{"id":19937,"date":"2013-04-10T08:08:08","date_gmt":"2013-04-10T13:08:08","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=19937"},"modified":"2013-04-10T08:05:40","modified_gmt":"2013-04-10T13:05:40","slug":"historia-de-la-salvacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/04\/10\/historia-de-la-salvacion\/","title":{"rendered":"Historia de la Salvacion"},"content":{"rendered":"<h1>Historia de la Salvaci\u00f3n<\/h1>\n<p>Julio Alonso Ampuero<\/p>\n<h2>Indice<\/h2>\n<p>El brazo de Yahv\u00e9.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. En el principio cre\u00f3 Dios los cielos y la tierra. -Para entender bien los primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis. -Los relatos de la creaci\u00f3n. -Vivir el don de la creaci\u00f3n. -Textos principales.<\/p>\n<p>2. Por un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo. -El primer pecado. -Un mundo inundado por el pecado. -La promesa de salvaci\u00f3n. -Conclusi\u00f3n. Textos principales.<\/p>\n<p>3. Abraham, nuestro padre en la fe. -Trasfondo hist\u00f3rico. -Mensaje religioso. -Abraham y los cristianos. -Textos principales.<\/p>\n<p>4. De la servidumbre al servicio. -El \u00e9xodo y la historia. -La liberaci\u00f3n de la esclavitud. -El don de la alianza. -Hacia el nuevo \u00e9xodo y hacia la nueva alianza. -Textos principales.<\/p>\n<p>5. El dif\u00edcil camino hacia la posesi\u00f3n de la tierra. -Datos hist\u00f3ricos. -La experiencia del desierto. -La Tierra, don y conquista. -Los cristianos, peregrinos hacia la Patria. -Textos principales.<\/p>\n<p>6. Ungidos de Yahveh: David y la monarqu\u00eda. -Datos hist\u00f3ricos. -Infidelidad del pueblo y fidelidad de Dios. -Yahveh Rey y su Ungido. -David, el Rey. -Jes\u00fas, hijo de David. -Textos principales.<\/p>\n<p>7. La boca de Yahveh: los profetas. -Los profetas en su tiempo. -Identidad y misi\u00f3n del profeta. -Profetismo cristiano. -Textos principales.<\/p>\n<p>8. La prueba del exilio. -Los hechos. -Su significado religioso. -La experiencia del exilio y nosotros. -Textos principales.<\/p>\n<p>9. El Israel espiritual. -Datos hist\u00f3ricos. -Templo, sacerdocio y Ley. -Fidelidad a la ley hasta el martirio. -Los sabios de Israel. -Los pobres de Yahveh. -Textos principales.<\/p>\n<p>10. La plenitud de los tiempos. -Contexto hist\u00f3rico. -Evangelio de Jesucristo, hijo de Dios. -Hijos en el Hijo. -La Iglesia, Cuerpo de Cristo. -Hasta que el Se\u00f1or vuelva. -Textos principales.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n. -El Se\u00f1or es mi pastor.<\/p>\n<h2>El brazo de Yahveh<\/h2>\n<p>Te alabamos, Padre Santo,<br \/>\nporque eres grande,<br \/>\nporque hiciste todas las cosas con sabidur\u00eda y amor.<br \/>\nA imagen tuya creaste al hombre<br \/>\ny le encomendaste el universo entero,<br \/>\npara que, sirvi\u00e9ndote s\u00f3lo a ti, su Creador,<br \/>\ndominara todo lo creado.<br \/>\nY, cuando por desobediencia perdi\u00f3 tu amistad,<br \/>\nno lo abandonaste al poder de la muerte,<br \/>\nsino que, compadecido, tendiste la mano a todos,<br \/>\npara que te encuentre el que te busca.<br \/>\nReiteraste, adem\u00e1s, tu alianza a los hombres;<br \/>\npor los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvaci\u00f3n.<br \/>\nY tanto amaste al mundo, Padre Santo,<br \/>\nque, al cumplirse la plenitud de los tiempos,<br \/>\nnos enviaste como salvador a tu \u00fanico Hijo.<br \/>\nEl cual se encarno por obra del Esp\u00edritu Santo,<br \/>\nnaci\u00f3 de Mar\u00eda la Virgen,<br \/>\ny as\u00ed comparti\u00f3 en todo nuestra condici\u00f3n humana<br \/>\nmenos en el pecado;<br \/>\nanunci\u00f3 la salvaci\u00f3n a los pobres,<br \/>\nla liberaci\u00f3n a los oprimidos<br \/>\ny a los afligidos el consuelo.<br \/>\nPara cumplir tus designios<br \/>\n\u00e9l mismo se entreg\u00f3 a la muerte,<br \/>\ny, resucitando, destruy\u00f3 la muerte y nos dio nueva vida.<br \/>\nY por que no vivamos ya para nosotros mismos,<br \/>\nsino para \u00e9l, que por nosotros muri\u00f3 y resucit\u00f3,<br \/>\nenvi\u00f3, Padre, desde tu seno al Esp\u00edritu Santo<br \/>\nComo primicia para los creyentes,<br \/>\na fin de santificar todas las cosas,<br \/>\nllevando a plenitud su obra en el mundo.<br \/>\n(Plegaria Eucar\u00edstica IV)<\/p>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p>Estas p\u00e1ginas intentan ayudar a descubrir de manera sencilla las cosas grandes que el Se\u00f1or ha realizado en la historia de su pueblo y que quedaron consignadas por escrito en la Biblia.<\/p>\n<p>Toda la Sagrada Escritura, en efecto, est\u00e1 basada en una serie de hechos que el pueblo de Dios ha vivido descubriendo en ellos el sentido profundo. Donde una mirada superficial s\u00f3lo ver\u00eda circunstancias casuales, motivadas muchas veces por intereses pol\u00edticos o ambiciones humanas, los creyentes -amaestrados por sus profetas- descubr\u00edan \u00abel brazo fuerte del Se\u00f1or\u00bb (\u00c9x. 15,6). Su fe era capaz de detectar al Dios que actuaba invisiblemente en su favor, que pon\u00eda en juego su poder, su misericordia y su sabidur\u00eda para salvar al pueblo con el que hab\u00eda hecho alianza inquebrantable.<\/p>\n<p>En este sentido toda la Biblia es historia de salvaci\u00f3n. Relata una serie de hechos interpret\u00e1ndolos, no desde el punto de vista pol\u00edtico, econ\u00f3mico, social, etc., sino desde el punto de vista de Dios. Por eso, los autores sagrados no tienen demasiado empe\u00f1o en aportarnos excesivos detalles, sino que proporcionan los datos esenciales y se detienen sobre todo en su significado profundo, en el sentido que tienen a la luz de la fe. Hasta los asuntos m\u00e1s triviales y \u00abprofanos\u00bb son recogidos, pues encierran un mensaje de Dios y son portadores de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta historia, que tiene como punto de arranque y experiencia radical la liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto, se va realizando de manera progresiva y din\u00e1mica seg\u00fan el plan de Dios. Los acontecimientos, que est\u00e1n enlazados y unificados por la intervenci\u00f3n personal de Dios como protagonista principal, no se realizan sin la colaboraci\u00f3n de los hombres, una colaboraci\u00f3n que Dios mismo suscita. Otras veces las cosas salen a pesar de ellos y aun en contra de ellos; en efecto, la Biblia subraya reiteradamente las resistencias e infidelidades del pueblo, de manera que desde el G\u00e9nesis al Apocalipsis predomina una din\u00e1mica de pecado-liberaci\u00f3n (normalmente entre el pecado y la salvaci\u00f3n suele mediar la experiencia del propio fracaso, que es invitaci\u00f3n a convertirse y volver a Dios).<\/p>\n<p>Estas p\u00e1ginas pretenden hacer la misma labor que el gu\u00eda de un museo: explicar lo suficiente para que la gente contemple los cuadros. Por eso son s\u00f3lo un medio. S\u00f3lo sirven como gu\u00eda para adentrarse en la lectura y meditaci\u00f3n de los textos b\u00edblicos. Intentan dar las claves de los principales relatos de la Escritura para dejar al lector frente a ellos y que sean ellos mismos quienes le hablen.<\/p>\n<p>De este modo, estas p\u00e1ginas habr\u00e1n logrado su objetivo: estimular a la lectura de la Palabra de Dios que es \u00abl\u00e1mpara para nuestros pasos\u00bb (Sal. 119, 105). Esta lectura de la historia de la salvaci\u00f3n debe ayudarnos a leer nuestra propia vida a la luz de la fe. Tambi\u00e9n nuestra propia historia, todo lo que nos sucede, grande o peque\u00f1o, agradable o desagradable, est\u00e1 invisiblemente regido por el Buen Dios y tiene un sentido. Tanto en la vida personal de cada uno como en la historia de los pueblos y de la humanidad Dios contin\u00faa actuando y contin\u00faa hablando. Si la historia es maestra de la vida, la historia de la salvaci\u00f3n es doblemente maestra, y la Biblia nos ayuda a descubrir ese sentido profundo, aparentemente imperceptible, de todo cuanto sucede.<\/p>\n<p>El pueblo de Israel volv\u00eda continuamente sobre las maravillas que Dios hab\u00eda realizado en tiempos antiguos para meditarlos y \u00abescudri\u00f1ar\u00bb en ellas el mensaje de Dios (Sal. 111,2). El \u00abrevolver\u00bb estos acontecimientos -cosa que tambi\u00e9n har\u00e1 Mar\u00eda: Lc. 2,19- alimentaba y vigorizaba su fe y les hac\u00eda capaces de afrontar la situaci\u00f3n presente con todas sus dificultades e incertidumbres. Tambi\u00e9n para nosotros, en este final de milenio, ante los grandes retos de la Nueva evangelizaci\u00f3n, el volver a meditar los prodigios del Se\u00f1or nos avivar\u00e1 la fe y nos har\u00e1 m\u00e1s capaces de captar la voz de Dios que habla en los \u00absignos de los tiempos\u00bb (Lc. 12,54-56), en los acontecimientos de nuestros d\u00edas,de descubrir su acci\u00f3n y de secundarla respondiendo a las llamadas de Dios contenidas en esos mismos acontecimientos.<\/p>\n<p>Est\u00e1n recogidas de manera muy sint\u00e9tica las grandes etapas de la Historia de la Salvaci\u00f3n. Cada cap\u00edtulo suele contener cuatro partes:<\/p>\n<p>a) Los datos hist\u00f3ricos fundamentales de este periodo, que nos sit\u00faan en la historia de Israel en el contexto de la historia de los pueblos circunvecinos con los que se relaciona.<\/p>\n<p>b) El mensaje religioso contenido en esos hechos, que es lo que a la Sagrada Escritura le interesa y pone de relieve por encima de todo.<\/p>\n<p>c) Algunas pistas -no exhaustivas- indicando c\u00f3mo esos hechos contin\u00faan habl\u00e1ndonos a nosotros hoy, en la convicci\u00f3n de que \u00abfue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos\u00bb (1 Cor. 10, 11) (muchas veces es simplemente recoger la prolongaci\u00f3n de un determinado acontecimiento, personaje o tema del A. T. en el N. T.).<\/p>\n<p>d) Algunos textos principales -tanto del A. T. como del N. T.- en que se encuentra todo lo anterior, y que conviene leer y meditar para dejarse iluminar por la Palabra de Dios de manera personal.<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo 1. En el principio cre\u00f3 Dios los cielos y la tierra<\/h2>\n<p>Estas palabras con las que empieza la Biblia son la respuesta a una de las cuestiones fundamentales que el hombre se ha planteado siempre: \u00bfde d\u00f3nde procede todo lo que existe?, \u00bfc\u00f3mo ha surgido el hombre? El relato de la creaci\u00f3n es la impresionante obertura de la maravillosa sinfon\u00eda que es el libro de la Sagrada Escritura; si toda la Biblia narra las acciones de Dios en favor de los hombres, el hecho de la creaci\u00f3n es sin duda la base y fundamento de otras acciones, la intervenci\u00f3n radical que ha dado el ser a las cosas y a los hombres.<\/p>\n<h3>1.- Para entender bien los primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis<\/h3>\n<p>Muchos encuentran serias dificultades en encarar la lectura de los relatos contenidos en Gen. 1-11; les resultan desconcertantes y hasta escandalosos. El progreso de los conocimientos cient\u00edficos y la mentalidad racionalista del hombre moderno llevan a muchos a rechazar estos relatos como m\u00edticos, arcaicos y totalmente superados.<\/p>\n<p>Para entender bien estos cap\u00edtulos es necesario tener en cuenta que no pretenden darnos una explicaci\u00f3n cient\u00edfica del origen del mundo y del hombre, sino una explicaci\u00f3n religiosa: ante el hecho -que constata con sus propios ojos- de todo lo que existe, el autor sagrado simplemente afirma que todo eso ha tenido un comienzo absoluto y que ese comienzo se debe a la intervenci\u00f3n libre y gratuita de Dios que ha hecho surgir con su sola palabra absolutamente todo lo que existe. Por tanto, el autor sagrado no entra a explicar el c\u00f3mo han surgido las cosas -eso ser\u00e1 precisamente la competencia de la ciencia-, sino que, iluminado por Dios, afirma desde la fe la verdad religiosa fundamental de que todo ha sido creado por Dios.<\/p>\n<p>Para hacer esto, el autor sagrado no recurre a afirmaciones religiosas abstractas, que sus destinatarios no habr\u00edan entendido en absoluto; por el contrario, como buen catequista transmite esas verdades en un lenguaje sencillo y popular, cargado de im\u00e1genes, que resulta enormemente gr\u00e1fico y expresivo. De ah\u00ed que tengamos que distinguir cuidadosamen\u00adte lo que el autor sagrado dice de la forma en que lo dice; es decir, que hay que distinguir el contenido que se transmi\u00adte del recipiente en que se transmite.<\/p>\n<h3>2.- Los relatos de la creaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Es sabido que el libro del G\u00e9nesis comienza con dos relatos de la creaci\u00f3n. El segundo de ellos (2, 4b-25), de un estilo vivo y colorista, es el que parece m\u00e1s antiguo. El primero (1, 1-24a) es de un estilo m\u00e1s austero y mon\u00f3tono; si est\u00e1 colocado en primer lugar es porque as\u00ed se respeta el orden cronol\u00f3gico, ya que describe la creaci\u00f3n del universo que culminar\u00e1 en la creaci\u00f3n del hombre, mientras que el segundo relato se centra en la creaci\u00f3n del hombre y contin\u00faa con la narraci\u00f3n del pecado.<\/p>\n<p>a) El primer relato (Gen. 1, 1-24a). Este texto, pertenecien\u00adte a la tradici\u00f3n sacerdotal, fue redactado probablemente en el siglo VI antes de Cristo y con gran sobriedad presenta el hecho de la Creaci\u00f3n dentro del esquema lit\u00fargico de la semana. Subrayamos algunos detalles recogiendo el mensaje religioso contenido en ellos:<\/p>\n<p>-En primer lugar se afirma que Dios ha creado todo lo que existe. El relato lo dice con un estilo y un lenguaje t\u00edpicamente semitas: por un lado ya la expresi\u00f3n \u00ablos cielos y la tierra\u00bb es indicadora de totalidad; pero adem\u00e1s el autor sagrado siente la necesidad -como har\u00edamos con un ni\u00f1o- de enumerar todas las criaturas, todos los seres que pueblan el universo creado: peces, aves, fieras salvajes&#8230;; Dios ha creado todas y cada una de las especies; nada queda fuera de su influjo creador.<\/p>\n<p>-Queda fuertemente subrayada la omnipotencia de Dios que crea con su sola palabra; es lo que indica el estribillo que se va repitiendo: \u00abDijo Dios &#8230; y as\u00ed fue\u00bb Es una palabra eficaz, omnipotente, creadora. Dios no crea con esfuerzo; basta su sola palabra para que todo venga a la existencia. Como comentar\u00e1 el Salmo 33: \u00abEl lo dijo y existi\u00f3, \u00e9l lo mand\u00f3 y surgi\u00f3\u00bb (v. 49).<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n se subraya la bondad y hermosura de todo lo creado, como apunta otro estribillo que se va repitiendo: \u00abvio Dios que era bueno\u00bb. El Creador se complace en la obra de sus manos. A los ojos del Creador -y por tanto realmente- todo lo creado es bueno. Ello tambi\u00e9n se refleja en el orden y armon\u00eda del universo: separa\u00adci\u00f3n de luz y tinieblas, ornamentaci\u00f3n de la b\u00f3veda celeste, etc. Dios ha hecho todo con sabidur\u00eda: las plantas est\u00e1n dotadas de semilla, los animales de fecundidad&#8230;<\/p>\n<p>-Dentro del conjunto de la creaci\u00f3n el hombre ocupa un lugar destacado: la creaci\u00f3n del hombre y de la mujer viene en \u00faltimo lugar, como culminando toda la obra creadora; al ser humano se le encomienda someter y dominar la creaci\u00f3n porque toda ella est\u00e1 a su servicio; si todo lo creado es bueno, Dios se complace en el ser humano como \u00abmuy bueno\u00bb; creado como fruto de una \u00abdeliberaci\u00f3n\u00bb de Dios, de un designio suyo, el hombre y la mujer son ante todo \u00abimagen y semejanza\u00bb de Dios: a diferencia de las dem\u00e1s criaturas, inanimadas, el hombre, como ser personal puede entrar en relaci\u00f3n y en di\u00e1logo con su Creador. Contemplando la inmensa dignidad concedida al hombre el Salmo 8 exclamar\u00e1: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es el hombre para que te acuerdes de \u00e9l?&#8230; lo hiciste poco inferior a los \u00e1ngeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>-Finalmente, queda resaltada la grandeza y soberan\u00eda de Dios. Es \u00fanico, anterior y superior a todo lo creado, trascendente. A diferencia de los dioses babil\u00f3nicos, que se desprend\u00edan del caos, Dios es preexistente; a diferencia de los asirios, que divinizaban al sol, la luna y las estrellas, el relato b\u00edblico los presenta como criaturas de Dios.<\/p>\n<p>Todo el relato de la creaci\u00f3n es como un poema lit\u00fargico. Todo el universo creado es como un inmenso templo para la gloria del Creador, el Dios tres veces santo. A imitaci\u00f3n de Dios el hombre deber\u00e1 trabajar seis d\u00edas y descansar el s\u00e9ptimo: todo su trabajo est\u00e1 orientado al s\u00e1bado, es decir, a la glorificaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>b) El segundo relato (2, 4b-25). Este texto pertenece a la tradici\u00f3n yahvista y fue redactado probablemente el siglo X \u00f3 IX a. de C.<\/p>\n<p>Si en el relato anterior se subrayaba la trascendencia de Dios, que creaba con su sola palabra, aqu\u00ed se subraya su cercan\u00eda y su intervenci\u00f3n directa: el Creador aparece bajo la imagen del alfarero; lo mismo que este va modelando sus vasijas, con delicadeza, sin prisas, una por una, Dios forma a cada uno de los hombres con una intervenci\u00f3n \u00fanica y especial (cf. Jer 18,2-6; Is 6,4-7). En esta narraci\u00f3n destaca el hecho de que el ser humano es colocado en el para\u00edso; un aut\u00e9ntico oasis en medio del desierto, con abundantes r\u00edos y \u00e1rboles hermosos; ah\u00ed el hombre es colocado como jardinero, para que lo cultive y lo guarde. Esta situa\u00adci\u00f3n paradis\u00edaca subraya la armon\u00eda profunda en que vive el hombre; armon\u00eda con Dios, que le cuida y con el que est\u00e1 en relaci\u00f3n amistosa; armon\u00eda consigo mismo, lleno de inocencia, de felicidad y de paz; armon\u00eda con su mujer, sin verg\u00fcenza de ning\u00fan tipo; armon\u00eda con la creaci\u00f3n que le sirve y le proporciona alimento&#8230;<\/p>\n<p>El hombre es hecho de barro, de polvo del suelo, lo que subraya su condici\u00f3n corporal, material, su condici\u00f3n caduca y mortal; pero a la vez Dios \u00abinsufl\u00f3 en sus narices aliento de vida\u00bb: con ello nos da a entender que, si Dios le infunde su propio aliento, en el hombre hay algo \u00abdivino\u00bb; eso explica que el hombre est\u00e9 hecho para Dios, que tienda a Dios, y que viva en relaci\u00f3n de total dependencia respecto de \u00c9l.<\/p>\n<p>Finalmente, este relato se centra en la creaci\u00f3n del hombre y de la mujer. Ya en el primer relato aparec\u00eda c\u00f3mo Dios les constituye var\u00f3n y hembra, los bendice con el don de la fecundidad y les da el mandato de transmitir la vida. He aqu\u00ed algunas ense\u00f1anzas de estos vers\u00edculos al respecto:<\/p>\n<p>-Los dos sexos provienen de Dios, que modela el barro para formar al hombre y \u00abtrabaja\u00bb la costilla para formar la mujer; tambi\u00e9n esta es fruto de una intervenci\u00f3n directa y personal del Creador.<\/p>\n<p>-Igualdad entre hombre y mujer (var\u00f3n-varona; hombre-hembra): los dos est\u00e1n hechos de la misma \u00abmateria\u00bb. (\u00abhueso de mis huesos y carne de mi carne\u00bb).<\/p>\n<p>-Llamados a ser una sola carne: el grito de j\u00fabilo de Ad\u00e1n indica que por fin ha encontrado una ayuda adecuada, esponsal; la palabra \u00abcarne\u00bb indica en la Biblia la persona entera bajo el aspecto corporal; y \u00abser una sola carne\u00bb significa ser una sola persona, un solo ser, e incluye la uni\u00f3n de mente y coraz\u00f3n, de voluntades y sentimientos en un proyecto de vida com\u00fan; la uni\u00f3n de los cuerpos tiene sentido y valor como signo y expre\u00adsi\u00f3n de esta uni\u00f3n m\u00e1s profunda e interior. Marido y mujer est\u00e1n ordenados el uno al otro y la expresi\u00f3n \u00abuna sola carne\u00bb incluye impl\u00edcitamente la unidad e indisolu\u00adbilidad del matrimonio: una uni\u00f3n tan \u00edntima y estrecha es impensable que se pueda romper -ser\u00eda como desgarrar la propia carne- o que pueda ser compartida por un tercero.<\/p>\n<p>-Bondad del cuerpo y de la sexualidad: la expresi\u00f3n \u00abestaban desnudos &#8230; pero no se avergonzaban\u00bb (v.25) apunta a un estado de inocencia en que sin malicia y con mirada limpia nada entorpece la relaci\u00f3n entre las personas tal como Dios las ha creado; ser\u00e1 el desorden del pecado el que introduzca la malicia en toda esta realidad (cf. Gen 3).<\/p>\n<h3>3.- Vivir el don de la creaci\u00f3n<\/h3>\n<p>A veces puede dar la impresi\u00f3n de que la creaci\u00f3n es algo que se pierde en la noche de los tiempos. Sin embargo, este acontecimiento es en realidad algo actual: no solo porque el universo y los hombres -nosotros mismos- permanecen delante de nuestros ojos, sino porque Dios contin\u00faa creando, es decir, haciendo que surjan seres nuevos y manteniendo en la existencia lo que ya existe. Se trata de una creaci\u00f3n continua. Dios no di\u00f3 el ser a las cosas y se desentendi\u00f3 de ellas, sino que contin\u00faa permanentemente sosteni\u00e9ndolas, porque \u00absi \u00c9l retirara a s\u00ed su esp\u00edritu, si hacia s\u00ed recogie\u00adra su soplo, a una expirar\u00eda toda carne, el hombre al polvo volver\u00eda\u00bb (Job 34, 14-15). La intervenci\u00f3n primera y funda\u00admental de Dios que es la creaci\u00f3n es continua y permanente. Y la Biblia nos apunta c\u00f3mo vivir -tambi\u00e9n de manera permanente- el don de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Dependencia radical del Creador: todo lo que somos y tenemos, lo recibimos continuamente de Dios; por nosotros mismos no somos nada; todo es recibido como don gratuito. Esta dependencia total del Creador nos coloca en radical humildad como criaturas fr\u00e1giles e inconsistentes que somos: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido \u00bfde qu\u00e9 te glor\u00edas como si no lo hubieras recibido?\u00bb (1Cor 4, 7). El hombre no puede realizarse como hombre rechazando esta dependencia del Creador que le constituye como persona; sin Dios el hombre desaparece, se destruye. Por lo mismo tampoco el ser humano puede reclamar nada a Dios como si le fuera debido: \u00abOh hombre, \u00bfqui\u00e9n eres t\u00fa para pedir cuentas a Dios? \u00bfAcaso dice el vaso al alfarero: por qu\u00e9 me has hecho as\u00ed?\u00bb (Rom 9, 20). Por el contrario, la actitud propia del hombre ante Dios es recibir de \u00c9l y vivir en la gratitud permanente por todo lo que recibe de su Creador (Sal 50, 7-15.23).<\/p>\n<p>b) Tambi\u00e9n la Biblia repite que Dios cuida de sus criaturas: \u00abel Se\u00f1or es bueno con todos, es cari\u00f1oso con todas sus criaturas\u00bb (Sal 145, 9; 103, 13).Y los profetas recalcan que, si es dif\u00edcil que una madre se olvide del hijo de sus entra\u00f1as, es absolutamente imposi\u00adble que Dios se olvide de los suyos (Is 49, 14-15). Tambi\u00e9n en el hecho de la creaci\u00f3n radica la dignidad de toda persona humana, formada a imagen y semejanza de Dios.<\/p>\n<p>c) En la creaci\u00f3n encontramos la huella de Dios: lo mismo que podemos conocer algo de un artista por las obras que realiza, as\u00ed la creaci\u00f3n al que sabe contemplarla con mirada limpia le est\u00e1 hablando de Dios, pues le remite al poder, a la sabidur\u00eda, a la grandeza de Dios (Sab 13, 1-9; Rom 1, 20).<\/p>\n<p>d) Finalmente, la creaci\u00f3n nos remite a nuevas intervenciones de Dios. La palabra \u00abcrear\u00bb s\u00f3lo se usa en la Biblia referida a Dios, expresando una acci\u00f3n propia y exclusiva de \u00c9l (nunca se dice que el hombre haya creado algo, pues lo m\u00e1s que hace es transformar lo que ya existe). Por eso cuando se quiera hablar de que Dios prepara algo enteramente nuevo, absoluta\u00admente insospechado para el hombre, se dir\u00e1 que Yahveh va a \u00abcrear unos cielos nuevos y una tierra nueva\u00bb (Is 65, 17). Y San Pablo para indicar el alcance de la redenci\u00f3n operada por Cristo afirma: \u00abel que est\u00e1 en Cristo es una nueva creaci\u00f3n\u00bb (2Cor 5, 17; cf. Gal 6, 15; Ef 2, 10).<\/p>\n<h3>4.- Textos principales<\/h3>\n<p>G\u00e9nesis 1-2<\/p>\n<p>Salmos 8; 19, 1-7; 103 &#8211; 104; 135, 4-7; 136; 148<\/p>\n<p>Job 38-42<\/p>\n<p>Proverbios 8, 22-31<\/p>\n<p>Eclesi\u00e1stico 42, 15 &#8211; 43, 33<\/p>\n<p>2 Macabeos 7, 28<\/p>\n<p>Juan 1, 1-18<\/p>\n<p>Colosenses 1, 13-20<\/p>\n<p>Hechos 17, 16-34<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 2. Por un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo<\/h2>\n<p>Los relatos de la creaci\u00f3n nos han presentado un universo y un hombre en perfecta armon\u00eda: la felicidad del para\u00edso por un lado y el estribillo repetido de que Dios vio que todo era bueno nos dejan la impresi\u00f3n de que todo era perfecto. Y sin embargo el israelita -lo mismo que nosotros- constataba la presencia del mal por todas partes: \u00abNo hay quien haga el bien, ni uno siquiera\u00bb (Sal 53, 4). Los siguientes cap\u00edtulos del libro del G\u00e9nesis tratan de dar respuesta a estos grandes interrogantes que todo hombre se plantea: \u00bfde d\u00f3nde viene el mal?, \u00bfcu\u00e1l es la causa del dolor, del pecado, y de la muerte?<\/p>\n<h3>1.- El primer pecado<\/h3>\n<p>El cap\u00edtulo 3\u00ba del G\u00e9nesis nos narra un drama singular: la primera tentaci\u00f3n y el primer pecado. En el para\u00edso en que Dios ha colocado al primer hombre y a la primera mujer aparece otro personaje hasta ahora desconocido: el tentador, en forma de serpiente.<\/p>\n<p>El autor sagrado quiere decirnos que el mal no proviene de Dios, que todo lo ha hecho bien, ni tampoco proviene s\u00f3lo del hombre, que ha sido creado bueno por Dios: este personaje misterioso, adversario de los planes de Dios y enemigo de la felicidad del hombre, a quien la revelaci\u00f3n posterior ir\u00e1 identificando como ser personal, con poder para el mal, \u00abla gran serpiente, la serpiente antigua, el llamado diablo y Satan\u00e1s\u00bb (Ap. 12,9), es el que instiga al hombre a pecar contra Dios y es la causa \u00faltima de que haya entrado la muerte en el mundo (Sab. 2,24).<\/p>\n<p>Con admirable psicolog\u00eda presenta tambi\u00e9n el autor sagrado el proceso de la tentaci\u00f3n como seducci\u00f3n y enga\u00f1o. Aquel a quien San Juan denominar\u00e1 \u00abmentiroso y padre de la mentira\u00bb (Jn 8,44) comienza insinu\u00e1ndose con una falsedad absoluta (comparar 3,1 con 2,16-17); en un segundo momento hace dudar a la mujer de la validez del mandato del Dios y, por tanto, de la intenci\u00f3n del mismo Dios al establecer ese mandato (vv. 4-5); as\u00ed, adem\u00e1s de mentiroso, el tentador se manifiesta como el \u00abhomicida desde el principio\u00bb (Jn 8,44): en efecto, al enga\u00f1ar a la mujer (\u00abde ninguna manera morir\u00e9is\u00bb) con relaci\u00f3n al mandato que Dios les hab\u00eda dado para vida (\u00abel d\u00eda que comieres de \u00e9l, morir\u00e1s sin remedio\u00bb: 2,17), de hecho conduce a la muerte a la mujer y al hombre (cf 3,7). He ah\u00ed la tentaci\u00f3n: una promesa falsa (\u00abser\u00e9is como dio\u00adses\u00bb), pero que halaga, seduce y atrae (3,6), una seducci\u00f3n y enga\u00f1o que hace ver como vida lo que de hecho conduce a la muerte; con ella ha sembrado adem\u00e1s la desconfianza en Dios al presentar como enemigo del hombre al Dios fiel y lleno de amor.<\/p>\n<p>Vemos entonces en qu\u00e9 consiste el pecado: una falta grave de orgullo concretada en una enorme desobediencia al Se\u00f1or. El mandato de Dios de no comer del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal (2,16-17) expresa el hecho de que el hombre no es due\u00f1o absoluto de su propia vida, sino criatura limitada, dependiente radicalmente de Dios. Y el deseo de \u00abser como dioses\u00bb (3,5) indica justamente lo contrario: el querer tener capacidad de decidir el propio destino, ser ley para s\u00ed mismo sin condiciones impuestas desde fuera, el decidir por s\u00ed mimo lo que es bueno y lo que es malo &#8230; Por tanto, el pecado de querer \u00abser como dioses, conocedores del bien y del mal\u00bb es una reivindicaci\u00f3n de autonom\u00eda moral, un renegar del estado de criatura invirtiendo el orden en que Dios estableci\u00f3 al hombre; es en el fondo una actitud de rebeli\u00f3n contra Dios: en vez de fiarse plenamente de Dios acatando su mandato como mandato de vida, el hombre duda de Dios y se f\u00eda de su propio juicio -enga\u00f1ado por el tentador- en actitud de autosuficiencia (cf. Is 14, 13s; Ez 28,2).<\/p>\n<p>El texto sagrado apunta tambi\u00e9n las consecuencias del pecado. La actitud de Ad\u00e1n y de su mujer ha sido prescindir de Dios, construir por s\u00ed mismos su propio destino, conquistar su propia felicidad. Y Dios abandona al hombre a sus propias fuerzas, consiente que quede al arbitrio de s\u00ed mismo y de sus propias capacidades. El texto lo expresa con una fuerza insuperable: \u00abse dieron cuenta de que estaban desnu\u00addos\u00bb (v. 7); la expresi\u00f3n constituye un contraste brutal con las halagadoras promesas de \u00abser como dioses\u00bb, pues sugiere que al romper con Dios el hombre y su mujer experimentan con toda crudeza su situaci\u00f3n de pobres criaturas, indefensas e inseguras, en total precariedad y faltos de protecci\u00f3n. Es la hora de la verdad en que las mentiras y enga\u00f1os del tentador salen a la luz y se manifiestan las tr\u00e1gicas consecuencias de muerte que llevaban encerradas. Se expresa as\u00ed de manera sugerente la amargura, la decepci\u00f3n y frustra\u00adci\u00f3n que conlleva todo pecado. Como dir\u00e1 San Pablo \u00abel salario del pecado es la muerte\u00bb (Rom 6, 23).<\/p>\n<p>-La primera consecuencia del pecado es la p\u00e9rdida de la amistad con Dios, ya apuntada en el ocultarse de \u00c9l (3,8) y en el tener miedo (3,10) y expresada simb\u00f3licamente por la expulsi\u00f3n del para\u00edso (3, 23-24), que indica el alejamiento de la presencia de Dios y de la comuni\u00f3n de vida con \u00c9l, la p\u00e9rdida de la familiaridad con \u00c9l.<\/p>\n<p>-En contraste con la armon\u00eda e integridad en que viv\u00edan (2,25), ahora experimentan el desorden interior, introducido por el pecado en el coraz\u00f3n del hombre y delatado por la conciencia llena de verg\u00fcenza (3,7); es el despertar de la concupiscencia -tan bien expresada por San Pablo: Rom 7, 14-24- que esclaviza al hombre.<\/p>\n<p>-Se rompe la armon\u00eda entre el hombre y su mujer. El maravilloso proyecto de Dios de ser \u00abuna sola carne\u00bb es echado al traste: la mujer induce a su marido a pecar (3,6) contradiciendo la misi\u00f3n que Dios le hab\u00eda asignado de ser su ayuda (2,18); el hombre, en vez de asumir su propia culpa, acusa a la mujer que Dios le ha dado por compa\u00f1era; la atracci\u00f3n entre los sexos, entre hombre y mujer, que Dios mismo hab\u00eda puesto, se transforma ahora en desordenada apetencia y ansiedad y en dominio (3,16).<\/p>\n<p>-Se produce tambi\u00e9n una ruptura con la naturaleza. Si el trabajo formaba parte de la condici\u00f3n del hombre (2,15), ahora la creaci\u00f3n entera se le vuelve hostil (3, 17-19); el desorden introducido en el coraz\u00f3n del hombre hace que en lugar de \u00abdominar\u00bb la naturaleza (1,28), de \u00ablabrarla y cuidarla\u00bb (2,15), la esclavice, la frustre, la someta a la vanidad (Rom 8,20). El don y la bendici\u00f3n de la fecundidad se convierten para la mujer en pesada carga (3,16). Y si la muerte es una condici\u00f3n natural del hombre como ser caduco que ha sido formado del polvo del suelo (2,7), el pecado hace que la muerte se vuelva insoportable al experimentar con fuerza la frustraci\u00f3n de su tendencia a \u00abvivir para siempre\u00bb (3,22), al saberse condenado a \u00abvolver al polvo\u00bb (3,19).<\/p>\n<p>En definitiva, el sufrimiento en todas sus formas pasa a formar parte de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<h3>2.- Un mundo inundado por el pecado<\/h3>\n<p>Las palabras de San Pablo en Rom 5,12 (\u00abpor un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y as\u00ed la muerte alcanz\u00f3 a todos los hombres por cuanto todos pecaron\u00bb) parecen tener delante de los ojos lo narrado en el G\u00e9nesis. El primer pecado ha sido como una puerta abierta por la que se ha introducido la potencia mal\u00e9fica del Pecado -San Pablo lo personifica- anegando todo y acarreando el da\u00f1o y la destrucci\u00f3n (Sab 2,24). San Pablo establecer\u00e1 claramente la doctrina de una culpa hereditaria, dada la solidaridad de todos en Ad\u00e1n. Pero ya en el G\u00e9nesis aparece apuntado que el pecado ha trastornado de tal manera el orden querido por Dios, introduciendo el desorden en el interior mismo del hombre, que la condici\u00f3n humana despu\u00e9s del primer pecado lleva las huellas de una herida irremediable que s\u00f3lo tendr\u00e1 remedio con la venida del Nuevo Ad\u00e1n (Rom 5, 19).<\/p>\n<p>En efecto, los cap\u00edtulos siguientes del G\u00e9nesis presentan la perversa influencia del pecado en la humanidad, como una ola gigantesca que sumerge todo y que acabar\u00e1 conduciendo al castigo del diluvio.<\/p>\n<p>El relato de Ca\u00edn y Abel (G\u00e9n 4, 1-16) nos hace entender que la rebeli\u00f3n del hombre contra el Creador conduce a la rebeli\u00f3n del hombre contra el hombre; 1 Jn 3, 13 comentar\u00e1 que Ca\u00edn mat\u00f3 a su hermano porque \u00abera del Maligno\u00bb: el que es \u00abhomicida desde el principio\u00bb (Jn 8,44) conduce al homicidio y a la rebeli\u00f3n contra Dios a los que se ponen bajo su influjo (Jn 8, 40-41). Al final del cap\u00edtulo encontramos el \u00abCanto de L\u00e1mek\u00bb (Gn 4, 23-24), glorificaci\u00f3n de la fuerza bruta y de la venganza desmedida y signo de la ferocidad creciente de los descendientes de Ca\u00edn.<\/p>\n<p>En este contexto, el relato del diluvio (6,5-9,17) aparece como el juicio de Dios sobre la humanidad pecadora. El autor sagrado constata que \u00abla maldad del hombre cund\u00eda en la tierra y todos los pensamientos que ideaba en su coraz\u00f3n eran puro mal de continuo\u00bb (Gn 6,5); que \u00abla tierra estaba corrompida en la presencia de Dios; la tierra se llen\u00f3 de violencias. Dios mir\u00f3 a la tierra y he aqu\u00ed que estaba viciada, porque toda carne ten\u00eda una conducta viciosa sobre la tierra\u00bb (Gn 1,11-12); m\u00e1s a\u00fan, se trata de un mal que aparece desde la ni\u00f1ez (8,21). Las aguas del diluvio que inundar\u00e1n la tierra simbolizan tambi\u00e9n este mal que anega todo. Se insiste en la universalidad del pecado: lo que se inici\u00f3 con el primer pecado ha alcanzado a todos. Y el juicio de Dios sobre la humanidad pecadora contribuye a resaltar que el pecado es -directa o indirectamente- la causa de todos los males.<\/p>\n<p>Finalmente, el episodio de la torre de Babel (Gn 11,1-9) presenta una humanidad desgarrada, explicando el por qu\u00e9 de la dispersi\u00f3n en pueblos, naciones y lenguas opuestas entre s\u00ed. El pecado una vez m\u00e1s es el orgullo: la pretensi\u00f3n arrogante de construir un mundo, una sociedad, una civilizaci\u00f3n sin Dios (\u00ab una ciudad y una torre con la c\u00faspide en los cielos\u00bb). Empalmando con el pecado de los or\u00edgenes del que es prolongaci\u00f3n y consecuencia, nos da as\u00ed la explicaci\u00f3n de la ruptura entre los pueblos: la torre id\u00f3latra de Babilonia no puede ser el lugar de reuni\u00f3n de los hombres, sino que, siendo signo de su arrogancia ante Dios, tiene que ser necesariamente causa de dispersi\u00f3n.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil descubrir en este panorama tan sombr\u00edo la descripci\u00f3n realista de la humanidad bajo el signo del pecado. No pod\u00eda ser de otra manera. La rebeli\u00f3n contra Dios inevitablemente deb\u00eda conducir al caos total. Con palabras de Jerem\u00edas: \u00abSe alejaron de M\u00ed y yendo en pos de la vanidad se hicieron vanos\u00bb (2,5); \u00abmi pueblo ha cambiado su Gloria por lo que nada vale. Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos estupefactos sobremanera; pues un doble mal ha cometido mi pueblo: me ha abandonado a M\u00ed, manantial de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua\u00bb (2,11-13); \u00abque te ense\u00f1e tu propio da\u00f1o, que tus apostas\u00edas te escarmienten; reconoce y ve lo malo y amargo que te resulta el dejar a Yahveh tu Dios\u00bb (2,19).<\/p>\n<h3>3.- La promesa de salvaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Existe un cierto t\u00f3pico seg\u00fan el cual el Dios del Antiguo Testamento es el Dios del castigo por contraste con el Dios del amor y de la misericordia que aparece en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Sin embargo, nada m\u00e1s lejos de la realidad. A Ca\u00edn, el homicida, Dios le pone una se\u00f1al para que nadie se atreva a matarle (Gen 4,15). Despu\u00e9s del juicio del diluvio encontramos expresiones de la misericordia divina: el mismo castigo pretende sacudir a la humanidad para despertarla, la promesa de Dios garantiza el orden de las estaciones y asegura la cosecha y el alimento (8,22), Dios reitera el don de la fecundidad (9,1-7) y el ofrecimiento de toda la creaci\u00f3n para alimento (9,3), garantiza su protecci\u00f3n al hombre que sigue siendo su imagen y semejanza (9,6) y establece su alianza con la humanidad y con toda la creaci\u00f3n (9,8-17).<\/p>\n<p>Pero sin duda, lo m\u00e1s importante de todo es la promesa de salvaci\u00f3n hecha por Dios inmediatamente despu\u00e9s del pecado y que anuncia la victoria final del hombre en la lucha contra Satan\u00e1s (Gen 3, 15). Lo que se ha llamado el \u00abprotoevangelio\u00bb es una luz de esperanza que brilla en medio del sombr\u00edo panorama causado por el pecado. Dios promete que el tentador -simbolizado en la serpiente- que amenaza permanentemente al hombre, ser\u00e1 finalmente \u00abpisoteado\u00bb o \u00abaplastado\u00bb. Es verdad que se dibuja una lucha encarnizada (la serpiente intenta atacar,\u00bbacecha\u00bb el tal\u00f3n de la mujer); pero se trata de algo que intenta in\u00fatilmente, en vano: Dios, maldiciendo a la serpiente, se ha puesto decididamente al lado de la mujer y de su descendencia, que acabar\u00e1 venciendo definitivamente al Maligno.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n posterior mostrar\u00e1 que esta descendencia es Cristo. \u00c9l es el Nuevo Ad\u00e1n que ha restaurado lo que el primer Ad\u00e1n destruy\u00f3. A diferencia de Ad\u00e1n, Jes\u00fas vence a Satan\u00e1s (Mc 1, 12-13). Lo manifiesta curando enfermedades -que los jud\u00edos relacionaban estrechamente con el pecado- y perdonando pecados; pero de manera m\u00e1s clara a\u00fan expulsando demonios (Mc 1, 23-27; 9, 14-27). Sobre todo vencer\u00e1 a Satan\u00e1s en la confrontaci\u00f3n decisiva de la pasi\u00f3n (Jn 12 31-33). Por eso San Pablo podr\u00e1 exclamar exultante: \u00abAs\u00ed como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenaci\u00f3n, as\u00ed tambi\u00e9n la obra de justicia de uno solo procura toda la justificaci\u00f3n que da la vida&#8230; Donde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb (Rom 5, 18-19). Con la venida de Cristo ha terminado el dominio tir\u00e1nico del pecado (Rom 7, 24-25).<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, con su victoria sobre el pecado Cristo ha destruido tambi\u00e9n el muro de la muerte (1Cor 15, 20-26) y ha vuelto a abrir el para\u00edso (Lc 23, 39). De ah\u00ed tambi\u00e9n el grito desafiante de San Pablo: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1, muerte, tu victoria?\u00bb (1Cor 15, 54-57).<\/p>\n<p>Pero es significativo que esta victoria Jes\u00fas la ha logrado por el camino inverso al recorrido por Ad\u00e1n (Fil 2, 6-11): Siendo Dios \u00abno retuvo \u00e1vidamente el ser como Dios\u00bb; siendo el Hijo, \u00abse hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz\u00bb; pero el resultado es tambi\u00e9n el contrario al de Ad\u00e1n: Jes\u00fas es constituido Se\u00f1or y recibe en su humanidad el honor y la gloria propios de Dios. Se cumplen as\u00ed las palabras dichas por \u00c9l mismo: \u00abEl que se enaltece ser\u00e1 humillado y el que se humilla ser\u00e1 enaltecido\u00bb (Lc 14, 11).<\/p>\n<h3>4.- Conclusi\u00f3n<\/h3>\n<p>La narraci\u00f3n del pecado de Ad\u00e1n debe alejar de nosotros todo optimismo vano e ilusorio. Todo hombre se encuentra en un estado de indigencia respecto de su salvaci\u00f3n; debe reconocer la imposibilidad de conseguir la salvaci\u00f3n por sus propias fuerzas y la necesidad de ser redimido. Las heridas y el desorden producidos por el pecado -por los pecados personales- son irremediables para el hombre dejado a sus solas fuerzas.<\/p>\n<p>Pero la postura tampoco es el pesimismo. El hecho de que Cristo ha vencido el pecado nos da la certeza de que en \u00c9l y con \u00c9l podemos vencer. Por eso la actitud correcta es la de abrirnos a Cristo por la fe y la esperanza para acoger la salvaci\u00f3n que s\u00f3lo de \u00c9l puede venir (Hch 4, 12).<\/p>\n<p>Por la misma raz\u00f3n es necesario el combate, el esfuerzo: hay que negarse a s\u00ed mismo (Mt 15, 24) y dar muerte a las tendencias desordenadas que hay en nosotros (Gal 5, 24; Col 3, 5-9), siendo muy conscientes a la vez de que s\u00f3lo con las armas de Dios se puede vencer al diablo (Ef. 6, 10-20).<\/p>\n<p>Por otra parte, al indicar el G\u00e9nesis que el pecado deteriora todo, est\u00e1 dando a entender que la liberaci\u00f3n del pecado es la ra\u00edz para remediar todos los males. La renovaci\u00f3n y transformaci\u00f3n del coraz\u00f3n humano es el fundamento de todas las reformas -en el terreno social o en cualquier otro-; y al rev\u00e9s, mientras el hombre permanezca esclavo del pecado cualquier pretendida reforma s\u00f3lo conducir\u00e1 a nuevas y mayores esclavitudes.<\/p>\n<h3>5.- Textos principales<\/h3>\n<p>G\u00e9nesis 3-11<\/p>\n<p>Isa\u00edas 11, 1-9; 14, 12-15; 65, 19-25<\/p>\n<p>Ezequiel 28, 12-19; 36, 26-38<\/p>\n<p>Romanos 5, 12-21<\/p>\n<p>1 Corintios 15<\/p>\n<p>Apocalipsis 21, 1-6; 22, 1-5<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 3. Abraham, nuestro padre en la fe<\/h2>\n<p>Este t\u00edtulo, tomado de una expresi\u00f3n que aparece en la liturgia (cf. Plegaria Eucar\u00edstica I), indica la importancia de la figura de Abraham no s\u00f3lo para el pueblo de Israel, sino tambi\u00e9n para nosotros cristianos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la llamada \u00abprehistoria b\u00edblica\u00bb (Gen 1-11), el cap\u00edtulo 12 del G\u00e9nesis marca un nuevo inicio: tras presentar c\u00f3mo el pecado se difund\u00eda produciendo la divisi\u00f3n de los hombres, el libro del G\u00e9nesis nos muestra c\u00f3mo Dios toma la iniciativa de la salvaci\u00f3n irrumpiendo en la historia de los hombres, y lo hace eligiendo a un hombre, Abraham, en el cual \u00abser\u00e1n bendecidas todas las familias de la tierra\u00bb (Gen 12, 3).<\/p>\n<h3>1.- Trasfondo hist\u00f3rico<\/h3>\n<p>Las narraciones sobre Abraham y los patriarcas que nos recoge la Biblia fueron puestas por escrito varios siglos despu\u00e9s de los sucesos. Mientras tanto fueron transmiti\u00addas oralmente (hay que notar que nos encontramos en una \u00e9poca de cultura oral en que se ejercitaba notablemente la memo\u00adria). No podemos pedir a estos textos la exactitud de una cr\u00f3nica (con el paso del tiempo quiz\u00e1 se han a\u00f1adido detalles pintorescos o imaginativos, se han idealizado personajes&#8230;); sin embargo, podemos asegurar que la sustancia que nos transmiten est\u00e1 s\u00f3lidamente garantizada y que las tradiciones patriarcales est\u00e1n firmemente enraizadas en la historia.<\/p>\n<p>De hecho, se sabe que los nombres usados en la Biblia eran normales en ese per\u00edodo, que las costumbres que nos refieren coinciden con las que conocemos por otros documentos extrab\u00edblicos (y la Biblia los conserva aunque ya no sean los de la \u00e9poca en que se ponen por escrito e incluso algunas resulten escandalosas), que el itinerario recorrido por los patriarcas seg\u00fan la Biblia era el normal en aquel periodo y que sus modos de vida corresponden al de otros muchos clanes de ese tiempo.<\/p>\n<p>Abraham se inserta en las corrientes migratorias de los primeros siglos del 2\u00ba milenio a.C. Aunque es dif\u00edcil precisar mucho, se le suele situar hacia el a\u00f1o 1850 a.C. Abraham es un semin\u00f3mada que sale de Ur, en Caldea, y se instala en Cana\u00e1n; pastor de ganado menor, es uno m\u00e1s entre los innumerables jefes de las tribus que emigran buscando pastos para sus ganados. La Biblia no nos cuenta muchos detalles de \u00e9l que quiz\u00e1 hubieran halagado nuestra curiosidad, sino que se centra en la llamada que Dios le dirigi\u00f3, en la promesa que le hizo y en su respuesta obediente cumpliendo la misi\u00f3n encomendada.<\/p>\n<h3>2.- Mensaje religioso<\/h3>\n<p>Ante todo conviene notar c\u00f3mo los textos del G\u00e9nesis subrayan la importancia de la figura de Abraham: lo hacen mencionando su genealog\u00eda (G\u00e9n. 11, 10-26), cosa que normalmente s\u00f3lo sucede con los grandes personajes (cfr. la genealo\u00adg\u00eda de Jes\u00fas en Mt. 1), y mostrando c\u00f3mo Dios le cambia el nombre (G\u00e9n. 17,5), lo cual es signo de que le va a encomendar una misi\u00f3n excepcional (cfr. en el N.T. el cambio de nombre a Pedro: Mt 16,18).<\/p>\n<p>Pues bien he aqu\u00ed las principales ense\u00f1anzas que la Biblia nos revela en la historia de Abraham:<\/p>\n<p>a) Dios llama y promete.<\/p>\n<p>La iniciativa es exclusivamente suya, elige a quien quiere con absoluta libertad, sin tener en cuenta los m\u00e9ritos previos (Abraham era id\u00f3latra: Jos 24, 2-3; despu\u00e9s elegir\u00e1 a Isaac y no a Ismael: G\u00e9n 17, 15-22, a Jacob y no a Esa\u00fa: G\u00e9n 25, 23). Es una llamada que reclama obediencia, renuncia, expropiaci\u00f3n: \u00abSal de tu tierra, de tu patria, de la casa de tu padre\u00bb (G\u00e9n. 12,1), para ponerse enteramente a disposici\u00f3n de los planes de Dios.<\/p>\n<p>Pero la renuncia est\u00e1 en funci\u00f3n de lo que Dios le promete. Si Dios exige tanto a Abraham -tierra, parentela y familia son los bienes m\u00e1ximos para un hombre de cultura semin\u00f3mada- es porque le promete mucho m\u00e1s: \u00abDe t\u00ed har\u00e9 una naci\u00f3n grande&#8230; Engrandecer\u00e9 tu nombre&#8230; Por t\u00ed se bendeci\u00adr\u00e1n todos los linajes de la tierra\u00bb (G\u00e9n 12, 2-3). Le pide que abandone los estrechos l\u00edmites de lo conocido para que se lance -fiado en Dios que llama y promete- a los anchos horizontes de lo desconocido.<\/p>\n<p>Sin embargo, la promesa de Dios parece irrealizable: se le promete una descendencia innumerable cuando su mujer es est\u00e9ril (G\u00e9n. 11, 30; 16, 1-2) y \u00e9l mismo es anciano (G\u00e9n. 17, 17; 18,12). Por eso Dios mismo da a Abraham un signo de su omnipotencia (G\u00e9n. 15,5) e incluso afirma expl\u00edcitamente: \u00ab\u00bfHay algo imposible para Yahveh?\u00bb (G\u00e9n. 18,14). M\u00e1s a\u00fan, Dios se compromete en firme sellando una alianza con Abraham (G\u00e9n. 15, 7-21).<\/p>\n<p>El desarrollo posterior del relato mostrar\u00e1 c\u00f3mo, en efecto, Dios cumple su promesa con el nacimiento de Isaac. Y en cuanto al otro aspecto de la promesa -el don de la tierra: G\u00e9n. 15,7-, dirigida en realidad a su descendencia (G\u00e9n. 12,7), tambi\u00e9n Abraham llegar\u00e1 a poseer al menos una prenda de ella al adquirir la finca de Macpel\u00e1 (G\u00e9n. 23)<\/p>\n<p>b) Abraham obedece y se f\u00eda.<\/p>\n<p>Al Dios que llama, Abraham responde obedeciendo; al Dios que promete responde con un acto de fe.<\/p>\n<p>Llama profundamente la atenci\u00f3n c\u00f3mo reacciona ante la llamada de Dios; en G\u00e9n. 12,4 dice simplemente: \u00abMarch\u00f3, pues, Abraham, como se lo hab\u00eda dicho Yahveh\u00bb; no media ning\u00fan di\u00e1logo, no solicita ninguna aclaraci\u00f3n, no pone ninguna objeci\u00f3n; simplemente obedece. Y este acto de obediencia es a la vez un acto de fe, pues Dios no le hab\u00eda dado ninguna prueba; incluso el futuro queda en buena parte en la oscuridad de lo imprevisible: \u00abvete &#8230; a la tierra que yo te mostrar\u00e9\u00bb (G\u00e9n. 12,1). Abraham simplemente se f\u00eda de la palabra de Yahveh y se pone en camino. La carta a los Hebreos comentar\u00e1, refiri\u00e9ndose a este hecho: \u00abPor la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeci\u00f3 y sali\u00f3 para el lugar que hab\u00eda de recibir en herencia, y sali\u00f3 sin saber a d\u00f3nde iba\u00bb (Heb. 11,8).<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante se subrayar\u00e1 m\u00e1s expl\u00edcitamente esta actitud de fe. Ante la promesa de Dios de una descendencia innumerable, que es humanamente irrealizable porque \u00e9l es anciano y su mujer est\u00e9ril, Abraham hace un nuevo acto de fe, se f\u00eda de Dios y de su palabra (G\u00e9n. 15,6). Es verdad que en un primer momento no acierta a entender que Dios puede realizar acciones milagrosas suscitando la vida en el seno est\u00e9ril de Sara, y por eso piensa que la promesa de Dios se realizar\u00e1 teniendo un hijo de la esclava (G\u00e9n. 16); pero poco a poco Dios mismo va educando a Abraham hacia una fe m\u00e1s plena e incondicional en su poder.<\/p>\n<p>El momento culminante de esta \u00abeducaci\u00f3n en la fe\u00bb de Abraham por parte de Dios es cuando Dios le pide que le sacrifique su hijo. Por fin ha nacido el heredero a trav\u00e9s del cual se van a realizar las promesas y sin embargo Dios le pide que se lo ofrezca en sacrificio (G\u00e9n. 22). Dura prueba para este hombre que una vez m\u00e1s en silencio y sin oponer ninguna resistencia -aun en medio de la m\u00e1s completa oscuridad- se f\u00eda de Yahveh y obedece ciegamente. Dios, que le hab\u00eda pedido el sacrificio del coraz\u00f3n, rehusa el sacrificio de hecho, y en pago de esta fe y de esta obediencia colma de bendiciones a Abraham. La carta a los Hebreos comentar\u00e1: \u00abPor la fe, Abraham, sometido a la prueba, present\u00f3 a Isaac como ofrenda &#8230; Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos\u00bb (Heb. 11,17-19). Es la fe desnuda, despojada de todo apoyo o seguridad humana, colgada s\u00f3lo de Dios y de su palabra.<\/p>\n<p>c) Abraham, amigo de Dios.<\/p>\n<p>En G\u00e9n. 15,6 se nos dice de Abraham que \u00abcrey\u00f3 a Yahveh, el cual se lo reput\u00f3 por justicia\u00bb. Esta fe absoluta e incondicional de Abraham hace de \u00e9l un \u00abhombre justo\u00bb, es decir, que est\u00e1 en una relaci\u00f3n justa, adecuada, correcta con Dios; esta actitud le agrada a Dios, que al hombre creyente le admite en su intimidad, estableciendo con \u00e9l un trato cordial. As\u00ed aparece en la teofan\u00eda de Mambr\u00e9 (G\u00e9n. 18, 1-15), ese pasaje precioso aunque misterioso en que Yahveh mismo, acompa\u00f1ado de dos \u00e1ngeles, visita a Abraham en su tienda y come con \u00e9l; Abraham, por su parte, les acoge con extrema hospitalidad (notar que para un semita el comer juntos era la m\u00e1xima se\u00f1al de comuni\u00f3n e intimidad).<\/p>\n<p>De hecho, la Sagrada Escritura le da el t\u00edtulo de \u00abamigo de Dios\u00bb (Is. 41,8; Dan. 3,3-5; St.2,23), la m\u00e1s hermosa denominaci\u00f3n que un hombre puede recibir. Y en la continua\u00adci\u00f3n del relato del G\u00e9nesis vemos que Dios mismo le comunica sus planes antes de ejecutarlos (G\u00e9n. 18,17). M\u00e1s a\u00fan, apoyado en esta confianza y amistad en que Dios mismo le ha introdu\u00adcido, Abraham se atreve a interceder ante \u00c9l solici\u00adtando el perd\u00f3n para las ciudades pecadoras (G\u00e9n. 18,23-33) y consi\u00adguiendo la salvaci\u00f3n del \u00fanico justo que se encuentra en ellas, su sobrino Lot y su familia (G\u00e9n. 19,29).<\/p>\n<h3>3.- Abraham y los cristianos<\/h3>\n<p>Todo lo que hemos visto nos descubre que est\u00e1 plenamente justificado el calificativo que la liturgia da a Abraham como \u00abnuestro padre en la fe\u00bb. El es fundamental no solo en la tradici\u00f3n jud\u00eda, sino tambi\u00e9n en la cristiana ( e igualmente para los musulmanes.<\/p>\n<p>En el N.T. encontramos la afirmaci\u00f3n de que con la venida de Cristo Dios ha visitado y redimido a su pueblo cumpliendo as\u00ed \u00abel juramento que jur\u00f3 a nuestro padre Abraham\u00bb (Lc. 1,72-73.54-55). De hecho, Cristo es llamado \u00abhijo de Abraham\u00bb (Mt. 1,1) y \u00c9l es seg\u00fan San Pablo \u00abla descendencia\u00bb a la que la se refer\u00edan las promesas hechas a Abraham (Gal. 3,16); de hecho Cristo ha sido constituido heredero de todo (Heb. 1,2).<\/p>\n<p>Y herederos de esas promesas somos tambi\u00e9n los cristianos, unidos a Cristo y hechos una sola cosa con \u00c9l por el bautismo (G\u00e1l. 3, 26-29). Pero no somos herederos de las promesas de una manera m\u00e1gica o autom\u00e1tica, sino que es necesario que imitemos la misma actitud de fe de Abraham: \u00abTened, pues, entendido que los que viven de la fe, esos son los hijos de Abraham\u00bb (G\u00e1l. 3,7). Por eso Abraham es presentado como modelo de fe para el cristiano (Rom. 4,18-25): una fe que acepta la palabra de Dios, que se somete a Dios, que acepta los planes de Dios aunque sean misteriosos y descon\u00adcertantes y de ese modo acoge a Dios mismo y su salvaci\u00f3n (cfr. tambi\u00e9n Heb. 11,8-19).<\/p>\n<p>En definitiva, las actitudes de Abraham que la Biblia resalta son perennemente v\u00e1lidas; m\u00e1s a\u00fan, son la condici\u00f3n indispensable para colaborar con Dios en su obra salvadora y para que se realice eficazmente la historia de la salva\u00adci\u00f3n: si la historia de acci\u00f3n salvadora de Dios comienza con la fe y la obediencia de Abraham, un nuevo acto de fe (\u00abdichosa t\u00fa que has cre\u00eddo porque lo que te ha dicho el Se\u00f1or se cumplir\u00e1\u00bb: Lc. 1,45) y un nuevo acto de obediencia (\u00abaqu\u00ed est\u00e1 la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb: Lc. 1,38), los de Mar\u00eda, dar\u00e1n inicio a la etapa decisiva de la salvaci\u00f3n de Dios en Cristo; y nuevos actos de fe y de obediencia -los nuestros- har\u00e1n posible que la obra de la salvaci\u00f3n se extienda en el tiempo y en el espacio. Tambi\u00e9n encontraremos en el Nuevo Testamento a Isaac como \u00abfigura\u00bb de Cristo (Heb. 11, 19). Abraham sensibiliza la infinita generosidad de Dios Padre que \u00abno se reserva a su \u00fanico Hijo\u00bb (Rom. 8,32) e Isaac tipifica la entrega y disponibilidad de Cristo al sacrificio; a diferencia de Isaac, Jes\u00fas s\u00ed llega a la muerte, pero al igual que Isaac es recobrado vivo.<\/p>\n<h3>4.- Textos principales<\/h3>\n<p>G\u00e9nesis 12,1-2; 15; 17; 18; 22<\/p>\n<p>Eclesi\u00e1stico 44,19-23<\/p>\n<p>Juan 8,52-58<\/p>\n<p>Romanos 4<\/p>\n<p>G\u00e1latas 3<\/p>\n<p>Hebreos 11,8-19<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 4. De la servidumbre al servicio<\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de la historia de Abraham (G\u00e9n. 12-25), el libro del G\u00e9nesis nos refiere la de Isaac y Jacob (G\u00e9n. 25-36); despu\u00e9s del padre del pueblo elegido, estos dos patriarcas son los depositarios de las promesas divinas, y con ellos contin\u00faa la historia de la salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n ellos prosiguen una existencia semin\u00f3mada en Cana\u00e1n como pastores de ganado menor que se desplazaban seg\u00fan las estaciones del a\u00f1o. Finalmente el hambre obliga a Jacob y a sus hijos a marchar a Egipto y a instalarse all\u00ed (ver tambi\u00e9n la historia de Jos\u00e9: G\u00e9n. 37-50).<\/p>\n<p>La Biblia guarda silencio acerca del largo per\u00edodo -m\u00e1s de 400 a\u00f1os- en que los hebreos permanecieron en Egipto; quiz\u00e1 no hay ninguna intervenci\u00f3n especial de Dios que rese\u00f1ar. La narraci\u00f3n se reanuda con el relato de la opresi\u00f3n del pueblo hebreo (Ex.1). Esta situaci\u00f3n va a ser la ocasi\u00f3n de una nueva y clamorosa intervenci\u00f3n de Dios; la liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto ser\u00e1 para todas las generaciones posteriores el hecho fundamental al que se referir\u00e1 la fe de Israel (Dt. 26,5-8); el \u00abDios de Abraham, de Isaac, de Jacob\u00bb ser\u00e1 a partir de ahora el \u00abDios que te ha sacado del pa\u00eds de Egipto, de la casa de la servidumbre\u00bb (Ex. 20,1).<\/p>\n<h3>1.- El \u00e9xodo y la historia<\/h3>\n<p>Lo que se nos narra en la Biblia encaja perfectamente con lo que conocemos por otras fuentes extrab\u00edblicas.<\/p>\n<p>La bajada de Jacob y sus hijos a Egipto coincide con las noticias de que algunos pueblos semitas se introdujeron hacia 1700 a.C. en Egipto. Estos pueblos, los hicsos, dominaron durante casi dos siglos el pa\u00eds, hasta que finalmente fueron expulsados.<\/p>\n<p>Los hebreos y otros grupos semitas permanecieron en el delta del Nilo. Pero el hecho de que hubieran sido aliados o colaboradores de los hicsos y la necesidad de abundante mano de obra para las nuevas construcciones provoc\u00f3 que se dictasen medidas opresoras contra ellos y que fueran convertidos en esclavos. Aunque no lo sepamos con certeza, es posible que el fara\u00f3n que inici\u00f3 la persecuci\u00f3n fuera Seti I (1309-1290) y que en el reinado de su sucesor, Rams\u00e9s II (1290-1224), se produjera el \u00e9xodo.<\/p>\n<p>En esa situaci\u00f3n de opresi\u00f3n es perfectamente veros\u00edmil que los hebreos anhelasen la libertad perdida de su antigua vida semin\u00f3mada. Cuando por fin surge el caudillo capaz de guiarlos, una serie de circunstancias providenciales, en las que era f\u00e1cil descubrir la mano de Dios, hacen que el fara\u00f3n les deje salir.<\/p>\n<p>Es indiscutible que lo que constituye la parte esencial del \u00c9xodo, la base de estas narraciones, son los hechos concretos y reales; si negamos la realidad hist\u00f3rica de estos hechos resulta incomprensible la historia posterior de Israel. Las narraciones del \u00c9xodo mantienen una fidelidad sustancial a los acontecimientos realmente ocurridos.<\/p>\n<p>Ahora bien, sobre la base de este n\u00facleo hist\u00f3rico, al autor sagrado lo que le interesa es extraer el mensaje religioso que esos acontecimientos encierran en cuanto intervenci\u00f3n de Yahveh. Por eso, con un tono \u00e9pico, de epopeya religiosa, subraya y acent\u00faa lo grandioso de las acciones de Dios. Para recalcar m\u00e1s la intervenci\u00f3n de Dios el autor sagrado omite muchas veces los medios o causas segundas de que se ha servido. Por ejemplo, algunas plagas (ranas, mosquitos, langostas&#8230;) son relativamente normales y frecuentes en Egipto; no obstante, estos azotes debieron producirse en un grado nunca visto, de manera que manifestaban patentemente \u00abla mano de Yahveh\u00bb. Por lo dem\u00e1s, no se debe excluir que hayan existido intervenciones prodigiosas y maravillosas en sentido estricto.<\/p>\n<h3>2.- La liberaci\u00f3n de la esclavitud<\/h3>\n<p>Los primeros 15 cap\u00edtulos del \u00c9xodo nos refieren la liberaci\u00f3n del pueblo de Israel; una liberaci\u00f3n en que Dios tiene la iniciativa de principio a fin; una liberaci\u00f3n en la que \u00c9l es el verdadero protagonista; una liberaci\u00f3n que servir\u00e1 de paradigma o punto de referencia para todas las etapas siguientes de la historia de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de descubrir la situaci\u00f3n de opresi\u00f3n, que se hace cada vez m\u00e1s aguda e insoportable (c. 1), el autor sagrado dice: \u00abOy\u00f3 Dios sus gemidos y se acord\u00f3 Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob y mir\u00f3 Dios a los hijos de Israel y conoci\u00f3&#8230;\u00bb (\u00c9x. 2,23-25). Dios se hace cargo de la situaci\u00f3n y se dispone a tomar cartas en el asunto; porque Dios oye, se acuerda, mira y conoce, la historia de la salvaci\u00f3n se pone en marcha de nuevo; Dios tiene un plan que va a comenzar a ejecutarse.<\/p>\n<p>En realidad, ese plan ya est\u00e1 en marcha. Pues antes de los vers\u00edculos citados se nos ha narrado c\u00f3mo Dios ha suscitado al que va a ser instrumento de su acci\u00f3n liberadora, Mois\u00e9s (c.2). En los cap\u00edtulos siguientes asistimos a la \u00abeducaci\u00f3n\u00bb de Mois\u00e9s por parte de Dios para que llegue a ser instrumento d\u00f3cil de sus planes; desde el c. 3, en que Dios le llama y le revela sus designios de salvaci\u00f3n, vamos siendo testigos de la transformaci\u00f3n de Mois\u00e9s como enviado de Dios.<\/p>\n<p>El plan de Dios incluye dificultades y obst\u00e1culos, algunos de los cuales parecen insalvables. Parecer\u00eda que al intervenir Dios todo debe funcionar con absoluta facilidad. Sin embargo, no es as\u00ed: el Fara\u00f3n se opone a los planes de Mois\u00e9s, los mismos israelitas no le hacen caso, la situaci\u00f3n se complica cada vez m\u00e1s&#8230; A trav\u00e9s de todas estas dificultades, humanamente insuperables, Mois\u00e9s va aprendiendo -y nosotros con \u00e9l- que s\u00f3lo Dios puede salvar; la iniciativa y las argucias humanas fracasan y experimentan su propia impotencia; en cambio, el plan del Se\u00f1or se abre paso y avanza, aunque sea por caminos desconcertantes.<\/p>\n<p>De hecho, este es el significado de la historia de las plagas (c. 7-11). El autor sagrado nos hab\u00eda recordado que las dificultades a Dios no le resultaban imprevistas: \u00abYa s\u00e9 yo que el rey de Egipto no os dejar\u00e1 ir &#8230;\u00bb (\u00c9x. 3,19). M\u00e1s a\u00fan, nos indicaba que esas dificultades eran ocasi\u00f3n para que manifestase m\u00e1s palmariamente su gloria (\u00c9x. 7,3-5). Ahora, mediante las plagas, Dios comienza a dar signos de que est\u00e1 vivo, de que est\u00e1 presente, de que es poderoso&#8230; El que recapacite descubrir\u00e1 que en ellas est\u00e1 presente \u00abel dedo de Dios\u00bb (\u00c9x. 8,15), que Dios est\u00e1 interviniendo; el que no quiera reconocer la mano de Dios y se obstine, tendr\u00e1 que reconocer esa intervenci\u00f3n de Dios a la fuerza, pues se impone por su propio peso, pero ya ser\u00e1 demasiado tarde (c.14).<\/p>\n<p>Antes de salir de Egipto, el pueblo celebra la fiesta de la Pascua (c. 12-13). Pascua significa \u00abpaso\u00bb: Dios ha pasado salvando a su pueblo, y el pueblo celebra festivamente, de manera lit\u00fargica ese paso del Se\u00f1or. A partir de ahora, la fiesta de la pascua ser\u00e1 \u00abmemorial\u00bb, recuerdo eficaz de ese paso salvador de Yahveh.<\/p>\n<p>Finalmente, a punto de salir de Egipto aparece la dificultad mayor: parece que todo est\u00e1 definitivamente perdido (\u00c9x. 14,5-12). Sin embargo, esta dificultad suprema va a ser la ocasi\u00f3n de la mayor intervenci\u00f3n de Dios que se va a cubrir de gloria (\u00c9x. 14,4) Al pueblo de Israel, que ha visto a los egipcios muertos a orillas del mar (\u00c9x. 14,30) y sobre todo ha visto la mano fuerte de Yahveh (\u00c9x. 14,31) no le queda m\u00e1s que admirarse y creer (\u00c9x. 14,31) y cantar exultantes las haza\u00f1as del Se\u00f1or que de manera tan patente ha experimentado (\u00c9x. 15,1-21).<\/p>\n<h3>3.- El don de la alianza<\/h3>\n<p>La liberaci\u00f3n de la esclavitud, con ser importante, no es todo. Gracias a ella desaparece la opresi\u00f3n; las tribus, que antes estaban dispersas, ahora constituyen un solo pueblo; la acci\u00f3n liberadora de Dios les ha aglutinado entre s\u00ed y les ha hecho experimentar que son un solo pueblo. Pero la libertad recuperada no es un fin en s\u00ed misma; si Dios los ha liberado, es en funci\u00f3n de algo m\u00e1s: para que entren en alianza, en comuni\u00f3n de vida con el Dios que los ha liberado, para que sirvan a Yahveh (\u00c9x.7,16).<\/p>\n<p>El pueblo de Israel ten\u00eda experiencia de alianzas entre individuos, entre clanes y entre pueblos (ver, por ejemplo, la alianza entre Israel y los gabaonitas en Jos. 9,3-21). Hasta nosotros han llegado diversos formularios de alianza entre dos reyes en iguales condiciones o entre un rey vencedor y un vasallo. Estas alianzas eran pacto o contrato de mutua pertenencia, que un\u00eda con un v\u00ednculo sagrado a ambas partes, depar\u00e1ndoles derechos y deberes. Adem\u00e1s, Dios ya hab\u00eda establecido su alianza con No\u00e9 (G\u00e9n. 9, 8-17) y con Abraham (G\u00e9n. 15; 17).<\/p>\n<p>Ante todo, la alianza de Dios con su pueblo no arranca de ninguna necesidad u obligaci\u00f3n; si Yahveh entra en alianza es por una iniciativa absolutamente libre y gratuita. Como recalcar\u00e1 el libro del Deuteronomio (7,7-8): \u00abNo porque se\u00e1is el m\u00e1s numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos; sino por el amor que os tiene y por guardar el juramento hecho a vuestros padres&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>El relato de la alianza (\u00c9x. 19-24), que es sellada en el monte Sina\u00ed, resalta esto mismo. A la propuesta de Yahveh a trav\u00e9s de Mois\u00e9s (\u00c9x. 19,3-6) el pueblo no hace m\u00e1s que asentir (\u00c9x. 19,7-8): \u00abHaremos todo cuanto ha dicho Yahveh\u00bb. M\u00e1s a\u00fan, Dios mismo es quien va imponiendo las condiciones, en primer lugar el ser purificados para entrar dignamente en alianza (\u00c9x. 19,10-15).<\/p>\n<p>Purificado el pueblo, Dios se manifiesta en una impresionante teofan\u00eda (\u00c9x. 19,16-24). En ella el Dios invisible muestra su grandeza y su sublime majestad. La prohibici\u00f3n de acercarse a \u00c9l subraya su trascendencia y santidad, el hecho de que Dios no puede ser apresado por el hombre.<\/p>\n<p>Gracias a la alianza Israel se convierte en \u00abpropiedad personal de Yahveh\u00bb (\u00c9x. 19,5), en naci\u00f3n consagrada a \u00c9l (\u00c9x. 19,6) en pueblo suyo (Lev. 26,12). Yahveh, por su parte, queda \u00abaliado\u00bb, comprometido con Israel como \u00absu Dios\u00bb (Lev. 26,12); ha entrado libremente en alianza, por iniciativa suya; pero una vez sellada la alianza Dios queda realmente comprometido. Yahveh se compromete a estar siempre cercano a su pueblo, a protegerle, a liberarle de los enemigos, a darle una tierra&#8230; De ah\u00ed que a lo largo de su historia, sobre todo en las dificultades, Israel apele a este compromi\u00adso que Yahveh ha adquirido: \u00abRecuerda tu alianza\u00bb (Sal. 74,20).<\/p>\n<p>El pueblo, por su parte, debe obedecer a la ley recibida de Yahveh para ser fiel a esta alianza. Israel no est\u00e1 pasivamente en la alianza; aunque la iniciativa sea de Dios, el pueblo debe adherirse a ella plenamente y esta adhesi\u00f3n debe expresarse de manera real y concreta en el cumplimiento de la voluntad de Yahveh: no s\u00f3lo el Dec\u00e1logo (\u00c9x. 20,1-17), sino el C\u00f3digo de la Alianza (20,22-23,33) que aplica el dec\u00e1logo a todas las circunstancias de la vida cotidiana. Cumpliendo la ley dada por Yahveh, el pueblo ratifica cada d\u00eda y cada instante la alianza. Esta, en efecto, ha de ser vivida y mantenida cada d\u00eda, como da a entender la condicio\u00adnal de \u00c9x. 19,5: \u00abSi de veras escuch\u00e1is mi voz y guard\u00e1is mi alianza&#8230;\u00bb; siendo algo vivo y din\u00e1mico, la alianza ha de ser renovada en cierto modo continuamen\u00adte; tom\u00e1ndola por algo est\u00e1tico e inamovible, el pueblo de Israel olvid\u00f3 esta relaci\u00f3n viva y personal con Yahveh y la alianza acab\u00f3 fracasando; no ciertamente porque Dios fuera infiel, sino porque Israel rompi\u00f3 reiteradamente la alianza al desobedecer la voluntad de Dios&#8230;<\/p>\n<p>Finalmente, la alianza es positivamente sellada (\u00c9x. 24). Despu\u00e9s de que Dios manifiesta su voluntad a trav\u00e9s de Mois\u00e9s y el pueblo la acepta (\u00c9x. 24,3), se erigen estelas como recuerdo memorial del pacto (\u00c9x. 24,4). Luego viene el rito de la sangre. Puesto que la sangre era para ellos la vida, el principio vital (Dt. 12,23; Lev. 17,14) rociar con sangre el altar -que representa a Dios- y el pueblo significa la comuni\u00f3n de vida que la alianza ha establecido entre Yahveh y su pueblo; y lo mismo significa el banquete (\u00c9x. 24,9-11), s\u00edmbolo de uni\u00f3n gozosa y pac\u00edfica entre los comensales.<\/p>\n<h3>4.- Hacia el nuevo \u00e9xodo y hacia la nueva alianza<\/h3>\n<p>La gran liberaci\u00f3n experimentada por Israel fue punto de referencia para nuevas y continuas liberaciones. Ante las nuevas calamidades que lo aflig\u00edan, el pueblo volv\u00eda sus ojos al Dios del \u00c9xodo, al Dios liberador que volver\u00eda a realizar un nuevo \u00c9xodo en favor de su pueblo. As\u00ed, por ejemplo, ante la opresi\u00f3n de Asiria (Is. 11,15-16) y ante la esclavitud del destierro de Babilonia (Is. 43,14-21; Jer. 23,7-8).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Jes\u00fas realiz\u00f3 su propio \u00e9xodo y celebr\u00f3 su propia pascua, pasando -a trav\u00e9s de la muerte- de este mundo al Padre (Jn. 13,1). Pero no lo realiz\u00f3 individualmente. El es el Jefe o Caudillo (Hech. 3,15; Heb. 2,10) que hace pasar de la muerte a la vida a los que a \u00c9l se acogen; como Israel ante el Mar Rojo, tambi\u00e9n nuestra situaci\u00f3n es desesperada por la esclavitud que produce el pecado; pero Cristo, nuestro Cordero pascual (1Cor. 5,7), con su sangre nos libra del exterminio y, a trav\u00e9s de las aguas del Bautismo, nos hace pasar de la muerte a la vida. Cuando alcancemos la salvaci\u00f3n plena y la victoria sea definitiva en la Tierra prometida del cielo -ahora avanzamos a\u00fan por el desierto- entonces entona\u00adremos exultantes \u00abel c\u00e1ntico de Mois\u00e9s y el c\u00e1ntico del Cordero\u00bb (Ap. 15,2-4).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la alianza fue quicio permanente de la vida religiosa de Israel, renov\u00e1ndola en los momentos m\u00e1s cruciales de su historia: en Moab, antes de atravesar el Jord\u00e1n para entrar en la tierra prometida (Dt. 28-32); en Siquem, una vez conquistada la Tierra (Jos. 24); con ocasi\u00f3n de la reforma religiosa llevada a cabo por el rey Jos\u00edas el a\u00f1o 622 (2Re. 23); al volver del destierro de Babilonia y reedificar Jerusal\u00e9n (Neh 8-10). Y durante toda la etapa de la monarqu\u00eda los profetas centrar\u00e1n su predicaci\u00f3n en el esp\u00edritu y en las exigencias de la alianza.<\/p>\n<p>Sin embargo, la tragedia de Israel fue su reiterada infidelidad a la alianza. Generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n se repet\u00edan los mismos pecados. La alianza fracasa irremediablemente porque el \u00absocio\u00bb humano es continuamente infiel a ella. Y la ra\u00edz del fracaso est\u00e1 en el coraz\u00f3n humano, pecador; el pecado se ha adherido al hombre hasta hacerse casi consustancial: \u201c\u00bfPuede un et\u00edope cambiar su piel o un leopardo sus manchas? Y vosotros, habituados al mal, \u00bfpod\u00e9is hacer el bien?\u201d (Jer, 13,23). De ah\u00ed que Dios anuncia una alianza radicalmente nueva, consistente en la renovaci\u00f3n interior del hombre, en el don de un coraz\u00f3n nuevo y en la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu dentro del hombre (Jer. 31,31-33; Ez. 36, 25-28).<\/p>\n<p>Cristo ha realizado efectivamente esta Nueva Alianza en su propia sangre (Lc. 22, 20). Mediante la ofrenda de su propia vida (Heb. 10, 5-10) ha establecido una alianza mejor (Heb. 8,6; 9,15) que conlleva la remisi\u00f3n de los pecados y el don del Esp\u00edritu. Ya no tenemos una ley escrita por fuera que hay que intentar cumplir, sino una ley inscrita en nuestros corazones renovados por la acci\u00f3n y el impulso del Esp\u00edritu (2Cor. 3,3-6), hasta el punto de que el mismo Esp\u00edritu vivificador se convierte en Ley interior que nos capacita para cumplir perfectamente la Ley (Rom. 8,2-4) y ser fieles a la alianza.<\/p>\n<p>Esta nueva alianza que Dios ha sellado con nosotros en la Sangre de su Hijo nos llena de confianza y seguridad: \u00abSi Dios est\u00e1 por nosotros, \u00bfqui\u00e9n estar\u00e1 contra nosotros?\u00bb (Rom. 8,31). Pero tambi\u00e9n nos exige una mayor fidelidad y obedien\u00adcia a la voluntad de Dios; de lo contrario ser\u00eda una falsa confianza (Heb. 3, 7-4,11).<\/p>\n<h3>5.- Textos principales<\/h3>\n<p>\u00c9xodo 1, 15; 19-24<\/p>\n<p>Salmos 78; 105; 136<\/p>\n<p>Sabidur\u00eda 10, 15-22; 14, 1-12<\/p>\n<p>Isa\u00edas 41; 43<\/p>\n<p>Hebreos 11, 23-29<\/p>\n<p>Deuteronomio 1-11; 27-32<\/p>\n<p>Josu\u00e9 24<\/p>\n<p>Jerem\u00edas 31, 27-37<\/p>\n<p>Ezequiel 36, 16-38<\/p>\n<p>Hebreos 8, 6 &#8211; 10,18<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 5. El dif\u00edcil camino hacia la posesi\u00f3n de la tierra<\/h2>\n<p>Liberado de la esclavitud y vinculado a Yahveh en alianza santa, el pueblo de Dios prosigue su camino. Ya antes de la Alianza (\u00c9x. 15-18) el pueblo avanza por el desierto, y despu\u00e9s de concluida proseguir\u00e1 su peregrinaci\u00f3n: 40 a\u00f1os -es decir, aproximadamente el tiempo de una genera\u00adci\u00f3n- durar\u00e1 esta etapa de la historia de Israel. Pero esta peregrinaci\u00f3n tiene una meta: la Tierra que el Se\u00f1or hab\u00eda prometido a los padres ya desde antiguo (G\u00e9n. 12,7; 17,8). Ambos hechos (\u00abel Se\u00f1or nos condujo por el desierto\u00bb ;\u00bbel Se\u00f1or nos dio una tierra que mana leche y miel\u00bb) ser\u00e1n en adelante parte esencial de la fe de Israel, es decir, de aquellos aconteci\u00admientos fundamentales en que los israelitas vieron claramente la mano de Yahveh actuando en su favor.<\/p>\n<h3>1.- Datos hist\u00f3ricos<\/h3>\n<p>Acerca del largo per\u00edodo del desierto la Biblia no nos da con detalle y claridad el recorrido de los israelitas, interesada -como siempre- en descubrir el sentido religioso de esos hechos. Lo \u00fanico que parece claro es que estas tribus -aglutinadas por la experiencia del \u00c9xodo y de la alianza- intentan penetrar en Cana\u00e1n por el Sur, pero son rechazadas; en consecuencia, se ven obligadas a permanecer bastante tiempo en el oasis de Cad\u00e9s y a proseguir su peregrinaci\u00f3n por el desierto dando diversos rodeos; finalmente entran en la Tierra prometida por el este a trav\u00e9s del Jord\u00e1n, frente a Jeric\u00f3.<\/p>\n<p>El momento hist\u00f3rico para la conquista de Cana\u00e1n (hacia el 1250-1200 a. C.) era inmejorable, pues los grandes imperios estaban en plena decadencia: Egipto, despu\u00e9s del esplendor del los Rams\u00e9s, hab\u00eda iniciado el letargo y Asiria a\u00fan no hab\u00eda levantado cabeza. Los habitantes de Cana\u00e1n se encontraban establecidos en ciudades-estado independientes entre s\u00ed, incapaces de hacer causa com\u00fan y de defenderse ante el empuje de las tribus n\u00f3madas que penetraban con entusiasmo y decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Abundantes testimonios arqueol\u00f3gicos confirman que en la 2\u00aa mitad del s. XIII a.C. hubo una invasi\u00f3n violenta por el este de Palestina. Pero a pesar de la guerra santa que practicaban, los israelitas no exterminaron ni mucho menos toda la poblaci\u00f3n cananea; aun destruyendo varias ciudades fortificadas, gran parte de los habitante de Cana\u00e1n fueron asimilados por Israel (cfr. el pacto de Jos. 24).<\/p>\n<p>Seg\u00fan atestigua el libro de Josu\u00e9, la conquista no fue f\u00e1cil ni r\u00e1pida. Despu\u00e9s de tomar las ciudades de Jeric\u00f3 y Ay los cananeos se atemorizaron; los habitantes de Gaba\u00f3n buscaron inmediatamente la paz, consiguiendo un tratado con los israelitas. Josu\u00e9 obtuvo una serie de victorias en el sur y luego se dirigi\u00f3 hacia el norte para derrotar a los aliados del rey de Jasor. Los israelitas lograron establecer\u00adse en el territorio conquistado, reparti\u00e9ndolo entre las diversas tribus. A pesar de todo, los filisteos permanecieron en sus ciudades de la llanura costera y los cananeos segu\u00edan controlando muchas ciudades del interior. El libro de los Jueces es testigo de los frecuentes combates con estos vecinos inc\u00f3modos y con los otros pueblos de alrededor (Moab, Am\u00f3n, Madi\u00e1n&#8230;)<\/p>\n<h3>2.- La experiencia del desierto<\/h3>\n<p>Nada m\u00e1s vivir el acontecimiento de la liberaci\u00f3n, el pueblo de Israel tienta a Dios quej\u00e1ndose de \u00c9l y protestando contra \u00c9l (\u00c9x. 16,3;17,2-3). Los mismos que hab\u00edan aclamado a Yahveh y exultado con su victoria (\u00c9x. 15) ahora descon\u00adf\u00edan de \u00c9l, se rebelan contra sus planes.<\/p>\n<p>Ciertamente el camino por el desierto es inc\u00f3modo y dif\u00edcil, pues se carece de todo; en medio de ese inmenso sequedal el pueblo se encuentra sin ayuda alguna, sin seguri\u00addad de ning\u00fan tipo. Pero precisamente entonces es cuando deb\u00edan confiar plenamente en el auxilio de su Dios, que les hab\u00eda dado pruebas de su poder y de su protecci\u00f3n. El desierto era una ocasi\u00f3n preciosa para experimentar la maravillosa providencia de Dios: \u00aben el desierto&#8230;has visto que Yahveh tu Dios te llevaba como un hombre lleva a su hijo, a todo lo largo del camino que hab\u00e9is recorrido hasta llegar a este lugar\u00bb (Dt. 1,31); Sin embargo, \u00abni aun as\u00ed confias\u00adteis en Yahveh vuestro Dios, que era el que os preced\u00eda en el camino y os buscaba lugar donde acampar, con el fuego durante la noche para alumbrar el camino que deb\u00edais seguir, y con la nube durante el d\u00eda\u00bb (Dt. 1,32-33).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la experiencia gozosa de la liberaci\u00f3n, en que Israel ha palpado la mano de Dios que interven\u00eda en su favor, las dificultades del desierto son una llamada a vivir de la de, es decir, a fiarse de ese Dios que les ha dado pruebas de su amor y de su poder, a confiar en que Yahveh que ha intervenido en su favor seguir\u00e1 interviniendo. En este sentido el desierto es lugar de prueba, ocasi\u00f3n de fiarse de Yahveh cuando no se le ve, cuando aparecen las dificultades y se est\u00e1 al l\u00edmite de las fuerzas (Dt. 8,2-6). En el desierto Israel es llamado a vivir en toda su profundidad la aventura de la fe.<\/p>\n<p>De hecho, el pecado de Israel en el desierto es la falta de fe (\u00aben su palabra no tuvieron fe\u00bb: Sal. 106,24): se quejan de las dificultades del camino (\u00c9x. 15,23-24) que Yahveh permite; desesperan de la ayuda de su Dios en el desierto (\u00c9x. 16,3), le tientan (\u00c9x. 17,2), dudan de \u00c9l (\u00c9x. 17,4); se quedan en los hombres (\u00abvosotros nos hab\u00e9is tra\u00eddo a este desierto\u00bb: \u00c9x. 16,3; 17,3), cuando en realidad s\u00f3lo son instrumentos de Dios (\u00c9x. 16,8). M\u00e1s a\u00fan, llegar\u00e1n a pensar que Dios los ha sacado de Egipto \u00abpor odio\u00bb, para entregarlos en manos de los amorreos y destruirlos (Dt. 1,27), cuando en realidad toda la intervenci\u00f3n de Yahveh en su favor est\u00e1 motivada por el amor (Dt. 4,37; 7,8).<\/p>\n<p>Comentando este pecado de Israel el Salmo 106 lo explicitar\u00e1 as\u00ed: \u00abno comprendieron tus prodigios, no se acordaron de tu inmenso amor, se rebelaron contra el Alt\u00edsimo&#8230;, se olvidaron de sus obras, no tuvieron en cuenta su consejo&#8230;, a Dios tentaban&#8230;, olvidaban a Dios que les salvaba, al autor de cosas grandes en Egipto&#8230;, en su palabra no tuvieron fe, murmuraron&#8230;, no escucharon la voz de Yahveh&#8230;, le irritaron con su obras.\u00bb<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de la alianza continuar\u00e1 la misma obstinaci\u00f3n e indocilidad, como testimonia el episodio del becerro de oro (\u00c9x. 32): en lugar de fiarse ciegamente de un Dios al que no ven, prefieren hacerse un \u00eddolo visible; intentan controlar y manipular a Dios en vez de someterse a \u00c9l y dejarse conducir por \u00c9l a trav\u00e9s de los misteriosos caminos de la fe. Las tablas de la ley rotas por Mois\u00e9s al pie de la monta\u00f1a son el signo de una alianza que ha fracasado por el pecado y la incredulidad de Israel.<\/p>\n<p>Debido al pecado de Israel el desierto toma en la tradici\u00f3n b\u00edblica tambi\u00e9n el sentido de castigo; toda la generaci\u00f3n pecadora perecer\u00e1 en el desierto (N\u00fam. 14,26-35). Y el mismo Mois\u00e9s s\u00f3lo ver\u00e1 la tierra prometida de lejos momentos antes de su muerte (Dt. 1,37; 3,23-28;34). El sufrimiento del desierto acaba sirviendo de expiaci\u00f3n por el pecado y purificaci\u00f3n del mismo. Por eso, cada vez que a lo largo de su historia Israel vuelva a pecar y a apartarse de Yahveh deber\u00e1 ser conducido de nuevo al desierto (Os. 2,16) para ser purificado y poder as\u00ed entrar de nuevo en la intimidad de su Dios.<\/p>\n<h3>3.- La Tierra, don y conquista<\/h3>\n<p>Si la experiencia del desierto subraya la infidelidad de Israel, tambi\u00e9n pone de relieve la fidelidad de Dios; a pesar de tanta obstinaci\u00f3n e incredulidad por parte del pueblo, Yahveh cumple sus promesas: \u00ab\u00c1lzate ya, pues, y pasa ese Jord\u00e1n, t\u00fa y tu pueblo, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel\u00bb (Jos. 1,2). Es el cumplimiento del juramento hecho a los padres Abraham, Isaac y Jacob (Dt. 1,8).<\/p>\n<p>Los hombres pasan, pero la historia de la salvaci\u00f3n contin\u00faa. Mois\u00e9s ya no est\u00e1, ha muerto; pero el Se\u00f1or, que \u00abes el mismo ayer hoy y siempre\u00bb (cfr.Heb. 13,8), permanece con su pueblo. \u00c9l es el protagonista de toda intervenci\u00f3n salvadora y por eso lleva adelante su plan de salvaci\u00f3n. Si los instrumentos cambian o desaparecen, \u00c9l permanece. El mismo que eligi\u00f3 a Mois\u00e9s y actu\u00f3 a trav\u00e9s de \u00e9l (\u00c9x. 3,12), ahora elige a Josu\u00e9 para seguir actuando su plan de salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de \u00e9l: \u00abLo mismo que estuve con Mois\u00e9s estar\u00e9 contigo; no te dejar\u00e9 ni te abandonar\u00e9&#8230; T\u00fa vas a dar a este pueblo la posesi\u00f3n del pa\u00eds que jur\u00e9 dar a sus padres.\u00bb (Jos. 1,5-6).<\/p>\n<p>Sabemos por el libro de los Jueces (cc.1-2) y por diversos pasajes del mismo libro de Josu\u00e9 que la conquista de Cana\u00e1n fue lenta y laboriosa. Hubo que pelear con esfuerzo y sacrificio en situaciones notablemente arduas. Sin embargo, el estilo \u00e9pico de los relatos acent\u00faa con fuerza el poder de Yahveh. \u00c9l es el Se\u00f1or de todo y toma por la fuerza la Tierra de Cana\u00e1n para d\u00e1rsela a su pueblo elegido. Al lado de esta afirmaci\u00f3n fundamental, los detalles de las batallas y medios humanos empleados interesan menos al autor sagrado; no los niega, pero va a lo esencial, y lo esencial es la acci\u00f3n de Dios: este pueblo, que lleno de fe en su Dios emprende la conquista y obtiene resultados que sobrepasan los medios puestos en juego, experimenta palpablemente la intervenci\u00f3n de Dios en favor suyo. La tierra de Cana\u00e1n ser\u00e1 conquistada palmo a palmo, pero eso no ser\u00e1 obst\u00e1culo para que en la fe Israel confiese con verdad que ha sido don de Dios: \u00abVosotros hab\u00e9is visto todo lo que Yahveh vuestro Dios ha hecho en atenci\u00f3n a vosotros con todos estos pueblos; pues Yahveh vuestro Dios era el que combat\u00eda por vosotros.\u00bb (Jos. 23,3).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, ciertos fracasos son interpretados como consecuencia de los pecados del pueblo (Jos. 7). Pues si el pueblo se aparta de su Dios y quebranta la alianza \u00e9l mismo se acarrea la desgracia: \u00abSi quebrant\u00e1is la alianza que Yahveh vuestro Dios os ha impuesto, si os vais a servir a otros dioses y os postr\u00e1is ante ellos, la ira de Yahveh se encender\u00e1 contra vosotros y desaparecer\u00e9is r\u00e1pidamente de la espl\u00e9ndida tierra que os ha dado.\u00bb (Jos. 23,16).<\/p>\n<p>Lo que queda en pie por encima de todo en el recorrido del desierto y en la conquista de la Tierra es la absoluta fidelidad de Yahveh a la palabra dada y a las promesas hechas: \u00abReconoced con todo vuestro coraz\u00f3n y con toda vuestra alma que, de todas las promesas que Yahveh vuestro Dios hab\u00eda hecho en vuestro favor, no ha fallado ni una sola: todas se os han cumplido. Ni una sola ha fallado.\u00bb (Jos. 23,14). Y esta fidelidad es ratificada una vez m\u00e1s con la renovaci\u00f3n de la alianza ya en posesi\u00f3n de la Tierra prometi\u00adda (Jos. 24).<\/p>\n<h3>4.- Los cristianos, peregrinos hacia la Patria<\/h3>\n<p>Los Santos Padres han explotado abundantemente el tema del \u00e9xodo, del desierto y de la Tierra prometida, plenamente convencidos de que \u00abtodo aquello acontec\u00eda en figura y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos\u00bb (1Cor. 10,11).<\/p>\n<p>Liberado de la esclavitud del pecado a trav\u00e9s de las aguas del bautismo, el cristiano pasa a servir al Dios vivo y verdadero (1Tes. 1,9). Entrando en la Nueva alianza, sigue a Cristo, que -como nuevo Mois\u00e9s- conduce al nuevo pueblo de Dios hacia la Tierra prometida, hacia la Patria del cielo, a trav\u00e9s del desierto de este mundo.<\/p>\n<p>El cristiano es por definici\u00f3n \u00abextranjero y forastero\u00bb (1Pe. 2,11) en este mundo; se encuentra en \u00e9l como en un destierro (1Pe. 1,17). En efecto, el cristiano es constituti\u00advamente \u00abciudadano del cielo\u00bb (Fil. 3,20). Por eso tiende inconteniblemente a \u00ablas cosas de arriba\u00bb (Col. 3,1-2). Aspira a \u00abuna patria mejor, la celestial\u00bb (Heb. 11,16). Por eso es esencialmente peregrino, est\u00e1 de paso y no se instala en las realidades pasajeras de aqu\u00ed abajo. Vive todo con profundo sentido de provisionalidad (1Cor. 7,29-31).<\/p>\n<p>Mientras peregrina por este mundo experimenta como el pueblo de Israel, el cansancio, las dificultades, la tentaci\u00f3n. Pero en el mismo desierto en que Israel fue tentado y pec\u00f3, Jes\u00fas es tentado y vence (Mt. 4,1-11). Y ahora Jes\u00fas es Jefe que lleva a la vida (Hech. 3,15) gu\u00eda que conduce a la salvaci\u00f3n (Heb. 2,10); a trav\u00e9s del desierto de este mundo gu\u00eda a los suyos aliment\u00e1ndolos con el man\u00e1 de la Eucarist\u00eda y abrev\u00e1ndolos con el agua del Esp\u00edritu hasta conducirlos a la Casa del Padre; en medio de la pruebas y tentaciones \u00c9l mismo los cuida y protege como Buen Pastor (cfr. Sal. 23).<\/p>\n<p>Israel fue experimentando que la Tierra de Cana\u00e1n no era el verdadero descanso, pues las guerras y los enemigos turbaban su reposo y su felicidad. Por eso, los antiguos \u00abmurieron sin haber conseguido el objeto de las promesas, vi\u00e9ndolas y salud\u00e1ndolas desde lejos\u00bb (Heb. 11,13). A nosotros se nos ofrece \u00abun cielo nuevo y una tierra nueva\u00bb en la que \u00abya no habr\u00e1 muerte, ni llanto, ni gritos, ni fatigas\u00bb (Ap. 21,1-2). Las condiciones para entrar en este perfecto y definitivo \u00abdescanso\u00bb son la fe viva en Cristo, el mantenerse firmes hasta el fin y el obedecer d\u00f3cilmente a Cristo, el gu\u00eda que nos conduce a ese descanso de la salvaci\u00f3n plena y para siempre. (Heb. 3,7 &#8211; 4,11).<\/p>\n<h3>5.- Textos principales<\/h3>\n<p>\u00c9xodo 16-17; 32-33<\/p>\n<p>N\u00fameros 11-14; 21<\/p>\n<p>Deuteronomio 1-4<\/p>\n<p>Josu\u00e9 1-6<\/p>\n<p>Salmos 77 y 94<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 6. Ungidos de Yahveh: David y la monarqu\u00eda<\/h2>\n<h3>1.- Datos hist\u00f3ricos<\/h3>\n<p>Ya hemos visto c\u00f3mo la conquista de Cana\u00e1n fue lenta y progresiva. Poco a poco, las tribus se van instalando en la Tierra prometida. Durante bastante tiempo -unos 200 a\u00f1os- cada tribu conserva su autonom\u00eda y su independencia. Pero se sienten hermanas, aglutinadas por un v\u00ednculo religioso en torno al principal santuario com\u00fan en Silo donde tambi\u00e9n hay una especie de consejo de ancianos para dirimir los posibles litigios entre las tribus. Esta hermandad se expresa tambi\u00e9n en la ayuda militar que se prestan mutuamente cuando alguna de las tribus se encuentra amenazada por los enemigos de alrededor. Esta es la situaci\u00f3n que refleja el libro de los Jueces.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta situaci\u00f3n es bastante precaria. Y se percibe sobre todo ante la amenaza y la presi\u00f3n de los filisteos. Este pueblo llegado a Palestina poco despu\u00e9s de los hebreos e instalados en la franja costera suroccidental, pretende hacerse due\u00f1o del territorio ocupado por las tribus israelitas. Ante la presencia de este enemigo, superior en fuerza y en t\u00e9cnica guerrera, las tribus deciden unirse bajo una cabeza com\u00fan. Esto ocurre a finales del siglo XI a.C., cuando Samuel unge a Sa\u00fal como primer rey de Israel.<\/p>\n<p>Tras una serie de actuaciones fulgurantes que consolidan al pueblo de Israel, Sa\u00fal cae en desgracia; una serie de actuaciones desacertadas, fruto de su desequilibrio ps\u00edquico -usurpaci\u00f3n de las funciones sacerdotales, persecuci\u00f3n de David, asesinato de los sacerdotes de Nob&#8230;- le hacen caer en descr\u00e9dito. Cuando mueren \u00e9l y su hijo Jonat\u00e1n luchando con los filisteos en los montes de Gelbo\u00e9, David es aclamado rey.<\/p>\n<p>David reina en Hebr\u00f3n durante siete a\u00f1os como rey de Jud\u00e1, pero finalmente es aceptado como rey tambi\u00e9n por las tribus del norte. Con David se afianza la unidad de las tribus y el poder\u00edo de Israel. Conquista los enclaves cananeos que todav\u00eda permanec\u00edan en el territorio israelita desde la \u00e9poca de la entrada de las tribus en Cana\u00e1n. Conquista Jerusal\u00e9n y la convierte en capital religiosa y pol\u00edtica de Israel con gran acierto, pues hace de bisagra entre las tribus del norte y las del sur. Sobre todo, libera a Israel de manera defini\u00adtiva de la presi\u00f3n de los filisteos, convirti\u00e9ndolos en vasallos. Finalmente, unificado y consolidado el reino, la emprende con los enemigos de alrededor que tanto hab\u00edan molestado a Israel en \u00e9pocas anteriores; as\u00ed somete a Am\u00f3n, Moab, Ed\u00f3m, las tribus arameas y los sirios.<\/p>\n<p>Por medio del profeta Nat\u00e1n, Yahveh sella alianza con David (2 Sam. 7), concretando la alianza establecida con todo el pueblo y prometi\u00e9ndole que sus descendientes reinar\u00e1n por siempre como ungidos de Yahveh.<\/p>\n<p>A David le sucede su hijo Salom\u00f3n, que conserva la unidad y estabilidad del reino, alcanzando un notable desarrollo econ\u00f3mico y construyendo el templo de Jerusal\u00e9n. Pero a su muerte (a\u00f1o 931 a.C.), se derrumba la unidad pol\u00edtica con el cisma de Jeroboam, constituy\u00e9ndose dos reinos, el del norte o de Israel (que durar\u00e1 hasta que en el a\u00f1o 721 caiga en manos de los asirios) y el del Sur o de Jud\u00e1 (que durar\u00e1 hasta el a\u00f1o 587, en que ser\u00e1 conquistado por los babilonios). A partir del cisma ambos reinos seguir\u00e1n caminos paralelos, a veces aliados y a veces enfrentados.<\/p>\n<p>En realidad, el descontento ya exist\u00eda durante el reinado de Salom\u00f3n. El lujo y la fastuosidad de su corte le llevaron a exigir impuestos desmedidos e incluso prestaciones personales. A su muerte, las tribus del norte exigen a su hijo Robo\u00e1n una mejora de las condiciones de vida; pero como el nuevo rey no accede, mostr\u00e1ndose inflexible, las diez tribus del norte se rebelan y se independizan acaudillados por Jeroboam.<\/p>\n<h3>2.- Infidelidad del pueblo y fidelidad de Dios<\/h3>\n<p>El libro de los Jueces interpreta la etapa que nos relata desde una perspectiva simple pero esencial (Jue. 2,11-19): una y otra vez el pueblo se aparta de su Dios cayendo en la idolatr\u00eda y entonces Yahveh los entrega en manos de sus enemigos; ante las calamidades que le afligen el pueblo clama a su Dios y este les env\u00eda un juez que les liberte.<\/p>\n<p>Dentro de su simplismo est\u00e1 subyaciendo algo fundamental: que a lo largo de su historia el pueblo es infiel una y otra vez y que Yahveh, en cambio, permanece fiel hasta el punto de que se sirve de las mismas calamidades que afligen al pueblo -fruto de sus propias opciones y de su alejamiento de Dios- como reclamo para que el pueblo recapacite y vuelva a su Dios (cfr. en este sentido el precioso texto de Os. 2).<\/p>\n<p>Y en la etapa de la monarqu\u00eda la historia se repite. El pueblo cae en el peligro advertido en Dt. 8,7-20: en vez de acoger la Tierra y todo lo que conlleva como don de Dios que debe conducirles a bendecir a Yahveh, el pueblo se apropia ese don, se hace autosuficiente, se instala en la Tierra y se olvida de su Dios; la consecuencia es que al olvidar a Yahveh y deso\u00edr su voz, al dar culto a otros dioses, el pueblo acaba pereciendo. Pero el pueblo no aprende la lecci\u00f3n. Y el segundo libro de los reyes explicar\u00e1 que la ruina definitiva del reino de Israel se deber\u00e1 a los reitera\u00addos pecados del pueblo y de sus reyes (2Re. 17,7-23). Pese a lo cual triunfar\u00e1 la fidelidad de Dios y su misericordia, pues el mismo destierro servir\u00e1 a Israel de purificaci\u00f3n y renovaci\u00f3n, como veremos.<\/p>\n<h3>3.- Yahveh Rey y su Ungido<\/h3>\n<p>Varios salmos (p. ej. 93,96,97,99) aclaman a Yahveh como rey. Con su profundo sentido religioso el pueblo de Israel estaba convencido de que ellos eran un pueblo santo, un reino de sacerdotes (\u00c9x. 19,6) y que el Se\u00f1or era su \u00fanico Sobera\u00adno.<\/p>\n<p>Por eso se entienden las resistencias a tener un rey humano. Cuando al ver las campa\u00f1as realizadas en favor del pueblo, los israelitas quieren proclamar rey a Gede\u00f3n, este responde: \u00abNo ser\u00e9 yo el que reine sobre vosotros, ni mi hijo; Yahveh ser\u00e1 vuestro rey\u00bb (Jue. 8,23). Y cuando a Samuel anciano le piden un rey para ser como los dem\u00e1s pueblos, Dios mismo le dice: \u00abno te han rechazado a ti, me han rechazado a m\u00ed, para que no reine sobre ellos\u00bb (1Sam. 8,7).<\/p>\n<p>Sin embargo, al mismo tiempo el propio Samuel acaba entendiendo que las circunstancias hist\u00f3ricas piden una nueva organizaci\u00f3n del pueblo y que en ellas se manifiesta la voluntad de Yahveh. Unge rey a Sa\u00fal, a quien Yahveh mismo ha elegido (1Sam. 9), quedando como persona consagrada, instru\u00admento y representante personal del Se\u00f1or. Y despu\u00e9s de \u00e9l, David y los dem\u00e1s reyes de Israel ser\u00e1n tambi\u00e9n ungidos y constituidos lugartenientes de Yahveh. Los reyes de Israel tendr\u00e1n no s\u00f3lo el poder militar y el gobierno, sino tambi\u00e9n el judicial (la primera cualidad de un rey es ser justo: Sal. 72,1-2; Prov. 16,12) e incluso ser\u00e1 responsable del culto (2Sam. 24,25) y llegar\u00e1 a realizar actos sacerdotales (2Re. 16,12-15).<\/p>\n<p>Entre estos dos aspectos no hay en realidad contradicci\u00f3n. Si por un lado el rey es representante personal de Yahveh, hasta el punto de ser adoptado por \u00c9l como hijo (Sal. 2,7); 110,3) y de que su persona encarna el bien de sus s\u00fabditos y de que la prosperidad del pa\u00eds depende de \u00e9l (Sal.72), por otro lado tampoco es un dios (cfr. 2Re. 5-7; Ez. 28, 2.9); a diferencia de lo que ocurr\u00eda en otros pueblos vecinos en que el rey era divinizado -el ejemplo m\u00e1s claro es Egipto-, la religi\u00f3n de Israel con su fe en Yahveh, Dios personal, \u00fanico y trascendente, hac\u00eda imposible toda divini\u00adzaci\u00f3n del rey. El rey era representante personal de Yahveh: nada menos, pero nada m\u00e1s. La unci\u00f3n engrandec\u00eda al rey, pero a la vez le relativizaba, siendo Yahveh el \u00fanico Rey. Cuando un rey humano pretenda usurpar el lugar de Dios y deje de respetar los derechos de Dios ser\u00e1 duramente juzgado, pues aunque es persona sagrada no es intocable: seg\u00fan su fidelidad a la alianza, los profetas se encargar\u00e1n de realizar ese juicio.<\/p>\n<h3>4.- David, el Rey<\/h3>\n<p>Despu\u00e9s del fracaso y la decepci\u00f3n del reinado de Sa\u00fal, David encarnar\u00e1 el ideal de la monarqu\u00eda, conciliando el aspecto profano con el religioso y su condici\u00f3n de jefe pol\u00edtico con la de ungido de Yahveh.<\/p>\n<p>En \u00e9l resalta en primer lugar la elecci\u00f3n gratuita y libre por parte de Dios. David es un muchacho que pastorea el reba\u00f1o de su padre; es el m\u00e1s peque\u00f1o de los hijos de Jes\u00e9. Y sin embargo es el elegido por Yahveh como rey de su pueblo. Dios no elige al m\u00e1s fuerte, al que se encuentra humanamente m\u00e1s preparado, sino lo m\u00e1s d\u00e9bil, para manifestar su poder en la debilidad (cfr. 1Cor. 1,26-31; 2Cor. 12,8-10):\u00bbla mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira el coraz\u00f3n\u00bb. (1Sam. 16,7).<\/p>\n<p>Ciertamente David cometer\u00e1 pecados (2Sam. 11;24). Pero su grandeza consistir\u00e1 en permanecer delante de Dios, en no enorgullecerse: \u00abMi Se\u00f1or Yahveh, \u00bfqui\u00e9n soy yo y qu\u00e9 es mi casa para que me hayas tra\u00eddo hasta aqu\u00ed?\u00bb (2Sam. 7,18). Su fuerza le viene de Dios, del esp\u00edritu de Yahveh que le unge y hace de \u00e9l otro hombre (1Sam. 16,13; cfr. 10,6).<\/p>\n<p>Esto se pone de relieve particularmente en el combate contra Goliat (1Sam. 17), episodio que resulta emblem\u00e1tico de toda la vida y actividad de David. El pueblo de Israel es atacado por un enemigo superior a sus fuerzas que le hace temblar (v. 11). Pero el desprecio y agresi\u00f3n al pueblo de Dios (v. 10) es en realidad desprecio y agresi\u00f3n a Yahveh mismo (v. 36). Por eso David se lanza a la batalla en notable inferioridad (vv. 38-44) pero contando con el auxilio de Yahveh (v. 37), como \u00e9l mismo proclama: \u00abT\u00fa vienes a m\u00ed con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre de Yahveh Sebaot, Dios de los ej\u00e9rcitos de Israel, a los que has desafiado. Hoy mismo te entrega Yahveh en mis manos&#8230; y sabr\u00e1 toda la tierra que Israel tiene un Dios, y toda esta asamblea sabr\u00e1 que no por la espada ni por la lanza salva Yahveh, porque este es un combate de Yahveh y os entrega en nuestras manos\u00bb (vv. 45-47).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de su grandeza de \u00e1nimo perdonando la vida de Sa\u00fal que pretend\u00eda eliminarle a \u00e9l y respetando al \u00abungido de Yahveh\u00bb (1Sam. 24,7.11;26,9.16), destaca tambi\u00e9n su adhesi\u00f3n a la voluntad de Dios manifestada en los acontecimientos; con ocasi\u00f3n de la revuelta de su hijo Absal\u00f3n, exclama: \u00abSi he hallado gracia a los ojos de Yahveh, me har\u00e1 volver y me permitir\u00e1 ver el arca y su morada. Y si \u00c9l dice: \u2018No me has agradado\u2019 que me haga lo que mejor le parezca\u00bb (2Sam. 15,25-26; cfr. 16,9-12).<\/p>\n<h3>5.- Jes\u00fas, hijo de David<\/h3>\n<p>A trav\u00e9s del profeta Nat\u00e1n la alianza de Yahveh con todo el pueblo se concreta en alianza con David y su descendencia (2 Sam. 7). La promesa, que inmediatamente se refiere a un hijo concreto de David, su sucesor Salom\u00f3n, tiene una amplitud incomparable: \u00abTu casa y tu reino permanecer\u00e1n para siempre ante m\u00ed y tu trono estar\u00e1 firme eternamente\u00bb (cfr. Sal. 89; 1Cron.17).<\/p>\n<p>Ante la experiencia reiterada de reyes malvados e ineptos, ante el hecho de que ning\u00fan sucesor de David cumple la esperanza recogida en esos textos, y dado que los textos mismos est\u00e1n abiertos a una plenitud mayor, poco a poco se va abriendo camino la esperanza de que irrumpir\u00e1 el poder de Yahveh suscitando un sucesor de David con el que se realizar\u00e1 plenamente la esperanza mesi\u00e1nica. Tanto los profetas (Is. 7,14-17; 9,1ss; 11,1ss; Ez.34, etc.) como los salmos reales (Sal. 2; 72; 110;) apuntan a un Rey, Sacerdote e Hijo de Dios, que establecer\u00e1 un reinado eterno y universal realizan\u00addo la restauraci\u00f3n de todo.<\/p>\n<p>Cuando haya desaparecido la monarqu\u00eda dav\u00eddica, este ideal mesi\u00e1nico se ir\u00e1 aquilatando y purificando; ya no se esperar\u00e1 un monarca m\u00e1s, por perfecto que fuera, sino un rey ungido por Yahveh a trav\u00e9s del que Dios mismo actuar\u00e1 con todo su poder realizando su plan de salvaci\u00f3n en favor de su pueblo, salv\u00e1ndole no ya de los enemigos pol\u00edticos, sino del pecado y de todas sus consecuencias.<\/p>\n<p>Esta expectativa, que se fue intensificando con el paso de los siglos, se ha cumplido en Jes\u00fas. \u00c9l es el hijo de David (Mt. 1,1.20; Lc. 1, 27.32) y como tal es reconocido por el pueblo sencillo (Mt. 2,1-6; 21,9); sin embargo, a la vez que hijo, es Se\u00f1or de David (Mc. 12,35-37). \u00c9l es el Ungido (= Mes\u00edas = Cristo), sobre el que reposa en plenitud el Esp\u00edritu de Dios (Mc. 1,10; Lc. 4,18) hasta el punto de poder bautizar a todos con Esp\u00edritu Santo (Mc. 1,8). \u00c9l es plenamente Rey, aunque ciertamente su reino no es de este mundo (Jn. 18,33-37); no se realiza por el dominio desp\u00f3tico y tir\u00e1nico sobre los dem\u00e1s, sino mediante el servicio y el don sacrificado de la propia vida (Mc. 10, 41-45). Si Jes\u00fas rechaza el t\u00edtulo de Rey, de Mes\u00edas, de hijo de David, durante su vida en condici\u00f3n terrena es por las implicaciones pol\u00edtico-naciona\u00adlistas que supon\u00eda. En cambio, despu\u00e9s de su muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n Jes\u00fas es entronizado y exaltado por Dios a su derecha como Rey (Hech. 2,22-36; Fil. 2,6-11); ahora puede ser proclamado abiertamente Rey, aunque su reino s\u00f3lo alcanzar\u00e1 su consumaci\u00f3n plena al final de los tiempos cuando Dios sea todo en todos y reine poniendo a todos sus enemigos bajo sus pies (1Cor. 15, 23ss; Col. 3,1; Ap. 22,4-5.16)<\/p>\n<h3>6.- Textos principales<\/h3>\n<p>Jueces 1-2: 6-8<\/p>\n<p>1 Samuel 1-2; 16-17; 24; 26<\/p>\n<p>2 Samuel 1-2; 5-7; 11-12; 15-19; 24<\/p>\n<p>1 Cr\u00f3nicas 22<\/p>\n<p>Salmos 2; 18; 45; 69; 72; 110<\/p>\n<p>Isa\u00edas 7-11<\/p>\n<p>Ezequiel 17; 34<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 7. La boca de Yahveh: los profetas<\/h2>\n<p>A lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n los profetas han desempe\u00f1ado un papel fundamental. En la Antigua alianza ellos son un punto de referencia decisivo para el pueblo de Dios en las \u00e9pocas m\u00e1s dif\u00edciles de su historia; se sit\u00faan entre el siglo VIII y el siglo II a.C., aunque las figuras m\u00e1s representativas viven entre el siglo VIII y el siglo V. Ellos son los portavoces de Yahveh en medio de las circunstancias en que les toca vivir, iluminando, denunciando, suscitando esperanza&#8230; Tienen conciencia de que su mensaje no proviene de s\u00ed mismos, sino de que ellos son simple y escuetamente \u00abla boca de Yahveh\u00bb, el instrumento a trav\u00e9s del cual el Dios de la alianza no deja de hablar a su pueblo.<\/p>\n<h3>1.- Los profetas en su tiempo<\/h3>\n<p>Es imposible entender a los profetas fuera de su contexto hist\u00f3rico. Aunque su mensaje tenga valor universal por ser revelaci\u00f3n de Dios, sin embargo no se puede entender abstra\u00eddo de su contexto, pues su palabra responde a circuns\u00adtancias muy concretas hist\u00f3ricas, sociales y religiosas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del cisma sigue un per\u00edodo de lucha entre los dos reinos, sin que ninguno llegue a prevalecer. Cuando ven que su enfrentamiento s\u00f3lo sirve para que se independicen los pueblos sometidos por David, hacen las paces y se al\u00edan contra los arameos de Damasco primero y contra los asirios despu\u00e9s. Con Josafat de Jud\u00e1 (873-849) y con Omr\u00ed (876-869) y Ajab (869-850) en Israel ambos reinos alcanzan gran esplendor pol\u00edtico (cfr.1Re. 16-22).<\/p>\n<p>Con la prosperidad econ\u00f3mica se dispara el lujo y la injusticia de los poderosos para con los pobres (cfr. el episodio de la vi\u00f1a de Nabot, 1Re. 21). A la vez se acrecien\u00adta la idolatr\u00eda, sobre todo en el reino del norte, que sufre m\u00e1s directamente el influjo de los pueblos paganos. En este contexto surge El\u00edas, que durante el reinado de Ajab y su esposa Jezabel en el reino del norte combate el culto de Baal y lucha por la fidelidad al yahvismo; su mismo nombre (que significa \u00abmi Dios es Yahveh\u00bb) es como un grito de guerra de este \u00abprofeta de fuego\u00bb (Sir. 48,1). Aunque su predicaci\u00f3n no ha quedado recogida por escrito, toda la tradici\u00f3n b\u00edblica considera a El\u00edas como el prototipo de profeta (Mal. 3,23; Lc. 1,17; Mt. 17,10-13) (Ciclo de El\u00edas: 1Re. 17-22; 2Re. 1-2). Despu\u00e9s de El\u00edas act\u00faa su disc\u00edpulo Eliseo; (1Re. 2-13).<\/p>\n<p>En el siglo VIII, con la decadencia de Asiria, que a su vez hab\u00eda eliminado a los arameos, Israel y Jud\u00e1 recuperan las dimensiones del reino unido bajo David (cfr. 2Re. 13-14). Protagonistas de ello son Jeroboam II (785-745) en Israel y Azar\u00edas y Os\u00edas (795-739) en Jud\u00e1. Se recrudece la situaci\u00f3n de injusticia y, aunque se sigue dando culto a Yahveh, se trata en realidad de un culto vac\u00edo que encubre la opresi\u00f3n a los pobres. En este contexto surgen los primeros profetas escritores: Am\u00f3s y Oseas en el reino del norte, y en el del sur Isa\u00edas y Miqueas.<\/p>\n<p>Hacia el a\u00f1o 750, bajo el reinado de Jeroboam II, Am\u00f3s, pastor de T\u00e9coa, pueblo cercano a Bel\u00e9n, penetra en Samar\u00eda para anunciar la palabra de Yahveh. Con su alma recia y sincera de campesino, denuncia vigorosamente las injusticias (opresi\u00f3n de los humildes, corrupci\u00f3n de los jueces), la disoluci\u00f3n de las costumbres y el formalismo del culto (Am. 2,6-8; 5,12; 5, 21-22; 6, 4ss). Como consecuencia de esta corrupci\u00f3n predice el juicio y el castigo que llegar\u00e1 al pueblo del D\u00eda de Yahveh (Am. 5,18-20) a pesar de lo cual anuncia -por primera vez en los profetas- la esperanza de salvaci\u00f3n de un \u00abresto\u00bb (Am. 5,15).<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de Am\u00f3s, Oseas denuncia los mismos abusos pero insiste m\u00e1s que aquel en la vida religiosa y en el culto, combatiendo el formalismo falso (Os. 6,6; 8,11-13). Tambi\u00e9n predice el castigo (por ejemplo Os. 8,14; 9,1-6), pero subraya que todas las pruebas ser\u00e1n una llamada del amor divino para que Israel vuelva al Se\u00f1or. El amor de Dios a Israel se representa bajo el s\u00edmbolo del amor conyugal (Os. 2, que es una de las p\u00e1ginas m\u00e1s bellas de la Biblia) y bajo la imagen del amor paternal y maternal (Os. 11,1-4). Al final, por encima de todas las infidelidades del pueblo y de todos los castigos de su Dios -signo tambi\u00e9n de su misericordia- triunfar\u00e1 el perd\u00f3n, porque \u00absoy Dios y no hombre\u00bb (dice Yahveh por el profeta: Os. 11, 8-9).<\/p>\n<p>Isa\u00edas, hombre culto y de familia relevante de la casa de Jud\u00e1 ejerce su ministerio en Jerusal\u00e9n a partir del a\u00f1o 740. Su predicaci\u00f3n arranca de una fuerte experiencia de la santidad de Yahveh (Is. 6), que reclama tambi\u00e9n la santidad de los creyentes, sobre todo en lo referente a la justicia y a la rectitud interior, sin las cuales el culto se reduce a unos cuantos ritos vac\u00edos de sentido (Is. 1,10-23). Isa\u00edas es adem\u00e1s el profeta de la fe que exige depositar toda la confianza en s\u00f3lo Dios (Is. 26,2-5;30,15) rechazando el apoyarse en alianzas pol\u00edticas que entra\u00f1an m\u00faltiples contactos religiosos que hacen peligrar la pureza de la fe en Yahveh y que son in\u00fatiles (Is. 30,1-5; 31,1-3; 8,12-13). Predice tambi\u00e9n el castigo que vendr\u00eda como consecuencia de los pecados de Israel, pero tambi\u00e9n afirma poderosamente la perseverancia y la fidelidad de algunos, el \u00abresto de Israel\u00bb (Is.10,20-23). Finalmente son c\u00e9lebres sus profec\u00edas mesi\u00e1ni\u00adcas, especialmente las del \u00ablibro del Emmanuel\u00bb (7,10-17; 9,1-6; 11,1-9).<\/p>\n<p>Miqueas, contempor\u00e1neo de Isa\u00edas, no dej\u00f3 una colecci\u00f3n tan abundante de textos como este, pero su ministerio dej\u00f3 una profunda huella en Jerusal\u00e9n (Jer.26,18-19). Sus palabras claras y concretas y su amor hacia los humildes y peque\u00f1os recuerdan mucho el estilo de Am\u00f3s, hijo tambi\u00e9n de labradores jud\u00edos. Junto a la predicci\u00f3n de la ruina de Samar\u00eda y del castigo que amenaza a Jud\u00e1, Miqueas centra la esperanza de restauraci\u00f3n en el Mes\u00edas que ser\u00e1 descendiente de David (Mi.5,1-3, que citar\u00e1 Mt.2,6).<\/p>\n<p>Con la muerte de Jeroboam II se manifiesta toda la corrupci\u00f3n y deterioro del reino del norte, comenzando un per\u00edodo de anarqu\u00eda en que los reyes se suceden asesin\u00e1ndose unos a otros (2Re.15). Mientras tanto, As\u00edria ha resurgido y encuentra una ocasi\u00f3n para interve\u00adnir en Israel al ser llamada por el rey de Jud\u00e1, Ajaz, a quien el rey de Israel y el de Damasco han hecho la guerra por no aliarse con ellos contra a los asirios (cfr. Is. 7). Tiglat-Pilesar III realiza una incursi\u00f3n de castigo (2Re. 15,29) que repetir\u00e1 a\u00f1os despu\u00e9s Salmanasar V con ocasi\u00f3n de una nueva rebeli\u00f3n del rey de Israel, Oseas, y culminar\u00e1 Sarg\u00f3n II con el cerco y la destrucci\u00f3n de la capital, Samaria, y la deportaci\u00f3n del pueblo en el a\u00f1o 721 (2Re.17).<\/p>\n<p>Jud\u00e1 ha podido escapar del desastre gracias a la declaraci\u00f3n de vasallaje del rey Ajaz. Pero el precio ha sido caro, pues adem\u00e1s de pagar un elevado tributo, que repercute sobre el pueblo, sobre los pobres, Ajaz se ha visto forzado a aceptar la religi\u00f3n del vencedor y, en consecuencia, a fomentar la idolatr\u00eda (cfr. 2Re.16; Is.2; Miq.5). Su hijo Ezequ\u00edas, orientado por Isa\u00edas, trata de rectificar realizan\u00addo una amplia reforma religiosa que inevitablemente deb\u00eda conducir a la rebeli\u00f3n contra Asiria; cuando esta se lleva a cabo, Jerusal\u00e9n es liberada prodigiosamente del inminente castigo de Senaquerib (2Re.18-19; 2Cron.29,31; Is.14,24-27; 17,12-14). Su hijo Manas\u00e9s se somete de nuevo a Asiria, llevando el paganismo a su m\u00e1ximo esplendor en Jud\u00e1 (2Re.21,3-7) y quedando como prototipo de rey imp\u00edo, causante de la destruc\u00adci\u00f3n del reino un siglo m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Cuando sube al trono Jos\u00edas, nieto de Manas\u00e9s, Asiria est\u00e1 a punto de caer bajo el poder del nuevo imperio babil\u00f3ni\u00adco. La situaci\u00f3n permite a Jud\u00e1 recuperar la independencia plena e incluso extender sus dominios al antiguo reino del Norte. M\u00e1s a\u00fan, realiza una amplia y profunda reforma religiosa de acuerdo con el reci\u00e9n descubierto \u00abLibro de la Ley\u00bb (Deuteronomio) (a\u00f1o 622), celebrando la pascua con gran esplendor y renovando la alianza con Yahveh (2Re. 22-23; 2Cron.34-35). Esta reforma fue alentada y guiada por Sofon\u00edas y Jerem\u00edas.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca inmediatamente anterior al exilio destaca el profeta Jerem\u00edas entre sus contempor\u00e1neos Sofon\u00edas, Nahum y Habacuc. De familia sacerdotal, Jerem\u00edas nace cerca de Jerusal\u00e9n hacia el a\u00f1o 645. De rica sensibilidad y piedad aut\u00e9ntica y sincera, es llamado por Yahveh el a\u00f1o 627, ejerciendo su ministerio con una fidelidad ejemplar en medio de toda clase de sufrimientos. Obligado a profetizar calamida\u00addes contra su propia patria, se ve cruelmente perseguido, pero no deja de anunciar las palabras de Yahveh. Aunque su vida parece terminar en el fracaso total, su influjo fue enorme en la \u00e9poca del exilio y despu\u00e9s del exilio, siendo el impulsor de una religi\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica -la espiritualidad de los pobres de Yahveh- y el anunciador de la nueva alianza.<\/p>\n<p>Con la muerte del rey Jos\u00edas, Jud\u00e1 se precipita r\u00e1pidamente hacia la ruina. Babilonia est\u00e1 en todo su apogeo, pero los ineptos reyes de Jud\u00e1 se rebelan una y otra vez contra ella, confiando en la ayuda de Egipto que nunca llega. Finalmente Nabucodonosor se ver\u00e1 obligado a someter a Jud\u00e1 y a deportar una parte escogida de su poblaci\u00f3n, llegando incluso a destruir Jerusal\u00e9n y el templo de Salom\u00f3n. Entre los deportados ir\u00e1 un sacerdote que a\u00f1os despu\u00e9s se consti\u00adtuir\u00e1 en el gu\u00eda espiritual del pueblo en el exilio: Eze\u00adquiel.<\/p>\n<h3>2.- Identidad y misi\u00f3n del profeta<\/h3>\n<p>A menudo se tiene la idea de que el profeta es alguien que predice el futuro. De hecho es cierto que algunos profetas de Israel predijeron acontecimientos humanamente imprevisibles que se cumplieron muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde. Pero lo propio del profeta es hablar en nombre de Yahveh. El profeta es esencialmente la \u00abboca de Yahveh\u00bb (v. Jer. 15, 19; Is. 30,2), el \u00f3rgano o instrumento a trav\u00e9s del cual Dios manifiesta a los hombres su palabra. Lo mismo si predice el futuro que si realiza cualquier otro anuncio, lo decisivo es que Dios mismo pone sus palabras en la boca del profeta (Jer.1,9; \u00c9x. 4,12).<\/p>\n<p>El punto de partida de la misi\u00f3n del profeta es la llamada de Dios. A diferencia de los falsos profetas, que hablan por iniciativa propia (Jer. 23,21) y por eso s\u00f3lo dicen falsedades que extrav\u00edan al pueblo (Jer, 23,32), el profeta aut\u00e9ntico surge por iniciativa de Yahveh. Esta iniciativa irrumpe en la vida del profeta transformando sus planes y sac\u00e1ndole del camino que segu\u00eda (Am. 7,14-15), eligiendo al profeta a pesar de su limitaciones y objeciones (Jer 1,5-8; \u00c9x.4,10-12), actuando incluso con violencia sobre \u00e9l para que ejecute los planes de Yahveh y transmita su palabra (Ez. 3,14; 8,3; Am.3,3-9).<\/p>\n<p>Apoyados en esta iniciativa y llamada de Dios, los profetas claman denunciando el culto hip\u00f3crita y formalista, la idolatr\u00eda, las injusticias sociales, el lujo, la corrupci\u00f3n de las costumbres. Defensores de los derechos de Dios exigen fidelidad a la alianza y reclaman la conversi\u00f3n de un pueblo reiteradamente infiel. Defienden los derechos de los pobres porque la injusticia cometida con ellos ofende al mismo Yahveh. Anuncian el juicio de Dios y amenazan con los castigos divinos, que en realidad son consecuencia de los propios pecados del pueblo y de los cuales, por otra parte, se sirve Yahveh para provocar la conversi\u00f3n y reconducir al pueblo a s\u00ed mismo. Son portadores de la promesa de salvaci\u00f3n y restauraci\u00f3n para el pueblo de Dios, cuando se abre sinceramente a su Dios. As\u00ed van preparando el camino para la venida del Mes\u00edas.<\/p>\n<p>La fidelidad al Se\u00f1or y a la palabra recibida de \u00c9l les acarrear\u00e1 sufrimientos incontables. Jerem\u00edas ser\u00e1 acusado de conspirar contra el rey y conducido a prisi\u00f3n (Jer 20,2; 37,15-16); tambi\u00e9n Miqueas ser\u00e1 encarcelado (1Re. 22,26-27). La certeza de haber recibido un mensaje del Se\u00f1or les impide callarlo o disimularlo. Particularmente significativa es, conocida por sus propias \u00abconfesiones\u00bb, la \u00abpasi\u00f3n\u00bb de Jerem\u00edas, el drama por \u00e9l sufrido a causa de su fidelidad a la palabra de Yahveh (Jer. 15,10-21; 20,7-13).<\/p>\n<p>Heraldos de Dios, los profetas son luces encendidas en medio de la historia. Arrojan en la aparente ambig\u00fcedad de los acontecimientos la potente luz de Dios. Con su fe vigorosa en un Dios que act\u00faa en la naturaleza y en la historia interpretan los sucesos contempor\u00e1neos. Inspira\u00addos por el Esp\u00edritu, sacan tambi\u00e9n ense\u00f1anzas de los acontecimientos de la historia pasada y proyectan la luz de Dios hacia el porvenir. As\u00ed, se convierten en gu\u00edas del pueblo de Dios, aunque a menudo incomprendidos por sus contempor\u00e1\u00adneos. Su ense\u00f1anza luminosa, el testimonio de su fe y su esperanza, su energ\u00eda indomable frente al pecado en cualquie\u00adra de sus formas&#8230; sigue siendo una referencia fundamental tambi\u00e9n para nosotros cristianos.<\/p>\n<h3>3.- Profetismo cristiano<\/h3>\n<p>En los \u00faltimos siglos del juda\u00edsmo desaparecen los profetas; el Salmo 74,9 lamenta este hecho (cfr. Lam. 2,9; Sal. 77,9). Sin embargo, los jud\u00edos de la \u00e9poca del Nuevo Testamento esperan la llegada de un profeta, del gran profeta de los \u00faltimos tiempos anunciado por Mois\u00e9s (Dt. 18,15-18).<\/p>\n<p>De hecho Juan Bautista fue saludado con entusiasmo por el pueblo jud\u00edo como profeta (Mt. 11,9). Tambi\u00e9n la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas produjo un fuerte impacto y fue considerado como profeta (Lc. 7,16; 24,19), m\u00e1s a\u00fan, como el profeta esperado, el que ten\u00eda que venir en los \u00faltimos tiempos (Jn. 5,14; 7,40).<\/p>\n<p>En muchos aspectos Jes\u00fas act\u00faa como un profeta: como ellos denuncia los pecados, llama a la conversi\u00f3n y anuncia el Reino de Dios, como ellos es perseguido y rechazado por su pueblo&#8230; Jes\u00fas mismo expresa su conciencia de ser profeta (Lc. 13,33), pero a la vez se considera superior a todos los profetas (ver, por ejemplo, en la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas el contraste entre \u00ablos siervos\u00bb y \u00abel hijo\u00bb: Mt. 21,33-41) y manifiesta que ha venido a dar perfecci\u00f3n y cumplimiento a lo ense\u00f1ado por los antiguos profetas (Mt. 5,17).<\/p>\n<p>En realidad, Jes\u00fas es \u00abm\u00e1s que profeta\u00bb, pues no s\u00f3lo transmite las palabras de Dios, sino que \u00c9l mismo es la Palabra personal del Padre (Jn. 1,1-18); mientras que antes Dios hab\u00eda hablado en diversas ocasiones y por diversos medios a trav\u00e9s de los profetas, ahora, en los \u00faltimos tiempos, ha hablado en el Hijo (Heb. 1,1-2)<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento encontramos testimonios de la existencia del carisma de profec\u00eda en la Iglesia primitiva (Hech. 11,17ss; 13,1; 21,9-11; 1Cor. 13,8; 14,1-5). Pero lo m\u00e1s interesante es que la novedad tra\u00edda por Cristo ha hecho que todos los cristianos sean profetas: el d\u00eda de Pentecost\u00e9s Pedro constata (Hech. 2,14-21) que se ha cumplido la profec\u00eda de Joel (\u00abDerramar\u00e9 mi Esp\u00edritu sobre toda carne y profeti\u00adzar\u00e1n vuestros hijos y vuestras hijas\u00bb: Jl. 3,1-2). Se ha cumplido el deseo de Mois\u00e9s (\u201c\u00a1ojal\u00e1 todo el pueblo de Dios fuera profeta!\u201d: N\u00fam. 11,29): la Iglesia es un pueblo prof\u00e9tico. S\u00f3lo resta que cada uno de sus miembros act\u00fae y ejercite ese don y esa misi\u00f3n prof\u00e9tica en la docilidad al Esp\u00edritu; esto es lo que han realizado de manera eminente los santos, que al estar abiertos a la acci\u00f3n y al impulso del Esp\u00edritu han sido instrumento de renovaci\u00f3n en la Iglesia en cada una de sus \u00e9pocas.<\/p>\n<h3>4.- Textos principales<\/h3>\n<p>Isa\u00edas 6<\/p>\n<p>Jerem\u00edas 1<\/p>\n<p>Ezequiel 1-3<\/p>\n<p>Oseas 1-2; 11<\/p>\n<p>Am\u00f3s 7<\/p>\n<p>Deuteronomio 18<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 8. La prueba del exilio<\/h2>\n<h3>1.- Los hechos<\/h3>\n<p>El a\u00f1o 597 Nabucodonosor conquist\u00f3 Jerusal\u00e9n y deport\u00f3 al rey Joaqu\u00edn y a los magnates de la poblaci\u00f3n (2Re. 24,15-16). Unos a\u00f1os despu\u00e9s, el nuevo rey Sedec\u00edas, t\u00edo de Joaqu\u00edn, faltando a su palabra conspir\u00f3 contra el soberano caldeo; si la primera deportaci\u00f3n hab\u00eda intentado impedir una sublevaci\u00f3n, cuando esta sucede Nabucodonosor act\u00faa m\u00e1s dr\u00e1sticamente: se ve obligado a emprender una nueva ofensiva, asediando y tomando la ciudad Santa en el a\u00f1o 587; la victoria fue seguida de una nueva deportaci\u00f3n(2Re. 25, 11-12). Y todav\u00eda hay una tercera deportaci\u00f3n, en el a\u00f1o 582, probablemente como represalia por la muerte de Godol\u00edas, el gobernador puesto por Nabucodonosor sobre Jud\u00e1.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 el n\u00famero de deportados no pasase de 20.000. Pero teniendo en cuenta la escasa poblaci\u00f3n de Jud\u00e1 y que adem\u00e1s fueron exiliados los m\u00e1s influyentes, las cabezas del pueblo en el aspecto pol\u00edtico, social, religioso y econ\u00f3mico, la Biblia puede afirmar con raz\u00f3n que todo Jud\u00e1 \u00abfue llevado cautivo lejos de su tierra\u00bb (2 Re. 25,21).<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s grave de estos hechos y lo m\u00e1s duro para el pueblo de Israel es que humanamente hablando significan el fin de Israel, su destrucci\u00f3n como pueblo: lo m\u00e1s escogido de Israel vive en el exilio, en tierras extra\u00f1as, lejos del pa\u00eds que Dios hab\u00eda donado a los hijos de Abraham; el templo, morada de la presencia divina y centro del culto de Israel, est\u00e1 en ruinas; el rey, descendiente de David y representante de Yahveh, ha sido destronado, hecho cautivo y castigado cruelmente (2Re. 25,6-7); la capital del reino, la ciudad santa de Jerusal\u00e9n, ha sido arrasada. La naci\u00f3n, como tal, ha dejado de existir.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan: todo ello supone una grave prueba para la fe de Israel. Parece que Dios se ha olvidado de su pueblo (Sal. 77,8-11), que se ha olvidado de la Palabra dada, de las promesas hechas a David y a sus descendientes. Parece que est\u00e1 airado contra su pueblo (Sal. 79,5; 80,5). Parece que Yahveh es m\u00e1s d\u00e9bil que Marduk, el dios de los caldeos, los cuales se burlan cruelmente de los israelitas (Sal. 42,11; 80,7). Parece que los atributos m\u00e1s propios de Dios -la misericordia y la fidelidad- quedan contradichos. Y cunde el desaliento: \u00abAndan diciendo -toda la casa de Israel-: se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros\u00bb (Ez. 37,11).<\/p>\n<h3>2.- Su significado religioso<\/h3>\n<p>Sin embargo, esta gran crisis va a ser la ocasi\u00f3n de una profunda renovaci\u00f3n en el pueblo de Israel. Al desaparecer sus seguridades humanas y quedar derribado su orgullo nacional, los israelitas se vuelven a Yahveh. A trav\u00e9s de lo doloroso de esta prueba Israel va a ser purificado y va a surgir un pueblo nuevo, con una fe m\u00e1s viva y m\u00e1s d\u00f3cil a su Dios.<\/p>\n<p>Providencialmente, Dios mismo suscita unos gu\u00edas que orienten al pueblo en estas circunstancias tan dif\u00edciles. Entre ellos destacan los profetas, que ayudan una vez m\u00e1s a leer e interpretar los acontecimientos desde la fe:<\/p>\n<p>+ Jerem\u00edas. Aunque no fue deportado a Babilonia, \u00e9l fue el primer gu\u00eda religioso de los exiliados: les escribe desde Jerusal\u00e9n despu\u00e9s de la primera deportaci\u00f3n invit\u00e1ndoles a escuchar la palabra de Yahveh sin hacerse ilusiones acerca de una liberaci\u00f3n inminente (Jer 29). Los grandes temas de su predicaci\u00f3n (conversi\u00f3n, esperanza, nueva alianza, religi\u00f3n interior) ser\u00e1n meditados por los exiliados (los mismos que antes le hab\u00edan rechazado).<\/p>\n<p>+ Ezequiel. Sacerdote -como Jerem\u00edas- fue conducido a Babilonia en el 598 con el primer grupo de exiliados. Comienza anunciando la ruina de Jerusal\u00e9n como castigo a las faltas de Israel (Ez. 4-12), pero tras la desolaci\u00f3n de la ciudad en el 587 se convierte en el profeta de la esperanza. Durante m\u00e1s de 20 a\u00f1os reanim\u00f3 la fe y la esperanza de sus compatriotas, infundi\u00e9ndoles la certeza de que Yahveh salvar\u00eda a su pueblo para santificar su nombre y manifestar su gloria (Ez. 36,22-25). Particularmente impresionante es la visi\u00f3n de los huesos secos, en que profetiza una aut\u00e9ntica resurrecci\u00f3n de Israel (Ez. 37,1-14). Como Jerem\u00edas, anuncia una alianza nueva en la que Dios mismo purificar\u00e1 y renovar\u00e1 los corazones (Ez. 36,25-28).<\/p>\n<p>+ Segundo Isa\u00edas. Este lejano disc\u00edpulo de Isa\u00edas anuncia el consuelo a Israel (Is. 40,1-2). Ante las victorias de Ciro sobre los pueblos de oriente, el segundo Isa\u00edas le presenta como el instrumento del que Dios se servir\u00e1 para realizar su designio (Is. 41,1-4; 45,1-6.12-13) y liberar a su pueblo como en un nuevo \u00e9xodo (Is. 40,3; 43,16-19). Este profeta -tan cercano al Nuevo Testamento- presenta tambi\u00e9n unas perspectivas universalistas: a la comunidad de exiliados encerrados en s\u00ed mismos les habla de un Dios que ofrece la salvaci\u00f3n a todos los hombres (Is. 45, 20-22). Finalmente anuncia a un misterio\u00adso \u00abSiervo de Yahveh\u00bb (Is. 42,1-7; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12), un justo que sufre y exp\u00eda los pecados de los dem\u00e1s, sucediendo tras su muerte una glorificaci\u00f3n y una grandiosa fecundidad espiritual.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la ayuda de los profetas est\u00e1 tambi\u00e9n la de los sacerdotes. Y adem\u00e1s al marchar al destierro los exiliados llevan consigo la ley divina, las antiguas tradiciones de la historia del pueblo escogido, las profec\u00edas y los primeros salmos recopilados; es la palabra de Yahveh que les va a acompa\u00f1ar en su aflicci\u00f3n y ellos ahora est\u00e1n en mejor disposici\u00f3n de esp\u00edritu para escucharla.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, pues, lo que el pueblo de Dios aprende de los acontecimientos del exilio:<\/p>\n<p>a) En primer lugar, es la ocasi\u00f3n para un profundo examen de conciencia. En \u00e9l Israel reconoce ante todo que ha pecado, que ha fallado a su Se\u00f1or, que ha sido infiel a la alianza. A pesar de la lecci\u00f3n que supon\u00eda la destrucci\u00f3n del reino del norte el a\u00f1o 721, a pesar de los m\u00faltiples avisos de los profetas, a pesar del intento de reforma efectuado por Jos\u00edas en el 622, la naci\u00f3n jud\u00eda en su conjunto fue infiel a Yahveh y traicion\u00f3 la alianza que deb\u00eda guardar: \u00abdesde el d\u00eda que salieron vuestros padres de Egipto hasta el d\u00eda de hoy&#8230; esta es la naci\u00f3n que no ha escuchado la voz de Yahveh su Dios\u00bb (Jer. 7,25-28). El pueblo de Dios ha acumulado pecado tras pecado: injusticias, lujo y desen\u00adfreno, idolatr\u00eda, sacrificio de ni\u00f1os, abandono de su Dios, desobediencias continuas a su ley &#8230; Y ahora entienden que el exilio es la consecuencia inevitable de sus pecados, que las innumerables infidelidades a la alianza estaban exigiendo una purificaci\u00f3n (Jer. 3,25); ahora comprenden que se han enredado en sus propias acciones (cfr. Sal. 9,17) y que su propia maldad ha reca\u00eddo sobre sus cabezas (Sal. 9,17). Este examen de conciencia -que aparece reflejado, por ejemplo, en el libro de las Lamentaciones y en la \u00faltima redacci\u00f3n de los libros de los Reyes- no hace m\u00e1s que constatar lo que ya hab\u00eda o\u00eddo el pueblo en el momento de sellar la alianza: que si eran fieles les ir\u00eda bien, pero que si eran infieles les ir\u00eda mal. En estas circunstancias el examen de conciencia les conduce al arrepentimiento de los pecados que les han acarreado el desastre y a una renovada confianza en Yahveh.<\/p>\n<p>b) A pesar del castigo merecido, Dios no abandona a su pueblo. En una impresionante visi\u00f3n Ezequiel contempla c\u00f3mo la gloria de Yahveh abandona el templo y va a instalar\u00adse en el lugar donde moran los desterrados (comparar Ez. 10,18ss con 11,16). En cierto modo Yahveh se ha desterrado con los desterrados. Y esta nueva presencia -sin templo visible- de Yahveh en medio de su pueblo es la garant\u00eda y fundamento de su esperanza para el futuro.<\/p>\n<p>c) Por eso el exilio se convierte en un tiempo precioso de purificaci\u00f3n. El pueblo de Israel es llevado de nuevo al desierto -seg\u00fan la terminolog\u00eda de los profetas: Os. 2,16-, al lugar donde se carece de todo y el hombre es purificado. La gran tragedia es que el pueblo de Dios hab\u00eda acabado apropi\u00e1ndose de los dones de Dios de tal manera que, en vez de que estos los recibiera con gratitud y le llevaran a Dios, en realidad le hab\u00edan apartado de su Se\u00f1or (cfr. la advertencia de Dt. 8,11-14). Israel se ha quedado en los medios y se ha olvidado del Dios al que esos medios deb\u00edan conducir; ha puesto su seguridad en el hecho de tener el templo (cfr. Jer. 7,4) en vez de confiar en el Dios que habita en el templo pero es infinitamente m\u00e1s grande que el templo (cfr. Is. 66,1). En consecuencia Dios le retira esos dones -la tierra, el templo&#8230; todo- para que vuelvan al autor de ellos. As\u00ed el exilio es un tiempo de purificaci\u00f3n que conduce al pueblo a una religi\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica, a una piedad m\u00e1s sincera, a una fe m\u00e1s viva, a una conversi\u00f3n m\u00e1s interior. En definitiva, el exilio formaba parte del plan de Dios, que de los males sabe sacar bienes inmensamente mayores.<\/p>\n<p>d) El exilio da un m\u00e1s profundo conocimiento del coraz\u00f3n del hombre y del coraz\u00f3n de Dios. Por un lado, el fracaso de la primera alianza -con las repetidas y continuas infidelida\u00addes- pone de relieve la dureza del coraz\u00f3n humano y su obstinaci\u00f3n en el mal; es la experiencia de un pueblo en que todos son \u00absabios para lo malo e ignorantes para el bien\u00bb (Jer. 4,22) lo que conduce al clamor humilde: \u00abConvi\u00e9rtenos a t\u00ed oh Yahveh, y nos convertiremos\u00bb (Lam. 5,21): s\u00f3lo Dios puede cambiar el coraz\u00f3n del hombre. Por otro lado, en medio del fracaso y la impotencia del pueblo Dios va a manifestar m\u00e1s esplendorosamente aquello de lo que es capaz realizando un nuevo \u00e9xodo con prodigios que eclipsar\u00e1n los del primer \u00e9xodo (Is. 43,16-21), creando algo enteramente nuevo (Is. 65,17), realizando una aut\u00e9ntica resurrecci\u00f3n de su pueblo (Ez.37,1-14), estableciendo una nueva alianza que consistir\u00e1 en el perd\u00f3n de los pecados, en el verdadero conocimiento de Dios y en el don de un coraz\u00f3n nuevo y de un esp\u00edritu nuevo -el Esp\u00edritu mismo de Dios- que transformar\u00e1 al hombre por dentro y le dar\u00e1 la fuerza para adherirse a la voluntad de Dios (Jer.31,31-34; Ez.36,25-28).<\/p>\n<p>e) Esta experiencia les hace entender tambi\u00e9n el valor positivo del sufrimiento. Dios se manifiesta como misericordioso, pues \u00abno quiere la muerte del malvado, sino que se convierta de su conducta y viva\u00bb (Ez. 18,23.32; 33,11); pero esta misericordia, para ser eficaz, necesita usar la amarga medicina del sufrimiento: como la plata y el oro necesitan pasar por fuego para desechar la escoria, Israel necesita pasar por el crisol del sufrimiento para ser purificado y renovado (Ez. 22,17-22); Is. 48,10); as\u00ed Israel aprender\u00e1 que \u00abYahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido\u00bb (Prov. 3,12). M\u00e1s a\u00fan, los c\u00e1nticos del Siervo ya mencionados apuntan a un sufrimiento redentor: el Israel puri\u00adficado va a convertirse, precisamente en virtud de su sufrimiento, en instrumento de salvaci\u00f3n para muchedumbres; as\u00ed el pueblo de la antigua alianza atisba la eficacia y fecundidad del dolor, que alcanzar\u00e1 su pleno cumplimiento en el sacrificio de Cristo.<\/p>\n<p>f) Finalmente, al contacto con otros pueblos Israel descubre la misi\u00f3n universal de su vocaci\u00f3n; frente al particularismo y nacionalismo en que se hab\u00eda encerrado, ahora va comprendiendo que si han sido objeto de una predilecci\u00f3n especial de Dios, que les ha manifestado su voluntad y sus planes, es para que estos dones los transmitan y comuniquen a otros pueblos (Is. 45,18-23; 42,10-12); as\u00ed ser\u00e1n convertidos en \u00abluz de las gentes\u00bb (Is. 42,6).<\/p>\n<p>De este modo Dios ha preparado cuidadosamente un \u00abresto de Israel\u00bb que cuando regrese a Palestina ser\u00e1 portador de una fe m\u00e1s profunda y de una religi\u00f3n m\u00e1s espiritual. De este modo la revelaci\u00f3n de Dios da un paso decisivo hacia la plenitud que acontecer\u00e1 en la persona de Cristo. El exilio, que parec\u00eda una desgracia irreparable, se ha conver\u00adtido en una gracia incalculable.<\/p>\n<h3>3.- La experiencia del exilio y nosotros<\/h3>\n<p>Es evidente que tambi\u00e9n para nosotros cristianos los acontecimientos del destierro y su interpretaci\u00f3n en la Biblia son fuente de ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>En primer lugar, para conocer m\u00e1s la misericordia de Dios, que sabe sacar bienes incluso de los males: \u00absabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman\u00bb (Rom. 8,28); en todas las cosas: San Agust\u00edn apostillar\u00e1 la expresi\u00f3n de San Pablo indicando que \u00abincluso el pecado\u00bb -lo dec\u00eda por experiencia- es algo de lo que Dios se sirve en su misericordia para sacar bienes; de hecho, esto es lo que atestigua la experiencia del exilio, que Dios saca bienes incluso de aquellos males en que el hombre se introdu\u00adce por culpa suya y como consecuencia de sus pecados. \u00abDonde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb (Rom. 5,20).<\/p>\n<p>Para nosotros, cristianos, a la luz de la cruz de Cristo se hace m\u00e1s patente el valor salv\u00edfico del sufrimiento. Si ya el salmista pod\u00eda afirmar: \u00abme estuvo bien el sufrir, as\u00ed aprend\u00ed tus justos mandamientos\u00bb (Sal. 119,71.67) mucho m\u00e1s podemos decirlo nosotros al conocer mejor el coraz\u00f3n paternal de Dios que corrige a los hijos que ama (Heb. 12,5-11). M\u00e1s a\u00fan, podemos decir con San Pablo: \u00abme alegro de sufrir por vosotros; as\u00ed completo lo que en mi carne falta a la pasi\u00f3n de Cristo en favor de su Cuerpo que es la Iglesia\u00bb (Col. 1,24).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, para nosotros -como Iglesia y como individuos- se repite la tentaci\u00f3n del pueblo de Israel de buscar seguridades en lo humano (estado, leyes, instituciones, privilegios, dinero, sabidur\u00eda, prestigio, medios, etc.) en vez de confiar y apoyarnos exclusivamente en Dios. Cuando se cae en esa tentaci\u00f3n Dios no tiene m\u00e1s remedio -porque quiere nuestro verdadero bien- que retirarnos esas seguridades falsas y esos apoyos inconsistentes; es entonces cuando vienen las crisis -a nivel personal o comunitario-; toda crisis indica que hab\u00eda una falsa seguridad y que \u00e9sta ha ca\u00eddo, y por eso toda crisis es una ocasi\u00f3n de gracia, una oportunidad de cimentar realmente nuestra vida en Dios y s\u00f3lo en \u00c9l. Para apoyarse verdaderamente en Dios es necesario experimentar que todo lo dem\u00e1s se hunde, que es inconsistente y no da funda\u00admento s\u00f3lido a la vida del hombre.<\/p>\n<h3>4.- Textos principales<\/h3>\n<p>Jerem\u00edas 4; 7; 10; 21; 24; 25; 29<\/p>\n<p>Lamentaciones 1-5<\/p>\n<p>Ezequiel 6; 8; 12-13; 18; 20; 24; 34; 36; 37<\/p>\n<p>Isa\u00edas 40-45<\/p>\n<p>2Reyes 24-25<\/p>\n<p>Salmos 42-43; 44; 74; 77; 80; 85; 89; 137<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 9. El Israel espiritual<\/h2>\n<p>Tras la vuelta del exilio el pueblo de Israel deja sus ilusiones nacionalistas para convertirse en una comunidad religiosa en torno a la ley, el templo y el sacerdocio. De hecho, a excepci\u00f3n del breve periodo de independencia bajo los asmoneos (163-67 a.C.), Palestina estar\u00e1 siempre a merced de los due\u00f1os de turno.<\/p>\n<h3>1.- Datos hist\u00f3ricos<\/h3>\n<p>Los datos que nos ofrece la Biblia sobre el periodo que abarca desde el decreto de Ciro permitiendo la vuelta de los desterrados a Jerusal\u00e9n (538 a.C.) hasta la \u00e9poca del Nuevo Testamento es bastante escasa. Se limita a algunos periodos privilegiados.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 539 el imperio babil\u00f3nico cae ante el empuje del joven imperio persa. Inmediatamente (538) su emperador Ciro publica un edicto permitiendo a los jud\u00edos volver a su patria (Esd. 1,2-4). Muchos prefieren quedarse en Babilonia, donde ya estaban instalados. Algunos deciden regresar, pero encuentran muchas dificultades para instalarse, debido a que los habitantes anteriores se sienten perjudicados.<\/p>\n<p>Se comienza la reconstrucci\u00f3n del templo, pero surgen las dificultades y cunde el desaliento. S\u00f3lo bajo el impulso de los profetas Ageo (520) y Zacar\u00edas (520-518) se culmina dicha reconstrucci\u00f3n. Por otra parte, Zacar\u00edas centra la promesa sobre el Sumo Sacerdote Josu\u00e9 dando predominio a la dimensi\u00f3n religiosa sobre la pol\u00edtico-nacional (al principio hab\u00edan existido ilusiones de restauraci\u00f3n nacional con Zorobabel, de la familia de David, pero desaparecen con su muerte y las numerosas dificultades de los repatriados).<\/p>\n<p>Tras la reconstrucci\u00f3n del templo existe una situaci\u00f3n de moralidad degradada (Mal. 1-3). Es entonces cuando llega a Jerusal\u00e9n Nehem\u00edas como gobernador (445-443) con el encargo de reconstruir la muralla de la ciudad, cosa que logra a pesar de la oposici\u00f3n (Neh. 4,12-23). Adem\u00e1s realiza una profunda reforma religiosa rigorista y para apoyarla es enviado Esdras, \u00absacerdote escriba\u00bb (428); con permiso del rey persa, da a los jud\u00edos la ley del Dios Alt\u00edsimo como su estatuto jur\u00eddico (Esd. 7,12-26).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n al imperio persa le llegar\u00eda su fin con la conquista rel\u00e1mpago de Alejandro Magno (340-326). Pero como \u00e9ste muere pronto y su imperio se reparte entre sus cuatro generales, Palestina queda al principio bajo los ptolomeos de Egipto. Es disputada por su condici\u00f3n de lugar de paso y, tras un siglo de pac\u00edfico dominio egipcio, queda bajo el control de los sel\u00e9ucidas de Siria.<\/p>\n<p>El enfrentamiento entre la comunidad jud\u00eda y la cultura griega era inevitable antes o despu\u00e9s. La crisis salta con Antioco IV Ep\u00edfanes, empe\u00f1ado en helenizar sus reino. Necesitado, adem\u00e1s, de recursos econ\u00f3micos, saquea el templo de Jerusal\u00e9n llev\u00e1ndose sus tesoros y objetos sagrados y dicta una serie de medidas vejatorias contra la comunidad jud\u00eda (deroga la ley jud\u00eda, establece la pena de muerte por la circuncisi\u00f3n y la observancia del s\u00e1bado, coloca una estatua de Zeus en el templo de Jerusal\u00e9n).<\/p>\n<p>Ante esto, los jud\u00edos fieles reaccionan con el martirio (algunos prefieren la muerte antes que traicionar sus creencias) o con la rebeli\u00f3n armada. Esta, iniciada por Matat\u00edas y continuada por sus hijos, especialmente Judas el Macabeo, logra la liberaci\u00f3n del territorio y la independencia nacional, estableciendo la dinast\u00eda de los asmoneos, que reina cerca de un siglo (163-67 a.C.)<\/p>\n<p>Los asmoneos establecer\u00e1n una serie de luchas por la sucesi\u00f3n en el trono que provocar\u00e1n la intervenci\u00f3n de Roma. El a\u00f1o 63 a.C. Pompeyo conquista Jerusal\u00e9n, y Roma se hace due\u00f1a de Palestina. En adelante el reino de Judea depender\u00e1 del capricho o del inter\u00e9s de Roma; de hecho, el a\u00f1o 37 llegar\u00e1 al trono un extranjero, Herodes, con el que llegamos a la \u00e9poca de Jes\u00fas.<\/p>\n<h3>2.- Templo, sacerdocio y Ley<\/h3>\n<p>Convertido en Comunidad religiosa, Israel va a tener a partir de ahora estos tres pilares. Conscientes de que Yahveh ha realizado con ellos un nuevo \u00e9xodo superando las maravi\u00adllas antiguas (Is. 43,19-20), los repatriados se saben \u00abel resto\u00bb predicho por los profetas en el que contin\u00faa la promesa de salvaci\u00f3n de Dios sobre su pueblo.<\/p>\n<p>La reconstrucci\u00f3n del templo de Jerusal\u00e9n es un gran signo de esperanza: Yahveh garantiza de nuevo su presencia protectora en medio de su pueblo. Aunque este templo es pobre en comparaci\u00f3n con el de Salom\u00f3n, no por ello es menos glorioso al estar santificado por la presencia del Se\u00f1or (Ez. 43; Ag. 2,1-9; Zac. 2,10-17). Al celebrar la pascua (Esd. 6,16-22) se empalma con el acontecimiento fundante de Israel y Yahveh ratifica su alianza (\u00abser\u00e1n mi pueblo y yo ser\u00e9 su Dios\u00bb: Zac,8,8), hasta el punto de que Jerusal\u00e9n ser\u00e1 el centro hacia el que peregrinar\u00e1n todos los pueblos en busca de la salvaci\u00f3n, como profetiza el tercer Isa\u00edas exigiendo al mismo tiempo la conversi\u00f3n (Is. 56-66).<\/p>\n<p>Este pueblo sacerdotal o asamblea Santa (cfr. Ex. 19,6) es guiado por los sacerdotes que aseguran el servicio del culto a Yahveh en el templo ofreciendo en nombre del pueblo oblaciones de acci\u00f3n de gracias, holocaustos y sacrificios de expiaci\u00f3n por los pecados (cfr. Lev. 1-7). Con su minucio\u00adso ceremonial y sus purificaciones rituales inculcan en el pueblo el respeto al Dios Santo. Adem\u00e1s, dirigen la oraci\u00f3n y bendicen al pueblo (Eclo. 45,19) con la bendici\u00f3n sacerdo\u00adtal (N\u00fam. 6,24-27). Nehem\u00edas 9 es un ejemplo de esta oraci\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>El Pentateuco, probablemente completo en esta \u00e9poca como estatuto jur\u00eddico, se convierte en la Ley del pueblo de Dios. Como expresi\u00f3n de la voluntad santa de Dios, la Ley se venera, se medita y se ama (Sal. 119) y se convierte en el centro de la vida religiosa de Israel. En este sentido es emblem\u00e1tico el gesto de Esdras al leer p\u00fablica y solemnemente la Ley (Neh. 8); el pueblo empalma con sus or\u00edgenes y renueva la alianza instaurando la fiesta de los tabern\u00e1culos.<\/p>\n<p>Al principio, los sacerdotes explican la Ley en las reuniones lit\u00fargicas (cfr. Jer 18,18). Pero en este per\u00edodo surge una nueva figura: el escriba. Hombre dedicado a escudri\u00f1ar la Ley d\u00eda y noche y a dilucidar su aplicaci\u00f3n a los distintos casos que la vida presenta, se convierte en gu\u00eda de la comunidad, que acude a \u00e9l en busca de orientaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>3.- Fidelidad a la ley hasta el martirio<\/h3>\n<p>Un caso concreto de esta fidelidad a la Ley es la que aparece en algunos israelitas piadosos con ocasi\u00f3n de la persecuci\u00f3n de Ant\u00edoco IV (2Mac. 7): prefieren dejarse matar antes que renegar de la ley santa de Dios.<\/p>\n<p>A ello exhorta tambi\u00e9n el libro de Daniel, escrito precisamente en la \u00e9poca macabea (hacia el 164 a.C.), presentando el ejemplo de fidelidad de este joven y sus compa\u00f1eros ante las amenazas de Nabucodonosor (en quien se alude a Ant\u00edoco IV); prefieren la muerte antes que obedecer las \u00f3rdenes del rey, pero son librados de ella por la intervenci\u00f3n de Dios, mientras que sus enemigos son castigados (Dan. 1-6). A la vez el libro anuncia la restauraci\u00f3n del reino de Dios, a pesar de la oposici\u00f3n de sus enemigos, por obra de un \u00abhijo de hombre\u00bb de origen celestial (Dan. 7,13-22).<\/p>\n<p>Esta actitud martirial resulta posible porque se ha afianzado en Israel la doctrina de la inmortalidad del alma y la retribuci\u00f3n realizada en una vida ultraterrena. Esta fe aparece expresada claramente en dos libros de origen jud\u00edo escritos en ambiente griego: los Macabeos y el libro de la Sabidur\u00eda (Alejandr\u00eda, entre el 80 y el 50 a.C.).<\/p>\n<p>La rebeli\u00f3n macabea, a pesar de la ambig\u00fcedad de sus motivaciones, es tambi\u00e9n una nueva experiencia de la intervenci\u00f3n de Yahveh en favor de su pueblo, defendiendo a su comunidad contra toda esperanza, cuando todo parece estar en contra. El pueblo lo expresa con la purificaci\u00f3n del templo y la fiesta que se instituye con ese motivo (cfr. 1Mac. 4,36-60; 2Mac. 10,1-8).<\/p>\n<p>Por otra parte, la helenizaci\u00f3n tiene otras consecuencias ventajosas, como la traducci\u00f3n de la Biblia hebrea al griego (conocida con el nombre de los LXX), con lo que el mensaje b\u00edblico se abre a nuevas posibilidades de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>4.- Los sabios de Israel<\/h3>\n<p>Adem\u00e1s de los sacerdotes y escribas, encontramos a los sabios como gu\u00edas espirituales del pueblo de Dios. Aunque en Israel la sabidur\u00eda aparece con la monarqu\u00eda -el prototipo de sabio es Salom\u00f3n, 1Re. 5,9-14-, es en esta \u00e9poca cuando llega a su esplendor.<\/p>\n<p>Sabios ha habido en muchos pueblos de la antig\u00fcedad, destacando sobre todo en Egipto y Babilonia. Su sabidur\u00eda era de orden pr\u00e1ctico, arrancando de la experiencia y de la reflexi\u00f3n sobre el mundo y sobre la conducta humana y orientada a formar individuos capaces de comportarse correctamente en la vida. La sabidur\u00eda b\u00edblica absorbi\u00f3 sin duda ciertos elementos de la sabidur\u00eda extranjera, pero tiene una fisonom\u00eda propia y distinta por el hecho de arrancar de la fe en Yahveh y contener una moral profundamente religiosa.<\/p>\n<p>El sabio israelita es un hombre prudente y reflexivo, interesado por la educaci\u00f3n del pueblo y de la juventud y despuntando como consejero (Jer. 18,18). El sabio no impone sus ense\u00f1anzas, sino que las propone suavemente con objeto de persuadir y de convertir la ense\u00f1anza en convicci\u00f3n perso\u00adnal; dirige sus consejos a quienes los solicitan o los aceptan y suele hacerlo de manera impersonal, a veces interrogativa, para avivar la curiosidad del interlocutor oblig\u00e1ndole a la reflexi\u00f3n. Podemos destacar tres rasgos:<\/p>\n<p>-el sabio tiene un gran sentido de la realidad, propio del hombre de buen criterio que observa y reflexiona y cuyas observaciones son concretas y pertinentes (ver, por ejemplo, Prov. 15,12; 20,14; 22,13).<\/p>\n<p>-tiene una fe viva en el Dios sabio, omnisciente y omnipotente; por eso, adem\u00e1s de la experiencia, medita d\u00eda y noche la ley del Se\u00f1or (Sal. 1,2) y se esfuerza en descu\u00adbrir la sabidur\u00eda divina manifestada en la creaci\u00f3n y en la historia del pueblo de Dios (Sab. 10-19). No se trata de una moral laica (Prov. 15,16; 16,9) y la clave y fuente de toda sabidur\u00eda est\u00e1 en el temor del Se\u00f1or (Eclo. 1,1-10; Sab. 9,1-18; Prov. 2,5-8).<\/p>\n<p>-transmite una visi\u00f3n de la vida que repercute en la conducta cotidiana del hombre; el sabio no s\u00f3lo juzga el mundo a la luz de la fe, sino que ofrece innumerables consejos pr\u00e1cticos que ayudan a vivir; realiza una especie de humanismo religioso que, por medio de la observaci\u00f3n y la reflexi\u00f3n religiosa, vivifica todos los valores humanos desde la fe y desde la sabidur\u00eda divina; en efecto, toda sabidur\u00eda del hombre consiste en imitar a Dios y en ser fiel a la ley (cfr. el retrato del escriba hecho por Ben Sira: Eclo. 39,1-11).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed los principales escritos de los sabios en este periodo:<\/p>\n<p>+Proverbios. Es la colecci\u00f3n de textos sapien\u00adciales m\u00e1s antiguos. Recibe este nombre por las numerosas sentencias que contiene y que suponen muchos siglos de tradici\u00f3n; fue recopilado el 480 a.C. por un autor an\u00f3nimo que escribi\u00f3 un magn\u00edfi\u00adco pr\u00f3logo doctrinal sobre la sabidur\u00eda (c.1-9). El libro enuncia los medios para conseguir la felicidad, que depende esencialmente de la rectitud moral y de la correcta relaci\u00f3n del hombre con Dios (el \u00abtemor del Se\u00f1or\u00bb: respeto religioso, sumisi\u00f3n a Dios y obediencia a sus mandatos).<\/p>\n<p>+Job. Este libro, escrito hacia el 450 a.C. plantea el problema del sufrimiento del justo. Un hombre de excepcional bondad, del cual dice el mismo Yahveh que \u00abno hay otro como \u00e9l en la tierra\u00bb (1,8), se ve sumido en la desgracia total. Se pone en tela de juicio el principio de la retribuci\u00f3n temporal, seg\u00fan el cual al justo le va bien en este mundo. Despu\u00e9s de una serie de di\u00e1logos que ponen de relieve lo desconcertante del misterio para la inteligencia humana, el libro llega a la con\u00adclusi\u00f3n de que el hombre, incapaz de comprender las maravillas de la naturaleza, impotente para penetrar las sendas de Dios, debe someterse y adorar la sabidur\u00eda divina. El sufrimiento humano es un misterio que Dios conoce pero que el hombre no alcanza; el dolor tiene un sentido -desconocido para el hombre- que no contradice la infinita bondad y justicia de Dios.<\/p>\n<p>+Eclesiast\u00e9s (Qoh\u00e9let). Hacia el 250 a.C. un hombre con experiencia escribe el fruto de sus reflexiones. Afirma de manera absolutamente clara y tajan\u00adte que no ha encontrado la felicidad en nada de este mundo y atestigua la vanidad de los placeres, de las riquezas, de la ciencia y de los esfuerzos humanos (1,2-3). No es que menosprecie las alegr\u00edas honestas, pero las juzga incapaces de satisfacer las m\u00e1s profundas aspiraciones del coraz\u00f3n humano. Al subrayar lo precario e insatisfactorio de todo lo terreno est\u00e1 preparando la revelaci\u00f3n de la existencia del m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>+Eclesi\u00e1stico (Sir\u00e1cida). Hacia el 190 a.C. Jes\u00fas Ben Sir\u00e1, convencido de que la aut\u00e9ntica Sabidu\u00adr\u00eda radica en Israel, compone una especie de \u00abmanual de conducta moral\u00bb capaz de hacer atracti\u00adva la ley jud\u00eda para los esp\u00edritus hel\u00e9nicos que se dejaban seducir por el refinamiento de la civilizaci\u00f3n pagana. El libro contiene dos partes, la primera con consejos de moral y pecados que han de evitarse (c. 1-42), la segunda un elogio de las obras del Se\u00f1or y de los justos de Israel (c. 42-50).<\/p>\n<p>+Sabidur\u00eda. Este libro, escrito en griego, probablemente en Alejandr\u00eda, entre el 100 y el 50 a.C., afirma claramente la inmortalidad del alma (Sab. 3,1-8; cfr. Dan. 12,2-3; 2Mac. 7,9). A la vez pretende demostrar la superioridad de la sabidur\u00eda israelita, revelada por Dios, sobre la filosof\u00eda pagana.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sapiencial, al presentar a la sabidur\u00eda como personificada e incluso preexisten\u00adte junto a Dios (Prov. 1-2; Eclo. 24; Sab. 6-9), prepara el camino a la revelaci\u00f3n de Cristo; en efecto, Jes\u00fas no s\u00f3lo aparecer\u00e1 lleno de sabidur\u00eda (Mt. 12,42) sino que \u00c9l mismo es la Sabidur\u00eda (1Cor. 1,24), la Palabra que estaba junto al Padre y se nos manifest\u00f3 (Jn.1).<\/p>\n<h3>5.- Los pobres de Yahveh<\/h3>\n<p>Durante este periodo de la historia de Israel va decant\u00e1ndose en el seno de la comunidad un grupo, los anawim o pobres de Yahveh, que son como el alma de dicha comunidad. Ellos son los que en el pueblo de Dios mantuvieron firme y pura la esperanza en la salvaci\u00f3n por obra de Yahveh sin mezclar\u00adla con ambiciones materiales o nacionalistas. La esperanza de los anawim penetra en el Nuevo Testamento, acogiendo la salvaci\u00f3n tal como Dios la env\u00eda, por caminos tan distintos de los que el pueblo so\u00f1aba.<\/p>\n<p>Sofon\u00edas, hacia el 630 a.C., hab\u00eda sido el primero en utilizar el lenguaje de la pobreza en el sentido religioso (Sof. 2,3; 3,11-13). En este sentido el pobre se identifica con el humilde y la pobreza con la apertura a Dios, el ansia de Dios, la confianza en \u00c9l, la fidelidad a su alianza. Tambi\u00e9n Jerem\u00edas hab\u00eda vivido esta actitud del pobre: las persecuciones de que fue objeto con tanta crudeza le llevaron a la confianza y al abandono en Yahveh (Jer. 20,11-13). En la \u00e9poca del exilio aparece la figura del Siervo de Yahveh (Is. 42,1-7; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12), el pobre de Dios por excelencia, que ser\u00e1 causa de salvaci\u00f3n para todos los pueblos. Finalmente, la figura de Job, hacia mediados del siglo V a.C., delinea perfectamente la figura del pobre: siendo inocente, ha perdido todos sus bienes, sufre en su carne y en sus afectos; renunciando a reivindicar su inocen\u00adcia ante Yahveh, acepta en silencio, humildemente, su dolorosa condici\u00f3n con fe absoluta en la santidad y la justicia del Se\u00f1or (Job 42,2-6).<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, se pueden indicar algunas caracter\u00edsticas de los pobres de Yahveh, esa comunidad forjada en la miseria y en el sufrimiento que fue el origen de la restauraci\u00f3n y renovaci\u00f3n religiosa de Israel (cfr. tambi\u00e9n Sal. 22; 35; 55; Eclo. 51,1-12; Lam. 3,1-66):<\/p>\n<p>a) la pobreza real o sus equivalentes (enfermedad, persecuci\u00f3n, horfandad, destierro..); en definitiva, pobre es aquel a quien le han fallado las seguridades humanas, que experimenta la indigencia en sus m\u00faltiples manifestaciones, que siente adem\u00e1s la incapacidad para salir de su situaci\u00f3n y se encuentra aplastado bajo el peso del dolor.<\/p>\n<p>b) la actitud de humildad: la experiencia de humillaci\u00f3n le ha hecho humilde; el sufrimiento le ha hecho experimentar su impotencia, su incapacidad para salvarse por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>c) fe y confianza absolutas en Dios: la conciencia de su propia limitaci\u00f3n impulsa al pobre a acudir confiado en busca de auxilio al \u00fanico que puede d\u00e1rselo. Y lo hace con una confianza sin l\u00edmites, poniendo los ojos en el Se\u00f1or y esperando de \u00c9l solo continuamente la salvaci\u00f3n. La pobreza es la actitud de desnudez absoluta delante de Dios, de entrega plena y confiada en manos de Yahveh, en la esperanza y en la seguridad de que \u00c9l le salvar\u00e1. Como, adem\u00e1s, la m\u00e1xima experiencia de miseria y de opresi\u00f3n es el pecado, la petici\u00f3n de salvaci\u00f3n que hace el pobre de Yahveh va acompa\u00f1ada del reconocimiento de sus culpas y de la petici\u00f3n de perd\u00f3n y conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>d) acogida de los d\u00e9biles y peque\u00f1os: la experiencia personal de humillaci\u00f3n hace al pobre de Yahveh sumamente comprensivo y sol\u00edcito con todos aquellos que sufren pruebas semejantes.<\/p>\n<p>As\u00ed entendida y vivida la pobreza es la actitud religiosa perfecta; en las ant\u00edpodas del pretender \u00abser como Dios\u00bb, el pobre pone en manos de Dios su salvaci\u00f3n, en la certeza de que no le fallar\u00e1 aunque le conduzca por caminos desconcer\u00adtantes e incomprensibles. Desprendido de s\u00ed mismo, la pobreza m\u00e1s radical, el hombre se encuentra con Dios y es su amigo. Por eso no es extra\u00f1o que en este contexto germinase la expectativa mesi\u00e1nica m\u00e1s pura: se espera un Mes\u00edas humilde (Zac. 9,9), amigo de los peque\u00f1os (Is. 11,4), que anunciar\u00e1 a los pobres la buena nueva de la salvaci\u00f3n (Is 61,1-3).<\/p>\n<p>Esta corriente empalma con el Nuevo Testamento y penetra en \u00e9l. Pobres de Yahveh son el anciano Sime\u00f3n, la profetisa Ana, Juan el Bautista&#8230; Sobre todo Mar\u00eda, que resume en su coraz\u00f3n la inmensa espera de los anawim y su enorme deseo de acoger a Dios plenamente; ella recoge todos sus anhelos y aspiraciones y los manifiesta en el Magn\u00edficat, expresi\u00f3n perfecta del alma de los pobres de Yahveh. M\u00e1s a\u00fan, el perfecto pobre de Yahveh es Jes\u00fas mismo, que colmado de sufrimientos se abandona enteramente en las manos de su Padre. Y este esp\u00edritu de los anawim, llevado a la perfec\u00adci\u00f3n, es el que revela todo el Serm\u00f3n de la monta\u00f1a, consa\u00adgrando de una vez por todas la pobreza como camino necesario para acoger el Reino de Dios: \u00abDichosos los pobres en el esp\u00edritu, porque de ellos es el Reino de los cielos\u00bb (Mt. 5,3).<\/p>\n<h3>6.- Textos principales<\/h3>\n<p>Proverbios 8,12-36; 19<\/p>\n<p>Job 1-2; 38,1 -40,5<\/p>\n<p>Eclesiast\u00e9s 1,12 -2,26; 12,1-8<\/p>\n<p>Eclesi\u00e1stico 3,30-4,10; 24,1-34; 39,1-11; 48,1-11)<\/p>\n<p>Sabidur\u00eda 2,21 -3,12; 5,14-16; 9<\/p>\n<p>Salmo 119<\/p>\n<p>Sofon\u00edas 2,1.3; 3,11-20<\/p>\n<p>Jerem\u00edas 20,7-13<\/p>\n<p>Isa\u00edas 52,13 -53,12<\/p>\n<p>Salmo 22<\/p>\n<p>Lamentaciones 3<\/p>\n<p>Mateo 5.3-12<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO 10. La plenitud de los tiempos<\/h2>\n<p>Todas las grandes intervenciones de Dios en la antigua alianza estaban orientadas a la intervenci\u00f3n definitiva y plena de Dios, hacia \u00abaquel que hab\u00eda de venir\u00bb hacia el Mes\u00edas que establecer\u00eda el Reino de Dios en el mundo. Este momento -la plenitud de los tiempos- aconteci\u00f3 cuando \u00abDios envi\u00f3 a su Hijo nacido de una mujer\u00bb (G\u00e1l. 4,4-5).<\/p>\n<p>De hecho, el Antiguo Testamento es una preparaci\u00f3n y todo en \u00e9l anuncia a Cristo y confluye en Cristo. \u00c9l es el centro del plan de Dios (Ef. 1,3-19; 3,1-12). Con \u00e9l han llegado los \u00ab\u00faltimos tiempos\u00bb (Heb. 1,2), el \u00abtiempo de la salvaci\u00f3n\u00bb (2Cor. 6,2). Con su muerte se realiza la victoria de Dios sobre el mal y sobre Satan\u00e1s (Jn. 12,31; 16,11). En \u00c9l Dios realiza la alianza nueva y eterna (Mc. 14,22-23). Con \u00c9l se abre el para\u00edso, tanto tiempo cerrado (Lc. 23,42-43). Por \u00c9l se nos da el Esp\u00edritu, que transforma el hombre d\u00e1ndole la nueva vida y realizando la nueva creaci\u00f3n (Jn. 19,30-34; 20,22; 3,5; 7,37-39). \u00c9l es el centro de la historia, \u201cel Principio y el Fin\u201d, \u201cel Alfa y la Omega\u201d (Ap. 22,13). \u00c9l es \u201cel mismo ayer, hoy y siempre\u201d (Heb. 13,8), \u201cel que era y es y viene\u201d (Ap. 1,8), contin\u00faa presente en su Iglesia y \u00abno se nos ha dado otro nombre en el que podamos ser salvos\u00bb (Hech. 4,12).<\/p>\n<h3>1.- Contexto hist\u00f3rico<\/h3>\n<p>El Hijo de Dios se ha encarnado en una \u00e9poca y circunstancias muy concretas, como los mismos evangelistas se encargan de poner de relieve (cfr. Lc. 2,1-3; 3,1-2).<\/p>\n<p>a) situaci\u00f3n pol\u00edtica. Desde la entrada de Pompeyo en Jerusal\u00e9n (63 a.C.) Palestina depende de Roma. Con el reinado de Augusto (30 a.C.) Roma controla todo el \u00e1rea mediterr\u00e1nea y se viven a\u00f1os de paz y esplendor como nunca antes se hab\u00edan conocido.<\/p>\n<p>En Palestina reina, puesto por Roma, Herodes el Grande (37-4 a.C.); extranjero y esc\u00e9ptico en materia religiosa, es sin embargo muy astuto: par halagar a los jud\u00edos inicia las obras de restau\u00adraci\u00f3n del templo (19 a.C.), para tener contento al emperador construye templos romanos y Cesarea mar\u00edtima. Como gobernante fue un hombre desp\u00f3tico y tir\u00e1nico. Durante su reinado nace Jes\u00fas.<\/p>\n<p>A su muerte Roma reparte el reino entre sus hijos. Arquelao es nombrado etnarca de Judea, Samaria e Idumea; cruel como su padre, es destituido a\u00f1os despu\u00e9s, siendo gobernada esta regi\u00f3n directamente por Roma por medio de procuradores. Filipo es nombrado tetraca de Transjordania del Norte; funda Cesarea de Filipo y a su muerte le sucede Herodes Agripa I. Herodes Antipas es desig\u00adnado tetrarca de Galilea y Perea; se junta a Herod\u00edas, sobrina suya y esposa leg\u00edtima de su hermanastro Filipo: la denuncia de este hecho costar\u00e1 la cabeza a Juan Bautista (Mc. 6,23); confidente del emperador Tiberio, construye en su honor Tiber\u00edades, pero cuando \u00e9ste muere es deste\u00adrrado y su territorio entregado a Herodes Agripa I, amigo personal de los nuevos emperadores Cal\u00edgula y Claudio.<\/p>\n<p>Herodes Agripa I a\u00f1ade el protectorado de Jude, con lo que vuelve a unirse en \u00e9l el reino de su abuelo Herodes el Grande, hasta su muerte (44 d.C.). Para agradar a los jud\u00edos provocar\u00e1 una persecuci\u00f3n contra los cristianos (Hech. 12). A su muerte, Roma gobernar\u00e1 directamente por medio de procuradores (44-66 d.C.). Agripa II, hijo de Herodes Agripa I, recibir\u00e1 m\u00e1s tarde un reino insignificante y con \u00e9l se encontrar\u00e1 Pablo (Hech. 25-26).<\/p>\n<p>b) situaci\u00f3n religiosa: est\u00e1 marcada predominantemen\u00adte por los diferentes grupos religiosos.<\/p>\n<p>+escribas: dedicados al estudio y comentario de la ley, el pueblo los consideraba maestros (rabb\u00ed) y acude a ellos en busca de consejo. Se preparaban con largos estudios al lado de alg\u00fan famoso rab\u00ed (cfr. Hach. 22,3); d ah\u00ed la extra\u00f1eza cuando alguien habla sin haber estudiado (Mt. 13,54), La mayor\u00eda se encua\u00addran entre los fariseos.<\/p>\n<p>+fariseos: provienen de la \u00e9poca macabea; el nombre -que significa \u00abseparados\u00bb- indica su actitud: se consideraban \u00ablos puros\u00bb y se apartan de lo que no lleve marca jud\u00eda, adhiri\u00e8ndose a la ley (particularmente en lo que se refiere al s\u00e1bado, la pureza ritual y los diezmos); admiten las tradiciones, es decir, las interpretaciones de la Ley transmitidas oralmente desde antiguo. Hombres muy piado\u00adsos, ca\u00edan sin embargo con frecuencia en el formalismo -el apego a la letra de la ley- y en la autosuficiencia -la salvaci\u00f3n por las solas fuerzas como consecuencia del cumpli\u00admiento exacto de la ley-, lo que les llevaba a despreciar a los dem\u00e1s como pecadores (cfr, Lc. 18,9-14; Mt. 23). En lo pol\u00edtico son tolerantes con el poder constituido, prefi\u00adriendo vivir tranquilos y no enfrentarse (m\u00e1s a\u00fan, eliminando a los que pueden ocasionar problemas con los romanos: Jn. 11,45-53). Despu\u00e9s de la crisis del a\u00f1o 70, los fariseos son el \u00fanico grupo que sobrevive.<\/p>\n<p>+saduceos: de origen sacerdotal, llegan a su m\u00e1xima influencia con los romanos pues son partidarios suyos, y de entre ellos son escogidos los sumos sacerdotes. Apenas influ\u00adyen en el pueblo. Rechazan la ley oral y no admiten doctrinas como la resurrecci\u00f3n o la existencia de los \u00e1ngeles (Hech. 23,6-9), Demasiado instalados en lo material (cfr. 22, 31-34; Mc. 12,27; Hech. 24,21), son rigoristas en lo determinado por la ley (cfr. Jn. 8,1-11; Mc. 14,53.65). Si aparecen menos atacados por Jes\u00fas que los fariseos es por su escasa influencia.<\/p>\n<p>+sacerdotes: se dedican sobre todo al culto en el servicio del templo. La aristocracia sacer\u00addotal era saducea; sometida al poder civil (el sumo sacerdote era nombrado y depuesto por los romanos) ha llegado a perder incluso el sentido religioso. En la \u00e9poca de Jes\u00fas el Sumo sacerdocio lo detenta la familia de An\u00e1s. Por el contrario, en el grado menor hab\u00eda buen n\u00famero de sacerdotes ejemplares, con esp\u00edritu religioso, que ejerc\u00edan con esmero las funciones cultuales y orientaban la oraci\u00f3n del pueblo (es el caso de Zacar\u00edas y de los mencionados en Hech. 6,7).<\/p>\n<p>+esenios: conocidos por las referencias de escritos antiguos, como Flavio Josefo, Fil\u00f3n y Plinio, se han dado a conocer sobre todo a partir de 1947 con los descubrimientos de Qumr\u00e1n. De origen sacerdotal, forman una especie de orden religiosa con vida com\u00fan y compromisos como el del celibato y la renuncia a la propiedad personal. Hondamente religiosos, se consideran miembros de la nueva alianza y cuidan con esmero las purificaciones rituales y el banquete ritual. Doctrinalmente son dualistas.<\/p>\n<p>Habr\u00eda que a\u00f1adir adem\u00e1s los samaritanos y otros grupos de orientaci\u00f3n religioso-pol\u00edtica, como los celotas y los herodianos.<\/p>\n<p>Tal es la situaci\u00f3n del mundo a la llegada de Cristo. Tanto el mundo jud\u00edo (los anawin sobre todo) como el mundo pagano (religiones mist\u00e9ricas, filosof\u00edas diversas) se caracterizan por un profundo anhelo de salvaci\u00f3n. Se experimenta sobre todo la opresi\u00f3n que es consecuencia del pecado (Rom. 3,9) y que har\u00e1 que muchos acojan la salvaci\u00f3n gratuita concedida por Dios en Jesucristo (Rom. 3,23-25)<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la unificaci\u00f3n del mundo bajo el imperio romano va a favorecer la r\u00e1pida expansi\u00f3n del mensaje cristiano.<\/p>\n<h3>2.- Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios<\/h3>\n<p>Con estas palabras comienza el evangelista San Marcos su relato, en el que pretende presentarnos la Buena Noticia -eso significa evangelio- acerca de Jes\u00fas, que es el Mes\u00edas y el Hijo de Dios, o mejor, la Buena Noticia que es Jes\u00fas. En efecto, la plenitud de los tiempos est\u00e1 caracterizada por la \u00abvenida\u00bb o encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. El evangelio es el mismo Jes\u00fas, su misma persona, no un conjunto de doctrinas y normas morales; estas existen y tienen sentido s\u00f3lo desde Cristo, porque lo esencial es la adhesi\u00f3n a \u00c9l (es significa\u00adtivo que la primera acci\u00f3n de Jes\u00fas al empezar su vida p\u00fablica sea llamar a algunos a seguirle: Mc. 1.16-20; Jn. 1,35ss).<\/p>\n<p>Jes\u00fas recapitula en s\u00ed mismo toda la historia, no s\u00f3lo la del pueblo de Israel, sino la de la humanidad entera (este es el sentido de la genealog\u00eda de Jes\u00fas en San Lucas 3,23-38; la de San Mateo 1,1-16 le presenta como culmen de la historia del pueblo de Dios). Y recapitula en s\u00ed mismo la creaci\u00f3n entera, el universo entero (Col. 1,15-17), siendo adem\u00e1s el Creador de todo (Jn. 1,3.10).<\/p>\n<p>En los evangelios Jes\u00fas se muestra profundamente humano; multitud de detalles lo ponen de manifiesto: se alegra, se cansa, llora, se encoleriza, acoge y atiende a las perso\u00adnas&#8230; Pero, a la vez, de su persona y comportamiento emana una sensaci\u00f3n de misterio: su santidad, la fuerza de su palabra, sus milagros, su serena majestad, su \u00edntima relaci\u00f3n con Dios&#8230; producen admiraci\u00f3n y asombro y a veces temor.<\/p>\n<p>Podemos resumir el misterio de Jes\u00fas en tres fases (cfr. Fil. 2,6-11):<\/p>\n<p>a) encarnaci\u00f3n. Cristo no ha empezado a existir en un momento concreto; como Verbo ya exist\u00eda junto al Padre en di\u00e1logo eterno de amor (Jn. 1,1). Lo que ha ocurrido en la plenitud de los tiempos es que \u00abse nos ha manifestado\u00bb (1Jn. 1,2): el Verbo se ha hecho carne naciendo de Mar\u00eda Virgen y ha plantado su tienda entre nosotros (Jn. 1,14; G\u00e1l. 4,4). La palabra \u00abcarne\u00bb, que significa la condici\u00f3n d\u00e9bil y caduca del hombre (cfr. Is. 40,6-7), pone de relieve el realismo de la encarnaci\u00f3n. Por ella el Creador se une a la criatura y entra en la historia humana. Sin dejar su condici\u00f3n divina, el Hijo de Dios se rebaj\u00f3 tomando la condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres y actuando como hombre (Fil. 2,7). Verdadero Dios y verdadero hombre, Jes\u00fas es el Hijo muy amado del Padre, ungido ple\u00adnamente por el Esp\u00edritu (Mc. 1, 10-11). Libre de pecado (Heb. 4,15), est\u00e1 unido a nosotros por su humanidad que le hace hermano nuestro (Heb. 2,17) y m\u00e1s a\u00fan, por su amor.<\/p>\n<p>b) la pasi\u00f3n. Este amor se manifiesta de manera suprema en la muerte de Jes\u00fas por nosotros (Rom. 5,6-8). Una muerte en la que el Hijo muy amado del Padre se entrega consciente, libre y voluntariamente movido por el amor y la obediencia a su Padre y por el amor redentor a los hombres pecado\u00adres. De este modo, gracias a su obediencia hemos sido salvados (Rom. 5,19) y ha quedado restaurada la alianza de Dios con los hombres (Mt. 26,28). En contraste con los in\u00fatiles y est\u00e9riles sacrificios de la antigua alianza, el sacrifico \u00fanico de Cristo es de una eficacia universal, perfecta y definitiva (Heb. 8-10). Realmente \u00c9l es \u00abel Corde\u00adro de Dios que quita los pecados del mundo\u00bb (Jn. 1, 29). En la cruz Jes\u00fas destierra definitivamen\u00adte el poder\u00edo de Satan\u00e1s y reina atrayendo hacia s\u00ed a todos los hombres (Jn. 12,31-32).<\/p>\n<p>c) resurrecci\u00f3n. Si San Juan contempla la cruz como inicio del triunfo de Cristo, San Pablo la ve como el extremo de la humillaci\u00f3n (Fil. 2,8). En todo caso culmina con la resurrecci\u00f3n, que es la acepta\u00adci\u00f3n por parte del Padre de la ofrenda total que Jes\u00fas hizo de s\u00ed mismo en la cruz; en la pasi\u00f3n Jes\u00fas se entrega -hasta el extremo- al amor del Padre que le inunda con su gloria en la resurrec\u00adci\u00f3n precisamente como consecuencia de su obedien\u00adcia. La resurrecci\u00f3n no significa s\u00f3lo vuelta a la vida, sino glorificaci\u00f3n, paso \u00abde este mundo al Padre\u00bb (Jn. 13,1); la humanidad de Jes\u00fas queda inundada por la gloria de la divinidad y es cons\u00adtituido Se\u00f1or del universo (Fil. 2,9-11). Precisa\u00admente en su condici\u00f3n de Se\u00f1or es poseedor del Esp\u00edritu Santo y lo derrama sobre los hombres (Hech. 2,33; Jn. 20,22); y como Se\u00f1or permanece presente en su Iglesia hasta la consumaci\u00f3n de los siglos (Mt. 28,20).<\/p>\n<h3>3.- Hijos en el Hijo<\/h3>\n<p>La llegada de la plenitud de los tiempos reclama de los hombres una reacci\u00f3n adecuada: \u00abDaos cuenta del momento en que viv\u00eds\u00bb (Rom. 13,11). La venida de Jesucristo no puede dejarnos indiferentes. Ya no es el hombre quien busca a Dios, sino que Dios ha salido al encuentro del hombre. Jesucristo es el \u00fanico Salvador del mundo (Hech. 4,12) y por eso reclama la fe en s\u00ed mismo (Jn. 14,1) cosa que nadie fuera de \u00c9l ha osado pedir. Y no caben posturas ambiguas o neutras, pues no acogerle es en realidad rechazarle (Lc. 11,23; Jn. 3,18).<\/p>\n<p>La actitud fundamental ante Jes\u00fas es la fe, una fe que es adhesi\u00f3n a Cristo y acogida incondicional de su persona en nuestra vida. Esta fe, al abrir las puertas a Cristo, trae consigo la justificaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n (G\u00e1l. 2,16), la vida eterna (Jn. 3,36), renueva al hombre y hace de \u00e9l una criatura nueva. M\u00e1s a\u00fan, al acoger a Cristo y dejarle vivir en s\u00ed mismo, el creyente es convertido en hijo de Dios (Jn. 1,12; G\u00e1l. 3,26) pues Cristo reproduce en el cristiano su misma vida filial de relaci\u00f3n con el Padre. (G\u00e1l. 2,20).<\/p>\n<p>Este hecho -ser hijos de Dios- es la novedad radical que ha aportado Cristo, pues no se trata de algo metaf\u00f3rico, sino real, que hace exclamar a San Juan: \u00abMirad qu\u00e9 amor nos ha tenido el Padre, para llamarnos hijos de Dios, pues \u00a1lo somos!\u00bb (1Jn. 3,1). Y somos hijos con todas las consecuencias y \u00abderechos\u00bb: intimidad familiar con Dios (Rom. 8,15-16; Ef. 2,18), part\u00edcipes de su gloria y de su herencia (Rom. 8,17), cuidados amorosamente por su providencia paternal (Mt. 6,32)&#8230; Unido a Cristo y hecho part\u00edcipe de su Esp\u00edritu, el cristiano vive como hijo del Padre instalado en el seno mismo de la Trinidad ya en este mundo; y esto no es prerrogativa exclusiva de algunos privilegiados, ya que todo bautizado ha sido consagrado al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo, ha sido sumergido -eso significa la palabra bautizar- en la Trinidad (Mt. 28,19). As\u00ed, Cristo no s\u00f3lo nos da a conocer el misterio de Dios y de su plan de salvaci\u00f3n (Jn. 1,18; Ef. 3,1-12), sino que nos introduce en la vida divina haci\u00e9ndonos part\u00edcipes de su ser filial.<\/p>\n<p>El hombre as\u00ed transformado por la gracia es convertido en \u00abnueva creatura\u00bb (2Cor. 5,17; G\u00e1l. 6,15), ha recibido por el bautismo una \u00abvida nueva\u00bb (Rom. 6,4), ha sido creado como \u201chombre nuevo\u00bb (Ef. 2,15) que vive \u201cseg\u00fan Dios, en justicia y santidad verdaderas\u201d(Ef. 4,24). Todo ello es obra del Esp\u00edritu Santo, que derramado en el coraz\u00f3n del creyente (Rom. 5,5) le hace capaz de cumplir la voluntad de Dios (Rom. 8,2-4) y abre ante \u00e9l el horizonte ilimitado de una vida \u00abseg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb (G\u00e1l. 5,25). Aunque esto no ocurre sin el esfuerzo de hacer morir las tendencias del ego\u00edsmo -que permanecen en el bautizado- y de secundar el impulso del Esp\u00edritu (G\u00e1. 5,16ss).<\/p>\n<p>Esta fe en Cristo desemboca en esperanza (Rom. 5,1-11): lo que Dios ya ha hecho y nos ha dado es garant\u00eda cierta de lo que ha prometido hacer y darnos. Y desemboca en caridad (G\u00e1l. 5,6): caridad para con Dios que se manifiesta sobre todo en cumplir los mandamientos, en entregarnos totalmente a su voluntad (Jn. 14,21.23; 1Jn. 2,3-6), y caridad para con los hombres, que consiste en -transformados por Cristo y llenos de su caridad- amar \u00abcomo \u00c9l\u00bb (Jn. 15,12), es decir, \u00abhasta el extremo\u00bb (Jn. 13,1), hasta dar la vida por los hermanos.<\/p>\n<h3>4.- La Iglesia, Cuerpo de Cristo<\/h3>\n<p>Cristo ama a cada persona y la une a s\u00ed mismo de una manera nueva completamente \u00fanica y personal. Pero, a la vez, no ha querido salvar a los hombres aisladamente, sino formando comunidad: una comunidad que brotando de Cristo y del Padre se realiza como comuni\u00f3n de hermanos en Cristo (1Jn. 1,3).<\/p>\n<p>Esta realidad de la Iglesia -vislumbrada en la comunidad del pueblo de la antigua alianza- encuentra su mejor expre\u00adsi\u00f3n en la alegor\u00eda de la vid y los sarmientos (Jn. 15,1-10) y en la imagen de la Cabeza y el Cuerpo (Ef. 1,22-23; 4,15-16; 1Cor. 12,12-30). Ellos ponen de relieve que la Iglesia no es una simple instituci\u00f3n humana, ya que tienen una \u00edntima y profunda uni\u00f3n vital con Cristo -su cabeza y su vid- y que la uni\u00f3n entre sus diversos miembros tampoco es meramente externa, ya que todos poseen en com\u00fan una misma vida (del mismo modo que una misma savia corre por los diversos sarmientos y la misma sangre por los diversos miembros del cuerpo).<\/p>\n<p>Esta comuni\u00f3n es realizada por el Esp\u00edritu Santo, alma de la Iglesia. En Pentecost\u00e9s la Iglesia fue bautizada (Hech. 1,5) solemnemente recibiendo el Esp\u00edritu como ley interior (Rom.8,2) y como impulso para anunciar el evangelio (Hech. 1,8). \u00c9l la llena de luz, de vida y de fuerza. \u00c9l la conduce a la comprensi\u00f3n y profundizaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n de Cristo (Jn. 14,25-26). \u00c9l la vivifica y la santifica habit\u00e1ndola como un templo (1Cor. 3,16) e inspirando la oraci\u00f3n de los cristianos (Rom. 8,26-27). \u00c9l la enriquece con diversidad de dones y de vocaciones (1Cor. 12,4-11.28-30; Rom. 12,6-8; Ef. 4,11-12). Y \u00c9l la sostiene en su testimonio de Cristo (Hech. 1,8; Mt. 19,19-20).<\/p>\n<p>Comuni\u00f3n \u00edntima y vital, la Iglesia es tambi\u00e9n visible y tiene su expresi\u00f3n externa. Cristo eligi\u00f3 a los disc\u00edpulos (Mc. 1,16-20) y a los ap\u00f3stoles (Mc. 3,13-19), poniendo a Pedro a la cabeza de todos ellos (Mt. 16,18-19). En ella se entra por el bautismo \u00aben nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Hech. 19,5). Y la Iglesia es edificada y acrecentada por la predicaci\u00f3n del evangelio (Mc. 16,15; Ef. 3,8-11; 1Cor. 9,16; 2Tim. 4,1-2) y por la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda (Jn. 6,48-58). Absolutamente universal, no ligada a un pueblo determi\u00adnado, sino abarcando todos los pueblos, razas y culturas (Ap. 5,9-10), la Iglesia es sin embargo unja (G\u00e1l. 3,28; 1Cor. 12,13; 10,17; Jn. 17,23). Formada por miembros pecadores ella es en s\u00ed misma santa y es el sacramento -es decir, el instrumento visible y eficaz- de la salvaci\u00f3n para todos los hombres y de la uni\u00f3n de los hombres con Dios y entre s\u00ed. Esencialmente jer\u00e1rquica, todo miembro est\u00e1 llamado, adem\u00e1s de recibir, a colaborar activamente en el crecimiento y desarrollo de la Iglesia.<\/p>\n<p>Esta comunidad de consagrados (2Cor. 1,1) tiene un miembro eminente y particularmente santo. Mar\u00eda es modelo, tipo y figura de la Iglesia. Todo lo que la Iglesia est\u00e1 llamada a vivir ha alcanzado ya su plenitud en Mar\u00eda. A la vez ella es Madre de la Iglesia: habiendo nacido de ella la Cabeza, todo el Cuerpo es tambi\u00e9n engendrado por ella a la vida divina. Todas las gracias vienen de Dios con la colaboraci\u00f3n maternal de Mar\u00eda, que intercede sin cesar por la Iglesia (cfr. Hech. 1,14).<\/p>\n<h3>5.- &#8230; hasta que el Se\u00f1or vuelva<\/h3>\n<p>Estamos ya en la plenitud de los tiempos, pero la historia de la salvaci\u00f3n debe llegar a\u00fan a su consumaci\u00f3n. Desde sus comienzos la Iglesia est\u00e1 orientada hacia la Parus\u00eda, hacia la segunda venida de Cristo; los cristianos permanecen en la espera \u00abhasta que el Se\u00f1or vuelva\u00bb (1Cor. 11,26). La Iglesia, que est\u00e1 en el mundo sin ser del mundo (Jn. 17,14-16), se encuentra esencialmente proyectada hacia el futuro en que alcanzar\u00e1 su plenitud.<\/p>\n<p>Jes\u00fas mismo habl\u00f3 repetidas veces de su segunda venida (Lc. 18,8; Mac. 13, 24-27). En la misma l\u00ednea se encuentra la advertencia de los \u00e1ngeles a los ap\u00f3stoles inmediatamente despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n (Hech. 1,11). San Pablo lo recuerda frecuentemente a sus comunidades (1Tes. 4,15-17; 2Tes. 2,1ss; 1Cor. 1,8). Igualmente la carta a los Hebreos (9,22). Y todo el libro del Apocalipsis est\u00e1 transido de la esperanza de la segunda venida de Cristo, que queda resumida en la oraci\u00f3n de las primeras comunidades: \u00ab\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb (Ap. 22,20; 1Cor. 15,23).<\/p>\n<p>Nada sabemos de la fecha de la Parus\u00eda, que Dios ha querido positivamente mantener en secreto (Mc. 13,32). Y casi nada sabemos del c\u00f3mo se realizar\u00e1, pues los textos que hablan de este acontecimiento suelen estar escritos en un lenguaje de tipo simb\u00f3lico y apocal\u00edptico en el que es dif\u00edcil saber d\u00f3nde termina la imagen y d\u00f3nde comienza la realidad. Lo que s\u00ed parece concluirse es que la Parus\u00eda estar\u00e1 precedida de un especial desencadenamiento de las fuerzas del mal contra Cristo y su Iglesia (Mt. 24,4-13; 2Tes. 2,1-12; Ap. 13; 20,,7-10) y que antes se habr\u00e1 producido la conver\u00adsi\u00f3n de Israel (Rom. 11,11-15) y el anuncio del evangelio en el mundo entero (Mt. 24,14).<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed nos ense\u00f1a con claridad el Nuevo Testamento es el sentido salv\u00edfico profundo de estos hechos. La venida gloriosa y definitiva del Se\u00f1or Jes\u00fas al fin de los tiempos afectar\u00e1 a la humanidad y al universo entero. Con ella terminar\u00e1 el mundo actual y surgir\u00e1 un mundo nuevo (Mc. 13,31; Ap. 21,1), aunque no podemos saber si ello implica una destrucci\u00f3n del mundo actual (como parece sugerir 2Pe. 3,10) o m\u00e1s bien una purificaci\u00f3n y transformaci\u00f3n del mismo (como parecen indicar las expresiones de San Pablo).<\/p>\n<p>La Parus\u00eda es, sobre todo, la hora de la resurrecci\u00f3n general a la vida o a la muerte eternas, es decir, a la glorificaci\u00f3n o a la condenaci\u00f3n (Jn. 5,28-29), lo cual indica que se trata de una venida de Jes\u00fas como Juez definitivo y universal (Mt. 25,31-32; 2Cor. 5,10; 2Tim. 4,1.8).<\/p>\n<p>En este momento final todo quedar\u00e1 sometido a Cristo de manera total y definitiva y \u00c9l, a su vez, lo someter\u00e1 a su Padre, quedando perfectamente establecido el Reino de Dios, que \u00abser\u00e1 todo en todos\u00bb (1Cor. 15,22-28). El triunfo de Cristo sobre Satan\u00e1s y el pecado ser\u00e1 manifiesto e irresisti\u00adble (2Tes. 2,8). \u00abEl \u00faltimo enemigo aniquilado ser\u00e1 la muerte\u00bb (1Cor. 15,26), que quedar\u00e1 \u00ababsorbida\u00bb por el triunfo de la vida (1Cor. 15,54-57). Desaparecer\u00e1 tambi\u00e9n todo dolor y sufrimiento (Ap. 21,4). En definitiva, son la segunda venida de Cristo ser\u00e1 renovado el hombre entero -incluido su cuerpo: 1Cor. 15,52-53- y todos los hombres que hayan acogido a Cristo por la fe y la caridad (Heb. 11,6; Jn. 3,36; Mt. 25,34-36). La dicha plena y eterna de los creyentes ser\u00e1 la intimidad total y definitiva con Aquel en quien creyeron (\u00abestaremos siempre con el Se\u00f1or\u00bb 1Tes. 4,17) Y todo culmina\u00adr\u00e1 en la perfecta glorificaci\u00f3n de Dios (Ef. 1,14).<\/p>\n<p>Este acontecimiento de la Parus\u00eda -independientemente del momento en que suceda- matiza decisivamente las actitudes de la condici\u00f3n terrena del cristiano, que es esencialmente \u00abperegrino\u00bb hacia su morada definitiva (Fil. 3,20; Heb. 11,13-16; 13,14). He aqu\u00ed algunas de estas actitudes:<\/p>\n<p>+esperanza: deseo vehemente de alcanzar lo prometido, confiando en la palabra del Se\u00f1or; la venida del Se\u00f1or y la uni\u00f3n eterna con \u00c9l es el objeto esencial de la esperanza cristiana, mientras que los dem\u00e1s logros son s\u00f3lo parciales y ambiguos (cfr. Mc. 8,36).<\/p>\n<p>+vigilancia: atenci\u00f3n amorosa a la venida del Se\u00f1or para no distraerse y enredarse con las cosas del camino perdiendo de vista lo \u00fanico que de verdad importa (Mc. 13,33-37); vigilancia que implica conciencia de la propia debilidad y rechazo de todo aquello que pueda hacer peligrar su salvaci\u00f3n eterna (1Cor. 9,27).<\/p>\n<p>+provisionalidad: desprendimiento de todas las realidades de este mundo, reconociendo que \u00abel tiempo es corto\u00bb y \u00abla escena de este mundo pasa\u00bb (1Cor. 7,29-31).<\/p>\n<p>+relativizaci\u00f3n del sufrimiento, de las dificultades o de la persecuci\u00f3n en funci\u00f3n de la gloria que espera y que ellas mismas contribuyen a lograr (Rom.8,18).<\/p>\n<p>+alegr\u00eda que se apoya en la esperanza de alcanzar la plenitud de la salvaci\u00f3n y de la felicidad (Rom. 12,12).<\/p>\n<p>+conciencia de que todo en este mundo es deficiente en comparaci\u00f3n con \u00ablo perfecto\u00bb que s\u00f3lo vendr\u00e1 al final (1Cor. 13,9-10).<\/p>\n<h3>6.- Textos principales<\/h3>\n<p>Juan 1,1-18<\/p>\n<p>Efesios 1,3-19<\/p>\n<p>Filipenses 2,6-11<\/p>\n<p>1Corintios 1,17-29<\/p>\n<p>Romanos 5,1-21<\/p>\n<p>Hechos 2,14-36<\/p>\n<p>1Juan 3,1-2<\/p>\n<p>Romanos 8<\/p>\n<p>Mateo 16,13-20; 28,16-20<\/p>\n<p>Marcos 3,13-19<\/p>\n<p>Juan 15,1-8; 16,5-15; 17; 21,15-17<\/p>\n<p>Hechos 1,4-8; 2,1-47<\/p>\n<p>1Corintios 12,4-30<\/p>\n<p>Efesios 1,19-4,16<\/p>\n<p>Marcos 13,1-37<\/p>\n<p>Mateo 25,31-34<\/p>\n<p>1Corintios 7,29-31; 15<\/p>\n<p>1Tesalonicenses 4,13-5,11<\/p>\n<p>2Tesalonicenses 1-3<\/p>\n<p>Apocalipsis 21-22<\/p>\n<h2>CONCLUSI\u00d3N<\/h2>\n<p>\u00abEl Se\u00f1or es mi pastor\u00bb<\/p>\n<p>Hemos terminado nuestro recorrido por las principales etapas de la Historia de la Salvaci\u00f3n, tal como nos las presenta la Sagrada Escritura. Pero la Historia de la Salvaci\u00f3n contin\u00faa. Hab\u00eda que seguir recorriendo paso a paso la Historia de la Iglesia para descubrir la permanente acci\u00f3n maravillosa de la mano invisible de Dios&#8230;<\/p>\n<p>La Historia de la Salvaci\u00f3n contin\u00faa. Tambi\u00e9n hoy. Dios tiene un plan maravilloso para nuestro tiempo. Y est\u00e1 actuando para llevarlo a cumplimiento. Pero cuenta con nosotros. Pues normalmente no quiere hacer nada sin nosotros. Estamos embarcados -lo queramos o no- en la fascinante aventura de nuestra salvaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s, de nuestros hermanos de comienzo del tercer milenio del cristianismo.<\/p>\n<p>Cristo Buen Pastor, resucitado y glorioso, sigue rigiendo eficazmente los destinos de la Iglesia y de la humanidad.<\/p>\n<p>Por eso, ante todo hemos de confiar en su gu\u00eda poderosa. Como en otras \u00e9pocas, tambi\u00e9n hoy la fr\u00e1gil barca de Pedro sufre los embates de las olas, de las dificultades que parecen hundirla (Mc. 5, 37); pero Jes\u00fas permanece en esa barca, y una y otra vez nos repite como a los ap\u00f3stoles: \u00abAnimo, soy yo, no tem\u00e1is\u00bb (Mc. 6, 50)<\/p>\n<p>Pero esta confianza no nos exime de nuestra responsabilidad, personal y colectiva. Para que se realicen los planes de Dios en esta etapa de la historia es necesaria ante todo nuestra docilidad al Esp\u00edritu. Y es necesaria nuestra entrega incondicional -con todas nuestras energ\u00edas y capacidades- para secundar la acci\u00f3n de Dios. S\u00f3lo as\u00ed podr\u00e1 continuar la Historia de la Salvaci\u00f3n, es decir, la salvaci\u00f3n de Dios en la Historia&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia de la Salvaci\u00f3n Julio Alonso Ampuero Indice El brazo de Yahv\u00e9. Introducci\u00f3n. 1. En el principio cre\u00f3 Dios los cielos y la tierra. -Para entender bien los primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis. -Los relatos de la creaci\u00f3n. -Vivir el don de la creaci\u00f3n. -Textos principales. 2. Por un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo. &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2013\/04\/10\/historia-de-la-salvacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;Historia de la Salvacion&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1138,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1044],"tags":[],"class_list":["post-19937","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historia-de-la-salvacion"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19937","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1138"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19937"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19937\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20201,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19937\/revisions\/20201"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19937"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19937"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19937"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}