{"id":2012,"date":"2006-09-10T17:09:15","date_gmt":"2006-09-10T22:09:15","guid":{"rendered":"947943060"},"modified":"2006-09-10T17:09:15","modified_gmt":"2006-09-10T17:09:15","slug":"isabel_isanta_o_villana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2006\/09\/10\/isabel_isanta_o_villana\/","title":{"rendered":"Isabel, \u00bfSanta o Villana?"},"content":{"rendered":"<p>Acusada de intolerante, racista y sucia, Isabel la Cat\u00f3lica vuelve a ser noticia una vez m\u00e1s gracias a la publicaci\u00f3n de varias biograf\u00edas que se ocupan de ella y por el relanzamiento de su causa de beatificaci\u00f3n. Sin embargo, \u00bfc\u00f3mo fue realmente Isabel la Cat\u00f3lica?<\/p>\n<p>&#8220;Isabel y Fernando el esp\u00edritu impera\u2026&#8221; cantaba uno de los himnos m\u00e1s conocidos del Frente de juventudes. De esa manera, el r\u00e9gimen nacido de la guerra civil proclamaba su deseo de vincularse con las tradiciones nacionales m\u00e1s gloriosas. Por a\u00f1adidura, la Falange hab\u00eda convertido en s\u00edmbolo suyo \u2013 siguiendo la opini\u00f3n del socialista Fernando de los R\u00edos \u2013 el yugo y las flechas de la regia pareja. La utilizaci\u00f3n que el r\u00e9gimen de Franco hizo de los Reyes Cat\u00f3licos facilitar\u00eda la tarea de todos aquellos que sent\u00edan por otras razones una especial repulsi\u00f3n hacia su legado y deseaban denigrarlo. Los enemigos de la memoria relacionada con los Reyes Cat\u00f3licos han ido hist\u00f3ricamente de los republicanos a los islamistas pasando por los separatistas vascos y catalanes que siempre han lamentado la tarea de reunificaci\u00f3n nacional consumada \u2013 que no iniciada \u2013 por Isabel y Fernando.<\/p>\n<p>Sobre estas razones pol\u00edticamente correctas, se ha ido labrando un c\u00famulo de leyendas especialmente contrarias a la reina de Castilla tach\u00e1ndola de sucia, intolerante, fan\u00e1tica y racista. No cabe duda de que semejante cuadro ha calado en un sector importante de la opini\u00f3n p\u00fablica f\u00e1cil de manipular y ayuno de conocimiento hist\u00f3rico. Sin embargo, la realidad es que ninguno de esos mitos resiste la m\u00e1s elemental confrontaci\u00f3n con las fuentes hist\u00f3ricas. Empecemos por la leyenda relativa a una Isabel que no se cambiaba nunca de camisa aunque \u00e9sta apestara. Lo que nos ense\u00f1an las fuentes es que precisamente Isabel era una mujer de pulcritud sorprendente para su \u00e9poca y que se esforz\u00f3 por hacer extensivas al conjunto de la poblaci\u00f3n sus normas de conducta acentuadamente higi\u00e9nica. De hecho, no deja de ser significativo que los informes de los m\u00e9dicos de la corte que han llegado hasta nosotros se\u00f1alan su especial preocupaci\u00f3n &#8220;por la higiene de los alimentos&#8221;. De igual manera es sabido hasta qu\u00e9 punto se vio afectada porque su hija Juana, en su locura, se negaba a cambiarse con frecuencia de ropa interior.<\/p>\n<p>No menos dif\u00edcil de sostener es la acusaci\u00f3n de racista lanzada sobre Isabel. No s\u00f3lo fue Isabel la principal inspiradora de las Leyes de Indias que convert\u00edan a los indios americanos en s\u00fabditos de pleno derecho frente a las codicias de no pocos sino que adem\u00e1s el n\u00famero de jud\u00edos que trabajaron para ella antes y despu\u00e9s del Edicto de Expulsi\u00f3n fue muy numeroso. Nombres de gente de estirpe jud\u00eda como Pablo de Santa Mar\u00eda, Alonso de Cartagena, el inquisidor Torquemada, fray Hernando de Talavera, Hernando del Pulgar, Francisco Alvarez de Toledo o el padre Mariana entre otros muchos son muestra de hasta qu\u00e9 punto Isabel no fue nunca racista. De hecho, en sus \u00faltimos d\u00edas el artesano que se ocupaba de atender algunas de sus necesidades como la de fabricar ratoneras era un moro por el que sent\u00eda un gran aprecio.<\/p>\n<p>Si las fuentes nos muestran realmente algo no es que Isabel fuera racista \u2013 algo que no podr\u00eda decirse de ilustrados como Voltaire o de socialistas como Lenin y Stalin \u2013 sino que carec\u00eda de cualquier tipo de prejuicio racial a la hora de defender a sus s\u00fabditos o de asignar cargos en la funci\u00f3n p\u00fablica. Este tipo de ataques contra Isabel ha intentado sostenerse sobre todo en episodios como la Expulsi\u00f3n de los jud\u00edos y el final de la Reconquista. A medio milenio de distancia, nadie dudar\u00eda que la expulsi\u00f3n de los jud\u00edos signific\u00f3 un conjunto de doloros\u00edsimos dramas humanos. Sin embargo, en su \u00e9poca la acci\u00f3n dist\u00f3 mucho de tener esa connotaci\u00f3n tan negativa. Las fuentes hist\u00f3ricas nos muestran no s\u00f3lo que la medida fue precedida por otras similares en naciones como Inglaterra, Francia o Alemania sino que incluso fue saludada con aprecio en Europa porque, a diferencia de lo ocurrido en otras naciones, los Reyes Cat\u00f3licos no actuaron movidos por el \u00e1nimo de lucro. En su momento, la decisi\u00f3n estuvo adem\u00e1s relacionada con el proceso de Yu\u00e7\u00e9 Franco y otros jud\u00edos que confesaron haber matado a un ni\u00f1o en la localidad de la Guardia en un remedo blasfemo de la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas y, muy especialmente, con los intentos de ciertos sectores del juda\u00edsmo hispano por traer de vuelta a la fe de sus padres a algunos conversos.<\/p>\n<p>Actualmente, los historiadores tienden a considerar el caso del ni\u00f1o de la Guardia como un fraude judicial pero lo cierto es que en aquella \u00e9poca las formalidades legales se respetaron escrupulosamente y este hecho, unido a la gravedad del crimen, provoc\u00f3 una animadversi\u00f3n en la poblaci\u00f3n que, en apariencia, s\u00f3lo pod\u00eda calmarse con la expulsi\u00f3n de un colectivo odiado. Por otro lado, Isabel se preocup\u00f3 personalmente de que no se cometieran abusos en las personas y haciendas de los jud\u00edos expulsados como se puso de manifiesto en la Real de provisi\u00f3n de 18 de julio de 1492 que velaba por evitar y castigar los maltratos que ocasionalmente hab\u00edan sucedido en algunas poblaciones como la actual Fresno el Viejo. Por si fuera poco, durante los ciento cincuenta a\u00f1os siguientes, la innegable hegemon\u00eda espa\u00f1ola en el mundo no llev\u00f3 a nadie a pensar que la expulsi\u00f3n de los jud\u00edos hubiera sido un desastre \u2013 habr\u00eda que esperar a la Edad contempor\u00e1nea para escuchar esa teor\u00eda \u2013 y, desde luego, dif\u00edcilmente se hubiera podido sostener que el episodio hab\u00eda sido m\u00e1s grave que otros similares realizados en otras naciones europeas.<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s f\u00e1cil de comprender resulta el final de la Reconquista. Que \u00e9sta era deseada y concebida como un movimiento de liberaci\u00f3n de los invasores isl\u00e1micos es algo que ya contemplamos en el siglo VIII en fuentes como la Cr\u00f3nica moz\u00e1rabe de 754. Semejante visi\u00f3n se continuar\u00eda a lo largo de casi ocho siglos en que distintos monarcas \u2013 desde Alfonso III de Le\u00f3n a Sancho el mayor de Navarra \u2013 se autotitular\u00edan &#8220;rey de Espa\u00f1a&#8221; en un af\u00e1n de reconstruir la unidad perdida y de expulsar a un enemigo despiadado. Que los Reyes cat\u00f3licos, tras reunir los territorios de Castilla y Arag\u00f3n, ambicionaran concluir el proceso reconquistador era l\u00f3gico y, desde luego, no chocaba con las trayectorias de otros monarcas anteriores. Con todo, la lucha contra el reino nazar\u00ed de Granada no fue provocada por ellos sino por la ruptura de los pactos previos por parte del rey moro y por las incursiones de agresi\u00f3n que los musulmanes desencadenaron contra las poblaciones fronterizas. No se trataba, desde luego, de una lucha meramente religiosa sino tambi\u00e9n nacional y no deja de ser significativo que cuando se supo que Granada hab\u00eda capitulado los jud\u00edos danzaran para celebrarlo ya que tambi\u00e9n ellos hab\u00edan sido v\u00edctimas de la intolerancia musulmana.<\/p>\n<p>Sin embargo, la grandeza \u2013 grandeza dif\u00edcilmente negable \u2013 de Isabel de Castilla descansa no en el hecho de que los ataques contra ella sean de escasa consistencia. Por el contrario, como han dejado s\u00f3lidamente de manifiesto las biograf\u00edas debidas a Luis Su\u00e1rez y a Tarsicio Azcona, Isabel fue una reina verdaderamente excepcional en lo pol\u00edtico, en lo humano y en lo espiritual mostr\u00e1ndose en multitud de ocasiones muy adelantada a su tiempo. Por ejemplo, supo comprender el efecto pernicioso que sobre la econom\u00eda ejerc\u00eda la subida de impuestos y prefiri\u00f3 la austeridad presupuestaria al incremento de la presi\u00f3n fiscal. As\u00ed mismo fue enemiga resuelta de las conversiones a la fuerza y as\u00ed lo dej\u00f3 expresado en la Real c\u00e9dula de 27 de enero de 1500. Adem\u00e1s, en agudo contraste con la figura de su hermanastro y antecesor Enrique IV el Impotente, Isabel fue partidaria de una adjudicaci\u00f3n de funciones p\u00fablicas que no derivara del favor real sino de los m\u00e9ritos del aspirante. Esa circunstancia basta por s\u00ed sola para explicar buena parte de los m\u00e9ritos de gesti\u00f3n del reinado y, especialmente, el deseo que Isabel ten\u00eda de que las mujeres pudieran recibir una educaci\u00f3n acad\u00e9mica similar a la de los hombres. Como ella misma dir\u00eda &#8220;no es regla que todos los ni\u00f1os son de juicio claro y todas las ni\u00f1as de entendimiento obscuro&#8221;.<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s notable es el aspecto humanitario de la personalidad de la reina que contrasta de manera muy acusada con el esp\u00edritu de la \u00e9poca. Por ejemplo, cuando en 1495 tuvo noticia de que Col\u00f3n hab\u00eda traido de Am\u00e9rica ind\u00edgenas a los que hab\u00eda vendido, dispuso que se procediera a su b\u00fasqueda y se les pusiera en libertad con cargo a las arcas del reino. As\u00ed efectivamente se hizo. Este episodio \u2013 y otros similares \u2013 explican por qu\u00e9 el presidente norteamericano Eisenhower la denomina &#8220;campeona de la libertad de los pueblos&#8221; y que su sucesor Lyndon B. Johnson apoyara la colocaci\u00f3n de una estatua en su honor en la rotonda del Capitolio de Washington.<\/p>\n<p>Aunque fue una excelente mujer de estado que en no pocas ocasiones super\u00f3 a su astuto marido \u2013 por ejemplo, en el impulso a la gesta americana \u2013 Isabel no dej\u00f3 jam\u00e1s de mostrar una profunda preocupaci\u00f3n por la suerte de los m\u00e1s d\u00e9biles y desfavorecidos. Baste decir al respecto que es a ella a quien hay que atribuirle el establecimiento de las primeras indemnizaciones y pensiones para viudas y hu\u00e9rfanos de guerra \u2013 una disposici\u00f3n tomada despu\u00e9s de la guerra civil de Castilla cuando las arcas del tesoro estaban exhaustas \u2013 o la creaci\u00f3n de los primeros hospitales de campa\u00f1a durante la guerra de Granada. Todas estas caracter\u00edsticas bastar\u00edan para considerarla una reina excepcional \u2013 como ciertamente lo fue \u2013 y para disipar las campa\u00f1as que en contra de su persona se han ido sumando a lo largo de los siglos pero no ser\u00edan suficientes para dar fundamento a la postulaci\u00f3n de su beatificaci\u00f3n. \u00c9sta se apoya en otros aspectos que, no obstante, tambi\u00e9n son verificables hist\u00f3ricamente como puede ser su ejemplaridad de vida o, de manera muy especial, su celo por la expansi\u00f3n del Evangelio por encima de cualquier otra consideraci\u00f3n. En ese sentido debe se\u00f1alarse que el descubrimiento y la posterior colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica son incomprensibles sin una menci\u00f3n cualificada a las causas espirituales expresadas desde el primer momento por Isabel la cat\u00f3lica y recogidas en diferentes documentos de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>En realidad, la figura de Isabel fue muy estimada en su \u00e9poca y abundan los testimonios de espa\u00f1oles y extranjeros que la tuvieron por una mujer no s\u00f3lo excepcional sino tocada por la gracia de la santidad. De hecho, los ataques contra su persona procedieron exclusivamente de enemigos que tem\u00edan lo que representaba e hist\u00f3ricamente se han caracterizado por su falacia. As\u00ed, el rey Alfonso de Portugal \u2013 temeroso de no poder descuartizar Castilla y apoderarse de ella \u2013 la acus\u00f3 de no estar casada con Fernando y de ser meramente una concubina, madre de hijos bastardos. En la actualidad, los ataques contra Isabel arrancan o bien de una clara ignorancia hist\u00f3rica \u2013 como muestra la leyenda de su camisa sucia \u2013 o de una repugnancia ante sus logros excepcionales. Los enemigos de la instituci\u00f3n mon\u00e1rquica, los partidarios de desgajar la unidad nacional que ella restaur\u00f3 en compa\u00f1\u00eda de su esposo Fernando, los adversarios de que la sociedad se vea impregnada por valores cristianos o los que se niegan a contemplar la amenaza que implica el islam para occidente pueden contemplarla como un blanco que debe ser abatido. En contra de esa visi\u00f3n marcada profundamente por el sectarismo se hallan los testimonios de la \u00e9poca y las opiniones favorables de personajes de la talla de Washington Irving, W. T. Walsh, William Prescott Ludwig Pfandl, Marcel Bataillon, Gregorio Mara\u00f1\u00f3n, Salvador de Madariaga, Ortega y Gasset o los mencionados presidentes de Estados Unidos entre muchos otros. Al final, como sucede con tantas otras cuestiones, sobre el fr\u00edo y documentado an\u00e1lisis hist\u00f3rico prevalece la lucha pol\u00edtica.<\/p>\n<p>C\u00e9sar Vidal (historiador protestante)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acusada de intolerante, racista y sucia, Isabel la Cat\u00f3lica vuelve a ser noticia una vez m\u00e1s gracias a la publicaci\u00f3n de varias biograf\u00edas que se ocupan de ella y por el relanzamiento de su causa de beatificaci\u00f3n. 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