reducida la presencia de cristianos, hasta la gran evangelizaci\u00f3n que a mediados del siglo III hizo all\u00ed San Gregorio Taumaturgo.<\/p>\n<p>Otra de sus regiones, en cambio, la Armenia Menor, con su capital en Melitene, ten\u00eda ya desde el siglo II tantos cristianos que la legi\u00f3n XII Fulminata, reclutada en aquel distrito, se compon\u00eda casi totalmente de cristianos.<\/p>\n<p><em>Siria, Celesiria, Fenicia y Palestina<\/em><\/p>\n<p>La vasta provincia de Siria, extendida desde el Mediterr\u00e1neo hasta los confines del Asia menor, Arabia y Egipto, era quiz\u00e1 la m\u00e1s heterog\u00e9nea de las provincias imperiales. Al norte, la Celesiria, ten\u00eda por capital Antioqu\u00eda. Al Este, el pa\u00eds semiindependiente de Palmira. Al Oeste, Fenicia, entre el L\u00edbano y el mar. Al Sur, Palestina, integrada por Galilea, Judea y el antiguo litoral de los filisteos.<\/p>\n<p>En Siria se hablaba griego, lat\u00edn, sir\u00edaco, fenicio, hebreo. Se adoraba al Dios de Israel, a las deidades griegas, a las Astart\u00e9 y a los Baales. Sentimientos religiosos exaltados hasta el fanatismo se mezclaban con un pujante esp\u00edritu industrial y mercantil, que proyectaba naves y factor\u00edas por todas partes.<\/p>\n<p>En toda Siria fue predicada la fe por los mismos Ap\u00f3stoles y por sus disc\u00edpulos m\u00e1s tarde. Sin embargo, aquellas regiones fueron para el Evangelio menos f\u00e9rtiles que las feraces tierras del Asia Menor. Eran muchas las religiones y civilizaciones que se disputaban el dominio de los hombres.<\/p>\n<p>Al norte de la provincia, en la Celesiria, es donde m\u00e1s pronto crecieron en n\u00famero los cristianos, viniendo a ser casi tantos como en Bitinia o el Ponto. La fe predicada en su capital, Antioqu\u00eda, por San Pablo seguir\u00e1 floreciendo hasta mediados del siglo IV, en que la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n es cristiana.<\/p>\n<p>A ello colabora decisivamente la alt\u00edsima calidad espiritual de sus obispos, de los que se conocen sus nombres desde el siglo I. El m\u00e1s notable de todos ellos es el obispo m\u00e1rtir San Ignacio de Antioqu\u00eda.<\/p>\n<p>Muy diferente es Fenicia, en donde los cristianos abundan solamente en las ciudades comerciales del litoral, en tanto que son escasos en el interior del pa\u00eds, donde predominan los antiguos cultos, llenos de sensualidad y fanatismo.<\/p>\n<p>En el interior de Fenicia los cultos naturalistas se mantienen con una tenacidad que apenas se halla en ninguna otra regi\u00f3n. Solamente las ciudades de Damasco y Paneas, comerciales, medio griegas, atravesadas por caravanas, est\u00e1n penetradas del esp\u00edritu cristiano.<\/p>\n<p>Palestina misma es, entre todas las provincias asi\u00e1ticas del Imperio, una de las m\u00e1s escasamente cristianas. Las sangrientas persecuciones sufridas a fines del siglo I y comienzos del II, arrasaron las huellas tanto del juda\u00edsmo como del cristianismo. La mayor parte de las comunidades cristianas palestinas del siglo II est\u00e1n integradas por forasteros, y prosperan sobre todo donde predomina el elemento griego. El a\u00f1o 136, por primera vez desde Santiago, un obispo cristiano tiene sede en Jerusal\u00e9n, entonces Aelia Capitolina, colonia romana.<\/p>\n<p>Algunas regiones de Palestina permanecen mucho tiempo cerradas al cristianismo. Casi toda Samar\u00eda, hasta fines del siglo II, rinde culto a Sim\u00f3n Mago. En Galilea, Tiber\u00edades y las poblaciones cercanas est\u00e1n sujetas a una escuela rab\u00ednica y a una colonia jud\u00eda que hace insoportable a los cristianos la vida en aquella regi\u00f3n. En Gaza, ciudad totalmente pagana, se practican con furor los cultos m\u00e1s sensuales del Oriente. El obispo no se arriesgaba a vivir en la ciudad, y la primera iglesia se construy\u00f3 all\u00ed en tiempos de Constantino.<\/p>\n<p>Aunque Palestina dio muchos m\u00e1rtires en la \u00faltima persecuci\u00f3n, ninguna de sus comunidades parece que tuviera importancia antes de la paz de Constantino, fuera de Cesarea, que desde Or\u00edgenes a P\u00e1nfilo fue uno de los focos de ciencia teol\u00f3gica.<\/p>\n<p><em>Egipto<\/em><\/p>\n<p>Egipto, como las Galias o el \u00c1frica, no entra claramente en la historia cristiana hasta fines del siglo II. Su origen, sin embargo, debi\u00f3 ser muy anterior, pues la tradici\u00f3n asegura que fue San Marcos el fundador de la Iglesia de Alejandr\u00eda.<\/p>\n<p>En Alejandr\u00eda, a fines del siglo III, florece luminosa la escuela de Teolog\u00eda en la que ense\u00f1aron Panteno, Clemente, Or\u00edgenes. Hacia el 300 asegura Clemente de Alejandr\u00eda que la fe cristiana est\u00e1 difundida \u00aben toda la poblaci\u00f3n, en todos los lugares y en todas las ciudades\u00bb (Strom. VI,18). El gran n\u00famero de di\u00f3cesis es caracter\u00edstico del Egipto cristiano de los siglos III y IV. Pero a\u00fan m\u00e1s significativo es el desarrollo del monacato en Tebaida desde el 250, y la gran aceptaci\u00f3n que tuvo en los medios populares.<\/p>\n<p>Por otra parte, la \u00faltima persecuci\u00f3n en ninguna otra regi\u00f3n caus\u00f3 m\u00e1s v\u00edctimas. Egipto, en efecto, con las provincias romanas de Asia, estaba bajo el gobierno del m\u00e1s encarnizado perseguidor de los cristianos, Maximino Daia.<\/p>\n<p>[<a href=\"http:\/\/is.gd\/martirio\">Ver todas las lecciones publicadas<\/a>]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n Primera Apostolado y martirio La palabra m\u00e1rtir El martirio, entendido seg\u00fan su estricta significaci\u00f3n etimol\u00f3gica [testimonio], no se conoci\u00f3 antes del cristianismo. No hay m\u00e1rtires en la historia de la filosof\u00eda: \u00abNadie -escribe San Justino- crey\u00f3 en S\u00f3crates hasta el extremo de dar la vida por su doctrina\u00bb (II Apolog\u00eda 10). 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